Diarios, cartas, memorias

Martes, 30 de diciembre [1930]

Lo que necesita, probablemente, es unidad; pero creo que es bastante buena (estoy hablando conmigo misma de Las olas junto al fuego). ¿Y si pudiera unir más todas las escenas? Por medio del ritmo, principalmente. Para evitar esos cortes; para hacer que la carne corra como un torrente de una punta a la otra. No quiero el desperdicio que producen las rupturas; quiero evitar los capítulos; ese es precisamente mi logro, si alguno hay aquí: una integridad saturada, sin tajos; cambios de escena, de talante, de persona, hechos sin derramar ni una gota. Si ahora pudiera rehacerla con calor y fluidez, es todo lo que necesita. Y estoy lista para pelear. (Temperatura 37, 5).

Pero de todas formas he ido a Lewes y los Keynes vinieron a tomar el té; y una vez que he montado sobre la silla, el mundo entero encaja bien; es escribir esto lo que me da el sentido de la medida.

—Virginia Woolf, Diarios

 

De películas y poesía

Toritos y trivia

En la pantalla televisiva se lee:

Peggy Sue, su pasado la espera. MAXUPMX 927. HD B. Una mujer quiere cambiar su vida actual, después de desmayarse, durante una reunión de clase y despertarse en el pasado.

En algún momento de la película un personaje le dice a Peggy Sue un verso de un poeta de lengua inglesa del siglo XX. ¿De qué verso y poeta se trata? Busca la respuesta en “Arqueoacústica y las arengas del César”.

 

Ojo revistero

Sobre la Mesa de Noche está el último número de la revista Lapham´s Quarterly de Invierno 2019, cuyo tema es Night. De su lectura la Mesa extrae los siguientes momentos.

• El día descose lo que la noche ha tejido. Walter Benjamin, 1929

• Toda nuestra historia es meramente la historia de la vida en vigilia del hombre; nadie ha considerado aún la historia de su vida al dormir. Georg Christoph Lichtenberg, c. 1780

• El día tiene ojos, la noche tiene oídos. Proverbio escocés

• De noche, el tiempo se vuelve un mar en calma. Sigue para siempre. Françoise Sagan, 1974

• Hay doce horas en el día y más de cincuenta en la noche. Madame de Sévigné, 1671

• Vivir es un padecimiento que se alivia cada dieciséis horas mediante el sueño. Un paliativo. La muerte es la cura. Chamfort, c. 1790

• El nuevo terror de cada noche ahuyenta al terror de la noche previa. Sófocles, c. 450 a. C.

• Quienquiera que piensa en irse a acostar antes de las doce es un canalla. Samuel Johnson, c. 1770

• La verdadera gloria de los sueños yace en su atmósfera de libertad ilimitada. No es la libertad del dictador, que impone su propia voluntad al mundo, sino la libertad del artista, que no tiene voluntad, que está libre de voluntad. Isak Dinesen, 1937

• Me da lástima del que dice que la oscuridad de la noche borra y ensombrece la belleza de las cosas. De noche es cuando mejor se puede apreciar la belleza de los ropajes, de los adornos y del color. Durante el día se pueden usar vestidos sencillos, pero por la noche cae bien un vestido lujoso. Del semblante y de la cara hay que decir lo mismo. Aun quien es apuesto, a la luz de un candil resalta más su hermosura. Un susurro que se escucha en la oscuridad de la noche penetra más, tiene más encanto. Un perfume o una melodía, en la oscuridad de la noche, cautivan mucho más. Uno siente emoción y alegría cuando, ya bien entrada la noche, durante la que no se ha producido un acontecimiento especial, nos sorprende una visita que viene vestida con un atuendo espléndido. Sin importar la hora del día, los jóvenes que viven con los ojos puestos en alguien deberían vestir en esas ocasiones sus mejores trajes, sobre todo en los momentos en que están más relajados. Es encantador ver a un joven que luego del atardecer se moja y cepilla el pelo, o a una mujer que, tarde en la noche, sale sigilosamente de la sala de audiencias, toma el espejo en sus manos y se retoca el maquillaje antes de presentarse de nuevo en la habitación. Yoshida Kenko, c. 1330

• De noche un ateo cree a medias en Dios. Edward Young, c. 1745

• Emily y Charlotte Brontë, insomnes ambas, se ponían a dar vueltas a la mesa del comedor hasta que se cansaban lo suficiente como para dormir. A la muerte de Emily el insomnio de Charlotte se puso peor; ya no sólo daba vueltas a la mesa, sino que se salía a dar vueltas por las calles del vecindario y se metía al cementerio hasta el amanecer.

