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Fui feliz.
Así.
Simplemente.
Con esa felicidad que no necesita ruidos, ni fiestas.
Con esa felicidad que entibia el alma
porque hay alguien que ha encendido un fuego dulce
y te invita a que te sientes a su lado a mirar las llamas.
Con esa felicidad de quien ha llegado a casa.
La escena se parecía a otras muchas.
De un lado de la pantalla: yo.
Del otro lado: ellas y ellos.
Caras.
Sonrisas, miradas,
voces que se colaban por un micrófono abierto.
Libros, fotos, muñecos.
Vidas que intuimos.
Vidas ajenas que se nos vuelven cercanas.
Parecía México.
Me explico:
Parecía que estábamos todos en México.
Por los adornos, por los colores,
por la cotidianeidad apenas entrevista.
La escena se parecía a otras muchas.
Pero se volvió mágica.
De este lado de la pantalla: yo.
De aquel lado: decenas de historias
que hoy llevo tatuadas en la piel.
Historias migrantes.
Historias que han viajado en la mochila de quienes se fueron.
Historias que han cruzado ríos y desiertos,
que pasaron hambre y frío,
que conocen el miedo,
la tristeza,
la distancia implacable,
los abrazos extrañados.
Historias que ahora están allá.
En esa parte del mundo que parece Honduras,
o México, o Guatemala.
Porque sin importar que
los mapas digan California,
aquello también es Honduras,
y México y Guatemala.
Y se habla con los mil tonos de nuestra lengua
cruzados con los del mixe y el maya,
el zapoteco y el náhuatl.
De este lado: yo.
Con mis historias a cuestas.
Migraciones. Destierros. Exilios.
De aquel lado: ellas y ellos.
Que se subieron a la Bestia.
Que huyeron de la violencia
de la pobreza.
Ellos
o los padres
o quizás los abuelos.
Hablaron de sus sueños aunque no tengan papeles,
de sus hijos que aman la bandera del país que aún no conocen.
Contaron por el puro gusto de compartir la vida,
por el puro gusto de volvernos familia.
Y yo viajé con las palabras
al centro mismo de sus corazones.
Y fui feliz.
Así.
Simplemente.

 

Sandra Lorenzano
Escritora. Su novela más reciente es El día que no fue

Este año los estudiantes del grupo teatral Acto Latino de la Universidad Estatal de California en San Bernardino me invitaron a conversar con ellos en el Mes de la Herencia Hispana. Mi agradecimiento es infinito. Su calidez me dio hogar en el momento en que más inclemente me resultaba la intemperie.

Ilustración: Estelí Meza