Mendoza (Argentina)—. Un insospechado testigo presencial del brutal asesinato del profesor Avelino Oscar Maure, acaecido en la medianoche del jueves en Guaymallén, permitió que la policía orientara su pesquisa hacia un terreno distinto al del asalto, que había sido denunciado por la esposa de la víctima, y estableciera que el profesor había sido ultimado por un amigo del matrimonio con la colaboración de la mujer.

Ésta insistió en hablar del fraguado asalto hasta que anoche, apremiada por las pruebas reunidas en su contra, confesó la realidad. Avelino Maure (31 años) era socio gerente de la academia Maure, profesor de Educación Democrática y encargado de disciplina. La señora Susana Arbues (26 años), su esposa, es maestra normal y encargada de la biblioteca del instituto.

Ahí se habían reunido en la tarde del jueves junto a profesores de la academia. Finalizada la reunión, el matrimonio salió en su coche, un Fiat 1500, hacia Guaymallén. No se sabe en qué momento se incorporó a la pareja Rodolfo Giménez Jáuregui, de 30 años, muy amigo del matrimonio. Cuando circulaba por la calle Allayme (conocida también por las cañas), el auto se detuvo antes de llegar al callejón Olmedo, dejando las luces rojas encendidas. El lugar es completamente solitario, bordeado por cañaverales y viñedos.

Rodolfo Korzeniowsky, vecino del lugar, relató que pasadas las 23 escuchó gritos y salió a la calle. Alcanzó a ver un auto parado a 50 metros, pero como supuso se trataba de un hecho sin importancia, volvió a su casa.

Otro vecino, Vicente Fabriani, aportó las pruebas que serían decisivas para descubrir la verdad. Manifestó que desde su vivienda oyó ruidos y extraños gritos. Creyó que eran dos de sus peones que se peleaban y se acercó para cerciorarse. Observó, entonces, que había un hombre tirado en la acequia, que se quejaba a los gritos y pedía no le pegaran más. Otro hombre le decía a una mujer que acelerara el motor del coche para que los vecinos no escucharan el grito del herido.

Le indicó además que abriera el capot para que el ruido fuera mayor, cosa que así hizo aquélla. Después, Fabriani vio que en dos oportunidades el hombre y la mujer tomaron el cuerpo del herido y trataron de cruzar la calle, cosa que no pudieron realizar por el paso de algunos vehículos. Fabriani dejó entonces el lugar del hecho y narró lo que había visto a un amigo, Juan Hidalgo, quien avisó a la policía. Cuando ésta llegó encontró el cadáver de Maure en la acequia que está ubicada frente al lugar en que éste fue ultimado.

Su esposa, a todo esto, había llevado a su esposo al Hospital Español, pues presentaba una herida que le interesó el pulmón. De ahí se trasladó a la policía para denunciar lo del asalto. El cuerpo de Maure, bañado en sangre, presentaba siete heridas visibles, aunque las puñaladas ascienden a 24: cabeza, cuello, tórax, abdomen, más un terrible golpe en el cráneo asestado con una piedra o un palo.

Giménez presentaba herida punzante en el pecho, con perforación del pulmón. Su estado es grave pero no desesperante. Susana confesó anoche, por fin, que Giménez Jáuregui eliminó a su esposo con su complicidad. Serena, tranquila, dio amplios detalles al juez doctor Jorge Mazari Céspedes, expresando que habían llevado el cuchillo utilizado escondido en un maletín. Agregó que en el camino simularon un desperfecto y que, una vez sobre la ruta, Giménez atacó a Maure, ayudando ella a arrojar el cadáver en la cuneta.

Giménez, por su parte, se abstuvo de declarar. Aunque el caso parece en vías de esclarecerse totalmente, aún quedan algunos puntos oscuros en la investigación. Con respecto a la herida que presenta Giménez, el interrogante es si se autolesionó para fingir un asalto y que al intentar hacerse una lesión leve se interesó un pulmón debido quizás a su estado de nervios, o si en la lucha con Maure éste alcanzó a doblar el brazo de su rival, armado con el cuchillo, produciéndole una grave lesión.

Avelino Maure y su esposa fueron estudiantes de la Escuela Superior de Periodismo de Mendoza, hace varios años. Ambos llevaban aparentemente una vida armoniosa y quienes los conocían se resisten a aceptar el crimen. Frente a la seccional de policía de Guaymallén en que prestaba declaración la esposa de la víctima se había formado anoche un cerrado grupo de vecinos que esperaba la salida de la mujer. Esto ocurrió a las 22:37. Lo hizo con la cabeza cubierta con un poncho, y los vecinos, en actitud amenazante, comenzaron a lanzarle improperios, siendo necesaria una enérgica intervención de los efectivos policiales para evitar que las cosas se agravaran. (Diario La Razón, 20 de septiembre de 1969, página 6.)

 

Fuente: Antología del crimen pasional (selección, prólogo y notas del Dr. Vicente Zito Lema), Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1970.

 

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