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La década de 1970 fue testigo de una importante redefinición conceptual, legal y social de la reproducción. El movimiento feminista de la “nueva ola” de Ciudad de México irrumpió en la escena pública reclamando que la maternidad fuera verdaderamente voluntaria.1 Para estas mujeres, la posibilidad de decidir sobre su propia reproducción, incluso a través del aborto, era esencial para la liberación. Al mismo tiempo, el Estado mexicano buscó acelerar la inclusión de las mujeres al proceso de desarrollo económico del país y una de las piezas centrales para lograr este cambio era efectivamente el control de la reproducción. A lo largo de la década se enfrentaron estas dos concepciones de la reproducción con alcances y límites que son perceptibles hasta el día de hoy.

Esta historia empieza el 9 de mayo de 1971, cuando el grupo Mujeres en Acción Solidaria (M. A. S.) hizo su primer acto público: una protesta contra el “mito de la madre”.2 Para la ocasión, las integrantes del M. A. S. —con Marta Acevedo a la cabeza— elaboraron un panfleto titulado “Somos madres, ¿y qué más?”. A manera de pregunta y respuesta, M. A. S. criticaba y protestaba, no en contra de la maternidad, sino contra “el mito de la madre [que] consiste en exaltar la función biológica de la mujer para encubrir el hecho de que, como ser humano pensante y autónomo no se le deja desarrollarse. Se le permite, sí, ser el reflejo de la voluntad del hombre”.3 El Día de la Madre era el símbolo máximo de este mito, el único día del año en que se coloca a las madres en un pedestal, enmascarando la “triste realidad” del resto del año: la renuncia a sus ambiciones y a su desarrollo individual. La crítica de M. A. S. tomaba como base no sólo al sexo, sino a la clase. No quería igualdad “para realizar los mismos trabajos enajenantes que conocemos”.4 Buscaba la liberación de las mujeres y esto implicaba una revisión completa de la interacción de lo económico, lo político, lo psicológico, lo sexual.5

Ilustración: Kathia Recio

En los años que siguieron a esta icónica manifestación surgieron otros grupos, muchos de ellos resultado de escisiones internas.6 La mayoría no tenía una estructura jerárquica, ni una agenda organizada. Sus integrantes iban y venían. Una de las actividades principales que animaron fueron los grupos de autoconciencia, llamados por ellas “el pequeño grupo”. El flujo y la fragmentación caracterizaban al feminismo mexicano de principios de la década de los setenta y, si bien nunca logró ser un movimiento masivo como en otros países, el feminismo de la segunda ola en México fue un movimiento ideológicamente diverso y con significativa influencia en el mundo intelectual y en el debate público. Para mediados de la década, el panorama incluía a grupos feministas socialistas, liberales y radicales.

M. A. S., en sus inicios, y el Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM) que le siguió, representaban al feminismo socialista. Tras separarse del M. A. S., Marta Acevedo y Marta Lamas junto con otras establecieron el MLM en 1974. Este grupo rechazaba también las estructuras jerárquicas, la colaboración con los partidos políticos y el gobierno. Según sus integrantes, “al organizar el grupo y darle el nombre de Movimiento Liberación de la Mujer, asumíamos la palabra liberación, que va más allá de los derechos legales y de las reformas al sistema”.7 El MLM veía como su principal tarea analizar la relación entre mujeres y capitalismo, pero sobre todo entre las “trabajadoras no asalariadas dentro del proceso de producción y la reproducción de la fuerza de trabajo”.8

Como parte de esta constelación estaba el Movimiento Nacional de Mujeres (MNM), fundado en 1972, que sostenía una postura feminista liberal. Integrado por Esperanza Brito de Martí, Anilú Elías y otras mujeres profesionistas, el MNM tenía conexiones con la prensa y el gobierno. Desde sus inicios, el MNM mostró un nivel de institucionalización que ningún otro grupo feminista en México adoptó: se constituyeron legalmente como una A. C., elaboraron estatutos, seguían una estructura jerárquica y buscaban el cambio a través del sistema político y jurídico. Su principal objetivo era “lograr la igualdad jurídica, social y política de los sexos, en todos los niveles, defendiendo los derechos que actualmente se reconocen a la mujer y combatiendo todos los actos que tienden a la discriminación de la misma”.9 El MNM, a diferencia del MLM, buscaba el cambio dentro del sistema.

