A principios de noviembre de 2018 la entonces senadora y ahora secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, presentó una iniciativa1 para regular la marihuana. Esta iniciativa se sumó a varias otras presentadas en el Congreso a finales de ese año. Es un gran avance que finalmente se esté discutiendo no si se debe regular el uso de la marihuana, sino el cómo, y que por fin haya la voluntad política para efectuar una reforma indispensable en esta materia. Sin embargo, me preocupa que, al regular, se esté pensando en un modelo comercial que conlleve graves riesgos, que a la larga puedan ser perjudiciales para la salud pública. La propuesta de Sánchez Cordero señala lo siguiente:

El mayor reto al que se enfrenta cualquier modelo de regulación es el de equilibrar el enfoque de salud pública con el interés comercial. Esto, porque el primero busca minimizar riesgos y daños relacionados con el consumo de cannabis, mientras que el segundo busca promover su uso para obtener mayores ganancias. Ahora bien, el modelo que se propone impulsar es el modelo de regulación legal estricta; es decir, el punto medio entre prohibición absoluta y libre mercado.2

Esta visión me parece no sólo errada sino insegura, ya que el interés comercial no tiene por qué ser considerado por esta ley. El objetivo o el fin principal de la regulación de la marihuana tiene que ser proteger y maximizar la salud pública —incluyendo reducir el uso por parte de los jóvenes y el uso problemático y, a su vez, minimizar los daños del mercado negro y aquellos que han sido ocasionados por la prohibición como son la violencia, la proliferación del crimen organizado y los cientos de miles encarcelados por posesión o consumo.

Ilustración: Víctor Solís

 

La tabla muestra las muertes anuales por homicidios, uso de drogas ilegales y otros problemas de salud pública. En otras publicaciones3 se han usado gráficas para enseñar el aumento de los homicidios en México como consecuencia de la guerra contra las drogas y como argumento en contra del prohibicionismo. Una de las razones más poderosas de por qué es necesario regular ha sido precisamente el alza en la violencia. El aumento ha sido tan pronunciado que ha tenido un impacto negativo en la esperanza de vida. Por primera vez en más de seis décadas la expectativa de vida cayó en México.4

Es importante mencionar que esta disminución ocurrió al mismo tiempo que se lograron cambios positivos sustanciales en otros indicadores de salud, incluyendo la promulgación de una importante reforma de salud y la implementación del Seguro Popular. En este sentido, en los últimos 15 años ha habido disminuciones significativas en el número de muertes por causas obstétricas, diarrea y gastroenteritis, tuberculosis, VIH/SIDA, entre otras.5 Esto significa que los posibles efectos positivos de las políticas de salud fueron anulados por el impacto negativo de la violencia causada por cumplir con una fallida política de drogas.

Sin embargo, esta tabla sirve no sólo como argumento a favor de la regulación, sino también como una advertencia. Aparte del aumento en homicidios se puede observar un aumento descomunal en las muertes por diabetes en los últimos 15 años, al igual que un aumento en enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC) —la principal causa de muerte por el uso de tabaco— y un pequeño incremento de muertes por enfermedad alcohólica del hígado (cirrosis).

 

En México, por obvias razones, no se tiene conocimiento en la regulación de la marihuana. Sí se cuenta, no obstante, con muchos años de experiencia regulando otros productos nocivos a la salud, como el alcohol, el tabaco, los refrescos y comida chatarra. De esta experiencia podemos concluir que nuestra capacidad regulatoria es débil y poco eficaz y que el consumo de estos productos ha traído enormes problemas de salud pública para la población.

En México actualmente 16% de los adultos sufre de diabetes6 y los índices de obesidad infantil son de los más altos globalmente. La diabetes es la primera causa de muerte, mueren más de 45 mil personas al año por consumir tabaco, y mueren más de 14 mil personas por cirrosis y cerca de 24 mil por accidentes relacionados al consumo de alcohol.7 Dentro de las primeras 10 causas de muerte en México en 2017, siete están directamente relacionadas al tabaco, alcohol y dieta poco saludable.8 Esto en gran parte porque hemos sido víctimas de grandes industrias.

En efecto, México tiene una historia de regulación de sustancias que ha sido obstaculizada por el cabildeo de la industria. Se ha impedido la implementación de las leyes, las políticas públicas a favor de la salud y se ha visto que es casi imposible sancionar el incumplimiento. Con todos los riesgos y daños comprobados en relación con estos productos sigue siendo la industria quien controla la narrativa, oponiéndose a impuestos, difundiendo falsos argumentos y tácticas de desinformación. Inclusive, programas de espionaje9 fueron usados contra promotores de un impuesto a los refrescos en México.

