Los antiguos romanos eran muy supersticiosos y se defendían así de las brujas como Hécate:

• Si al salir de casa tropezaban, era mejor regresar a casa y encerrarse, lo mismo valía si cantaba una gallina en lugar del gallo. Y al salir de casa nunca pisaban la calle con el pie izquierdo.

• No tenían miedo de los gatos negros, pero de los perros negros, sí.

• No se podía estornudar durante la comida, y si el número de las personas sentadas en la mesa era impar, estaba prohibido callarse, así que parloteaban todo el rato.

• Antes de librar una batalla, observaban a las gallinas: si picoteaban trigo, buena señal, si no comían, mejor dejar la guerra para otro día. Eso sí, siempre conjuraban a Hécate para que los ayudara en las batallas.

• Tenían mucho miedo de las miradas de ciertas mujeres porque creían que eran capaces de echar mal de ojo y su única manera de protegerse de él era tener en casa una pata de conejo.

 

Fuente: Serena Quarello (ilustraciones de Fabiana Bocchi), Caza de brujas. Vida de las brujas de la historia de los cuentos y de hoy, Thule Ediciones, Barcelona, 2018.

 

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