Finalmente, siguiendo al feminismo radical, Lucero González, Eli Bartra y otras se separaron del MLM en 1975 para fundar el colectivo La Revuelta. Si bien eran anticapitalistas, eran ante todo antipatriarcales. El feminismo para ellas era “la lucha de las mujeres contra su opresión y explotación específicas (…) que sufrimos por el ‘simple hecho’ de ser mujeres”.10 En consonancia con el MLM, y a diferencia del MNM, La Revuelta creía que no bastaba “exigir igualdad de derechos y posibilidades para mujeres y hombres”. La Revuelta quería una “REVOLUCIÓN TOTAL de las relaciones interpersonales dentro de la vida cotidiana”.11

Lesbos —representando al feminismo lesbiano—, Colectivo de Mujeres —integrado por mujeres del Partido Revolucionario de los Trabajadores—, Lucha Feminista y la revista fem, son otros de los grupos que se formaron durante los años setenta.

A pesar de las diferencias ideológicas, todos los grupos apoyaban la liberalización de la ley que criminalizaba el aborto. Entendido como el derecho a un servicio gratuito, o como la posibilidad de ser dueñas del propio cuerpo, la militancia por el aborto fue central para el feminismo de los setenta.

Pero la nueva ola del feminismo, y su crítica a la maternidad y la reproducción, encontraría un adversario poderoso en el Estado. A principios de la década, el gobierno del presidente Luis Echeverría echó a andar un ambicioso proyecto de desarrollo económico que ponía en el centro la política de población y, con ello, a la reproducción. En enero de 1974, se promulgó una nueva Ley General de Población en donde por primera vez se establecía la planificación familiar como política oficial del Estado y se creó el Consejo Nacional de Población (Conapo). Hasta entonces, la política de población en México había sido una de crecimiento promovido. La “Exposición de motivos” de la nueva ley hacía eco de la preocupación de la época: el desmedido y acelerado crecimiento poblacional amenazaba el desarrollo económico. De no alterarse la tendencia, México duplicaría su población en sólo treinta años.

Esta preocupación no era exclusiva de nuestro país. En la “Proclamación de Teherán” de la Conferencia Internacional de Derechos Humanos en 1968, se cristalizó, como consenso de la comunidad internacional, la idea de que controlar el crecimiento poblacional era un factor clave del desarrollo económico y del disfrute de los derechos humanos. Uno de los mecanismos jurídicos que surgieron de dicha conferencia para ese fin fue el reconocimiento explícito de un derecho humano de las parejas “a decidir libre y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos y a educación e información adecuadas al respecto”.12 Como motivación de este reconocimiento, la conferencia señaló no sólo las conclusiones alcanzadas en la Segunda Conferencia Mundial de Población de 1965, sino que “la Comisión sobre el estatus de las mujeres comenzaba a estudiar la relación entre la planificación familiar y el estatus de las mujeres”.13

La tríada del desarrollo económico, la planificación familiar y el estatus de las mujeres, respaldada por la autoridad de las Naciones Unidas, viajó a México y se instaló no sólo en la nueva Ley General de Población, sino en los dos primeros párrafos artículo 4 constitucional:

La mujer y el hombre son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.

Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.14

El carácter constitucional de la igualdad entre mujeres y hombres fue expeditado por el papel de anfitrión que México tuvo en la histórica Conferencia del Año Internacional de la Mujer en 1975, año que Echeverría describió, siguiendo a las Naciones Unidas, como una “oportunidad diseñada para intensificar la acción tendiente a promover la igualdad entre [la mujer] y el varón y a lograr su plena integración en los esfuerzos conducentes al desarrollo”.15 Desarrollo. Planificación familiar. Igualdad.

En México, el derecho a la igualdad entre los sexos, central para el activismo feminista hasta nuestros días, lo mismo que el derecho a decidir el número y espaciamiento de hijos, surgieron en estrecha conexión con la ideología del desarrollo económico y no con la ideología feminista.

En 1976, el movimiento feminista de la nueva ola sufrió la transformación quizás más significativa de su época. Varios de los grupos que hasta entonces se encontraban activos en Ciudad de México se unieron bajo la Coalición de Mujeres Feministas (la Coalición). Por primera vez desde su eclosión, las feministas decidieron colaborar y crear una alianza que permitiera unir la fuerza de los distintos grupos. El Movimiento Nacional de Mujeres, Movimiento de Liberación de la Mujer, Movimiento Feminista Mexicano, Colectivo de Mujeres, Lucha Feminista y Grupo Lesbos integraron la Coalición. La Revuelta y la revista fem trabajaron con la Coalición, aunque no fueron integrantes estables de la misma.

