La historia de la ciencia enseña muchas cosas, pero entre ellas de modo sobresaliente, el hecho de que en la investigación moderna el poder experimental corre paralelo a la teoría. A veces uno adelanta a la otra, pero por poco tiempo. Los ejemplos abundan: el telescopio de Galileo abrió una nueva época. Los experimentos ópticos permitieron definir, primero, la existencia de los átomos y formular, después, la teoría cuántica. Los experimentos en el campo de la electricidad nutrieron la teoría del electromagnetismo y el experimento de Michelson y Morley puso la piedra de toque a la teoría especial de la relatividad. La instrumentación, pues, ha sido algo mucho más valioso que un simple instrumento en manos del investigador teórico: una guía material del pensamiento científico y un modo -tan productivo como la teoría misma- de interrogar al universo. De ahí que los grandes centros científicos, los sitios donde se producen teorías nuevas y revolucionarias, hayan coincidido históricamente con los grandes núcleos instrumentales que permiten descubrir nuevos principios y leyes naturales o imaginar nuevas aplicaciones de principios ya conocidos. A su vez, tales núcleos instrumentales para la investigación directa coinciden con los grandes focos de producción tecnológica y militar.
Suscripción plus
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.