Busco con cierta frustración los libros imprescindibles que den cuenta de la segunda década del siglo XXI: esa década del malestar con la política y que atestiguó un desencanto crítico con el legado civilizatorio del siglo pasado. 2010-2020 es el decenio del brexit, el golpe más duro a una promesa ilustrada de paz y cooperación internacional sin precedentes en el mundo. Si Kant podría haber sonreído al mirar a Europa al final del milenio ahora parece tener lugar una regresión a los tiempos del nacionalismo ensimismado. Es también la década de la gran revuelta populista, en particular en los Estados Unidos. Las certezas y la voluntad de poder que fundaron el mundo de la posguerra con los estadunidenses como hegemonía se han erosionado. Varias de las  jóvenes democracias que emergieron del descalabro del socialismo real veinte años antes han mutado en nuevos tipos de autoritarismos electorales. El populismo campea en Polonia y Hungría. Rusia ha regresado firmemente a un tipo de gobierno conocido que sólo tiene los ropajes del pluralismo. México, por su parte, parece estar poniendo fin a su experimento democrático. Ahí la revuelta populista llegó tarde, pero con una fuerza inusitada. Es una década triste. Elijo libros que en estos años me han echado algo de luz sobre los fragmentos de nuestro descontento.

Cuando la marea sube es tentador creer que la pleamar es el presente y el futuro. De ahí que sea instructivo recordar la historia de los vencidos. El libro de Carlos Illades, La inteligencia rebelde. La izquierda en el debate público en México, 1968-1989 (Océano, 2012) da cuenta de tres revistas universitarias de los años setenta: Historia y Sociedad, Cuadernos Políticos y Coyoacán. Illades intenta mostrar la vitalidad del debate intelectual en los círculos socialistas de esa época. No creo que las ideas de esas publicaciones hayan trascendido, pero nos recuerda que los momentos hegemónicos son pasajeros: obedecen a ciclos, como las mareas. Quienes hoy son triunfadores mañana pueden estar luchando batallas en retirada. La historia de las ideas derrotadas que hace Illades es importante porque muestra que los perdedores de hoy podrían ser los triunfadores de mañana.

Ilustración: Belén García Monroy

La historia de una gesta modernizadora está en el centro de Nocturno de la democracia mexicana de Héctor Aguilar Camín (Debate, 2018). La primera década de la democracia mexicana (2000-2010) fue de ilusiones, la segunda fue de desencanto y frustración. La historia larga de ese desencanto está aquí contada con una dureza inevitable. “México será un día un país moderno, un país próspero, democrático, equitativo, pero no lo será por aciertos cometidos en el curso de mi generación”. Entender la década del descontento involucra diversos acercamientos como el que hace Aguilar Camín: un ir y venir del pasado al presente, es imposible empezar a ver el bosque en su conjunto sin esta perspectiva dual. Este es un libro que importa porque pone en el centro a las costumbres políticas. La costumbre es la antítesis del voluntarismo. No alcanzó la voluntad de una generación, tal vez dos, para realizar el sueño ilustrado de México. La sobriedad a la que apela el texto es indispensable en nuestra discusión pública y en el delirio voluntarista.

La revuelta populista ha producido un gran número de libros y artículos, pero pocos realmente indispensables. Un ejercicio de claridad analítica elemental en este tema es el libro de Jan-Werner Müller, What is Populism? (Pensilvania, 2016). Müller proporciona los trazos básicos que permiten aprehender el fenómeno del populismo. Antes de poder explicarlo es necesario describirlo analíticamente. La luz del libro es la tesis de que el núcleo duro del populismo consiste en un rechazo categórico al pluralismo. Su programa existencial es la captura facciosa del “pueblo” y la construcción de un orden político orgullosamente antipluralista. Si los populistas tienen la fuerza suficiente, acabarán construyendo un régimen autoritario.

Sin embargo, el ejercicio anatómico no es suficiente: se requiere también de explicaciones. Interpretaciones de las causas hay muchas: económicas, sociológicas, sicológicas, etcétera. Sin embargo, me parece que la que ofrece Nadia Urbinati en Me the People (Harvard, 2019), política, es esclarecedora. El populismo es difícil de combatir porque mantiene una relación parasitaria con la democracia. A diferencia de las dictaduras, el populismo no puede prescindir de las elecciones ni de la legitimidad popular. Vive en el tracto intestinal de las democracias, alimentándose de los mismos nutrientes. Fuera del cuerpo político de la democracia se convierte en una tenia tiránica. En particular, el libro de Urbinati da cuenta de la compleja relación entre los líderes personalistas y los partidos y movimientos populistas. Quien desee comprender el predicamento de ese extraño bicho que es Morena, debe leer a Urbinati.

Finalmente, en los últimos cuatro años se ha buscado explicar  el fenómeno Donald Trump. Creo que la entronización del populista de derecha es inseparable de la deriva ideológica de los demócratas. El alegato más convincente es el de Mark Lilla en The Once and Future Liberal (Harper Collins, 2017). El ímpetu igualitario del liberalismo se perdió en las políticas identitarias. En el llamado de Lilla por construir un liberalismo cívico, uno en el cual aprendamos a hablar como ciudadanos, está cifrada la esperanza en el futuro.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.