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El programa Jóvenes Construyendo el Futuro (JCF) arrancó en enero del 2019. Buscaba desarrollar habilidades y mejorar las  posibilidades de trabajar para 2.3 millones de jóvenes (18-29 años) que no tuvieran empleo ni estuvieran inscritos en el sistema educativo. Funciona en torno a un padrón de Centros de Trabajo (CT) que abren “vacantes” de capacitación para jóvenes registrados en el programa. Cuando la Secretaría del Trabajo vincula a un joven con un CT, empieza a pagarle una beca mensual de 3748 pesos, hasta por un año. Los CT pueden registrar empresas de todos tamaños, formales e informales e incluso personas físicas que quieran recibir becarios. Entre sus obligaciones están: financiar los costos derivados del arreglo, presentar un plan de capacitación y un tutor para cada becario.

Es un programa con cuyo objetivo no se puede estar en desacuerdo. ¿Quién podría objetar el propósito de habilitar a millones de jóvenes para el trabajo? De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al terminar 2018 había en el país 5.8 millones de jóvenes que no estudiaban ni trabajaban: una de cada cuatro personas en este grupo de edad, 18-29 años.

El problema de Jóvenes Construyendo el Futuro no es su propósito, sino su ejecución. Tiene tres debilidades: parte de un diagnóstico preconcebido con sustento dudoso, hay más ocurrencias que datos en su diseño y es casi imposible evaluarlo, tiene una pobre rendición de cuentas. Tiene el sello de la casa. Es un fiel ejemplo de cómo se formulan e implementan las políticas públicas en la presente administración.

Empecemos por la primera debilidad. Toda política debe partir de un diagnóstico adecuado que empieza por identificar su población objetivo. JCF inició con el pie izquierdo al anunciar que su meta era atender a 2.3 millones de jóvenes cuando según la ENOE sólo 800 000 se encontraban buscando empleo activamente al iniciar el programa. De los 5.8 millones de jóvenes que no estudiaban ni trabajaban (JNET) a fines de 2018, según la ENOE, 4.3 millones pertenecían a la categoría “no disponible”, es decir, que no estaban buscando empleo ni tenían intenciones de trabajar. Otros 780 000 no estaban buscando empleo activamente.1

Respecto de las ocurrencias sobre los datos en el diseño del programa, hay que decir que México no es el primer país del mundo que se enfrenta al reto de los jóvenes que no estudian ni trabajan. Lo lógico habría sido empezar estudiando lo hecho por otros países exitosos en la materia y adaptarlo a nuestro país, evitando sus errores. Pero prevaleció la tentación de ser los primeros en experimentar una idea que nadie más ha puesto en práctica.

La experiencia de otros países indica que los modelos exitosos han partido de tres ejes: 1. Identificar la habilidades y competencias que requiere el sector productivo, o que escasean, o que pueden detonar sectores estratégicos. 2. Contratar centros de formación profesionales para atacar esa demanda laboral. 3. Seleccionar a las empresas que participan en el programa por su productividad y relevancia.

En contraste, Jóvenes Construyendo el Futuro partió de la idea errónea de que las empresas son entes de capacitación, cuando en realidad son negocios que persiguen un rendimiento económico.

Ilustración: Estelí Meza

Esto ha dado lugar a un sinnúmero de irregularidades. Ha hecho rentable para las empresas despedir personal y sustituirlo por mano de obra gratis: los becarios del programa. Ha permitido la inclusión de parientes y amigos como becarios. Y la inscripción de trabajadores en el padrón del programa para que sus sueldos los pague el gobierno: un subsidio al empleador. Hay también un sinnúmero de empresas y becarios fantasma, irregularidades en la operación e incluso omisiones en la verificación2 y en el registro y pago de becarios.3

En tercer lugar está la pobre evaluación, producto —en parte— de la pobre rendición de cuentas. Para los responsables, el programa es un éxito. Para julio de 2020 la Secretaría de Trabajo y Previsión Social reportó la vinculación de 1 371 557 jóvenes a los Centros de Trabajo. No es lo observado por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad en un trabajo de campo levantado en Ciudad de México y en Chiapas. Se verificaron, físicamente, más de 85 % de los centros de trabajo inscritos en el padrón oficial de JCF. Había en ellos menos del 10 % de los becarios y empleadores registrados. En una muestra de 150 jóvenes que egresaron prematuramente del programa en Ciudad de México se verificó que la mitad no había recibido durante tres meses la beca. Otros la siguieron recibiendo tres meses, aunque se habían dado de baja. Sólo el 20 % recibió los recursos en tiempo y forma.

Tampoco es la visión del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval) que en su más reciente evaluación insiste en que los principales programas sociales sufren de improvisación, falta de recursos humanos, ausencia de seguimiento a beneficiarios, recortes presupuestales y poco interés en los resultados. Sobre JCF afirma: “El problema que se busca revertir con esta intervención no está definido con precisión”.

Según las cifras oficiales, el programa ha alcanzado hasta ahora sólo el 60 % de la meta de 2.3 millones de beneficiarios que se propuso. Del presupuesto de 40 000 millones de 2019, se reportó un subejercicio de más de 16 000 millones pesos, 40 %. Y para el 2020, se redujeron en 37.6 % los recursos destinados al programa.

El hecho fundamental es que, según la ENOE, al empezar el programa en 2018 había un 24 % de la población entre 18 y 29 años que no estudiaba ni trabajaba. Un año después, en el primer trimestre de este año, luego de 50 000 millones invertidos en ese segmento de población, el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan era de 23 %, se había reducido sólo un punto porcentual.

¿Qué hacer con Jóvenes Construyendo el Futuro? Lamentablemente, la población de  jóvenes que no estudia ni trabaja crecerá con el impacto económico del covid-19. El crecimiento puede ser de más de 60 % en la primera mitad del 2020. Un programa de capacitación para mejorar la inserción laboral de los jóvenes parecería una acción prioritaria. Pero habría que empezar por regresar a la mesa de diseño para hacerlo como debió hacerse desde el principio: acudiendo a la experiencia y a los datos para su diseño, a la operación profesional del programa y a la transparencia y honestidad en la rendición de cuentas. Si reandamos el camino, quizá no podremos presumir de haber dado con la idea más brillante, pero podremos darles a millones de jóvenes una respuesta real, sólidamente concebida, para mejorar su futuro.

 

Ma. Amparo Casar
Analista política y presidenta de MCCI.

Miguel Székely
Director del Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES).


1 Cálculos de la ENOE para el cuarto trimestre del 2018 revelan que de los 5.8 millones de JNET de 18 a 29 años, 4.3 millones pertenecen a la categoría de “no disponible”, que no busca empleo ni tiene intenciones de trabajar; y 780 000 no están buscando empleo activamente. Para mayor detalle, véase “Jóvenes Construyendo el Futuro: un programa sobredimensionado” por Iván Flores y Miguel Székely, nexos, octubre 2019.

2 https://bit.ly/2Qyb5ZR/

3 https://bit.ly/2DdrrUQ.

 

Un comentario en “Jóvenes Construyendo el Futuro: con el sello de la casa

  1. Agregaría a la debilidad sobre la Evaluación. El gobierno reporta este compromiso como cumplido sin embargo no sabemos si los estudiantes asimilaron algun aprendizaje de calidad o competitivo ni qué qué resultados generaron para las empresas. AL final lo que cuenta son los resultados para el estudiante o para la empresa, más allá de entregar una beca

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