La Coalición surgió después de la Conferencia del Año Internacional de la Mujer. La herencia de este evento internacional para México, además de jurídica, fue sobre todo política. Durante meses, los temas “de mujeres” fueron parte central de la agenda pública del gobierno y de la prensa. En palabras de la Coalición,

El “Año Internacional de la Mujer”, inquietó a la población mexicana. Despertó dudas sobre la vida de la mujer. De las dudas surgieron ideas sobre otras posibilidades y se empezó a hablar de igualdad antes los ojos de la ley, igualdad de salarios y oportunidades en el trabajo, aborto, contracepción, independencia de la familia —entre el escándalo e ira de todas las fuerzas que se sintieron amenazadas— de aquel impulso, entusiasta resurgió momentáneamente el feminismo mexicano.16

La Coalición nace después de este despertar: cuando “el evento de 1975 [había] pasado ya a la categoría histórica”17 y los temas “de mujeres” regresaban a ser sólo del interés de las mujeres.

Los grupos integrantes, que hasta entonces habían actuado aisladamente y sin estructura, con excepción del Movimiento Nacional de Mujeres, optaron por una organización consolidada, más formal, más estable, en la que la “militancia y la lucha…no [debían] de hacerse sin metas claras y concretas”. En sus estatutos, definieron la Coalición como una “agrupación de izquierda, entendida la izquierda como una actitud práctica y teórica de cuestionamiento del sistema vigente y de lucha por el cambio”.18 Si bien no había jerarquías, con la Coalición, el feminismo de la segunda ola logró una cierta institucionalización a cambio de eficacia política. Además de procedimientos y lineamientos de operación, este colectivo definió los “programas” a los que dedicaría su trabajo: el aborto libre y gratuito; albergues para “mujeres golpeadas”; igualdad de salarios y oportunidades; la erradicación de la violación y el castigo a los violadores; el reclutamiento de nuevas integrantes y la concientización, expandida a todo el país.19 De estos proyectos, la lucha por el aborto libre y gratuito resultó el más activo y el que acaso definiera a la Coalición misma.

A diferencia del feminismo de los primeros años de la década, el movimiento después de 1975 aceptó al activismo jurídico como una de las vías de cambio social. Es en este contexto que surge la campaña de maternidad voluntaria.20 La intención era lograr que las mujeres tuvieran todas las y los hijos que desearan, pero sólo los que desearan. Enfocada más en la reproducción biológica que en la social, la campaña tenía cuatro demandas concretas: el aborto libre y gratuito, el acceso a anticonceptivos seguros y económicos, la educación sexual y el fin de las esterilizaciones forzadas. Notablemente, los cuatro puntos de la campaña eran fácilmente traducibles a demandas legislativas.

Además de organizar protestas y manifestaciones, la Coalición promovió la conversación pública sobre el aborto a través de jornadas nacionales y de la prensa —feminista y no feminista. Pero, irónicamente, el activismo feminista sobre la reproducción se dificultaba debido a las políticas de planificación familiar que el gobierno federal había emprendido de forma simultánea. Si bien algunas de las demandas de la campaña de maternidad voluntaria coincidían con el programa gubernamental de planificación familiar —la provisión de anticoncepción y la educación reproductiva— la demanda de aborto libre y gratuito ponía a las feministas del lado opuesto al gobierno. El aborto había sido extirpado de la política oficial, probablemente con el fin de no antagonizar con la Iglesia católica y al México conservador y así asegurar la aceptación generalizada de la planificación familiar, a veces llamada con el eufemismo “paternidad responsable”.

La planificación familiar incluso fue promovida como un antídoto al aborto. Ante la pregunta de la diputada Matilde del Mar Hidalgo sobre la posibilidad de legalizar el aborto durante los debates de la Ley General de Población, el secretario de gobernación, Mario Moya Palencia, respondió que la ley buscaba “precisamente evitar que la mujer tenga que recurrir al aborto para controlar su familia” y “ampliar los medios no cruentos de planeación familiar, con objeto de que nunca tenga que dar la mujer ese difícil paso”.21 ¡Hasta lo calificó de “feticidio”! Aunque las feministas veían el aborto como el último recurso, señalaban que las falencias tecnológicas y sociales de la anticoncepción hacían al aborto inevitable. El interés del Estado en el éxito de su nueva política de población se planteaba en conflicto explícito con la campaña feminista.

