Desde hace un mes y medio los académicos de tiempo completo del país venimos presenciando, con incredulidad y angustia, cómo las medidas de “austeridad republicana” del gobierno federal afectan directamente nuestra capacidad para desarrollar nuestro trabajo, nuestros ingresos y nuestra salud. Al mismo tiempo, observamos con preocupación cómo —ante la expresión del malestar por nuestra afectación laboral— el discurso público nos ha ubicado del lado de los “privilegiados” de la sociedad, copartícipes del derroche y la corrupción que imperan en el servicio público, inclusive cuestionando la clase de “servicio” que brindamos.

Ciertamente, a nadie le gusta que le bajen el sueldo. Y, desde luego, los académicos no tenemos por qué estar eximidos de una política que busca reorientar el gasto público hacia sectores sociales hasta ahora desprotegidos; a fin de cuentas, somos servidores públicos. Sin embargo, las medidas que se aplicaron de manera homogénea a todo el sector público afectan a los académicos de manera particular y tienen consecuencias graves. En este texto me interesa ilustrar cuáles son las particularidades de los servidores públicos de la categoría “de investigación científica y desarrollo tecnológico” (así definidos en el Presupuesto Federal de Egresos 2019) que han hecho que la lógica de la austeridad nos afecte más de lo que parece.

Ilustración: Víctor Solís

 

En el momento de escribir estas líneas aún no está claro hasta qué punto nos van a afectar las medidas de “austeridad republicana”. El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos y varias disposiciones de la Secretaría de Hacienda han recortado el gasto público destinado a ciencia y tecnología y dictado medidas directas de reducción a nuestros ingresos: cobro de impuestos a los montos de nuestras becas y compensaciones, cancelación de las pólizas de seguros de gastos médicos mayores (SGMM), recortes en viáticos y en compra de equipo de laboratorio, además de suspender nuevas contrataciones y prohibir la contratación de pesonal por honorarios. Algunas de estas medidas aún son objeto de negociación —cada institución académica del país tiene condiciones diferentes y márgenes de autonomía distintos— y hay numerosos amparos en curso a la Ley Federal de Remuneraciones. Sin embargo, se ha generado una gran desazón entre toda la comunidad académica, por no hablar de afectaciones inmediatas debidas a la cancelación del seguro médico a investigadores que estaban en medio de tratamientos para enfermedades graves, tenían cirugías programadas o quedaron desprotegidos en mitad de sus estancias sabáticas en el extranjero.

Es necesario aclarar que la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos no nos afecta porque nuestros ingresos superen los 108 mil mensuales (difícilmente un académico gana eso), sino porque limita nuestras prestaciones. La ley considera que todas las prestaciones que no son parte del salario básico, incluyendo las becas, bonos y estímulos, forman parte de las remuneraciones, para luego establecer:

Las contribuciones causadas por concepto de las remuneraciones a cargo de los servidores públicos se retienen y enteran a las autoridades fiscales respectivas de conformidad con la legislación aplicable y no son pagadas por los órganos públicos en calidad de prestación, percepción extraordinaria y otro concepto (art. 6, fracción III).

En todas las instituciones públicas de investigación o docencia a nivel superior, ya sea universidades, centros públicos de investigación (dentro o fuera del sistema Conacyt) u organismos de investigación descentralizados o desconcentrados del gobierno federal, hay programas específicos de compensación a sus trabajadores por concepto de productividad académica. Las instituciones pagaban directamente a la Secretaría de Hacienda el impuesto sobre la renta (ISR) por las compensaciones como una prestación laboral indirecta; a partir de ahora, de acuerdo con la ley, el ISR deberá ser descontado a cada trabajador. Además, la citada iniciativa de Ley de Austeridad Republicana plantea reducir o eventualmente cancelar dichas prestaciones. El problema es que, en nuestro gremio, las becas y estímulos constituyen de un 20% a un 60% del salario de un académico, por lo que, en términos efectivos, la transferencia del ISR a cada individuo implica una reducción de sus ingresos mensuales que puede ir del 10% al 25%. Si además este individuo desea mantener la póliza de SGMM que antes le pagaba su institución, deberá destinar unos cinco mil pesos mensuales, aproximadamente.

El panorama es desalentador si se considera que hay otros recortes en rubros indispensables para el desarrollo del trabajo, como el monto de los viáticos, compra de equipo de laboratorio y los fondos de investigación concursables de Conacyt. Es muy común que los académicos financien de su propio bolsillo aspectos de su investigación y viajes de trabajo, lo que a partir de ahora se dificultará.

Sin duda el elevado monto de las compensaciones que recibimos los académicos frente al salario base es una irregularidad administrativa. También el SGMM es una anomalía en un país que cuenta con un sistema de salud para los servidores públicos y para cuyo pago a todos nos descuentan cada quincena. Corregir estas dos anormalidades es deseable, pero hacerlo de golpe, cargándole la cuenta al empleado público y sin ningún periodo de transición, significa conculcar sus derechos laborales y humanos (lo que afecta a unos más que a otros, dependiendo de edad, categoría en el sistema de becas, situación personal e institución de adscripción). Más aún cuando la medida viene envuelta en un lenguaje de privilegios que hace tan difícil defendernos en el espacio público.

Pero ¿cómo es que llegamos hasta este punto? ¿Cómo es que las becas y estímulos a la productividad se convirtieron en un exceso que ahora hay que limitar? ¿Y cómo es que el seguro médico privado se volvió una prestación a la que es tan difícil renunciar? La respuesta a estas preguntas está en las características específicas de la profesión académica y en la forma como se la ha ido perfilando desde la década de 1980.

