El ruido es un arma poderosa. La leyenda dice que las murallas de Jericó cayeron con el clamor de las trompetas israelitas. El recurso ha seguido usándose desde entonces. En 1989, en Panamá, el ejército estadunidense usó la violencia del ruido para privar del sueño al general Manuel Antonio Noriega, y hacerlo salir de la misión diplomática del Vaticano. El FBI empleó la misma técnica en contra de los davidianos de Waco, Texas, en 1993. Con la suficiente potencia el sonido es capaz de abrir fisuras en el aparato psíquico de sus víctimas, y cuando esos decibeles las privan del sueño los efectos son devastadores. Según un estudio neurológico reciente la privación del sueño produce síntomas parecidos a la psicosis: percepción distorsionada, desorganización cognitiva, anhedonia.1

El oído no tiene párpados. Cuando alguien produce un sonido usa nuestros oídos. El ser humano se encuentra inerme ante el ruido. En nuestras ciudades, sus habitantes están a merced del vecino desconsiderado. Por eso también es tan patente la fractura del Estado de derecho cuando las autoridades abandonan a su suerte a las víctimas del ruido abusivo.

Ilustración: Estelí Meza

El informe de resultados de los Foros de Justicia Cotidiana, publicado en 2015 por el Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, refirió el grado de esta ausencia de autoridad: “si uno le preguntara a la población es posible que la mayoría ignore la existencia de alguna institución que pueda obligar a un vecino a bajar el volumen de su radio”. La magnitud del problema del ruido se comprende con este ejemplo: “En una encuesta levantada recientemente en la ciudad de San Luis Potosí se muestra que para el 22% de los entrevistados el ruido representa una molestia que les impide dormir”.2

Hace ya más de tres décadas, señala el mismo informe, el sociólogo jurídico Volkmar Gessner3 advirtió que en México los conflictos cotidianos entre vecinos no suscitan el interés de los gobernantes. Esa indiferencia ha persistido justificada en el razonamiento de que los recursos del Estado deben destinarse a problemas jerárquicamente más graves. Los conflictos vecinales, “menos espectaculares, pero infinitamente más frecuentes”,4 siguen sin atraer la atención de las autoridades.

Apenas es necesario señalar que esta política basada en la indiferencia por desdén jerárquico es equivocada, y constituye una de las principales causantes de la erosión de nuestro Estado de derecho, que a su vez alimenta la cultura de impunidad que nos ahoga.

El ruido abusivo generado por vecinos particulares o por establecimientos comerciales es uno de los principales conflictos cotidianos impunes a los que se refería Gessner. Contrario a lo que se cree, la falta de castigo por faltas menores es un problema grave que debe atenderse con inmediatez y eficiencia. El informe del CIDE explica las razones: “Este tipo de problemas parece tan cotidiano en México que, incluso, los resultados de las encuestas sobre victimización y percepción de inseguridad del INEGI sugieren que la riña entre vecinos es una conducta antisocial que afecta a una buena parte de la población. De hecho, esta información desarrollada por el INEGI sugiere que en toda la República la riña entre vecinos puede tener dimensiones y repercusiones mayores que, por ejemplo, la venta de drogas o los homicidios”.

Hacer cumplir la ley es la principal función del gobierno. La anarquía del ruido abusivo que se padece en nuestras ciudades se debe a que los infractores no son sancionados. Este vacío de autoridad erosiona la confianza en las instituciones. Cada vez que una persona pide auxilio a la autoridad y ésta la ignora, la percepción de vivir en un mundo sin leyes se exacerba.

Sancionar con eficiencia faltas menores puede ser más valioso para revertir la percepción de obsolescencia del gobierno, que sancionar raramente faltas mayores. La razón es que una persona es víctima durante su vida civil de muchas más faltas menores, y a que éstas son más fáciles de satisfacer. El vecino que sabe que le basta hacer una llamada para que la autoridad haga callar a un vecino ruidoso, se siente protegido de manera inmediata y personal. Algo que no ocurre necesariamente cuando ese vecino se entera de que la policía desarticuló una banda de robo de autopartes, así haya sido él víctima de ese delito.

 

Con este diagnóstico de la gravedad del ruido abusivo, y de la apatía de las autoridades para combatirlo mediante la imposición de sanciones o la revocación de licencias, un grupo de ciudadanos afectados iniciamos en 2017 una Cruzada contra el ruido en Guadalajara, con el objetivo de revertir el error de política pública que advirtió Gessner en 1986, y que volvió a encontrar el CIDE en 2015. Nuestra forma de hacerlo consistió en llevar al cabo varias acciones concretas.

