Hace pocas semanas tanto la prensa financiera como la banca comercial norteamericanas alabaron a México como modelo de un país deudor cuya excelente actuación económica demostraba que para las naciones deudoras es posible prosperar mientras continúan pagando intereses sobre su deuda externa. Después, sin aviso previo, la economía mexicana cayó; el peso se devaluó en una tercera parte y más de 2 mil millones de dolares se fugaron del país.
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