 

Libro en mano

La Mesa de Noche sólo extrañó en el muy completo número de Lapham´s Quarterly el poema de Borges “Historia de la noche” (los editores habrían contado con una traducción al inglés en los Selected Poems de Borges, Viking Press, NY, 1999), y sobre todo una de las mayores rarezas en la historia de la literatura: el soneto sobre la noche y la muerte que escribió en inglés el español autoexiliado en Londres José María Blanco White la noche del 19 de diciembre de 1825. Don Marcelino Menéndez Pelayo, cazador de heterodoxos españoles, “le perdonó la vida” a Blanco White por ese soneto; y es fama que S. T. Coleridge lo juzgó “el mejor soneto concebido en nuestro idioma —al menos sólo entre los sonetos de Milton y Wordsworth le reconozco algún rival”. Sobre la Mesa de Noche está el libro que contiene las versiones al español del poema: José María Blanco White: Night & Death. “El mejor soneto del idioma” (Editorial Berenice, Jaén, 2012). Ofrece “más de veinte versiones de traductores desde 1835”. Entre las versiones, una en prosa de Miguel de Unamuno (quien comentó el texto así: “La vida puede engañarnos; pero la verdad, la verdad descarnada, la verdad de los que los tontos llaman pesimistas, no nos engaña”):

Misteriosa noche! Cuando nuestro primer padre (Adán) te conoció por noticia divina y oyó tu nombre, no tembló por esta amable fábrica, por este glorioso pabellón de luz y azul? Pero bajo una cortina de traslúcido rocío, bañado en los rayos de la gran llama poniente, Héspero llegó con la gran hueste de los cielos, y he aquí que la creación se ensanchó a la vista del hombre. Quién habría creído que tanta oscuridad estuviese oculta dentro de tus rayos, oh Sol! O quién habría pensado que mientras se revelaban la mosca y la hoja y el insecto nos dejaras ciegos para semejantes orbes sin cuento? Hombre débil! Por qué rehúyes de la muerte con tan ansiosa brega? Si la luz puede así engañarnos, por qué no la Vida?

Y ésta del poeta cubano Eliseo Diego:

Extraña noche! Cuando el primer padre
Tuvo noticia de ti, oyó tu nombre,
¿Tembló quizá por la adorable forma,
La regia cúpula de luz y azul?
Mas bajo un velo de rocío traslúcido
Entre los rayos del poniente en llamas,
Héspero con la hueste eterna vino,
Y el hombre vio ensancharse la Creación!
¿Quién pudo imaginar tales tinieblas
Allá en tus rayos, sol, o quién pensó
Mientras insectos y hojas se perfilan
Que a innumerables orbes nos cegaras?
¿A qué rehuir la muerte, pues, ansiosos?
Si engaña así la Luz, ¿qué hará la vida?

 

Últimas famosas palabras

Juan María Nárvaez. Militar español, muerto en 1868. Cuando su confesor lo instó a perdonar a sus enemigos para morir cristianamente, le dijo:

No tengo enemigos que perdonar porque los maté a todos.

 

La fotofona

Sobre la Mesa de Noche el teléfono celular iluminó su pantallita y se envió a sí mismo una fotofona, una foto al vuelo y de vida cotidiana tomada ese mismo día. Ya traía título: “Cuatro tórtolas cola larga sobre trenza de cables”. Hela aquí:

 

Antes de dormir

Soñé que estaba sentado, recibiendo las libaciones. Me encontraba entre dos columnas. Los de la dinastía Sia, como si todavía reinaran en palacio, exponían sus muertos sobre la escalera oriental; los de la dinastía Tcheu los exponían sobre la escalera occidental, la que se ofrece a los huéspedes. Los de la dinastía In los exponían entre dos columnas: no había allí dueños ni huéspedes. Desciendo de los soberanos In: sin duda, voy a morir. Es bueno que así sea, pues ya no queda príncipe inteligente que pueda servirse de mí.

—Confucio

 

 

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