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En el aeropuerto de Fráncfort, un oficial de migración me preguntó cuánto tiempo llevaba en Europa, qué hacía ahí y cuál era la razón de mi viaje. Le expliqué que había estudiado un año en Londres y ahora regresaba a México desde Alemania. Sólo era una escala. “Entonces llevas un día en Europa, no un año. Inglaterra ya no es parte del continente”, respondió. Temí corregirlo. Aunque Gran Bretaña siempre estuvo aislada —naturalmente: es una isla—, hoy encarna una paradoja temporal: salió de la Unión Europea este enero, pero seguirá en ella hasta el próximo enero.

Ilustración: Estelí Meza

También mi casa está en remodelación. En la fachada hay una paleta de pintura azul, cuatro tonos alineados de menor a mayor intensidad; cuatro versiones del futuro (Lágrima, Santorini, Grulla, Inmensidad). Son casi idénticos, pero mis padres no se ponen de acuerdo. Parece que nunca me fui. Mi mamá sigue hablando de los fenicios y mi papá todavía se inventa pendientes para mantenerse ocupado. Esta puerta aún rechina, el horno se prende con maña y el sofá de la sala encubre los amoríos que silenciaba para no despertar a nadie. Rondo el teatro de mi propia adolescencia; temo que al apoyarme en un muro, éste se revele de papel maché, presto a derrumbarse. El presente es sólo el pasado en tránsito. Por las noches, el insomnio me recrimina: deberías mudarte, adoptar un perro, ganar más dinero. No tengo cosas. Llevo semanas enviando correos en mayúsculas para que la aduana libere la caja de libros que envié hace meses desde Londres: ellos exigen papeles; yo, premura. Irónicamente, entre esos libros quedaron las reflexiones póstumas de John Berger. Desde el limbo aconseja: “Paciencia, que los grandes movimientos de la historia iniciaron en esos paréntesis que llamamos ‘mientras tanto’”.

Quizá el secreto yace en habitar el paréntesis, aquel instante que anticipa la palabra. Abrazar la quietud con paciencia, sin que la conformidad se degenere en conformismo. De la permanencia nace el movimiento. Es cierto que “crisis” es la palabra del año: sanitaria, histórica, espiritual. Nuestro error fue hacer de ella un estado de excepción persistente, que se eterniza en la incertidumbre y nos obliga a aplazar, suspender, congelarnos. Los griegos saben que la palabra significa todo lo contrario: krísis es “juicio” o “criterio”, el momento de tomar una decisión.

Y tomamos las pocas que aún dependen de nosotros. Hoy escogimos un tono de azul.

 

Eduardo López Cafaggi
Ensayista. Es autor de: Entre ruinas. Grecia en pasado y presente.

 

2 comentarios en “Entre paréntesis