En Los hermanos Karamazov, de Dostoievski, el gran inquisidor ficticio le habla enérgicamente al silencioso Jesús. Milagro, secreto y autoridad es la trinidad sobre la cual descansa el poder de la Iglesia, no su credo del amor. Stalin, el histórico gran inquisidor, desdeñó de su arsenal el milagro por razones obvias que nada tenían que ver con el secreto y la autoridad, sino con el poder totalitario. Todo su inmenso imperio estaba envuelto en un secretismo tal que sus magnitudes reales y patológicas han sobrevivido ampliamente al propio gran inquisidor. Si Gorbachov tiene éxito, hasta el punto de triunfar y cumplir sus promesas seriamente con la política del glasnost o transparencia que ha iniciado, los habitantes de la URSS podrán vivir bajo una sombra de Stalin menos amenazadora y sofocante.
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