Nuestra amiga Elena Rivas, apodada por sus íntimos “La Salamandra” no sólo por llamarse igual al personaje de Efrén Rebolledo sino por su sabida capacidad de cruzar el fuego sin inmutarse, nos envía el siguiente e-mail:

Tarde, pero déjenme felicitarlos por la Cronología que hizo el Blog de la redacción en el sitio digital de nexos, referida al Culiacanazo del 17 de octubre de 2019. Más allá de lo que vendría después por la detención o no del Chapito Guzmán, pude ver claramente que el día empezaba muy mal incluso con un asunto distinto. A las 10:00 a. m., en la base aérea Santa Lucía, al darse el banderazo de salida para la construcción del nuevo aeropuerto General Felipe Ángeles, Julio Scherer Ibarra, consejero jurídico de la presidencia, como que quiso decir algo culto o inspirado, o algo cultinspirado, y esto fue lo que le salió: “Señoras y señores: Desde la época de los griegos existe el sueño de volar. Dédalo, el arquitecto del laberinto y su hijo Ícaro, presos por el rey de Creta, tramaron su escape de la isla volando. Elaboraron unas alas unidas mediante el hilo y la cera, similares al plumaje de los pájaros”. Huy. O nadie le dijo o el consejero olvidó que aquel “sueño de volar” terminó en uno de los peores desastres en la “historia de la aviación”: la ineptitud, la insensatez y la arrogancia de Ícaro causaron su muerte al aproximarse con soberbia al sol y pensar que sus alas lo “repelerían”, para usar lenguaje de uno de los expertos aéreos sobre este nuevo aeropuerto. Lo mal escogido del ejemplo queda como metáfora de lo mal escogido del sitio.

Les mando un beso frío como mi sangre.

Elena Rivas, La Salamandra

 

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