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La pandemia de covid-19 en México aún no está bajo control porque el gobierno al principio actuó como si su presencia fuera un asunto menor y después ha tomado una serie de malas decisiones que no han hecho más que complicar la situación. A esto se suman las consecuencias del desmantelamiento del sistema de salud. Julio Frenk y Octavio Gómez Dantés hacen la crónica detallada de esta crisis que sigue sumando muertes.

México es el cuarto país con más muertes por covid-19 en el mundo, sólo superado por Estados Unidos, Brasil y la India. Es el octavo país con mayor número de casos de esta enfermedad y casi 20 % corresponden a trabajadores de la salud, el porcentaje más alto del mundo. Aun sin tomar en cuenta el elevado grado de subregistro, los casos y muertes siguen en ascenso. De acuerdo con el más reciente análisis del Instituto para la Medición y las Evaluaciones en Salud —fuente de las proyecciones más utilizadas en el mundo—, de seguir la tendencia actual, para enero de 2021 se habrán producido en México entre 130 000 y 157 000 decesos por covid-19, dependiendo de las políticas en torno al uso de cubrebocas y el grado de movilidad de las personas. Aun en el mejor escenario, se anticipa que para finales de año el covid-19 será la primera causa de muerte en el país, por encima de las causas más comunes, como los problemas cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y, desde luego, la violencia. Esto representa un dramático retroceso, pues hace por lo menos 30 años que una enfermedad infecciosa no se ubica dentro de las cinco principales causas de muerte y 45 años desde que una enfermedad de este tipo no encabeza la lista.

Ilustraciones: Víctor Solís

Esta dramática situación no es producto de la naturaleza, que se ensañó con nuestro país, sino resultado de malas decisiones en el manejo de una pandemia que de haberse enfrentado de manera oportuna, inteligente y agresiva ya estaría bajo control. Hay varios ejemplos de países con niveles de desarrollo similares al nuestro o incluso menos desarrollados que ya lograron controlar esta contingencia, como Camboya, Sri Lanka, Tailandia y Uruguay. Hay países en vías de desarrollo con una población parecida o mayor a la nuestra que están en mucho mejor situación y que cuentan sus muertes en miles y no en decenas de miles, como Bangladés (4281 muertes por covid-19), Egipto (5421) y Filipinas (3558). Incluso el argumento de que la alta prevalencia de diabetes en México explica el elevado número de muertes por covid-19 se viene abajo cuando nos comparamos con Pakistán, uno de los países más pobres del mundo. México, con una población de 128 millones de habitantes y una prevalencia de diabetes mellitus en adultos de 13.5 %, presentaba, a finales de agosto, 65 000 muertes por covid-19, mientras que Pakistán, con una población de 220 millones de habitantes y una prevalencia de diabetes mellitus en adultos de 19.9%, sólo contabilizaba 6294 decesos por esta causa, diez veces menos que nuestro país.

El pobre desempeño de México en la lucha contra la pandemia de covid-19 se vio agravado por una torpe restructuración del sistema de salud que tendrá enormes consecuencias negativas en la salud y la protección financiera de la población mexicana.

 

El primer caso de covid-19 en México se diagnosticó el 28 de febrero. Unos días antes, China había anunciado que atravesaba por la emergencia sanitaria más importante de los últimos cincuenta años, Corea se había declarado en alerta máxima, Estados Unidos había prohibido la entrada a su territorio a cualquier extranjero que hubiera estado en China en las semanas previas y el gobierno de Italia había puesto en cuarentena a varias ciudades del norte del país. En más de treinta países ya se habían identificado casos de la nueva enfermedad y la Organización Mundial de la Salud (OMS) había anunciado que los brotes de coronavirus muy posiblemente se convertirían en una pandemia.

A pesar de esta alarmante información, el gobierno mexicano optó por trivializar la presencia de la infección en el país, lo que en los hechos significó desechar la estrategia de contención que tan buenos frutos habría de generar en países como Corea del Sur y Nueva Zelanda. Las autoridades de salud afirmaron, erróneamente, que el arribo del virus a México no representaba un peligro porque la letalidad de la nueva infección era mucho menor que la de la influenza estacional. “Seguirán los abrazos y el contacto con la gente”, concluyó el presidente en su conferencia matutina del 29 de febrero.

El 9 de marzo las autoridades de Italia pusieron en cuarentena a todo el país y Francia prohibió las concentraciones de más de mil personas. Tres días después la OMS anunció que se había alcanzado el nivel de pandemia. Estados Unidos canceló sus vuelos a Europa. Los índices bursátiles, las divisas y el precio del crudo se colapsaron.

“En medio de esa convulsión”, señaló Héctor Aguilar Camín, “el gobierno de México [fue] el adalid de la serenidad: se aprestó fundamentalmente a no hacer nada”. No se suspendieron las giras presidenciales ni los partidos de futbol ni los conciertos. Los bares y centros noctur-nos siguieron abiertos. Las autoridades federales de salud consideraron innecesario organizar una agresiva campaña de información, un extenso operativo de detección y aislamiento de casos, y un llamado al “distanciamiento social”, como lo recomendaba enfáticamente la OMS. El gobierno de Ciudad de México decidió no cancelar los eventos masivos de alto impacto económico, como Vive Latino, que reunió durante dos días consecutivos y en estrecho contacto a 70 000 jóvenes en el Foro Sol. También guardó silencio sobre el éxodo de cientos de miles de habitantes de la capital del país a las zonas turísticas el fin de semana del 13 al 16 de marzo. Acapulco e Ixtapa/Zihuatanejo registraron esos días una ocupación hotelera de más de 90 %.

El 14 de marzo había en México casi cincuenta casos confirmados de covid-19. Se anticipaba ya el ingreso a la “fase de dispersión comunitaria”. El gobierno anunció el adelanto de las vacaciones de Semana Santa y la cancelación de los eventos con más de 5000 asistentes. Parecía el inicio de una nueva estrategia de combate a la pandemia. Al día siguiente, sin embargo, el presidente apareció en dos eventos masivos en Xochistlahuaca y Cuajinicuilapa, Guerrero, repartiendo saludos de mano y besos a gente del pueblo y frivolizando de nuevo la contingencia: “Las pandemias no nos van hacer nada”, declaró. Al día siguiente, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud salió en su defensa cuando una periodista cuestionó en la mañanera su comportamiento del día anterior: “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”, sentenció para la historia.

