Para volver a juntar todas las piezas del tesoro desperdigado de Franz Kafka no fue necesario un análisis como el del matemático colombiano que resolvió cuál era el orden en el que debía leerse El proceso. Fue necesario un juicio de casi una década protagonizado por autoridades israelíes y tres mujeres que aseguraban ser las únicas herederas de los papeles que Max Brod había conservado.
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