La palabra desmedicalizar no existe en los diccionarios; su contraparte, medicalizar, sí forma parte del Diccionario de la lengua española, “Dotar a algo, como un medio de transporte, de lo necesario para ofrecer asistencia médica. 2. Dar carácter médico a algo”. Como en tantas ocasiones, pésima definición. Medicalizar, además de equipar, conlleva otras acciones: urdir tramas con el fin de proveer fármacos a los enfermos aunque no los requieran, tejer escenarios para convertir a las personas sanas en enfermas y ofrecer nuevas modalidades terapéuticas, la mayoría sin sustento científico, para prolongar y mejorar la calidad de vida. Toda un filosofía económica del mundo contemporáneo: enfermar poco a los sanos, mucho a los enfermos y vender salud —lo que signifique vender salud—. Desmedicalizar es necesario: medicalizar suma acciones reprobables.

Ilustración: Kathia Recio

Vender, entre más mejor, es la esencia de la medicalización. Entre más prescripciones todos ganan: laboratorios, hospitales, gabinetes de rayos X, médicos y farmacéuticas. Medicalización, también llamada patologización, no sólo es el acto de medicar. Medicalización implica: 1) convertir en problemas de salud características biológicas o eventos vitales normales en enfermedad; 2) generar nuevos diagnósticos, no siempre científicamente comprobados; 3) modificar pruebas de laboratorio: disminuir, entre más mejor, los niveles “normales” de parámetros comunes como colesterol o glucosa; 4) medicar sucesos normales, i. e., caída del cabello, tristeza, duelo, disminución de la libido en ancianos o pérdida de la masa muscular en personas mayores; 5) exceso de pruebas en la denominada medicina preventiva, cuyo riesgo/beneficio no siempre se conoce. La suma de los puntos previos conforma el esqueleto de la medicalización de la vida. La vida no debe medicalizarse, las enfermedades deben atenderse. Promover, urdir o inventar patologías es, sotto voce, una de las grandes apuestas de los hacedores de la medicina.

La sociedad es la responsable de desmedicalizar la vida diaria. Tarea harto compleja, quizás imposible. ¿Cómo luchar cuando médicos, farmacéuticas y compañías tecnológicas venden y convencen? La fuerza del trío previo es inmensa. Su poder crece y se renueva sin cesar: venden juventud —clínicas anti aging, mejor en inglés—, diseñan píldoras contra la eyaculación precoz, remedios para facilitar el orgasmo femenino, medicinas para evitar el dolor del duelo, cremas anticelulitis, masajes para evitar la caída del cabello y un largo etcétera. Luchar contra el trío médicos-farmacéuticas-compañías tecnológicas es complicado. Si bien el dinero no puede todo, puede casi todo. Medicalizar es un ejercicio propio de quienes ostentan el poder. Desmedicalizar es necesario. Sirvan algunas ideas:

1. Empoderar a las personas debería ser obligación médica.

2. Al empoderarlas, muchos encontrarán los mecanismos para promover su salud: dieta, ejercicio, alimentación.

3. Explicarles a los enfermos sus problemas disminuiría el número de visitas médicas, lo que redundará en menos exámenes inadecuados y menos prescripciones.

4. Al empoderarlos irán menos a consulta y por extensión evitarán que el primer galeno comparta, en ocasiones sin razón, el caso con otro colega, y después con uno más y después…

5. Informar a los enfermos y explicar la naturaleza normal de algunos fenómenos propios de la edad —cansancio, disminución de la masa muscular, decremento de la masa ósea— aleja a las personas de remedios y conductas antiéticas.

6. Proveer información para evitar que las personas busquen sus molestias en la red y sean (auto)víctimas de la “enfermedad Internet”, i. e., buscar signos y síntomas con el fin de diagnosticarse. Cuando se leen enfermedades en internet, se interpreta mal, se lee información errónea y se enferma sin estar enfermo.

7. Los pacientes deben entender que las compañías farmacéuticas tienen un interés enorme en medicalizar todo lo que sea dable medicalizar.

8. Amartya Sen, premio nobel de economía, sostiene, con razón: “entre más gasta la sociedad en cuidar la salud, aumentan las posibilidades de que las personas se sientan enfermas”, es decir, entre más poder tenga el combo formado por médicos, farmacéuticas y compañías tecnológicas, más enfermedades y mayores ganancias.

9. Los avances en genética y sus hallazgos podrán, en el futuro, etiquetar a (casi) todas las personas como posibles enfermas. La información genética y su relación con enfermedades debe leerse con cuidado.

10. En los países ricos, donde los sistemas de salud gubernamental no son adecuados, todos somos sujetos de ser medicalizados. En naciones donde el gobierno protege la salud de los suyos, i. e., Finlandia, Noruega, la medicalización es infrecuente.

No existe la palabra desmedicalizar. Es necesario crearla. Propongo: Desmedicalizar: “Acción encaminada a restar poder a médicos, compañías tecnológicas y farmacéuticas cuyo fin es promover la medicalización de la vida para generar ganancias económicas”.

 

Arnoldo Kraus
Profesor, Facultad de Medicina, UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

2 comentarios en “Desmedicalizar la vida

    • Hola Irma, no es lo mismo lo de Ilich, pero por su puesto, es un gran icono sobre el tema. Gracias por el comentario,
      Arnoldo