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Sembrando Vida
Objetivo: Contribuir a que sujetos agrarios que se encuentran en municipios con rezago social cuenten con ingresos suficientes para hacer productiva la tierra
Población atendida en 2019: 225412 personas (fuente: Transparencia Presupuestaria)
Presupuesto aprobado para 2020: 28504908846 pesos (fuente: PEF 2020)


Cultura Comunitaria
Objetivo: Promover el ejercicio de los derechos culturales de personas, grupos y comunidades; prioritariamente de aquéllas que han quedado al margen de las políticas culturales
Población atendida en 2019: 823628 personas (fuente: Transparencia Presupuestaria)
Presupuesto aprobado para 2020: 599999999 pesos (fuente: PEF 2020)

 

Bajo el compromiso de “primero los pobres”, López Obrador ha puesto los programas sociales en el centro de su gobierno, incluso en tiempos de recortes presupuestarios y debilidad de las finanzas públicas. Entre el compromiso y lo que ocurre en la operación de los programas se abren brechas que dejan ver sus límites.

Analizamos aquí los programas Sembrando Vida y Cultura Comunitaria, a partir de las evaluaciones del Coneval.1

Sembrando Vida tiene tres pilares: apoyos económicos para sus beneficiarios, apoyos en especie para la producción y asesoría técnica para la creación de planes agroforestales.2

Una de las críticas principales a este programa ha sido la falta de perspectiva de género. En su primer año, sólo tres de cada diez personas que recibieron el apoyo fueron mujeres.

Cultura Comunitaria se propone llevar a sus beneficiarios “experiencias artísticas y culturales formativas que les permitan resignificar sus historias de vida, así como la construcción de nuevas narrativas”.

La novedad de estos dos programas hace que apenas empiecen a tomar forma, en los complejos contextos territoriales a los que están destinados. Los limitan hasta ahora su cobertura geográfica y su incompleto enfoque de derechos de los beneficiarios.

Ilustración: Víctor Solís

El primer límite, de alcance territorial, común a buena parte de los programas de este gobierno, obedece al acelerado proceso de urbanización que podría llevar a que, en 2050, cuatro de cada cinco mexicanos vivan en una ciudad. El crecimiento desordenado de las manchas urbanas y la débil planeación territorial han hecho crecer los bienes y servicios a una tasa mucho menor que las ciudades.

Lo anterior ha provocado un fenómeno difícil de entender con las categorías binarias de urbano o rural, pues entre ambas hay una periferia, la orilla de las ciudades —el “entorno periurbano”—, caracterizada por la falta de bienes y servicios públicos, ya no digamos de calidad.3 La pobreza es más severa en entornos rurales, pero se acumula en entornos periurbanos. Es ahí, por ejemplo, donde hay el mayor número de muertes por covid-19, buen indicador de vulnerabilidad.4

Los programas prioritarios del gobierno no van a esos territorios, donde habita el mayor número de personas en pobreza. El programa Cultura Comunitaria concentra sus esfuerzos en municipios de media, alta y muy alta marginación. Pero sus intervenciones, nos dice el Coneval, suelen aterrizar en las cabeceras municipales o cerca de ellas, no en las localidades más marginadas.

El programa se orienta a municipios de alta incidencia delictiva, medida por los delitos registrados en averiguaciones previas o en carpetas de investigación. Se interviene, entonces, el lugar donde ocurren los delitos, no el lugar de donde viene quien delinquió, lo cual refuerza el círculo de la criminalización de la pobreza, sobre todo en las zonas metropolitanas.5

Cultura Comunitaria tiene actividades culturales en centros de reinserción social, pero no necesariamente en las localidades de donde provienen las personas privadas de la libertad. En Ciudad de México, por ejemplo, el 60 % de la población penitenciaria viene de 26 de las 943 colonias de la ciudad.

La disponibilidad de espacios públicos para actividades de Cultura Comunitaria es mucho menor en zonas marginadas y vulnerables. Así lo muestra el Índice de Equidad Urbana de Ciudad de México: las alcaldías centrales tienen entre 13 y 35 veces más posibilidades de tener cerca un espacio público si se les compara con las periféricas, aunque estas últimas tengan mayor extensión territorial y más suelo de conservación dentro de sus límites.6

Finalmente, Cultura Comunitaria tiene una lógica vertical. La selección de sus espacios públicos se hace con las autoridades, no con la población beneficiada. Algo similar ocurre con Sembrando Vida, que centra su actuación en municipios rurales con rezago social medio, alto y muy alto, en cuya elección tienen un papel determinante los técnicos del programa.

Uno de los principales avances de los programas sociales de este gobierno es su enfoque de los beneficiarios como titulares de derechos. Se deja de hablar de “personas beneficiarias” para entenderlas como “personas sujetas de derechos”. La diferencia entre ambos términos va más allá de lo nominal: deberían implicar un cambio en el diseño, en el presupuesto, en la difusión, la operación y la evaluación de los programas, con miras a su universalización. Frente a la tentación del clientelismo, es importante no dar pasos atrás en la constitución de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

El enfoque de derechos debe hacerse efectivo en todas sus dimensiones. En el caso del programa Cultura Comunitaria, por ejemplo, ¿cómo se consigue el ejercicio efectivo del derecho a la cultura? Esta discusión sigue siendo un debate pendiente, dado que no basta con su reconocimiento legal. El asunto clave es la suficiencia de recursos del Estado para garantizar la operación de estos programas y para rodearlos de bienes y servicios públicos de calidad. El ejercicio efectivo de derechos es incompatible con una política de austeridad.

Para que el compromiso de “primero los pobres” no sea letra muerta, quienes toman las decisiones sobre el diseño y la ejecución de estos programas deberían convertirlos en políticas públicas estables. No basta con las buenas intenciones del arranque, hay que aprender de los errores detectados en el camino. El gobierno está a tiempo de corregir el rumbo y dotar a sus acciones de un verdadero enfoque de derechos permanentes, más que de beneficios atados a la incierta permanencia de los programas.

 

Carlos Brown Solà
Economista e internacionalista.


1 Las evaluaciones a los diecisiete programas prioritarios de esta administración federal pueden consultarse en: https://bit.ly/2EsNHdS.

2 Diario Oficial de la Federación, 30 de marzo de 2020. Acuerdo por el que se emiten las Reglas de Operación del Programa Sembrando Vida para el ejercicio fiscal 2020. Disponible en: https://bit.ly/2D6ORew.

3 Otra interesante caracterización de este entorno se encuentra en el trabajo del periodista Feike de Jong. Destaca su proyecto del año 2015 en el que caminó por la orilla de la mancha urbana de Ciudad de México. Para conocer más: https://bit.ly/2YBJQ5a.

4 Díaz-Cayeros, A., “La desigualdad en el sistema de salud. El reto de México ante la Covid-19”, Revista Gatopardo, 23 de junio de 2020. Disponible en: https://bit.ly/31tqrVI.

5 Instituto de Reinserción Social de la Ciudad de México, Estrategias de Reinserción Social. Propuestas para una política pública en la Ciudad de México, 2018. Disponible en: https://bit.ly/3aZSEH5. El autor agradece a Ángela Guerrero por señalar este dato.

6 Brito, M. et al., Índice de Desigualdad Urbana. World Resources Institute, 2020. Disponible en: https://wrimexico.org/node/3141.

 

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