En 1940, basándose en “normas y criterios que son las leyes de la naturaleza y la naturaleza de Dios… y los derechos inalienables con que los hombres han sido dotados por su Creador”, y en que las ideas liberales del distinguidísimo matemático y filósofo Bertrand Russell atentaban contra esos derechos, un juez revocó el nombramiento que como profesor de filosofía acababa de otorgarle la Universidad de la Ciudad de Nueva York. En 1952, en Religión y moral, Russell señala: “Creo que la decadencia de la creencia dogmática sólo puede hacer bien… Lo que el mundo necesita no es dogma, sino una actitud de investigación científica, combinada con la creencia de que la tortura de millones no es deseable, ya la inflija Stalin o una deidad imaginada a semejanza del creyente”.

La ciencia no es compatible con la religión

Ilustración: Estelí Meza

Estas palabras adquieren gran relevancia para el siglo XXI porque, a pesar del extraordinario progreso logrado por la ciencia en los últimos 60 años, ha ocurrido un empoderamiento político y social de las iglesias, que defienden creencias y dogmas religiosos basados en una autoridad que no puede equivocarse porque es nada menos que Dios (el dios de los cristianos, el del islam o el de los judíos, o el de cualquier otra religión). Como el objetivo fundamental de la ciencia es obtener conocimiento sobre la naturaleza de la manera más objetiva posible, la investigación científica es ajena a estas ideas. Este es el problema central que hace a la ciencia incompatible con la religión, porque la ciencia no tiene fe ni creencias, es racional y funciona a base de argumentos, datos y discusiones, mientras que las religiones son exactamente lo contrario: fe sin análisis, carencia o malinterpretación de datos y nula racionalidad.

Además de su valor intrínseco de generar conocimiento, sin el cual no habría civilización ni progreso tecnológico, la ciencia está estrechamente ligada a la educación, ya que genera, difunde y propone una actitud analítica basada en el conocimiento: la educación sobre bases científicas enseña a pensar, analizar, reflexionar y razonar, en lugar de predicar e imponer creencias, fe y dogmas, las cuales lamentablemente se implantan fácil y profundamente en la mentalidad infantil. ¿Cómo podrán los niños y jóvenes de este siglo contender adecuadamente con la realidad social y discernir lo que es verdadero y pertinente, en este mundo del conocimiento globalizado por la internet, si no es con una educación basada en el conocimiento científico? Por ello, la investigación científica es no sólo esencialmente laica, sino que en mi opinión debe oponerse activa y abiertamente a la educación dogmática que se basa en creencias y no en la razón.

Lo que está pasando con la laicidad en México es deprimente, a pesar de que nuestra Constitución declara que México es una República laica. Son profundamente alarmantes las numerosas manifestaciones claramente religiosas y por tanto anticonstitucionales del presidente López Obrador, muchas de ellas descritas en el artículo “Acoso al Estado laico”, de Rafael Hernández Estrada, en el número de abril de este año de nexos. Estos hechos predican y sostienen precisamente los pensamientos, doctrinas y actitudes anticientíficas que la ciencia rechaza. Cito sólo uno: el 16 de diciembre de 2018 López Obrador convocó a un rito religioso para pedir permiso a la Madre Tierra para construir el Tren Maya, sin mencionar datos científicos sobre los daños ecológicos y arqueológicos en una zona que ha sido declarada reserva de la biósfera. Creo que esta es una clara demostración de fanatismo religioso y actitud anticientífica del presidente, sobre todo si la asociamos a la ceremonia en el Zócalo el día de su toma de posesión, cuando recibió un crucifijo y un bastón de mando indígena y se arrodilló (¿ante quién, ante dios, cuál dios?). Otros artículos, como “El pastor favorito”, de Raúl Trejo Delarbre (La Crónica de hoy, 7 de abril de 2019), relatan la cercanía de López Obrador con el pastor Arturo Farela, cabeza de la Confederación Nacional de Iglesias Cristianas, quien ha declarado: “López Obrador es un presidente cristiano. Y su cuarta transformación es también una transformación moral, pues se fundamenta en el amor a la familia, a la patria y a la naturaleza. Todo esto es bíblico. De ahí que esté abierto a otorgarnos a las iglesias concesiones y permisos para tener canales de televisión y estaciones de radio, a fin de que apoyemos su proyecto”.

Me parecen muy preocupantes estas tendencias religiosas, retrógradas, anticientíficas y anticonstitucionales del presidente López, quien se dice de izquierda y progresista y en los hechos parece que se rige por preceptos religiosos, ignorando los conocimientos científicos, como lo demuestran sus actos, sus discursos moralinos, su iniciativa de una constitución moral, y sus evasivas cuando se le cuestiona sobre temas bioéticos tan importantes como la despenalización del aborto, la igualdad de los sexos o la eutanasia. Parece que su gobierno será el regreso a una sociedad que antepone sus creencias religiosas al conocimiento, a una sociedad de la Edad Media.

 

Ricardo Tapia
Médico, doctor en bioquímica e investigador emérito de la UNAM en el área de Neurociencias. Es Premio Nacional de Ciencias y Artes, y miembro fundador del Colegio de Bioética A.C.

 

Un comentario en “La ciencia no es compatible con la religión

  1. Estoy de acuerdo con usted Dr Ricardo Tapia; no obstante que apoyo al presidente Lopez Obrador, no me gusta su inclinación y acercamiento muy visible a temas religiosos. Aunque para fanáticos descarados ya tuvimos a Fox, y Calderón.