Cuando uno piensa en hermanos famosos vienen a la mente los hermanos Marx. Hay otros menos conocidos, pero dignos de ser recordados. Pienso en Xavier de Maistre, hermano menor de José, el notable reaccionario saboyano. El mayor escribió un ensayo canónico en contra de la Revolución francesa: Consideraciones sobre Francia (1796) que inspiró a varias generaciones de conservadores radicales. Xavier, sin embargo, dedicado a la carrera de las armas, se hizo famoso por un libro muy distinto. Cuando tenía 26 años, el conde de Maistre fue aprehendido cuando pretendía batirse en duelo por un lío de faldas. Permaneció en arresto domiciliario durante 42 días. Maistre ocupó ese tiempo para escribir un singular libro: Viaje alrededor de mi habitación.1 Sainte-Beuve ha dicho sobre el autor que era “el hombre más moralmente semejante a sus obras que haya existido jamás”. Maistre lleva al lector en un viaje que va de su cama a la cómoda. Esos espacios domésticos dan pie a reflexiones sobre la vida, el amor y el alma. El Viaje es una obra maestra de la introspección. “He emprendido y ejecutado”, escribe, “un viaje de cuarenta y dos días alrededor de mi habitación”. Existe, pregunta, “¿un ser lo bastante desgraciado, lo bastante abandonado para no poseer un cuartucho donde poder retirarse y esconderse del mundo?”.

Ilustración: Belén García Monroy

El mapa es bien simple: “mi habitación está situada a cuarenta y cinco grados de latitud, según las medidas del padre Beccaria; su dirección es de levante a poniente, formando un largo cuadrado de treinta y seis pies de lado”. No hay plan trazado para ese viaje: “nada hay más atractivo, en mi opinión, que seguir las ideas siguiendo su rastro, como el cazador persigue la presa sin pretender seguir ninguna ruta. De modo que cuando viajo por mi habitación, rara vez recorro una línea recta; voy de mi mesa hacia un cuadro  que está colocado en un rincón, de allí parto oblicuamente para ir a la puerta; pero aunque al partir mi intención sea dirigirme allí, si me encuentro en el camino con mi butaca, no me lo pienso, y me acomodo de inmediato. Qué excelente mueble es una butaca, es sobre todo de lo más útil para cualquier hombre meditativo”. Maistre compone una elegía a su cama: “es el escenario cambiante, donde el género humano interpreta alternativamente dramas interesantes, farsas risibles y tragedias horrorosas. Es una cuna adornada de flores, es el trono del Amor, es un sepulcro”.

Pienso en el libro de Maistre cuando entro a la habitación que será mi morada por algunos meses. Me hallo de regreso en Hyde Park, el barrio de la Universidad de Chicago, después de un cuarto de siglo. Me asomo al estudio que he subarrendado a una estudiante doctoral a la que nunca he visto en mi vida. Sólo conozco su habitación: un continente desconocido, diría Maistre. Creo que se podría escribir un libro de viajes sobre mi cuarto, que es más pequeño que los aposentos del conde. Al abrir la puerta hay, a la derecha, una fila de libreros de madera y el libro más próximo es Las mil y una noches, en una edición ilustrada de 1932. Junto a él están las Obras completas de Lewis Carroll, de la Modern Library. Encima de estos libros hay un espejo de grueso marco de madera, sostenido por el librero y apoyado contra el muro. En la parte alta del siguiente librero hay una virgen tallada en madera: de sus manos unidas en oración pende un antiguo reloj de cadena, cuyas manecillas marcan las dos. Debajo de la virgen hay varias filas de libros. Entre ellos asoma Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino, novela sobre un hombre que regresa al librero un ejemplar que tiene un error de impresión y a cambio recibe otro del mismo título y portada, pero en que se narra una historia completamente distinta. También hay un volumen de uso de la novela de Rebecca Solnit A Field Guide to Getting Lost. Curiosamente junto a estos libros sobre el desconcierto está una edición de 65 centavos de George de Santayana, que se deshoja, sobre tres poetas filosóficos: Lucrecio, Dante y Goethe. Y junto a éste, O povo brasileiro de Darcy Ribeiro. Me pregunto sobre la conexión que existe entre estos libros en este país que es mi habitación. Entonces, después de dar unos cuantos pasos, descubro que hay espejos por todos lados. Además del espejo de Alicia hay otro en el muro del fondo, sobre un secreter que la hace de escritorio, y uno más en el minúsculo comedor. El segundo espejo está colocado de tal manera que lo primero que ve uno cuando entra a la habitación es su propio reflejo. Quo vadis? El tercer espejo no parece tener una función clara, salvo reflejar un tapiz que adorna el muro opuesto del comedor: un gran mapamundi de cabeza. Así, me siento a tomar el café con la cabeza en Siberia, aunque aún no haya comenzado a nevar.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE y autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.


1 Xavier de Maistre, Viaje alrededor de mi habitación, Madrid, Funambulista, 2007.

 

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