La contaminación por ruido y las vibraciones son una parte primordial de nuestro medio ambiente, y aunque han sido consideradas como aspectos secundarios o epifenómenos, su importancia debe de valorarse de manera integral, desde el dominio de las políticas públicas a los aspectos técnicos, culturales, regulatorios, urbanísticos y principalmente de salud. Ningún individuo debería de estar expuesto a niveles de ruido que amenacen su salud y calidad de vida.

Con base en ocho revisiones sistemáticas dirigidas a evaluar la relación entre ruido ambiental y salud, la OMS reconoce categóricamente que existe suficiente evidencia para vincular la exposición de las personas al ruido ambiental con efectos cardiovasculares y metabólicos, alteraciones del sueño, deterioro cognitivo, pérdida auditiva y tinnitus, resultados adversos en nacimientos, la calidad de vida, la salud mental y el bienestar. El ruido ambiental debe considerarse no sólo como una causa de molestia sino también como una preocupación de salud pública y ambiental (OMS, 2018).

Ilustración: Estelí Meza

Por desgracia, en contraste con otros problemas ambientales, la contaminación por ruido crece constantemente de manera insostenible causando efectos adversos, tanto directos como acumulativos sobre la salud y la economía, y al igual crecen las quejas y la cantidad de las personas afectadas por él. Existe una desconexión entre el avance del conocimiento, la preocupación universal ante el ruido y la generación de políticas públicas, a nivel local, por parte de los funcionarios encargados de tomar decisiones sobre la materia, quienes mantienen una conciencia nula o simplemente anecdótica ante el riesgo que enfrenta nuestra comunidad, que por la magnitud del problema no puede resolverlo por sí misma.

La degradación del ambiente por el ruido requiere de estrategias coherentes que propongan y pongan en práctica soluciones creativas, técnicamente adecuadas y políticamente realizables; a corto y mediano plazos dirigidas a reducir la exposición; y de largo plazo enfocadas a reducir la emisión de energía acústica a gran escala, capaces de reconfigurar nuestra relación socioecológica actual.

Esta nueva visión debe ser multifactorial e interdisciplinaria. Exige comprender a la ciudad como un entramado complejo y sistémico, pues sólo así logrará un progreso armónico en el que se coloque a los seres vivos en el centro del urbanismo y la planificación sostenible. Su prioridad es evitar, reducir y prevenir los efectos nocivos que la exposición al ruido ambiental causan a la salud y al bienestar de los seres vivos. En México existe la imperiosa necesidad de desarrollar un programa intensivo y extensivo de investigación, educación y legislación para avanzar en la lucha contra la contaminación acústica.

La tarea principal en la generación de políticas públicas sobre ruido urbano es entender que una ciudad tiene que pensarse como un organismo vivo; que crecimiento no significa expansión caótica, que el factor económico no es el único componente del desarrollo, y que de no cambiar nuestra visión urbana seguiremos levantando los hacinamientos amorfos que hemos construido. Por ejemplo, la gentrificación que vivimos hoy en la Ciudad de México no es una solución de fondo, sino simplemente un esputo de la voracidad de las prácticas comerciales especulativas, la falta de planeación urbana y ausencia de políticas oficiales, que venden y permiten la venta de disfraces de estatus, aprovechando la lucha por los espacios cada vez más escasos.

Para desarrollar políticas públicas en materia de ruido que puedan ser socialmente bien recibidas, que superen el estado de atraso que ubica a México a la zaga —no solamente de los países desarrollados, sino también de los de América Latina—, y venza la parálisis de los políticos para asumir riesgos y tomar decisiones es necesario un trabajo que implica diferentes fases:

Sensibilización. El papel de la sensibilización es principalmente educativo, es decir, conocer y dimensionar el problema para tomar decisiones basadas en información y alertar a la población sobre los efectos perjudiciales para la salud asociados con el ruido, y que el comportamiento de cada individuo contribuye a reducir o a agravar este problema. Reducir la emisión de ruido en nuestras fábricas, oficinas, escuelas y hogares es un reto de concienciaética-ambiental para todos.

Establecimiento de una estructura de regulación. A corto y mediano plazos la única medida de control que permitirá reducir los niveles de ruido a los que están expuestos los habitantes de la ciudad es la regulación directa de los niveles máximos permisibles de emisión, que si bien deben segmentarse, ya que atañe a diferentes competencias institucionales, también deben generarse dentro de un marco legislativo-normativo-regulatorio integral, coherente y armonizado.

Ruido y vialidades. El ruido emitido por el tránsito vehicular es por su extensión y magnitud la principal fuente de contaminación acústica de una ciudad. En tanto que en otras regiones del planeta, como en Europa, cada ciudad de más de 100 mil habitantes debe contar con un mapa de ruido, estudios de pavimentos, límites de emisión de vehículos y planes de mejora, en nuestro país no sólo no existen estudios suficientes sino que ni siquiera regulamos la emisión de ruido vehicular. Las normas que sí existen son letra muerta que en la práctica no se aplican.