En 2008 se aprobó la Ley General para el Control de Tabaco, una ley en teoría estricta y apegada a estándares internacionales señalados en el Convenio Marco para el Control de Tabaco de la Organización Mundial de la Salud. 10 años después se puede observar un cumplimiento muy deficiente de la ley, por la captura regulatoria y altos índices de corrupción. Las personas aún pueden fumar dentro de restaurantes y bares en “terrazas” ilegales, todavía se pueden comprar cigarros sueltos y existe publicidad indirecta que incumple con la norma. La prevalencia de consumo de tabaco no ha disminuido a través del tiempo como se esperaba e inclusive ha disminuido la edad promedio de inicio de consumo diario en fumadores de 20.4 años en 2011 a 19.3 años en 2016.01

En cuanto a la industria refresquera, se han visto tácticas similares a las de la industria tabacalera. Recientemente, Alejandro Calvillo, director del Poder del Consumidor, explicó cómo se ha dado la penetración de empresas como Coca-Cola a través de publicidad multimillonaria y una omnipresencia de sus productos en todas las comunidades, reforzada con diversos acuerdos con el gobierno dirigidos a promover a esta empresa como socialmente responsable. Este fenómeno ha sido nombrado la “Coca-Colonización” de México por el ex relator de Naciones Unidas Olivier de Shutter. La mayor expresión de la penetración de Coca-Cola se puede ver en el gobierno yucateco, donde Coca-Cola participa en el Consejo Estatal de Nutrición, por invitación de la Secretaría de Salud del estado.11

 

En breve: en México la experiencia con la regulación de productos nocivos para la salud regulados no es positiva. Por ello es importante conocer cuál es la experiencia de aquellos países que ya han legalizado la marihuana. Tomando el ejemplo de Estados Unidos y el reciente caso de Canadá, podemos observar aun mayores riesgos para México.

En ambos países se ha prohibido la integración vertical. La integración vertical permite que una misma persona o empresa participe en diferentes eslabones de la cadena de producción. Al prohibirla se reduce la posibilidad de tener pocos actores grandes. Sin embargo, inclusive con esta prohibición y con agencias regulatorias más fuertes, ya estamos frente a una industria poderosa creciente. En Norteamérica la industria de la marihuana pasó de ser una empresa de cinco mil millones de dólares en 2015, a una industria que las estimaciones más conservadoras señalan será de 20 mil millones en 2020.12

En Canadá, en los primeros meses desde que se llevó a cabo la legalización, han sido precisamente las empresas de alcohol y tabaco las que se han interesado por el creciente mercado de marihuana. El 7 de diciembre Altria, el gigante del tabaco que vende Marlboro, anunció que compraría 45% de Cronos Group, una de las empresas más grandes de marihuana en Canadá, por 1.8 mil millones de dólares.13 Mientras tanto, Constellation Brands, empresa comercializadora de Corona, invirtió cuatro mil millones de dólares en 38% de Canopo Growth, otra empresa canadiense.14

La última empresa en mostrar interés es Coca-Cola, quien ha dicho recientemente que está monitoreando la industria y está interesada en las bebidas infundidas con cannabidiol (CDB), el ingrediente no psicoactivo de la marihuana. El fabricante de refrescos está en conversaciones con la productora canadiense Aurora Cannabis para desarrollar bebidas, según un informe reciente.15

Muchas empresas de estas industrias están entrando en Canadá y posicionándose para el día en que Estados Unidos legalice a nivel federal. Estas empresas ya tienen la experiencia en el cabildeo, conocen las estrategias para interferir en políticas públicas y saben cómo comercializar sus productos para maximizar el consumo y, por ende, sus ingresos.

La ley canadiense tenía como fin último proteger la salud. La ley, más estricta en varios aspectos que la propuesta presentada en el Senado mexicano, limita los productos que pueden contener cannabis, restringe en gran medida la publicidad y está cargada de normas burocráticas, incluidos los requisitos de licencia e inspección para los productores. Pero a menos de un mes de su implementación Health Canada, la agencia encargada del cumplimiento de la ley, dijo en un comunicado que ha tenido que advertir a varias compañías por publicar anuncios que rompen las reglas. Al mismo tiempo, un flujo constante de cabilderos ha estado presionando a parlamentarios por reglas de publicidad más flexibles, entre otras cosas.16

El fin de estas industrias y sus empresas jamás ha sido ni será el de salud pública. Ellas buscan maximizar el uso de sus productos y lo han hecho a través de tácticas peligrosas de publicidad, dirigidas frecuentemente a jóvenes y niños. Si en Canadá ya está presente el cabildeo en busca de medidas más laxas, imaginemos en México donde no se cumplen las leyes que ya existen.