El 17 de marzo, la Coparmex solicitó que se convocara urgentemente a una reunión del Consejo de Salubridad General (CSG), un órgano colegiado con rango constitucional, que depende directamente del presidente de la República y fue diseñado específicamente para lidiar con crisis sanitarias. Diversos analistas exigieron la adopción de medidas más agresivas y una declaración de emergencia sanitaria.

La respuesta del gobierno federal a estos llamados fue irresponsable y, de nuevo, tardía. El presidente siguió asumiendo el mismo comportamiento de cercanía física con la gente en sus giras. En la ciudad de Oaxaca transmitió un mensaje minimizando otra vez la gravedad de la pandemia e invitando a la gente a salir a comer a fondas y restaurantes para así fortalecer la economía popular. La organización Human Rights Watchcondenó públicamente su comportamiento. Fue hasta la tercera semana de marzo que las autoridades de salud convocaron una Jornada Nacional de Sana Distancia y hasta la última semana de ese mismo mes fue que se hizo un llamado a quedarse en casa: treinta días después de identificado el primer caso de covid-19 en el país. El 31 de marzo se convocó por fin al CSG y ese día se hizo también la declaratoria de emergencia sanitaria. Las responsabilidades operativas, sin embargo, se delegaron a los estados, cuando los manuales de manejo de epidemias indican que es necesario desarrollar una respuesta unificada en el nivel nacional para coordinar la toma de decisiones. La falta de un mando central efectivo y los desacuerdos con los estados han sido dos de las características más notables de esta contingencia. El gobierno federal, además, siguió ignorando los llamados de la OMS a utilizar masivamente las pruebas para la identificación y aislamiento de los casos y sus contactos, a las que se calificó de “desperdicio de tiempo, de esfuerzo y de recursos”. Las autoridades de salud descartaron también el uso del cubrebocas como medida adicional para controlar la transmisión de la infección. Todavía en junio, el vocero de la pandemia afirmó: “Sigue sin existir evidencia científica de que su uso generalizado realmente tenga un impacto positivo para reducir los contagios”. Decenas de artículos científicos desmentían sus dichos.

La Jornada Nacional de Sana Distancia concluyó el 29 de mayo. Ese mismo día se hizo un muy prematuro llamado a la reapertura de actividades y al regreso a una “nueva normalidad”, señal indiscutible de la subordinación del manejo de la pandemia a los imperativos políticos. En contra de lo que habían hecho los países que ya habían controlado la pandemia y lo que sugería la OMS, las autoridades federales llamaron a retomar la vida productiva cuando el número de casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19 iba en aumento acelerado.

A finales de agosto todos los números oficiales habían alcanzado niveles alarmantes: 600 000 casos y 64 000 decesos por covid-19. Esa cifra de muertes la había utilizado el 4 de junio el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud como propio de un “escenario catastrófico”. Pero la Secretaría de Salud ha descartado modificar la estrategia de combate a la pandemia e insiste en defender su supuesta efectividad. El 26 de agosto el presidente llegó al extremo de calificar como “logro” de su administración el control de la pandemia. “Hemos llegado a la catástrofe y nuestras autoridades, obcecadas y vanidosas, no son capaces de admitir un solo error”, escribió en Reforma Jorge Volpi.

 

Como agravante adicional, la pandemia se produjo en pleno proceso de desmantelamiento del sistema de salud de México, después de cinco años de descenso continuo del presupuesto de la Secretaría de Salud, seguidos de la desaparición del Seguro Popular a partir de enero de 2020.1 En una tétrica coincidencia, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) hizo su desastroso debut justo en el momento en que se anunciaba al mundo el surgimiento del nuevo coronavirus. Este instituto, que recentralizó la prestación de servicios de primer y segundo nivel para la población sin seguridad social en veinte entidades federativas, nació sin diagnóstico y sin diseño y arrancó sin reglas de operación. Como director general se nombró a un funcionario carente de experiencia en la operación de servicios de salud.

A ello se suma la impericia gerencial de la actual administración federal que, a casi dos años de haber entrado en funciones, no ha sido ni siquiera capaz de establecer un mecanismo mínimamente confiable de compra y distribución de medicamentos e insumos para la salud, lo que se ha reflejado, entre muchas otras cosas, en un preocupante desabasto de vacunas y medicamentos oncológicos. Si queremos una imagen numérica del retroceso respecto al llamado periodo “neoliberal”, baste apuntar a la epidemia paralela de sarampión, una enfermedad altamente contagiosa que había sido controlada gracias a los avances del Programa Universal de Vacunación instaurado en ese periodo. Mientras el covid-19 ha acaparado la atención, nuestro país ha registrado, en lo que va de 2020, 172 casos de sarampión, casi el mismo número que los acumulados a lo largo de los veinte años previos.

Las deficiencias afectan todos los aspectos de la operación del sistema de salud. Para atender la demanda de servicios vinculada a la pandemia, las autoridades federales de salud lanzaron, a finales de marzo, un plan de reconversión hospitalaria mal concebido y ejecutado. Los hospitales públicos, la mayoría carentes de personal especializado, equipo básico de protección para los trabajadores de la salud, medicamentos y otros insumos —producto todo ello de los recientes recortes presupuestales, la torpeza administrativa y la tardía respuesta a la pandemia—, no han podido atender de manera efectiva la demanda de servicios asociados a covid-19 y han tenido que posponer la atención de los pacientes con otras morbilidades, lo que ha dado lugar a un exceso de mortalidad por otras causas que todavía está por cuantificarse. Un artículo publicado por The New York Times el 10 de agosto documentó el temor que sienten los mexicanos a atenderse en hospitales públicos, cuya calidad se ha deteriorado notablemente en los últimos meses, a pesar de los heroicos esfuerzos de los trabajadores de la salud. De hecho, la mortalidad de los pacientes con covid es tres veces mayor en los hospitales del IMSS (44.6 %) que en los hospitales privados (15.7 %). Además, la gran cantidad de muertes que se han producido en el hogar como resultado, entre otras cosas, de este temor, no se están incorporando a los informes oficiales. Esto explica en parte el alto nivel de subregistro de decesos por covid-19 que hay en México. De acuerdo con Mario Romero Zavala y Laurianne Despeghel, que han hecho estudios sobre el exceso de mortalidad en 2020, la cifra de muertes por esta causa podría ser hasta cuatro veces superior a la reportada por la Secretaría de Salud.

