En las grandes ciudades hay fuertes presiones ambientales que inciden en la calidad de vida y la salud de los habitantes. No sólo se hace referencia a un medio ambiente físico, químico o biológico, sino a un medio psicosocial y laboral complejo en el que el ruido impacta sobre el bienestar y la armonía social y de los individuos que viven en ellas.

En el contexto urbano, el tráfico por la necesaria movilidad, la construcción o arreglo de edificios y calles, las fábricas y otras actividades laborales como talleres mecánicos y las actividades recreativas como ferias y bares, todas son generadoras de ruido que afectan e invaden el espacio de los ciudadanos. Por ejemplo, las personas que viven cerca de vías muy transitadas y con alto ruido vehicular tienen mayores niveles de adrenalina y cortisol.

Ilustración: Estelí Meza

 

El ruido es un sonido con frecuencias irregulares y por ello no se percibe armonía a diferencia de un sonido positivo. Es un sonido desagradable y su percepción está también regulada por aspectos socioculturales, además de las propiedades físicas del estímulo.

A mayor magnitud del ruido el estrés también es mayor. La magnitud sonora se mide en decibeles pero la percepción desagradable está influida por la frecuencia del ruido, si el tono es agudo o grave. Otro factor es la cronicidad del ruido. Para quienes trabajan o duermen en zonas ruidosas la exposición prolongada también genera efectos específicos en la salud. A esto se le refiere como ruido crónico.

El ruido tiene propiedades informativas sobre el medio ambiente, que algunas veces son redundantes, como en el caso de los vehículos automotores. En otros casos el ruido informa sobre potenciales amenazas a la integridad de los individuos, y por tanto tiene una función importante. Un ruido de 55dB de intensidad es un nivel tolerable que no afecta a la salud, como límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Muchos ambientes urbanos en México rebasan estos niveles.

La OMS estima que anualmente se pierde un millón de años de vida saludable en los países europeos occidentales por causa del ruido urbano.

La atención al medio ambiente como fuente potencial de amenazas genera una reacción biológica específica, definida por Hans Selye como estrés, que implica la activación del eje HPA (Hipotálamo, Pituitaria y Adrenales) como una cadena de reacciones glandulares y afectaciones hormonales. Walter Cannon describió otra cadena de afectaciones biológicas ante situaciones de amenaza que implican el sistema nervioso simpático y que activan la reacción de las catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Estos cambios biológicos generan reacciones observables como palidez en el rostro (porque la sangre se va a las piernas para que el individuo luche o corra de la fuente amenazante), que se ponga la piel de gallina, que aumente la sudoración de manos y pies (referido como “sudar frío”), que aumenten las palpitaciones del corazón, y muchas otras.

Los factores funcionales del ambiente que generan la respuesta de estrés son: la novedad, la impredictibilidad (como cuando tiembla la tierra), la incontrolabilidad, la anticipación de consecuencias negativas (como las personas que tienen miedo a hablar en público o a volar en un avión), y la evaluación social.

 

El estrés genera diversos trastornos en los individuos en su funcionamiento corporal, en su forma de comportarse y en la dinámica de interacción con los otros. Son impactos en la salud de las personas y a continuación los tipificamos:

Efectos biológicos

• Dolor de cabeza y cambios en el pulso por exposición a un ruido blanco (ruido que mezcla todas las frecuencias, como en el caso del color que mezcla todas las frecuencias visibles de la luz).

• Lesión irreversible del aparato auditivo y pérdida parcial o total de la capacidad para oír sonidos. Tinnitus (escuchar un zumbido continuo).

• Disturbios de sueño y pérdida de sueño profundo. Cambios en la tasa cardíaca. Somnolencia durante el día. Este es el efecto que tiene mayor impacto en la población expuesta al ruido.

• Elevación de cortisol (hormona del estrés) en exposición a ruido prolongado de baja intensidad (40dB) en ambiente de trabajo. Mayor incremento en condiciones de ruido inevitable.

• Incremento en presión arterial de niños y adultos expuestos a ruido de aeropuertos.

• Aumento de adrenalina y de inmunoglobulina A.

Efectos psicológicos

• Las personas que viven cerca de los aeropuertos reportan molestias y detrimento en su calidad de vida. Este es el segundo efecto que influye en más población por parte del ruido urbano. Interfiere con el descanso, las actividades cotidianas y afecta sentimientos y pensamientos.

• Efectos en atención y aprendizaje de niños que asisten a escuelas ruidosas.

