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Este año viví dos experiencias abrumadoras, una aciaga que ameritaría otro artículo y otra muy feliz: la publicación de mi primera novela, La noche en el espejo (Sexto Piso). Es probable que en comparación con ir a dar a “la plancha” (término cariñoso con que me acuerdo del brutal quirófano) cualquier edición de la propia obra resulte ganadora, pero la importancia de La noche en el espejo es mayúscula para mí por otras razones. Hago referencia al primer evento porque entre él y la publicación de mi novela —entre la oposición del reino de lo urgente-vital y de lo que en antítesis parece “pura vanidá”— medió una larguísima conversación conmigo misma.

Ilustración: Estelí Meza

Me pregunté si es importante escribir. Era una pregunta seria dado que hace una década tomé decisiones que obedecían a una consigna autoimpuesta: “Lo Más Importante es escribir: todo por Escribir; debo escribir Cosas Importantes”. La verdad es que para la felicidad personal esto valió un cacahuete, en parte porque pude decir “he dejado la piel para escribir estos textos que me tienen satisfecha”. Si hubiera sido diferente, quizá la inconformidad vendría desde la falta de escritura.

En septiembre de 2016 comencé a escribir La noche en el espejo tras un sueño “que me reveló cómo podría unir todos los sueños de mi vida en un libro”. El entrecomillado contiene ese medio tono entre la sorna y el sarcasmo que le endilgué al narrador de la novela, porque “quería mostrar” que me había sido imposible alcanzar el misterio final de la vida onírica. El reino del sueño es una burbuja donde nadie más está, pero cuando es desmesurado se apropia de espacios de la vigilia, de anhelos de la vida diurna. Una quiere volver a soñar con tal lugar o con tal narrativa, una pasa medio día pensando en lo que soñó y una, tarde o temprano, se inconforma con la realidad de una forma vaga y, muchas veces, tortuosa.

Escribir un libro donde estuviera expuesta tanto mi autobiografía onírica como el fracaso final para mediarla (medirla) con la realidad resultó mi consumación del anhelo del solitario: encarcelar (por un rato) a otro en la burbuja. Tras mi laberíntica conversación sobre la “necesidad total” de la literatura descubrí que no es importante escribir Cosas Importantes (todas lo son), sino encontrar los ámbitos fundamentales que hacen de la escritura propia (buena, mala, regular) aquéllos que, a veces, no te dejan dormir… porque (tarde o temprano) te olvidas un poco de la plancha y vuelves a los anhelos diurnos.

 

Claudina Domingo
Poeta y narradora. Es autora de Las enemigas, entre otros libros.