A la desaparición del Seguro Popular y el incompetente manejo de la pandemia se sumaron los recortes a la estructura de la Secretaría de Salud y la reubicación de diversas agencias autónomas dentro de las áreas centrales de este ministerio. Destacan en este sentido la reciente desaparición de la Subsecretaría de Integración y Desarrollo (SSID), la incorporación de la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) a la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud (SPPS) y la posible reubicación del Consejo de Salubridad General (CSG) dentro del Insabi.

La decisión de recentralizar los servicios de salud para la población sin seguridad social mediante la creación del Insabi ha debilitado las tareas de rectoría, que incluyen el diseño del sistema, la planeación estratégica, la regulación de la atención a la salud, la regulación sanitaria y la evaluación del desempeño. Ésta es la actividad medular de un ministerio nacional de salud. El debilitamiento se debe al hecho de que los funcionarios de la Secretaría de Salud federal están ocupando la mayor parte de su tiempo en la operación de los servicios de salud de primer y segundo nivel de las entidades federativas, que hasta 2019 era responsabilidad de los Servicios Estatales de Salud. Esto habrá de agudizarse con la reciente desaparición de la SSID. Las áreas de planeación, evaluación del desempeño y calidad, que habían sufrido importantes recortes presupuestales en los últimos cinco años, serán relegadas y algunas de ellas anuladas por completo. Gran parte del personal, que había hecho acopio de valiosas capacidades técnicas, será liquidado. La Secretaría de Salud se concentrará de manera creciente en la prestación directa de servicios médicos y de salud pública, pero estas dos tareas se desempeñarán de manera reactiva y sin el apoyo de un sólido aparato de inteligencia. Esto empobrecerá notablemente el desempeño del sistema de salud, lo que se reflejará en el diseño de propuestas estratégicas, la calidad y seguridad de la atención a la salud, y la rendición de cuentas. Más de tres décadas de inversión en el desarrollo del capital intelectual de la Secretaría de Salud están en riesgo de perderse en un ominoso salto para atrás a los tiempos de la vieja Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Un síntoma de tal retroceso es la reubicación de la Cofepris en la SPSS, con dos riesgos básicos, su burocratización y su desprofesionalización. El sector salud es uno de los ámbitos de mayor intensidad regulatoria. Se estima que los sectores de la economía que regula la Cofepris representan no menos del 10 % del PIB. Para proteger la salud y promover la actividad económica es necesario vigilar y controlar los riesgos ambientales y laborales; garantizar la inocuidad de los alimentos, bebidas y servicios, incluyendo la publicidad, y certificar la seguridad y eficacia de los medicamentos, vacunas, equipos médicos y otros insumos para la salud. Estas actividades regulatorias también se han vuelto críticas para el comercio internacional, debido al creciente uso de las barreras no arancelarias —la mayoría de las cuales son de naturaleza sanitaria— para adquirir ventajas competitivas. Para llevar a cabo estas complejas funciones de manera efectiva se requieren agencias autónomas y técnicamente especializadas. En todos los países de la OCDE, la regulación de la salud está en manos de cuerpos independientes del ministerio de salud nacional. Por estas razones, en 1983, el secretario Guillermo Soberón transformó la obsoleta Dirección General de Control de Alimentos, Bebidas y Medicamentos en una Subsecretaría de Regulación Sanitaria. Este proceso de modernización culminó en 2001 con la creación de la Cofepris, que se estableció como un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud con autonomía técnica, administrativa y operativa.

La degradación administrativa de la Cofepris supone un regreso a los años setenta del siglo pasado, la pérdida de la necesaria independencia de esta agencia y su probable desprofesionalización. Ahora las decisiones en materia de regulación estarán sujetas a una lógica política, como sucedía en los tiempos del partido de Estado y como sucede con la pandemia actual. Los cuadros de esta agencia técnica serán sustituidos, como ha pasado en otras áreas, por funcionarios ideológicamente afines a este gobierno, pero carentes de las habilidades profesionales y la experiencia necesarias. El menosprecio de la actividad regulatoria, tan propio de los regímenes neoliberales, debilitará el control de riesgos, entorpecerá el acceso a todo tipo de insumos para la salud y contribuirá a ahuyentar aún más la inversión productiva.

Finalmente está la amenaza de reubicar el CSG en el Insabi. Este consejo es un órgano con poderes cuasilegislativos cuya función principal es coordinar las acciones del gobierno en casos de amenazas críticas a la salud de la población. La intención del Congreso Constituyente con su creación fue proteger los derechos individuales y garantizar, al mismo tiempo, una acción eficiente en situaciones de crisis sanitarias. Si las decisiones se dejaban sólo en manos del Ejecutivo, se corría el riesgo de que éste abusara de las crisis para suspender caprichosamente las garantías individuales. Si se dejaban únicamente en manos del Congreso, se corría el riesgo de que la respuesta a las crisis fuera tardía. Fue así como se creó este órgano intermedio que tiene la facultad de restringir temporalmente las garantías individuales ante una emergencia sanitaria. Su incorporación a una dependencia de la Secretaría de Salud rompería este fino equilibrio en favor del Ejecutivo —muy posiblemente la intención de la actual administración— y debilitaría la toma de decisiones colegiadas que caracteriza al Consejo, tan útil no sólo en casos de crisis sanitarias sino también en asuntos que requieren de la deliberación de diversos actores, como la definición del Cuadro Básico de Medicamentos del Sector Público. Su reubicación, sin embargo, será difícil, pues exige de enmiendas constitucionales que requieren del voto de dos terceras partes del Congreso.

