Doña María de Zayas y Sotomayor

Entremos, pulga hermana,
en cuenta vos y yo: ¿quién os ha dado
condición tan tirana,
valor tan fuerte y ánimo alentado,
que no exceptáis persona?
¿Por qué sois la que nadie no perdona?

Y una cosa tan chica
muerda más que un poeta, ¡brava cosa!
En todo estado pica,
como puede decirlo alguna hermosa,
que lo que habrá negado
a más de dos la pulga lo ha gozado.

Cuando tu progenie miro,
y tu prosapia humilde considero,
de tu poder me admiro,
y así murmurador llamarte quiero,
que nacido quizá en caballeriza,
a todo el mudo pica y martiriza.

Sastre de carne humana,
que a los nacidos cuidadosos tienes,
pues por tarde y mañana,
echando por do vas o por do vienes,
jueces criminales
sois, el amor y tú, de los mortales.

¡Oh comisario altivo!
¡Oh juez de la mesta riguroso!
¡Oh alcalde vengativo!
¡Oh alguacil sin piedad y malicioso!
¡Oh tramposo escribano,
que matar y dar vida está en tu mano!

De mi amistad te obliga,
pues te dejo picar algunas veces;
pica, y serás mi amiga,
con sal, gracia y donaire a los jueces,
que el premio señalado
me le den, que le tengo ya alquilado.

Doña María de Zayas y Sotomayor (española, siglo XVII). En: Tras el espejo la musa escribe. Lírica femenina de los Siglos de Oro, edición, introducción y notas de Julián Olivares y Elizabeth S. Boyce, Siglo XXI de España Editores, Madrid, 1993. [Mesta: la Mesta era un gremio de dueños de rebaños de ovejas trashumantes. Como la lana era un gran producto de exportación en los siglos XVI y XVII, la Mesta llegó a ser muy rica y poderosa, obteniendo derechos legales y de propiedad, con sus propios jueces para decidir disputas basadas en la regulación de la trashumancia.]