Ante este escenario, las feministas necesitaban de otras fuerzas políticas para impulsar su agenda. La alianza entre grupos feministas fue sólo el principio de otras formas de organización más complejas que permitieron al feminismo tener mayor fuerza política. Otro de los esfuerzos en este sentido fue el frente formado con los sectores de mujeres de sindicatos y partidos socialistas en 1978, el Frente Nacional por la Liberación y los Derechos de las Mujeres.22 Pero la alianza más significativa para este relato fue la que se concertó con el Partido Comunista Mexicano (PCM) en torno a la campaña de maternidad voluntaria. Dicha alianza, según cuenta la Coalición de Mujeres Feministas, fue propuesta por el PCM a mediados de 1979. Para entonces, el Partido había participado en elecciones y tenía presencia en el Congreso. Negociar las diferencias entre el feminismo y otros grupos e ideologías políticas fue un reto aún mayor que el que representó formar la Coalición. No obstante, en noviembre de ese año, la Coalición entregó al PCM un anteproyecto de ley en donde se cristalizaba la campaña de maternidad voluntaria.23

El 29 de diciembre de 1979, el Grupo Parlamentario Comunista presentó la iniciativa de la Ley de Maternidad Voluntaria en la Cámara de Diputados. En la iniciativa, la maternidad voluntaria se enmarcaba como un problema social y de salud pública, no moral. Y, siguiendo a las feministas, se hablaba del aborto como el último recurso en un embarazo no deseado, pues “la maternidad voluntaria no sólo implica la legalización de la práctica del aborto; por lo contrario, pone énfasis en la aplicación de medidas para prevenirlo”.24 Una iniciativa de ley feminista, basada en una campaña feminista, tras solamente siete años de activismo.

La propuesta legislativa comprendía el Código Penal para el Distrito Federal y Territorios Federales, el Código Sanitario Federal y el Reglamento de Parteros Empíricos Capacitados con el fin de hacer congruente esta legislación con el artículo 4 constitucional. Sus propuestas centrales eran: 1) penalizar el aborto únicamente después de las primeras doce semanas de embarazo; 2) incluir la prevención y el tratamiento del aborto inducido como un asunto de salubridad general y prestarlos como un servicio gratuito, incluso a mujeres que no fueran derechohabientes, y 3) facultar a los parteros empíricos capacitados para atender interrupciones del embarazo con el método de succión, descentralizando así el procedimiento de la profesión médica. Al abarcar esos tres cuerpos normativos la iniciativa atendía al reclamo feminista de aborto libre —sin pena— y gratuito —disponible en el sistema de salud pública.

La iniciativa nunca se discutió en el Congreso. Las feministas, a través de la Coalición y del Frente Nacional por la Liberación y los Derechos de las Mujeres, siguieron militando por la campaña de maternidad voluntaria y su iniciativa de ley hasta principios de los años ochenta. El infortunio legislativo de la iniciativa provocó la ruptura de la alianza entre la Coalición y el PCM. Para la Coalición, el PCM no tenía un compromiso real con la lucha por la maternidad voluntaria. La prueba era “la falta de movilizaciones, la poca difusión y discusión del proyecto, incluso a nivel de su propia base”25 y, crucialmente, la falta de interés en que la iniciativa se discutiera en el siguiente periodo ordinario de sesiones. El conflicto se extendió también a los grupos feministas integrantes de la Coalición y terminó por erosionar esta primera alianza del feminismo mexicano de la segunda ola.

Las administraciones posteriores continuaron con la política de planificación familiar. Conapo lanzó la campaña “Vámonos haciendo menos…” y la tasa de crecimiento poblacional comenzó a desacelerarse lentamente.

Si bien el anteproyecto de la Ley de Maternidad Voluntaria no se convirtió en ley, difícilmente puede decirse que la campaña fue un fracaso. Al contrario. En la campaña de maternidad voluntaria, el movimiento feminista de los setenta prosperó, creció y comenzó un largo proceso de institucionalización que resultó en la incorporación del feminismo a organizaciones de la sociedad civil, a instituciones gubernamentales y académicas y en la ley; una institucionalización que ha hecho posibles muchas victorias feministas en nuestro país. Es también el inicio de una campaña, aún vigente, por el aborto libre y gratuito en México.

Este capítulo de la historia del feminismo mexicano también deja ver los dilemas, las tensiones, la “grilla” y las diferencias que han existido siempre en el movimiento. Es muestra de que, si bien es posible construir alianzas en momentos determinantes, éstas implican sacrificar la diversidad ideológica y política en aras del consenso. En este caso, las críticas poderosas, tan estructurales, como las que hicieron a principios de la década el M. A. S. y el MLM, tuvieron que dejarse atrás cuando se activó la campaña —negociada, concreta y dirigida— por la maternidad voluntaria. La lección de este episodio no es, pues, objetar las alianzas, sino reconocer el costo que tienen y no renunciar a preguntarnos por todos los otros mundos que dejamos de imaginar.