Habrá quien piense que esta restructuración es producto de profundas reflexiones que buscan concretar una visión estratégica ambiciosa. Pero no es así. Las autoridades de salud del actual gobierno no cuentan con las capacidades para desarrollar un proyecto estratégico y están más bien respondiendo como pueden a pugnas internas y a la exigencia de recortar áreas para liberar los recursos que requiere el puñado de proyectos prioritarios del presidente de la República. El resultado final es una Secretaría de Salud disminuida, rebasada por la pandemia y por la responsabilidad de coordinar la prestación directa de servicios personales de salud para la población sin seguridad social en por lo menos veinte entidades federativas, debilitada en su capacidad rectora y en conflicto continuo con diversas secretarías estatales de salud. Abundan las señales que indican que la actual administración de dicha secretaría no podrá cumplir con sus obligaciones y que, a menos que se enmiende el rumbo, éste será un sexenio de franco retroceso para la salud.

Para evitar que dicho retroceso se extienda al orden democrático, es crucial que los ciudadanos, la comunidad científica y los medios de comunicación pidan cuentas a las autoridades de salud. Se les requerirá que expliquen las causas de los inadmisibles subregistros de casos y decesos por covid-19, y que respondan por los miles de muertes evitables que produjo el retraso en la respuesta inicial a la pandemia y las que está produciendo la defectuosa respuesta en curso. Se les exigirá asimismo que justifiquen la desaparición del Seguro Popular y su Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, los incomprensibles recortes recientes a la estructura de la Secretaría de Salud y la pérdida de la autonomía de agencias como la Cofepris. En ese proceso, sería recomendable que se exigiera también la cancelación de los cambios destructivos a la Ley General de Salud que dieron origen al Insabi. El objetivo de esta medida no sería restablecer el Seguro Popular, sino caminar hacia la construcción de un sistema universal de salud parecido al de Canadá, el Reino Unido y los países escandinavos, como lo propuso el propio presidente al inicio de su mandato. Esto implicaría incrementar el gasto en salud por lo menos al nivel promedio de los países de América Latina (7.5 % del PIB), crear un Fondo Universal de Salud —que permitiría ofrecerles a todos los mexicanos un mismo paquete de servicios de salud integrales y de alta calidad con protección financiera—, garantizar la prestación plural y descentralizada de los servicios de salud y reconstruir nuestro debilitado sistema de vigilancia y control epidemiológico para proteger como se debe a la población mexicana en la próxima pandemia.

 

Julio Frenk
Rector de la Universidad de Miami y exsecretario de Salud de México (2000–2006).

Octavio Gómez Dantés
Investigador del Instituto Nacional de Salud Pública de México.


1 El proyecto de presupuesto 2021 enviado al Congreso contempla un presupuesto para la Secretaría de Salud (ramo 12) de 145 415 millones de pesos, superior en 12 000 millones de pesos al presupuesto 2020 (133 246 millones de pesos). Sin embargo, a este presupuesto se le están agregando recursos “reciclados” del desmantelado Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, componente del Seguro Popular que solía financiar la atención de padecimientos como el cáncer, cuya cobertura ha disminuido. Tales recursos se acumularon durante administraciones anteriores y por lo tanto no deben contabilizarse como asignaciones adicionales. Su monto podría ascender hasta 33 000 millones de pesos. En ese caso, la asignación real de esta administración a la salud en 2021 sería de aproximadamente 112 415 millones de pesos, que representaría una reducción de casi 16 % respecto del presupuesto de 2020, y esto sin contar el efecto de la inflación. Ello significa que el presupuesto para la Secretaría de Salud se estaría reduciendo por sexto año consecutivo.

 

17 comentarios en “Covid-19: Balance catastrófico

  1. De acuerdo total con tan excelente artículo. El retroceso es visible y las carencias aún más.
    No hay vacunas, no hay medicamentos Oncologo is, no hay personal. Muy triste panorama le espera al pueblo de México, sobre todo a los más desprotegidos económicamente. Que cosa necesita el gobierno para corregir el rumbo? O es que acaso su intención es llevar el caos?

  2. Inquietante revista. En rigor, el covid es un reto para todos los sistemas. Pone al desnudo la grave acumulación de desviaciones y errores. Pero no sólo en México. Es un reto a la democracia y pone a prueba la honestidad de los líderes. En México y en no pocos lugares. Análisis detallado y correcto.

  3. Lo siento mucho y digo esto de la manera más respetuosa posible pero este análisis no vale el papel en que fue impreso. Para lo único que sirve es para ilustrar el poder de nuestros prejuicios y lo limitado de nuestros cerebros. El análisis cae desde las premisas más básicas en que está basado. Cae por el cuenteo de muertes de cada país. Es decir, esos números no valen nada. Curiosamente este trabajo también ilustra la transparencia que los varios gobiernos permiten por lo menos en esta área de su control de información.

    Veamos esto desde el principio pero antes una nota sobre mis credenciales. Soy egresado del M.I.T con dos títulos y otro de la Universidad de Harvard. A diferencia del Doctor Frenk que es doctor en organización y manejo de salud pública y no médico, mi educación básica es en ingeniería. Esta se funda en números y el proceso de cambio y estos han sido mi pan de cada día, empezando con los números. Es allí donde cae este análisis.

    Nótese que además de mascarillas, pruebas, y distanciamiento este estudio no propone nada concreto excepto “más” de todos estos. Esto me sorprende por el hecho de que el doctor Frenk es experto en organización. Por ejemplo, se le olvidan el factor tiempo, recursos y su movilización. Pero regresemos a los números y métodos.

    La primeras y más obvias preguntas son ¿que están midiendo los números que nos da y si son comparables? La respuesta a la primera es que no sabemos y a la segunda es un categórico NO. Por mi edad y el hecho de que tengo problemas pulmonares y uso oxígeno constante, y usando mi larga experiencia en la investigación, he estado tratando de entender los números desde Marzo.

    Mi conclusión ha sido que fuera de una idea muy general de cada país en un orden de dos, tres o hasta cinco o más veces más o menos, y eso tan solo para unos cuantos países, los números no sirven para nada, con una excepción. Esa excepción es la de medir el cambio de día a día en circunstancias a donde el método de medición cualquiera que ese sea no cambia de día a día. Aun el cuenteo local absoluto no sirve para nada excepto para medir el cambio de día a día.

