El 4 de marzo pasado falleció en la ciudad de Cambridge, Massachussetts, Sidney Verba (1932-2019), coautor con Gabriel Almond de The Civic Culture. Political Attitudes and Democracy in Five Nations, la obra que introdujo la noción de cultura política a los estudios de sociología y de política comparada. La lectura de esta obra es una de las primeras obligaciones de todo estudiante de ciencia política, también porque es piedra angular de una de las vías de desarrollo de la disciplina.

Ilustración: Raquel Moreno

La elaboración de este libro es inseparable del contexto histórico en que se llevó a cabo, que fue una época de construción de Estados nacionales que siguió a la independencia de las antiguas colonias europeas en Asia y África. Al igual que los demás estudios sobre modernización que aparecieron a finales de los años cincuenta y durante la década de los sesenta, The Civic Culture fue producto del orden internacional bipolar y de una política científica del gobierno de Washington cuyo objetivo en el terreno de las ciencias sociales era ofrecer alternativas al análisis marxista. Desde esta perspectiva, el concepto de cultura política nació para sustituir al de ideología. El talante conservador de esta perspectiva se muestra en las conclusiones generales del libro; por ejemplo, según una de ellas, un gobierno constitucional no puede funcionar de manera eficiente y regular a menos de que la cultura política promueva la institución de la familia, fomente la organización de la sociedad civil y sostenga los valores de la democracia.

En el contexto del desarrollo de las ciencias sociales el libro se inscribe en la corriente estructuro-funcionalista de la sociología, uno de cuyos presupuestos fundamentales es que la necesidad crea la función; en este caso, el primer componente de esta ecuación es la estabilidad del sistema político, y el segundo, los valores y patrones de comportamiento de los gobernados. Un sistema político será estable en la medida en que se funde en actitudes, valores y creencias que le sean compatibles, cuando se contradicen con el arreglo institucional ponen en juego la continudad del sistema. Así por ejemplo, las demandas de participación política pueden ser desestabilizadoras en un sistema que se funda en el conformismo y la pasividad de los gobernados, y en una visión jerarquizada y paternalista de la organización política.

El libro fue publicado en 1963, y desde su aparición fue reconocido como una aportación original porque ofrecía un enfoque de análisis de la estabilidad institucional, de las bases individuales del comportamiento político y de la relación entre instituciones y ciudadanos, que con base en encuestas —una técnica novedosa al inicio de los años sesenta— identificaba y ponderaba las creencias, los valores y las actitudes de los gobernados hacia el poder público en general, y hacia la democracia en particular. Verba era asistente de investigación de Almond, pero su contribución a la elaboración del primer libro sobre cultura política fue tan importante que fue reconocido como coautor.

The Civic Culture establece comparaciones entre las actitudes y los comportamientos de los ciudadanos de cinco países cuyos contextos culturales son muy diferentes; pero la aplicación del concepto “cultura política” permitió identificar un mínimo común denominador que fue la base de la investigación. El libro examina dos democracias estables, Estados Unidos y Gran Bretaña, dos democracias “emergentes”, Alemania e Italia, y una democracia “aspiracional”, México. Almond y Verba construyeron tres tipos-ideales de cultura política a partir de la información que arrojó la encuesta: la cultura parroquial, que corresponde a las sociedades tradicionales en las que los gobernados no tienen ninguna influencia sobre su gobierno; la del sujeto, que reconoce la importancia del gobierno para su vida personal, pero no intenta siquiera influir en los asuntos públicos; y, por último, la cultura del participante que tiene orientaciones positivas hacia las instituciones de gobierno y hacia su propia capacidad para influir sobre decisiones del poder público. La cultura del participante es la cultura política de la democracia.

La categorización de México como una “democracia aspiracional” busca recoger las contradicciones y los contrastes que Almond y Verba encontraron en un país en el que la mayoría de los encuestados se decía orgullosa de su historia, en particular de la Revolución de 1910; pero al mismo tiempo criticaba el funcionamiento de las instituciones. Por ejemplo, mucho se ha dicho que la legitimidad del PRI era producto de la eficacia del gobierno en la promoción del desarrollo económico. Sin embargo, los encuestados mexicanos de Almond y Verba destacaban la incompetencia del gobierno como una de las causas de su insatisfacción, al mismo tiempo que se sentán orgullosos de un sistema político que garantizaba la estabilidad y que, creían, mantenía el rumbo de cambio hacia la democracia.

Hoy, la noción de cultura política forma parte del vocabulario cotidiano de la vida política. Investigadores académicos, periodistas, políticos profesionales y la opinión pública se refieren a la cultura política con gran naturalidad. No obstante, uno de los errores más frecuentes al respecto es la afirmación de que los mexicanos no tenemos cultura política. Toda sociedad posee una cultura política que puede ser autoritaria o democrática. Normalmente será una mezcla de ambas, así como un reflejo del gobierno en funciones. Por eso mismo, cuando nos quejamos del autoritarismo presidencial tal vez también tendríamos que quejarnos del autoritarismo del gobernado que responde a los llamados de su presidente.

Sidney Verba publicó muchos otros libros sobre participación y desigualdad política, ninguno tan influyente como The Civic Culture, pero siempre movido por el compromiso con la democracia y la ciudadanía participativa.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora de El Colegio de México. Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es La restauración de la Iglesia católica en la transición mexicana.