 

A toda costa tenemos que evitar que crezcan grandes empresas que eventualmente puedan cooptar al regulador de la misma manera que ya lo hacen otras industrias en nuestro país. Independientemente del modelo que se elija, cualquier ley debe de tener un mínimo de protecciones empezando por la prohibición de la integración vertical.

Adicionalmente, debemos aprender de las lecciones de la venta de tabaco y alcohol. Por ejemplo, se debe prohibir toda publicidad, promoción y patrocinio de productos de marihuana y se debe prohibir el uso en espacios libres de humo, conforme a las mejores prácticas internacionales en control del tabaco. Asimismo, se debe de tener un empaquetado genérico, a prueba de niños, con un etiquetado con contenido y advertencias sanitarias claras y explícitas. En cuanto a impuestos, se debe tener un precio suficientemente bajo para que los consumidores no regresen al mercado negro, y lo suficientemente alto como para desalentar el uso. Parecido al alcohol, se debe prohibir el uso en espacios públicos y prohibir absolutamente conducir “bajo la influencia”. Por último, es importantísimo prohibir cualquier producto que mezcle la marihuana con el alcohol, el tabaco o los refrescos.

Independiente del modelo, debemos movernos con cautela. Debemos esperarnos a tener más evidencia científica de otros países sobre qué productos son los menos nocivos para la salud antes de permitir una gama amplia. Con tabaco, alcohol y refrescos tuvimos que ir del libre mercado a la regulación, teniendo que pelear contra la industria en cada paso. En esta ocasión tenemos la posibilidad de empezar con un modelo más restrictivo y conservador para después ampliarlo conforme a nuestras necesidades y evidencia emergente. Si cometemos errores al legalizar, después va a ser más difícil remediarlos con una industria poderosa de por medio.

La política de drogas prohibicionista lleva casi un siglo justificándose bajo la bandera del derecho a la salud. Queda claro que no sólo no ha cumplido este objetivo, sino que lo ha dañado. Parece que por fin tenemos una oportunidad de cambiar eso. Asegurémonos que esta vez sí pongamos la salud de los mexicanos primero.  Actualmente, tenemos un mercado controlado por el narcotráfico, personas a quienes no les importa la salud de quienes consumen o de los jóvenes que pueden llegar a consumir. Las grandes empresas también van a buscar aumentar el consumo y la venta para maximizar sus utilidades. ¿Por qué pasar de estar controlados por el narco a estar controlados por grandes empresas?

 

Fernanda Alonso Aranda
Abogada por el ITAM, maestra en derecho y salud por la Universidad de Georgetown.


1 Iniciativa con Proyecto de Decreto por el que se expide la Ley General para la Regulación y Control de Cannabis (2018). Senado de la República.

2 ídem.

3 Zedillo Ponce de León, E., Pérez Correa González, C., Madrazo Lajous, A., y Alonso Aranda, F., La política de drogas en México: causa de una tragedia nacional. Una propuesta radical e indispensable para remediarla, 2018 (Programa de Política de Drogas).

4 Aburto, José Manuel, et al., “Homicides in Mexico Reversed Life Expectancy Gains for Men and Slowed them for Women, 2000-10”, Health Affairs, (35)1, 2016.

5 Estos datos, al igual que el cuadro fueron desglosados usando el Programa “Conjunto de datos: Mortalidad general”, información de 1990 a 2017 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

6 Panorama de la Salud 2017, Indicadores de la OCDE, París.

7Mueren al día 65 personas por accidentes de tránsito relacionados al consumo de alcohol: SSA”, Proceso, 8 de agosto, 2017.

8 Ibídem.

9 Perlroth, Nicole, “Programas de espionaje fueron usados contra promotores de un impuesto a los refrescos en México”, The New York Times, 11 de noviembre, 2017.

10 Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñíz (INPRFM). ENCODAT. Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco. 2016-2017. Reporte de tabaco, Ciudad de México, 2017.

11 Calvillo, Alejandro, “Yucatán Coca-colonizado”, Sin Embargo, 1 de enero, 2019.

12 De la Merced, Michael, “What Corona Owner’s $4 Billion Bet on a Marijuana Firm Says About Pot’s Future”, The New York Times, 16 de agosto, 2018.

13When Marlboro Man met Mary Jane. A tobacco giant hashes out a deal with a cannabis company”, The Economist, 13 de diciembre, 2018.

14 Ídem.

15 Skerritt, Jen y Giammona, Craig, “Coca-Cola Is Eyeing the Cannabis Market”, Bloomberg, 17 de
septiembre, 2018.

16 Austen, Ian, “Marijuana Legalization in Canada Has Companies Chasing a Green Rush”, The New York Times, 16 de octubre, 2018.