    ¿Porque esto?

    Para empezar no nos podemos poner de acuerdo en que consiste una muerte por Covid aun si pudiéramos contar todas las muertes, cosa que no podemos hacer en las zonas más pobres. Pero aun en países ricos como el vecino país del norte y aun Alemania, las bases de lo que consiste una muerte por Covid varía de estado a estado y aun de municipio a municipio.

    Ante tanta incertidumbre la reacción normal es de acudir a la opinión de otros, incluso a otros expertos. Para eso acudimos a nuestra experiencia y a la opinión pública. Esta última es inevitable sobre todo cuando lo que escuchamos de día a día es lo mismo. En este caso nuestra experiencia es que los Estados Unidos tiene la mejor tecnología y algunos de los mejores tecnólogos así que vemos hacia el norte. Cuando cruzamos el Atlantico nos encontramos que excepto por algunos países muy contados como es Alemania, todos son casos especiales o que “lo manejaron bien desde un principio” sin poder ahondar en que fueron mejores e ignorando casos como el de Suecia.

    No señores, el Covid ha hecho lo que quiso desde el principio con variaciones muy locales y fortuitas de manejo administrativo, como en Nueva York mandar que los casos de Covid que los hospitales no podían manejar furan enviados a casas de ancianos. Viendo a través del mundo utilizando los mismos datos que el doctor Frenk tambien he detectado diferencias genéticas como la preponderancia de algunas células muy específicas en los anticuerpos de varias razas o culturas.

    Regresando al efecto de la opinión pública y lo que escuchamos de día a día, algo que es inevitable que subconscientemente afecte nuestros instintos más básicos, el runrún universal en Mexico, y de la mitad de los Estados Unidos y sobre todo de los académicos con quien se formó y ahora trabaja el doctor Frank, es que el Presidente Trump es un patan incompetente que ha manejado horriblemente el tema más importante del día que es la muerte por Covid.

    Pero ojo, ese es el mensaje más importante de la campaña electoral en Estados Unidos. La prensa y políticos Demócratas lo repiten cien veces al día en TODOS los medios de comunicación, aun en los favorables a Trump. Aun cadenas favorables a Trump como es Fox lo repiten todo el día aunque sea tan solo para tratar de desmentirlos. Ante ese bombardeo tan intenso que se oye en todo el mundo, y el deseo humano de siempre echarle la culpa a alguien aunque sea subconscientemente, es inevitable que eso le da valides a números tan irrelevantes e incorrectos como el número total de muertes por Covid.

    Mexico ha manejado el Covid tan bien o mejor de lo que es posible en las circunstancias tan especiales de ese país. Por lo menos no se han cometido errores garrafales como en Nueva York y algunos otros estados de la unión americana. Los únicos culpables son los que han transparentado los números que nos dan, y Estados Unidos e India están a la cabeza en números absolutos porque son dos de los tres países con más población en el mundo, y ¿quien confía en el gobierno comunista de China?

    Respetuosamente,

    Xavier L. Simon
    McLean, Virginia

      • Todos mienten, aun cada uno de nosotros, Miguel. Lo hacemos cuando simplificamos cualquier cosa que decimos para ser entendidos. Por eso siempre hay que empezar con las premisas básicas y el doctor Frenk lo hizo diciéndonos que estaba comparando a Mexico con los resultados de otros países, es decir los números de otros países. Por eso me referí casi exclusivamente a los números.

        Pero también mencione las recomendaciones del doctor Frenk, mismas que coinciden con lo que todos decimos creer. Estas son mascarillas, pruebas y distanciamiento. En un mundo ideal haríamos todo eso pero no vivimos en un mundo ideal. Vivimos en la realidad y en esa realidad nos enfrentamos a riesgos todo los días. Por eso también escribí que,

        “Nótese que además de mascarillas, pruebas, y distanciamiento este estudio no propone nada concreto excepto ‘más’ de todos estos. Esto me sorprende por el hecho de que el doctor Frenk es experto en organización. Por ejemplo, se le olvidan el factor tiempo, recursos y su movilización.”

        Una cosa es ser crítico de sillón y otra muy distinta es tener que tomar decisiones que inevitablemente afectan a otros. Para Frenk es muy fácil criticar desde su sillón en Miami, y por supuesto eso puede ser de mucha utilidad. Lo que a mi no me gusta es cuando las críticas se convierten en juicios que informan mal y asustan a la gente. Una cosa es que no nos guste AMLO y otra muy diferente es perderle la confianza a sus expertos que como el doctor López Gatell y su equipo hacen lo que pueden con los recursos disponibles.

    • Me parece una crítica a este artículo bien planteada. Creo que esta pandemia va más allá de lo que han ejercido las autoridades, la sociedad juega un papel importante en los números, nos han dado las herramientas para esto, si las ejercemos es nuestra responsabilidad, además, de que México es un país con gran número de personas con comorbilidades.

  4. Xavier, tengo 65 años de edad fui investigador agrícola por 31 años y en cinco de ellos trabajé con modelos de simulación para determinar el grado de infección por virus en plantas causados por diversos insectos vectores, soy ing. Agrónomo experto en mejoramiento genético por la Universidad de Guadalajara, con una especialidad en fruticultura tropical y estudios de maestría experto en biotecnología por la Universidad de Colima, trabajé 31 años como investigador, he escrito en revistas indexadas y participado en cuatro libros. Le comento lo anterior porque me considero una persona muy crítica que se basa en información de diferentes fuentes para tener una opinión lo más cercana a la realidad. Leí su comentario y me parece que tiene mucha información valiosa, pero no supo, por lo menos en éste escrito, articularla bien, no comparto con Usted su opinión de que la pandemia estuvo y está bien manejada por el sector salud mexicano, ojalá hubiera tenido de primera mano la información errónea que dió el gobierno de López Obrador, fué una serie de errores que como dicen algunos expertos “con un manejo más adecuado se hubieran salvado al meno15,000 fallecimientos por Covid 19, mal por el sector salud de mi país. Saludos cordiales.

