San Blas es un santo de milagros modestos y discretos, domésticos. Una mujer le pidió que ayudase a su hijo, que se había atragantado con una espina de pescado: san Blas le impuso las manos, y lo salvó; otra le pidió ayuda para recuperar a un cerdo, que le había arrebatado un lobo: mientras hablaba san Blas para tranquilizarla, apareció el lobo, y dejó al cerdito en el suelo.
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