En agosto de 1881 el cadáver de Inés de Dorrego fue robado del cementerio de la Recoleta en Buenos Aires por un misterioso grupo de “Caballeros de la Noche”, que exigió rescate. La banda estaba dirigida por un aristócrata belga, Alfonso Kerchowen de Peñaranda. Fueron atrapados casi de inmediato, pero no se los pudo condenar porque el delito no estaba tipificado en la ley.

“(Borges) me cuenta la historia de los Caballeros de la Noche. De comisario de frutos del país, para castigarlo por haberse metido en una revolución, al señor Acevedo, abuelo de Borges, lo bajaron a comisario de policía; por eso le tocó actuar en el asunto de los Caballeros de la Noche, que en los cementerios robaban las alhajas de los muertos. Casi todos los miembros de la banda eran españoles y turcos recién venidos, muy ignorantes. En cambio, inteligente debió ser el jefe que los apalabró, porque aunque entre todos no eran más de catorce, dio a cada uno un número de identificación altísimo, once mil y pico, doce mil y pico, de modo que los miembros creían pertenecer a una sociedad innumerable, poderosa y que por estas mismas razones gozaba poco menos que de impunidad. Cuando se vieron reunidos en la comisaría y se les dijo que allí estaban todos, que no había más, no podían creerlo”.

 

Fuente: Adolfo Bioy Casares, Borges (edición al cuidado de Daniel Martino), Ediciones Destino, Buenos Aires, 2006.

 

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