    • Jose Luis, aprecio mucho sus comentarios pero como usted que ha trabajado con modelos de simulación (yo también) sabe, es importante conocer bien lo que se está modelando porque el modelo es tan solo una simplificación de esa “realidad.” Si no conocemos bien lo que estamos modelando y articulándo es muy difícil modelarlo correctamente. Tan solo modelamos lo que conocemos y aveces aun eso es difícil cuando no lo podemos cuantificar.

      En el caso especifico del Covid la verdad es que aun hoy sabemos muy poco. Cuando normaliza uno los pocos números disponibles como es el caso de muertes por un millón de habitantes para el caso en que los números son mas o menos confiables nos encontramos que las muertes son mas o menos iguales independientemente del manejo que el país le ha dado a la pandemia. Por ejemplo, ¿como explicar Suecia ante otros países de Europa o aun Mexico y Estados Unidos? Y cuando uno elimina los “outliers” mas obvios, como las equivocaciones del estado de Nueva York al mandar el exceso de enfermos a casas de ancianos, las diferencias son aun menores. En días recientes han salido estudios que le dan peso a la idea de que el distanciamiento no ayuda mucho con excepción de evitar lugares muy confinados como son el metro o elevadores por periodos mas o menos “largos.”

      Por otro lado en países como Mexico a donde los recursos son tan limitados es muy difícil hablar de lo que pudo haber sido un manejo mejor. Si uno considera el lado politico, que yo siempre trato de hacer a un lado si no es el tema principal, y si AMLO hubiera designado mas recursos monetarios, a lo que nos enfrentamos es la realidad organizacional y posiblemente la calidad de lo si disponible. Por ejemplo, me es muy difícil pensar como, aparte de mas medicinas, hubiera sido posible mejorar la calidad de los servicios del Seguro Social TAN RÁPIDO.

      Echarle dinero a algo tan solo funciona cuando hay el tiempo suficiente para gastarlo correctamente. En eso el doctor Frenk si tiene razón en criticar a AMLO por haber destruido lo que ya había. Pero eso no tiene nada que ver con el manejo actual. Lo que se necesitan en este momento son propuestas practicas. ¿Como, por ejemplo, darle de comer a los cientos de miles de ciudadanos que viven de dia a dia y por ello tienen que usar el transporte publico? En eso la Jefa de la CDMX ha hecho lo correcto al distribuir mascarillas gratis en el metro pero eso ha sido responsabilidad de ella y no del gobierno federal que después de todo opera en una Republica Federal. Ella es libre de actuar como ella quiere y por su lado el gobierno federal hizo lo correcto al recomendar mascarillas pero sin exceder su autoridad.

      Con esto no justifico todo lo que se esta haciendo pero si creo que el ataque principal del doctor Frenk fue injustificado y que causa temor, desconfianza y enojo injustificados en la población. En este momento lo que se necesita es información confiable y confianza en los expertos que nos están guiando. Desgraciadamente el Covid se ha mezclado con la política.

      Como dije en mi comentario a Rafael Ayala, “Mi objetivo no es criticar pero tan solo entender. En el momento que empieza uno ha hechar culpas se pierde la oportunidad de aprender.” Saludos cordiales.

    • Por cierto Jose Luis, siendo experto en sistemas biológicos usted sabe que simular un sistema que “vive” es sumamente más difícil y complicado que un sistema relativamente inerte. Los factores que lo complican son la retroalimentación, los retrasos, y otros comportamientos que se son función del tiempo. Por eso en modelos de economía los economistas nos advierten de que las predicciones que ellos hacen tan solo son al margen, o “at the margin.” Desafortunadamente cuando hablan con otros nunca recuerda insistir en esas limitaciones.

      Okay, con eso lo que quiero apuntar es que los modelos del comportamiento de Covid a nivel biológico son similares a las sociedades por el hecho o en el sentido de que que ambos “viven.” Ambos reaccionan en el tiempo en forma dinamica. Pero allí terminan las similitudes. Una cosa es ser experto en immunologia y otra enteramente diferente es como funcionan las sociedades. De igual forma es muy distinto ser experto en la métrica de sistemas de salud como lo es el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington, y otra cosa enteramente diferente es saber modelar el comportamiento de un sistema social tan complejo y diferente como son las sociedades mexicanas y de la CDMX.

      El hecho de que el Covid sea el común denominador no justifica las comparaciones pero por desgracia eso ha sido lo que se esta haciendo con los números y no nada mas entre países pero usando números globales sin considerar las diferencias mas obvias como son el tamaño de las poblaciones. Para mi ha sido increíble la ignorancia que se ha viniendo mostrando aun ante lo que debería ser obvio. Igual pasa en Estados Unidos y todo es por confundir la política partidaria con, en este caso, la realidad del Covid y las realidades sociales de cada una de las unidades federativas y aun más pequeñas que componen Mexico.

  5. Considero que el análisis del dr Frenk coincide con otros estudios que han marcado los errores que ha habido en el manejo de la crisis sanitaria. El realizar pruebas de detección y aislar a personas que se contagien. Tengo dos hijos viviendo en Alemania y les va tocado 2 veces que deban realizarse test de covid ante la sospecha que pudieran tenerlo, ó, porque en donde trabajan hubiera personas con detección positiva.
    Es absurdo que la postura oficial sea realizar pruebas solo si se cubre su cuadro de síntomas.
    Un dato alarmante es que somos el país con mayor porcentaje de fallecidos vs el número de casos confirmados

    • Gracias por su respuesta Rafael. Usted apunta casos más concretos, no un ataque basado en números tan generales como los de el doctor Frenk.

      En cuanto a Alemania, es muy difícil evaluar sus estadísticas nacionales porque Alemania es posiblemente el país más federalista después de Suiza. En Alemania cada estado controla sus programas y en cuanto a las estadísticas generales cada uno reporta al centro en forma diferente. El común denominador parece ser que los que mueren tienen que ser confirmados con pruebas de Covid por laboratorios de hospital para ser contados por el centro. Por ello me pregunto si los que mueren en casas de ancianos y otros fuera de un hospital son contados.