• Afectación en comprensión lectora y comunicación en el aula. Dificultades para poner atención, frustración y desamparo aprendido.

• Problemas de memoria y comprensión lectora en escuelas cerca de aeropuertos.

• Incremento en el tiempo de desempeño de una tarea e aumento en el número de errores.

• Decremento en atención, perseverancia en una tarea y pobre coordinación psicomotriz.

• Incremento en los niveles de ansiedad.

• Hipercortisolemia (disregulación del eje HPA) y depresión.

Efectos sociales

• Decremento en la productividad laboral e incremento en la fatiga.

• Ausentismo laboral.

• Aumento en el índice de hospitalización y visitas médicas.

• Incremento en la agresión.

• Decremento en la interacción social entre vecinos.

• Demora en el alivio de pacientes que son atendidos en hospitales ruidosos.

• Pérdida de la noción de comunidad o barrio por falta de comunicación entre habitantes.

Su impacto en la salud

• Mayor posibilidad de enfermedad coronaria del corazón. Infarto al miocardio.

• Aumento de probabilidad para hipertensión arterial esencial.

• Aumento de la probabilidad de diabetes mellitus.

• Mayor riesgo de enfermedades autoinmunes como artritis, lupus o esclerosis múltiple.

• Incremento en la probabilidad de osteoporosis.

• Posibilidad de úlceras gastroduodenales.

• Arteroesclerosis.

• Disminución del sistema inmunológico y en consecuencia mayor propensión a contraer enfermedades infecciosas y virales de cualquier tipo.

En un par de estudios realizados recientemente por los autores en la zona metropolitana de Guadalajara se encontró que los adultos (entre 18 y 50 años de edad, que tuvieran seis años trabajando en una zona ruidosa) desarrollan como estrategia contra el estrés generado por ruido el dormir una hora más en promedio que las personas que no laboran en ambientes ruidosos.1 También reportan beber más cerveza (lo que tiene sentido en términos de las propiedades relajantes del alcohol) y dicen beber menos café que los adultos de zonas no ruidosas, pues la cafeína estimula el sistema nervioso. Para alguien estresado, su nivel de activación está suficientemente alto y no requiere ningún estimulante que le active más, a diferencia de las personas que no tienen estrés por ruido y que requieren activarse, particularmente al despertar.

En el caso de los niños (entre 6 y 11 años, estudiantes de primaria pública) reportan también dormir una hora más, aquellos que van a la escuela en zonas ruidosas en comparación con los niños que asisten a la escuela en zonas de menor ruido.

 

Como se menciona en líneas arriba, las personas que vivan en ciudades ruidosas tendrán repercusiones en aspectos biológicos, psicológicos, sociales y sobre la salud, teniendo efectos en aspectos de relaciones interpersonales, familiares y también en la dimensión económica.

Un aspecto poco atendido y de gran relevancia es el de la molestia personal ante el ruido ambiental, el cual tiene un efecto psicológico importante en el estado de ánimo, la concentración, la motivación, la productividad y la calidad de sueño y descanso. En el futuro será importante atender con justeza este efecto del ruido.

Se han hechos diversos estudios en relación a los ambientes urbanos con mayor calidad de vida en el mundo. Como un factor determinante de la calidad de vida indudablemente tiene que ser considerado el ruido ambiental. En este sentido, el diseño de los espacios urbanos tendrá que considerar el control en la generación de ruido y la preservación de los sonidos de la naturaleza como aspectos que impactan la calidad de vida de los ciudadanos.

 

Claudia Vega Michel
Doctora en ciencias del comportamiento (opción análisis de la conducta). Es profesora investigadora del Departamento de Psicología, Educación y Salud y coordinadora de la licenciatura en psicología del ITESO. Entre sus publicaciones: Autocuidado de la Salud y Autocuidado de la Salud II.

Everardo Camacho Gutiérrez
Doctor en ciencias del comportamiento. Profesor investigador emérito del Departamento de Psicología, Educación y Salud y coordinador del doctorado interinstitucional de investigación psicológica en el ITESO Ha publicado Estrés y salud: investigación básica y aplicaciones y Alternativas Psicológicas de Intervención en Problemas de Salud.


1 Camacho, E., Vega-Michel, C., y Batiz, P. (2016), “Escenarios urbanos ruidosos y no ruidosos: efectos en cortisol, depresión, sueño y consumo de alcohol”, Revista latinoamericana de medicina conductual, 6(2) 2016, pp. 88-95.

 

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