 

Regina Larrea Maccise
Abogada por el ITAM, doctoranda en Derecho por la Harvard Law School y feminista. Su tesis doctoral estudia la historia del movimiento feminista en México y su giro hacia el activismo jurídico y la institucionalización.

Agradezco al Archivo Ana Victoria Jiménez en la Universidad Iberoamericana por facilitarme excelente material, así como a Marta Lamas y a Marta Acevedo por abrirme las puertas a sus archivos personales. También quiero agradecer a Ana Sofía, Regina, Claudia, Mónica, Isabel y Adriana por sus atinados comentarios.


1 El término es de Ana Lau Jaiven. Lau Jaiven, A. La nueva ola del feminismo en México: conciencia y acción de lucha de las mujeres, Planeta, México, 1987.

2 Acevedo, M. et al.,Piezas de un rompecabezas”, Fem, Vol. 2, No. 4, octubre-diciembre, pp. 2-3. Lau Jaiven, op. cit., p. 81.

3 M. A. S., “Somos madres, y ¿qué más?”, 1971, p. 1, archivo personal de Marta Lamas.

4 Ibid., p. 2.

5 M. A. S., “¿Por qué el movimiento de liberación en México?”, ca. 1972, p. 1, Archivo personal de Marta Acevedo.

6 Para una descripción de los grupos activos en los años setenta, ver González, C. Autonomía y alianzas: el movimiento feminista en la Ciudad de México, 1976-1986, PUEG, México, 2001.

7 Acevedo, M. et al., “Piezas”, p. 20.

8 Ibid., pp. 20-21.

9Grupos feministas en México”, Fem, Vol. 2, No. 4, octubre-diciembre 1977, pp. 27-28. En este artículo se puede observar que casi todos los objetivos del MNM estaban vinculados de alguna forma con la igualdad y el derecho.

10La Revuelta”, La Revuelta, No. 1, septiembre 1976, p. 1.

11 “Grupos feministas en México”, op. cit., p. 29.

12 ONU, Final Act of the International Conference on Human Rights, A/Conf. 32/41, at. 4, 1968, pp. 14-15.

13 Ibid.

14 La redacción original decía: “El varón y la mujer son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia”. El artículo fue reformado el 6 de junio de 2019, sin cambiar su significado.

15 Presidente, “Exposición de Motivos, Reforma Constitucional a los Art. 4, 5, 30, 123”, Diario de Debates de la Cámara de Diputados, Año II, No. 12, 24 de septiembre de 1974.

16 Coalición de Mujeres Feministas, “Trayectoria”, Cihuat. Voz de la Coalición de Mujeres, Año I, No. 1, mayo 1977.

17 Ibid.

18 Coalición de Mujeres Feministas, “Estatutos”, ca. 1976-1977, p. 3, Archivo Ana Victoria Jiménez, Universidad Iberoamericana.

19 Ibid., p. 4.

20 El término “maternidad voluntaria” aparece en momentos anteriores a 1976, por ejemplo, en la convivencia en la escuela Cipactli organizada por MAS. Las fuentes al respecto no hacen referencia a su conceptualización o a su puesta en marcha como una campaña. Ver Marta Acevedo et al., “Piezas de Un Rompecabezas”, p. 17.

21 Cámara de Diputados, XLIX Legislatura, “Comparecencia del Secretario de Gobernación, Ley General de Población”, Diario de Debates de la Cámara de Diputados, Año 1, No. 28, 16 de octubre de 1973.

22 Para un relato de primera cuenta sobre la formación del frente, ver Lamas, M. “Se Forma el Frente”, Fem, julio-septiembre 1978, pp. 77-79.

23 Coalición de Mujeres Feministas, Memo, ca. mayo 1980. Archivo personal de Marta Lamas.

24 Grupo Parlamentario Comunista, “Exposición de Motivos, Iniciativa Ley de Maternidad Voluntaria”, Diario de Debates de la Cámara de Diputados, Año I, No. 59, 29 de diciembre de 1979.

25 Coalición de Mujeres Feministas,op. cit., Memo.

 

Un comentario en “La campaña por una maternidad distinta

  1. Muchas Felicidades Regina, indudablemente que tu artículo presenta una añeja problemática cambiante, al tiempo que evidencia las fuerzas y tendencias propias de una evolución de valores y conceptos que, al momento en que se suceden, revelan la complejidad que preceden a los cambios. Muy interesante, explícito y revelador.

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