      Por lo que se refiere a muertes por mil enfermos, tiene usted toda la razón. Pero el artículo se refiere al manejo a nivel nacional, no a la calidad más puntal de los servicios. En cuanto a estos tan solo hay que ver los resultados tan espectaculares del hospital ABC y compararlos con los del seguro social en general. Por otro lado no hay que perder de vista los costos y recursos disponibles. Mi objetivo no es criticar pero tan solo entender. En el momento que empieza uno ha hechar culpas se pierde la oportunidad de aprender.

  6. Doctores Frenk y Gómez, claro e informativo. El “programa” (por llamarle de una manera) del gobierno para enfrentar la pandemia es motivo de angustia y vergüenza. Angustia el índice de mortalidad y de crecimiento del contagio. Vergüenza ser la burla en el mundo ante las declaraciones de AMLO y el subsecretario Lopez Gatell. Un “programa” que no reconoce la necesidad de usar cubrebocas y de evitar aglomeraciones en un escenario de pandemia, no es un programa, es un mero vaciado de ocurrencias. Lo que ustedes relatan pone en evidencia la ineptitud e inmoralidad de AMLO, quien tuvo la desverguenza de decir que la pandemia les cayó “como anillo al dedo”.

  7. Que triste es ver que cuatro comentaristas, uno casi podría decir intelectuales Mexicanos del calibre de Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda, Javier Tello y Leo Zuckermann se aferren tanto a ideas equivocadas.

    Ayer, lunes por la noche en el programa Es La Hora de Opinar regresaron a la conclusión principal de este artículo de que Mexico ha manejado la pandemia horriblemente, esto último refiriéndose al manejo de los últimos siete u ocho meses, y de paso decir nuevamente que el manejo en Estados Unidos también a sido desastroso. Esto último lo mencionó tan solo porque creo, aunque no lo puedo comprobar excepto circunstancialmente, que aunado al odio de AMLO, el odio de Trump es la base inconsciente de los prejuicios que levan a estos cuatro a calificar como un desastre el MANEJO RECIENTE de la pandemia.

    Con esto no quiero decir que no se han cometido errores. Si ha habido muchos empezando por los pocos recursos monetarios que AMLO le ha dedicado a la pandemia. Estoy enteramente de acuerdo en eso. Pero haciendo a un lado todo lo que es más visible, el resto del manejo NO ha sido el desastre que estos comentaristas insisten en que es, e insistir en eso tan solo causa más descontento y temor de lo que es necesario. Si AMLO ha sido nefasto para México ese es otro cantar, y en eso creo que hasta han estado subestimando la realidad por no conectar correctamente todos los pasos que AMLO ha estado dando.

    Pero regresemos al tema principal. Después del programa de ayer volví a leer mis comentarios anteriores y creo que ya cubrí todos los puntos importantes así que no los voy a repetir. Tan solo vuelvo a algunas de las premisas más importantes que cuestione en mis comentarios anteriores. Estas son la calidad de los números, si estos son comparables de un país a otro, y las circunstancias especiales de cada país.

    En mi escrito original dije que “Nótese que además de mascarillas, pruebas, y distanciamiento este estudio no propone nada concreto excepto ‘más’ de todos estos. Esto me sorprende por el hecho de que el doctor Frenk es experto en organización. Por ejemplo, se le olvidan el factor tiempo, recursos y su movilización.” Poco más adelante dije que “Cuando cruzamos el Atlantico nos encontramos que excepto por algunos países muy contados como es Alemania, todos son casos especiales o que ‘lo manejaron bien desde un principio’ sin poder ahondar en que fueron mejores e ignorando casos como el de Suecia.”

    ¿Y que es lo que hace Aguilar Camín anoche en su intervención inicial si no es dar el caso más especial de todos, es decir Islandia? Por favor, fuera de Nueva Zelanda y algunos otras islas del Pacífico no hay casos tan especiales. Ha esta intervención le siguió Castañeda que lo primero que hizo es desechar el caso del Reino Unido e Italia como ejemplos malos supuestamente porque “cambiaron de rumbo” a pesar de tener un récord casi idénticamente malo a el de Mexico por millón de habitantes por lo menos basado en los números que tanto les gusta usar.

    Tristemente los juicios de estos cuatro y el de Frenk están prejuiciados grandemente por el odio que le tienen a Trump y a AMLO, y en el caso Americano son víctimas de la imagen que han formado de Trump y su manejo del Covid los medios de comunicación Americanos y por ende los medios Mexicanos (¿quien ve y escucha Fox News con regularidad igual?). Independientemente de lo que uno piense de Trump o AMLO como PERSONA, y yo no juzgo en lo personal a gente que no conozco, entiendo muy bien porque no les gustan ambos a las comentaristas a quien me refiero aquí.

    Por desgracia nuestra evaluación de la competencia como ejecutivos de las personas siempre se ven afectadas por el juicio que hacemos de ellos o ellas como personas. Eso es un error o defecto en el que todos caemos, incluso Frenk, Aguilar Camín, Castañeda, Tello y Zuckermann. Yo también lo hago pero por estar muy consciente de ello creo lograr un poco más de objetividad por lo menos en aquellos casos que estudio con alguna profundidad, y como dije en mi intervención inicial, eso es lo que he hecho en el caso del Covid por tener ochenta años y problemas médicos que me ponen en el grado de riesgo más alto.

    En ese contexto, e independientemente de las posibles motivaciones de poder o personalidades, es que en este caso juzgo la capacidad para concebir y manejar una situación y objetivo. En eso tanto AMLO como Trump son genios. Por otro lado en cada caso el contenido de sus planes es algo totalmente diferente y puedo decir con confianza que el plan de AMLO es nefasto para Mexico. Pero aun en eso tengo que hacer una distinción. Ambos se prepararon bien para el puesto pero uno, AMLO, intelectual y políticamente, y el otro, Trump, ejerciendo sus capacidades de planeación y ejecución. Ambos lograron su objetivo más mediato y se ve. Ambos lograron el poder pero ahora lo usan de forma distinta. AMLO se aferra a un objetivo e ignora todo lo que se le pone enfrente. Por otro lado, y ha pesar de lo que los medios dicen de el, Trump reacciona a los retos inesperados que se le presentan, escucha a los expertos antes de tomar sus decisiones, y luego los usa para ejecutar; el tan solo dirige, evalúa y cambia de rumbo cuándo y como sea necesario.

