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Los horarios de un bebé de pocos meses nos instalan en un jet lag perpetuo. Y me refiero a cuando ya se puede empezar a conciliar algún sueño delgado y que se disipan temores nocturnos —tan racionales como “¿seguirá respirando?” o “¿algo en esa cuna (temperatura, humedad, inclinación, etcétera) provocará al dantesco Síndrome de Muerte Súbita?”. Recuerdo que mi padre alguna vez, recién levantado de la siesta, se preparó sin querer una taza humeante de Serena-Té y volvió a caer dormido ipso facto en una silla. Con semejante reparto genético jamás padecí insomnios y mis amigos me han achacado narcolepsia en varias ocasiones, injustas todas.

Ilustración: Estelí Meza

Pero ahora el desfase de las 3 a. m. me condujo a ojo pelado a una de esas lecturas gratuitas, como decía Barthes, o más bien desinteresadas, como todas deberían serlo. Tomé de un estante, donde junto libros sobre el mar, los dos tomos con las siete novelas de las Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero de Álvaro Mutis. Encendida la máquina de compulsión interna, olvidaba el cansancio y hasta la claridad azulada del alba. Resumir aquí las intrincadas desventuras y naufragios, negocios chuscos o artes amatorias de Maqroll y Abdul Bashur sería enredar en la nada como lo hicieron sus vidas peregrinas. Pero tengo una imagen pegada a los ojos, fija también en la mirada del narrador. Llegado a Helsinki en noviembre, busca de inmediato la punta de la península de Vironniemi. Desde ahí una mañana, que él esperaba, surge a lo lejos en el horizonte glacial, entre el aire prístino del invierno, “la mirífica aparición de San Petersburgo, con las doradas cúpulas de sus iglesias y la imponente maravilla de sus edificios”. La nitidez de los contornos de muelles, puentes y palacios le dan “la impresión de que el mundo acababa de ser inaugurado”. Tal espejismo diáfano es posible porque Helsinki está recogida en una burbuja de cristal translúcido, a cuarenta bajo cero.

En nuestras burbujas del 2020 así se aparece, despejada la bruma de la ansiedad y el ruidero exterior, el presente, como detenido. Así vemos también en otros momentos, quitadas las brumas del presente, el perfil de la historia. De pronto aparece San Petersburgo. El año insiste en dejar en entredicho la convicción de que leer es una experiencia tan válida y tan vívida como cualquier otra. Para qué viajar a Helsinki.

Y sin embargo ya es demasiada la espera que aquí nos tiene. Como barcos en carena.

 

Álvaro Ruiz Rodilla
Editor de la sección de cultura en nexos en línea.