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Nadie nunca ha visto a dos anguilas aparearse. Gracias al danés Johannes Schmidt (1877-1933), suponemos —mas no sabemos con total certidumbre— que las anguilas europeas y americanas se reproducen en el mar de los Sargazos. ¿Cómo lo hacen? Ni la ciencia nos lo ha podido decir. De ahí “la cuestión de las anguilas”, o cómo desde tiempos de Sócrates los humanos, que nos preciamos de saber todo —¡sabemos que hubo agua en Marte!—, no podamos resolver un misterio tan antiguo.

Alucinante pensar que en 2020 haya cosas que no sepamos todavía. Desolador y al mismo tiempo esperanzador: quizás nunca lleguemos a explicar el todo —¿qué es la materia oscura? Ocupa el 85 % del universo y a pesar de ello sólo la podemos definir por lo que no es— pero qué bonito: mucho se escapará de nuestro entendimiento, así nos empecinemos en intentar comprender. La existencia se evapora. Intentamos capturar aire con las manos.

Los pulpos piensan con los tentáculos. Tienen más neuronas en ellos que en el cerebro mismo. Por eso un tentáculo puede sobrevivir algunos minutos cercenado del cuerpo: sigue pensando aunque ya no tenga corazón. Por breves instantes un tentáculo puede ser un ente solitario.

Suponemos —otra vez, no sabemos con total certidumbre— que los pulpos tienen conciencia. Puede que sepan quiénes son; puede que sepan quiénes no son. Pueden concebir tal cosa como un hogar; pueden llegar a sentir algo parecido al afecto.

Claro, según conceptos nuestros. Humanos. Creemos —porque eso no lo razonamos, lo creemos— que es posible que exista “humanidad” dentro de ellos. Que tengan lo que definimos como “conciencia”. Quizás también las anguilas.

Pero ése es nuestro molde. ¿Y qué más da nuestro molde? A un pulpo le importará un rábano ser juzgado por una persona. Animales como ellos o como las anguilas existen sin importar que nosotros existamos. Existen sin que nosotros los intentemos entender. ¿Son inteligentes? ¿Respecto a quién o qué? Son misterios. Eso debería ser suficiente.

Ilustración: Estelí Meza

Y también fantástico. Que exista todo un mundo, todo un sistema solar, todo un universo, al que ni le venga ni le vaya la humanidad.

Salvo cuando nos hacemos notar con nuestras estupideces. Ojalá que algún día las anguilas y los pulpos lleguen a comprender nuestro concepto de vergüenza.

 

Fuentes: Svensson, P. The Book of Eels, Ecco, Estados Unidos, 2020.
Montgomery, S. The Soul of an Octopus, Atria, Estados Unidos, 2016.

 

Esteban Illades
Editor y escritor.

 

Un comentario en “Lo que desconocemos