    Todo eso es más fácil de ver cuando se quita uno los lentes de la emoción y el odio.

    (Permítanme terminar con una observación de como se les ha metido a la cabeza el odio que le tienen a Trump. En efecto Trump ha hecho comentarios que desde un punto de vista, y fuera de contexto, le son molestos a muchos. En esto Trump ha calibrado muy bien las diferencias entre los que lo pueden apoyar y los que no lo harían de ninguna forma. AMLO hizo lo mismo. Sin embargo en Estados Unidos los medios casi sin excepción tradicionalmente han apoyado al Partido Demócrata. Eso a pesar de su insistencia en que son objetivos. Pero veamos el mensaje principal de los opositores de Trump y la gran mayoría de los medios. Desde un principio este ha sido simple y sencillamente que “Trump es malo.” Punto y caso terminado.

    ”Trump es malo.” Así de sencillo ha sido el mensaje de todos los medios durante los últimos casi cinco años. La mitad de los Americanos se lo creen y la otra no. Cuantos en realidad hay de cada lado solo lo sabremos en las elecciones del próximo mes, pero es casi así de sencillo. O Trump es “malo,” o no lo es. Punto y aparte.

    Pero seguramente se preguntan “¿y que de Mexico, a nosotros nos vale lo que dicen los medios Americanos?” ¿De veras? ¿Va eso en serio? Si, lo digo en serio. ¿De donde obtienen ustedes la información que tienen de y sobre lo qué pasa en los Estados Unidos? ¿Directamente o indirectamente? Por favor no se engañen. Todo lo que acaba en Mexico se origina en los medios Americanos. Y en los Estados Unidos la ciencia cognitiva se ha desarrollado de forma impresionante y los partidos politicos la han estado usando constantemente. Del lado izquierdo Americano lo único que se ha oído durante los últimos cinco años es que “Trump es malo” y ahora el Covid les ha caído como un regalo de Dios para tiznar aun mas a Trump precisamente en la recta final a las elecciones.

    Muchos de ustedes se preguntan ¿como es que AMLO ha retenido su popularidad por tanto tiempo a pesar de las errores garrafales que ha cometido? ¿Como es que la gente no ve lo que esta haciendo? La respuesta es muy fácil. La respuesta esta en la palabras “corrupción” y ¨honesto.” No importa que tanta corrupción hay todavía, por años la campaña de AMLO ha sido que es honesto. Es tan honesto que ni dinero lleva en la bolsa. Hoy en día no importa cuanta corrupción hay todavía, cuando uno menciona AMLO o el habla de corrupción, el pensamiento subliminal que esas palabras generan es de que “AMLO es honesto.” Sea lo que sea pero es honesto. Igualmente sea lo que sea Trump es malo, sobre todo en Mexico. Y fíjense con que facilidad se dice en Mexico que AMLO y Trump no tan sole son malos pero ambos han sido nefastos con el Covid. Por favor, despierten!)

  8. Los tantos errores del gobierno se miden en muertos

    Empezando por no cerrar las fronteras y poner cuarentenas a los “en transito” de regreso al país

    Después con el gran aparato de estado
    Prevenir primero la estrategia y estadística
    Que se necesitaba y donde
    32 estados con al menos 1 aeropuerto y 5 municipios (exceptuando cdmex con 16 alcaldías y 8 municipios conurbanos)
    Donde se deberían concentrar respiradores y salas aisladas
    Y por supuesto lo que aún no se surte
    PROTECCIÓN ADECUADA A PERSONAL MEDICO Y MEDICAMENTOS PARA EL TRATAMIENTO.

    Pero pasó el tiempo y el ejecutivo no ejecutó nada y hasta ahora sigue sin ser el líder que cree ser, ni dar el simple ejemplo del uso de un tapaboca

    Mucho menos el servicio telefónico de ayuda o diagnostico tiene información de quien la pidió y en que terminó si en autoinmunidad temporal o falsa alarma menos si fueron decesos en casa
    Y los negligentes del palacio nacional que ni sumar saben pudieron hasta la fecha tener los datos de los 31 estados y las 16 alcaldías para el circo mañanero del payaso ejecutivo y toda su comitiva

    Si es culpa del gobierno que no le dio la seriedad que se debía y no ha tenido los pantalones de hacer que la población que no tenga tapaboca no salga
    Que los negocios que no tienen protocolos de acceso siguen abriendo

    Que los transportes sigan retocados por que no tienen ningún apoyo para no subir tanta gente.

    Y las listas siguen y siguen

    Y los prestamos llegan y llegan el último de 1000 millones para los efectos del covid o así lo etiquetó el FMI y no se ve en que se gastó??

    Pero a este gobierno no le alcanza aun y ahora recortó los fideicomisos y da otro golpe a los recursos que obtiene el sector salud en investigación de varias áreas

    En fin las cuentas solo están en los muertos con y sin enfermedades crónicas o degenerativas.

  9. Considero que en estos momentos aun a 10 meses de la Epidemia hay mucha investigación y nos falta aún mucha Ciencia , creo se reralisan analisís desde diversos puntos de vista y partidarios , haciendo reflexion a un dicho muy común entre gente de Nuestro Pais , Que el ! hubiera no existe ¡ creo que en ciencia y políticas publicas existe y debe existir , para modificar conductas ( Otra cosa es el pasado ) para el 31 de Agosto de 2020 Estados Unidos había realizado mas de 84 millones de Pruebas PCR con un resultado de 9 % Positivas . esto es 7 millones aprox. En Política Publica asumiendo que el virus es uno y los países son distintos y las características demográficas distintas Con tal cantidad de Pruebas PCR que tanto se contuvo la Epidemia? Con tantos millones de Dolares de recursos , que tanto se minimizo , que tanto es el costo beneficio , costo efectividad , costo utilidad , ¿ Sería posible o deseable en nuestro Pais? agradezco sus comentarios

  10. Se escucha frecuentemente que este gobierno no planea; no planea estratégicamente.
    Solo ve árboles .Cuando se necesita ver árboles y bosque.
    Esta capacidad no se genera de manera espontánea.

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