“Antes muerto que mudado”. Así rezaba el lema castellano que un joven John Donne (Londres, 1572-1631) mandó inscribir en el primer retrato suyo del que tenemos noticia. Se trata de bravuconería, sin duda, pero cabe recordar que nuestro poeta era el vástago de una de las familias católicas más prominentes de la Inglaterra de la Reforma. Anunciarse dispuesto a morir antes que convertirse al protestantismo en el idioma de la Armada Invencible era asunto serio. Por otro lado, el lema proviene de la Diana de Montemayor, donde aparece seguido de las siguientes líneas: “Mira el amor que ordena/ Que os viene hacer creer/ Cosas dichas por mujer/ Y escritas en la arena”. Y en efecto: Donne se ordenó ministro de la Iglesia anglicana pocos años después de terminado el retrato, incluso llegando a ser decano de la catedral de San Pablo. ¿Qué hemos, pues, de hacer con este Adiós, que más que proscribir al luto parece prometer y exigir la misma constancia en el amor que los cristianos moribundos demuestran en la fe?

Como expiran suavemente los virtuosos
Y consuelan de sus deudos los lamentos
Celebrando del alma la partida,
Deshagámonos tú y yo, sin tormentas
Ni suspiros que profanen nuestra dicha;
Que si bien los hombres de la tierra
Buscan de los temblores insensatos
El sentido, los sismos de los astros,
Tanto más inmensamente vastos,
Presumen inocentes.
Y así como el tenue
Amor de los amantes sublunares pierde
Con la ausencia su elemento, el nuestro,
Sublimado por alquimias misteriosas,
No sufre la carencia de caricias.
Y así nuestras dos almas, aunque parto,
No se parten, mas se expanden,
Como el oro torna aire en las manos
Del orfebre; pues si tú y yo somos dos
Y no uno, somos dos como son dos
Los pies de los compases: la constancia
Quieta de tu alma, el punto fijo,
No se mueve sin el otro; y aunque el otro
Vague lejos, no se aleja, y permanece,
Y lo sigue sin moverse, y se yergue
Al divisarlo en la distancia.
Sé tú, pues, el centro de mi curso oblicuo
Por las órbitas del tiempo: tu firmeza hace
Círculo a mi círculo y concluye mi odisea
En el final de mi principio.

Traducción y nota de Nicolás Medina Mora Pérez.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.