En noviembre de 2019 el politólogo Adam Przeworski presentó su libro Crises of Democracy (Cambridge, 2019) en la Universidad de Chicago.1 Este el primer trabajo riguroso que trata de dar cuenta de la erosión democrática global. Como otros han señalado, la amenaza a la democracia no proviene ya de golpes militares sino de gobiernos electos. Hoy las democracias mueren por propia mano. El fantasma que recorre el mundo es la subversión sigilosa de la democracia. En su libro Przeworski concibe a la democracia como un arreglo político mediante el cual la gente “selecciona a sus gobiernos a través de elecciones y donde existe una probabilidad razonable de  reemplazar a los gobiernos que no son de su agrado”. La democracia es un sistema en el cual los perdedores en las elecciones se van a su casa. El riesgo que enfrentan las democracias consiste en que los comicios se vuelvan no competitivos o irrelevantes. Las regresiones autoritarias a menudo atacan las condiciones que posibilitan que la competencia política sea real y efectiva. El riesgo es que una fuerza levante con éxito la bandera de que la única forma de remediar algún mal secular —la corrupción, la desigualdad, etcétera— es “abandonar la libertad política, unirse bajo el mando de un hombre fuerte y reprimir el pluralismo: es decir, la autocracia”.

Ilustración: Belén García Monroy

Desde 1918 han existido 38 regímenes democráticos “consolidados”, es decir aquellos en los cuales el control del gobierno cambió de manos a través de elecciones por lo menos en dos ocasiones sin que el resultado haya sido resistido de manera violenta. México es, en ese sentido, una democracia consolidada desde 2012. Trece de esas democracias se colapsaron. Se pueden extraer unas pocas lecciones del estudio estadístico. La probabilidad de una democracia de sobrevivir aumenta de acuerdo con el nivel del ingreso del país. Ningún país con un PIB per cápita superior al de Argentina en 1976 ha sufrido un quiebre democrático. Sin embargo, las economías de los países en los cuales ocurrió un quiebre democrático estaban estancadas. El estancamiento estructural del ingreso puede ser más peligroso que las crisis económicas. Las democracias que cayeron tenían una distribución más desigual en el ingreso. Las democracias que sobrevivieron fueron las que redistribuyeron más. De la misma forma, las democracias presidencialistas son más vulnerables que las parlamentarias. Además, Przeworski estudia cuatro casos históricos: dos de países donde la democracia sucumbió (Alemania en los 30 y Chile en 1973) y dos donde sobrevivió (Francia en los 50 y 60 y Estados Unidos en los 60 y 70). ¿Cuáles son las lecciones de la historia comparada? El estudio de los casos refuerza la importancia del crecimiento económico y de cómo se distribuye el ingreso. También importa qué tan acostumbrada esté una sociedad a cambiar gobiernos a través de las elecciones. La polarización política es también relevante. El diseño de las instituciones democráticas importa: los gobiernos mayoritarios deben ser capaces de gobernar, pero sin usurpar el poder.

Éstas no son noticias alentadoras para México. La democracia así definida es aquí relativamente nueva: la alternancia en la presidencia apenas llega a la mayoría de edad. El crecimiento económico lleva ya décadas estancado en tasas muy bajas, existe una desigualdad inveterada y una incapacidad para redistribuir el ingreso de manera efectiva, la polarización después de la elección de 2018 es muy alta y existe una mayoría aparentemente dispuesta a usurpar el poder. Las condiciones para que ocurra una restauración autoritaria están dadas. Sin embargo, como afirma Przeworski, “las condiciones no determinan los resultados: los determinan las acciones de las personas actuando bajo esas condiciones”. Importa lo que hagamos o dejemos de hacer.

Przeworski no es muy optimista. Reconoce que el problema central es que es muy difícil contrarrestar el sigilo de los gobiernos que buscan subvertir a la democracia. El efecto acumulativo de políticas democráticas y constitucionales, aparentemente inocuas, no es evidente para los ciudadanos. Para poder disuadir a los gobiernos, los ciudadanos tendrían que ser capaces de coordinarse muy tempranamente en una vigorosa oposición. El problema es que no existe una línea roja que, al ser cruzada, facilite la coordinación. Cuando los ciudadanos se dan cuenta es ya demasiado tarde: los gobiernos han desmantelado las salvaguardas que impedían su entronización en el poder. Las elecciones vuelven a ser un ritual como en los peores años del PRI. El hecho es, afirma Przeworski, que los gobiernos que han erosionado a la democracia “disfrutan de un apoyo popular sostenido”. O a la gente no le importa la democracia o no ven las consecuencias de largo plazo de sus votos. La resistencia a un gobierno que quiere restaurar el autoritarismo exige una formidable capacidad de previsión de parte de los ciudadanos. El efecto del sigilo es oscurecer el peligro de largo plazo. Y si la oposición no impide a tiempo que el gobierno tome acciones legales, “después será demasiado tarde para impedirle que tome acciones ilegales”. En noviembre de 2018 el escritor Mario Vargas Llosa afirmó en Guadalajara: “Me temo muchísimo que el populismo que parece la ideología del actual presidente de México nos conduzca otra vez a la dictadura perfecta”. Creo que Vargas Llosa tiene razón; espero que se equivoque.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.


1 Disponible en: https://www.facebook.com/Chicago-CenterOnDemocracy/videos/711320432679455/.

 

Un comentario en “La restauración sigilosa

  1. Estimo que la restauración de gobiernos autócratas es una reacción a la subordinación de los gobiernos y parlamentos a poderes supranacionles. En el fondo es una reacción de los estados nacionales a la globalización. El impulso es comprensible pero sus protagonistas son gente peligrosa.