Cuando viajo, prefiero hacerlo a través de la superficie. La última vez que visité la estación de Tacubaya, descendí tantos escalones hacia el centro de la Tierra, que pensé que estaría en el inframundo. No me equivocaba del todo. Tras volver al nivel de los coches y los autobuses, estuve segura de haber extraviado algo importante de mi propia historia allí debajo.

Entiendo poco de ingeniería, pero mi capacidad mental me da para sumarme al asombro que despierta el Metro en la Ciudad de México: esa red de brazos con tentáculos superpoblados que, día a día, se expande y engorda. Nuestro Leviatán es indispensable, se sabe. La superficie no rinde para que millones de personas lleguen a donde tienen que ir o a donde desean ir.

Ilustración: José María Martínez

Cada vagón es un poblado autosuficiente. Así como la ciudad suma múltiples rostros, tan distinta en cada colonia y alcaldía, el vagón del Metro es muestra de contrastes e historias variadas. La última vez que viajé fui al mercado de El Salado, en Santa Martha Acatitla. El trayecto duró una hora. Hacia el final, creo que pudimos ver la Cabeza de Juárez asomándose por la ventana. Tal vez la imaginamos. Al descender, caminamos por la estación y subimos a un puente peatonal. No podíamos preveer lo que encontraríamos después. El mercado de El Salado guarda, como el propio metro de la ciudad, la recopilación de desechos útiles con los cuales podrían narrarse las historias de las vidas privadas de la ciudad en tiempos recientes.

Según los reportes, en 2018, el metro transportó a 1,647,475,013 usuarios por día. Me parece poco, pero es lo que encuentro aquí. Y como en el mercado de El Salado, me gustaría visitar la oficina de objetos perdidos. En los informes del mes de julio de este año se enlistan y describen las siguientes pertenencias extraviadas (que también son pocas en relación al número de usuarios):

Balón de básquetbol naranja con amarillo
Bolsa con cuerda color naranja
Bolsa de mano café, toallitas húmedas, pañal y libreta a nombre de Saucedo Enrique y artículos de higiene personal
Chamarra de mujer en color verde olivo
Celular color negro pantalla rota
Chamarra café en mal estado
Credencial González Isabel en cartera rosa estampada en flores
Carriola color café y silla porta bebé marca Princel
Certificado de secundaria Martínez Manuel y ficha de examen a COMIPEMS
Celular Marca Hisense color negro estrellado
Celular negro marca Huawei
Celular marca Polaroid en color blanco
Cartera negra, SEGOB Martínez Abraham y saco negro
Cinturón, paquete de toallas, desodorante, 2 latas de cerveza, par de calcetines, juego de 5 llaves, hilo de coser y mono de vestir
Folder plástico color gris con documentos a nombre de Lomelí Cesáreo
Folder multicolor
INE Valencia David licencia y trabajo, INE Contreras Raymundo, INE Saynes Adelina, INE Castillo Joselyn, INAPAM Bernal Juan, COMSOC Soto Carlos y Boleta Rojas Dolores
INE García Noé, INBURSA, LIVERPOOL y BANAMEX
INE Evangelista Mónica, INE Flores Manuel, INE Gallardo Hiram, INE Canul Daniel, INE Centeno Manuel, INE Posadas Ericka y Licencia Edomex Espinosa Pedro
INAPAM Correa Gregoria
INAPAM Martínez Jorge, INE Pineda María del Pilar, INE Agramonte Norberto y Orden de Inhumación Mendel Cholula Froylán
INE Malpica Daniel, Licencia CDMX Malpica Daniel, INAPAM Malpica Daniel, COSTCO 85484092 07067013, tarjeta Refaccionaria California
INE Ortiz Alfredo, INE Cruz Rosas Uriel, INE López Lucina y licencia, GDF Meza Isaac, Licencia, tarjeta banco Famsa y Santander Miranda Jesús, Credencial Edomex Arredondo García Grecia, Carnet de seguro popular Morales Judith y UNAM Siordia Mauricio
Licencia de Barrios Sajid, Tarjeta HSBC, Tarjeta Baco Azteca en cartera negra
Llavero con 5 llaves normales
Mochila blanca, pantalón negro, pantalón gris, 2 suéteres gris, suéter negro, chaleco café, bolsa deportiva y par de botas
Mangas con franjas verdes 53, 64 mangas incompletas con franjas verdes y 2 teas bordadas con el logo del Edomex
Mochila rosa con negro, chamarra azul con rojo, lentes color rosa, lentes azul con negro y cepillo dental
Mochila verde con objetos de aseo personal, sobre de shampoo, desodorante, cepillo, pantuflas y candado
Pasaporte de Congo Kambale Kayama Yean Bosco
Patineta
Perfume, desodorante, frascos de medicina, cepillo, tarjeta, 3 plumas, dos monedas y bolsa de mano color piel
Reloj color dorado

Quienes deseen recuperar lo perdido, pueden hacerlo si lo describen y presentan una identificación oficial, pero lo que se encuentra nunca suele ser, con precisión, lo que se pierde.

Entre las ramificaciones que ofrece el Metro, a través de sus inmensas vertientes, pasillos, bifurcaciones y señalamientos idénticos, es imposible encontrarse ubicado. No somos animales subterráneos, sin embargo, las averiguaciones que ocurren abajo, son contraparte de la vida al aire libre. Sin saber con certeza hacia dónde nos dirigimos, otorgamos el permiso con nuestros pasos para perdernos una y otra vez en el laberinto sin final y sin retorno. Aquí no hay cielo. Y se sabe que el viajero siempre se desprende de lo que es y cede ante los hechos en el trayecto que no consigue adivinar. El destino no tiene retorno tras el viaje. El mundo anterior que está debajo vuelve como extravío.

 

Daniela Tarazona
Es autora de las novelas El animal sobre la piedra y El beso de la liebre.