Escuelas, ruido y aprendizaje. Una función primaria de la audición es alertar y advertir, lo que origina que a ciertos niveles de intensidad sonora el ruido se convierta en un estresor que desencadena procesos bioquímicos dentro del organismo y altera las funciones cognitivas. En tanto que en otros países existen regulaciones muy claras para la transmisión entre estructuras y los ruidos de fondo externo para un edificio escolar, en México a lo más existen unas recomendaciones del Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas de la SEP, que en la práctica no se atienden. Así el ruido excesivo, como estresor y contaminante ambiental, dificulta que los alumnos puedan ejercer a plenitud sus capacidades cognitivas.

Vivienda. El espacio privilegiado para el descanso y de mayor intimidad para un inviduo es su hogar; las personas de menos recursos son también los más limitados para alcanzar una vivienda que represente un espacio de tranquilidad con niveles mínimos de confort acústico. En tanto que en Europa o en algunos países latinoamericanos cada edificación de lujo o de interés social debe certificar su cumplimiento con estándares mínimos de atenuación acústica, en México el único criterio válido es el de la rentabilidad constructiva y la ausencia de planeación urbana, lo que deviene en molestias, afectaciones del sueño y detrimento del comportamiento social de los afectados.

Diversión y nuevas tecnologías. Las fuentes fijas de ruido y el ruido laboral son prácticamente los dos únicos tipos de contaminación acústica que cuentan con normas en nuestro país. A pesar de que fueron publicadas el siglo pasado y necesitan una profunda revisión, al menos existen y regulan parcialmente estas actividades. Si bien las fuentes fijas están limitadas en la emisión de ruido al ambiente, hacia el interior de estos negocios no existe ninguna recomendación. En bares, discotecas y conciertos públicos se ha abusado del efecto liberador de emociones que tiene el sonido, ya que las personas que escuchan música placentera activan regiones del cerebro conectadas a respuestas eufóricas, que proceden del impulso generado por el neurotransmisor conocido como dopamina, de manera muy similar a las que se experimentan con el sexo, la buena comida o las drogas adictivas. Aunque es claro que no se le debe ni se le puede prohibir a nadie el derecho de exponerse a este tipo de estímulos, al menos sí debe de advertirse puntualmente que niveles superiores a los 85dBA pueden potencialmente producir pérdidas permanentes o temporales de la audición. Problema que hoy en día padecen muchos de nuestros jóvenes que antes de los 20 años ya tienen corrimientos en el umbral de audibilidad, producto del abuso al usar de los audífonos como discotecas personales ambulantes, de sus prácticas sociales y de su ignorancia sobre los efectos que el ruido puede producir en su salud.

Arquitectura y paisajes sonoros. Ante un tejido social-cultural-acústico cada vez más erosionado y agresivo es necesario redimensionar el problema de las grandes ciudades. Al igual que en el desierto existen los oasis, nuestras ciudades reclaman paisajes sonoros que proporcionen estímulos positivos, o simplemente paz y tranquilidad a sus habitantes. Es necesario que la edificación no se reduzca al flagelo con el que los procesos constructivos azoran al entorno, sino que exista una planeación urbanística de sanación, una arquitectura que retome las raíces fundacionales de Vitruvius, que se aprenda no solamente a ver, sino también a escuchar desde la arquitectura, misma que fue reducida al campo visual desde el Renacimiento, y que se aborden desde el diseño los espacios acústicos para reconformar los espacios públicos, privados y sensitivos desde una nueva “visión” más auditiva y armónica.

Así, aunque el problema parece imposible de resolver, es necesario emprender acciones tendientes a restaurar el equilibrio de homeostasis, que al igual que sufre fuerte quebran en los organismos vivos sometidos al ruido excesivo, también es alterado en esas organizaciones vivientes a las que llamamos ciudades, afectando en mayor o en menor medida a prácticamente la totalidad de la población que habita en ellas, y enfermándola gravemente desde su tejido social.

 

Rafael Trovamala Landa
Ingeniero en comunicaciones y electrónica con especialidad en acústica del IPN. Doctor en ciencias por la Universidad de Oviedo. Investigador invitado en el Laboratorio de Acústica del National Institute of Standards and Technology USA. Actualmente, profesor de UPIITA-IPN y consultor en problemas de ruido, con 40 años de experiencia en el campo laboral de acústica y vibraciones mecánicas.

 

Un comentario en “Políticas públicas del ruido

  1. Un muy buen artículo que explica claramente la problemática de la contaminación por ruido y la necesidad de generar políticas públicas para atender este tipo de contaminación a la que no se le ha dado la importancia necesaria, en donde todos contribuimos a generarla y todos estamos expuestos a ella.

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