Nuestro primer objetivo fue llevar a la agenda pública el problema del ruido abusivo que padecen miles de familias de manera consuetudinaria. Un problema más grave y extendido de lo que se piensa. Para ello abrimos una página de Facebook y una página web ( www.cruzadacontraelruido.org) en donde recibimos videos de denuncias de ruido abusivo que toman los afectados con su teléfono celular, y las difundimos. De alguna manera las denuncias fueron teniendo buena respuesta de las autoridades municipales, y en no pocas ocasiones acudían a sancionar al infractor. El ruido abusivo dejó de ser un problema completamente ignorado, y empezó a llamar la atención de medios de comunicación, autoridades y empresarios.

Además, impulsamos la conciencia de la contaminación acústica en la comunidad, promoviendo una cultura del respeto. Mediante infografías y videos comunicamos a los seguidores diferentes aspectos: cómo se mide el sonido, cuáles son los decibeles máximos permitidos para casa habitación o establecimiento comercial, cuáles son las formas de denunciar el ruido abusivo, qué efectos tiene el sonido en la salud física y psicológica.

Nos percatamos de que era necesario combatir la impunidad a la que estaban acostumbrados los infractores, así como modernizar las instituciones y procedimientos relativos a la vigilancia y sanción del ruido abusivo, mediante una reforma a la ley estatal del equilibrio ecológico y protección al ambiente. Con el apoyo de los diputados —y no sin dificultades—, logramos en 2018 la aprobación de la iniciativa de reforma legal que incluye los siguientes aspectos.

La obligación a cargo de los establecimientos comerciales de insonorizarse, y de mostrar en su interior a sus clientes y empleados el nivel de decibeles al que están sometidos. La revocación de la licencia de giro en caso de más de dos reincidencias en un ejercicio. La simplificación del procedimiento de medición de decibeles. La prohibición de cohetones entre 9 p.m y 8 a.m. La obligación de las autoridades de mantener un sistema de reporte y atención a denuncias de ruido abusivo disponible 24/7. La elevación de las sanciones por ruido abusivo: los vecinos particulares infractores pueden ser arrestados hasta por 36 horas, y la multa por ruido puede ser de entre cuatro a 40 mil pesos. Las multas pueden ser inscritas en el predial del inmueble en donde se produjo el ruido. Se estableció también una sanción a los vehículos ruidosos por claxon, mofle o equipo de audio.

Pusimos a disposición de los afectados instrumentos legales con los cuales pudieran defenderse de la inactividad de las autoridades. Un formato de reclamación de daños por un servicio irregular del Estado, y un requerimiento de no renovación de licencia fundado en el sistema anticorrupción.

Por último, desarrollamos con la ayuda de la empresa chilena eRuido, especializada en el monitoreo de ruido industrial, el primer sistema remoto de monitoreo e inspección de ruido consultable en línea, que funciona 24/7. Abate significativamente el costo de la inspección del ruido, es más eficiente que la medición humana, es incorruptible, y sus micrófonos emiten mediciones válidas conforme a la NOM. Tanto el histórico de grabaciones como en tiempo real pueden consultarse en línea.5 Con esta herramienta apostamos a que la tecnología ayude a administrar las ciudades inteligentes del futuro inmediato.

A últimas fechas, la Cruzada fue acogida por el Proyecto de Aplicación Profesional del Iteso, “Escucha México”.

 

La consolidación de nuestro Estado de derecho empieza por promover una cultura de cumplimiento de la ley, pero también por el combate a la impunidad. De manera que si la consideración por los derechos del prójimo no es suficiente, sea la anticipación de una sanción inminente la que disuada a los reacios de infringir la ley.

En El laberinto de la soledad Octavio Paz imaginó al mexicano como un ser ensimismado que se libra de sí mismo mediante los paroxismos del grito y los petardos de la fiesta. El estruendo como purga. Esta extraña y atávica idea puede estar detrás del rezago mexicano en la lucha por combatir el ruido abusivo. En la identidad cultural del mexicano, sin embargo, hay cabida también para el respeto al espacio sonoro ajeno.

 

Alberto García Ruvalcaba
Notario público en Guadalajara y editor.


1 Flavie Waters, Viviann Chiu, Armanda Atkinson, Jan Dirk Blom, “Severe Sleep Deprivation Causes Hallucinations and a Gradual Progression Toward Psychosis With Increasing Time Awake”, Frontiers in psiquiatry, 2018; 9: 303.

2 Informe de resultados de los Foros de Justicia Cotidiana, Centro de Investigación y Docencia Económicas, abril de 2015, p. 100.

3 Gessner, Volkmar, Los conflictos sociales y la administración de justicia en México, México, UNAM (Instituto de Investigaciones Jurídicas), 1984, p. 1.

4 Ídem.

5 www.simon.eruido.org

 

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