 

El proyecto de Ley de Austeridad Republicana presentado por diputados de Morena a la LXIV Legislatura el 11 de septiembre pasado señala que “la austeridad permitirá erradicar el conjunto de excesos que la clase política se había agenciado y realizar los principios constitucionales de economía, racionalidad, honradez y transparencia en la asignación y el ejercicio de recursos públicos […] En un México con más de 53.4 millones de personas en pobreza, ha sido práctica cotidiana que los servidores públicos al frente de las instituciones se beneficien de toda clase de bonos, prestaciones y privilegios”.1

¿De dónde salieron nuestros bonos de productividad? Desde luego, no nos los “agenciamos” nosotros, ni los inventaron nuestros centros de investigación. Fueron una creación de la propia Secretaría de Hacienda en las décadas de 1980 y 1990 para reducir nóminas y pensiones, paliar la caída de los salarios provocada por la crisis de la “década perdida” y frenar la fuga de cerebros. Resultaba relativamente sencillo incrementar los ingresos mensuales de los académicos con un mecanismo de compensaciones individuales diferenciadas, sujetas a disponibilidad presupuestal, vinculadas directamente a su productividad y no asimilables a su pensión jubilatoria.2 Así, en 1984 se creó el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) (sistema de compensaciones ajenas al sueldo institucional y que no genera ISR) y poco después cada institución de investigación y educación superior empezó a diseñar sus programas internos de bonos y estímulos; al mismo tiempo, algunas de ellas introdujeron la prestación del SGMM para sus académicos de alto nivel para hacer más atractivos sus puestos de trabajo ante un sistema de salud pública muy deteriorado por la crisis (y como una manera indirecta de subsidiar la salud pública). Se trataba de soluciones transitorias para paliar el problema laboral pero que, al paso del tiempo, se quedaron.3 Con los años, el monto de las becas se incrementó y se expandió al ritmo del crecimiento del aparato científico pero, a diferencia de lo que ocurrió en otros ámbitos del servicio público, el monto del salario base real disminuyó.4

En nuestros días se pueden observar dos consecuencias importantes de ese sistema de compensaciones:

1. La consolidación de una cultura de la evaluación académica como mecanismo de rendición de cuentas, vinculada directamente a los ingresos económicos. Éstos se elevan en función del número de nuestras publicaciones de calidad (las formas de medir la “calidad” son constantemente cuestionadas), estudiantes graduados y visibilidad internacional. Las becas se pueden perder o se puede descender de categoría si no mantenemos un ritmo de trabajo acorde con nuestro nivel; es decir, no tenemos derechos laborales sobre el ingreso que percibimos por concepto de tales compensaciones.

2. El envejecimiento de la planta académica y la consecuente falta de renovación generacional. Aunque los ingresos de los académicos se volvieron competitivos, la perspectiva jubilatoria siempre fue un problema. No sólo porque al jubilarse se pierden todas las compensaciones distintas al salario base (conscientes de eso, la mayoría ha destinado una gran parte de su ingreso a financiarse su propia jubilación), sino sobre todo por la pérdida automática del SGMM que casi todos tienen contratado por vía del SNI (pagado por ellos mismos) o como una prestación laboral de sus instituciones. Un estudio del Foro Consultivo Científico y Tecnológico y de la UAM indica que cuatro de cada cinco investigadores se jubilarían si pudieran conservar dicha prestación.5 Debido a que en el envejecimiento aumentan las enfermedades graves, el SGMM es muy utilizado por los académicos de más de 60, 70 y 80 años que aún laboran, para quienes el saturado y desfinanciado ISSSTE no es una opción.

 

La carrera académica es la más especializada que existe, implica muchos años de inversión y —a diferencia de otras en el sector público— se inicia mucho más tarde: los periodos de estudio y formación que van del ingreso a la universidad a la obtención de una plaza —licenciatura, maestría, doctorado, estancias posdoctorales— son de 10 a 18 años o más, periodo en que, a menudo, vivimos de becas no gravables y no pensionables, algunos en el extranjero y tenemos poca capacidad de ahorro. Mientras que los investigadores de mayor edad fueron formándose a lo largo de su vida laboral, otros empezaron a cotizar al ISSSTE o al IMSS relativamente tarde y, al entrar en el régimen de cuenta individual, se jubilarán con menos del 30% del sueldo base, por lo que tienen pocos años para construir su jubilación, comprar vivienda y criar hijos. Los más jóvenes (35-40) que tienen la fortuna de ocupar una cátedra Conacyt, son los más desprotegidos, pues están clasificados como trabajadores de confianza de Conacyt, no tienen derechos laborales en la institución donde trabajan y tampoco están cotizando a un sistema público de pensiones.

Ante ese panorama, la pérdida del 10% al 30% de nuestras percepciones augura perspectivas de migración a las universidades privadas, multichambismo y fuga de cerebros al extranjero. Pero más alla del golpe al bolsillo inmediato, se vislumbran cambios en la cultura académica que construimos en los últimos 30 años.

Los académicos nos habituamos a la cultura de la evaluación atada a los ingresos e introyectamos el discurso de la “excelencia” en función del rigor de las evaluaciones individuales que, en la práctica, nos obligan a tener proyectos de investigación vigentes, publicar, interactuar con nuestros pares en otros países y formar estudiantes. Aunque ha habido voces críticas a la lógica que nos ubicó en esa situación incómoda entre lo laboral y lo intelectual, esta forma de operar efectivamente transformó la manera como se hace investigación científica en México. Al castigar las becas de productividad ¿se desincentivará nuestro trabajo? ¿Cambiarán los esquemas de evaluación institucional o simplemente competiremos con menos alicientes? ¿Se convertirá la productividad individual tan sólo en un criterio cualitativo relevante al momento de conseguir trabajo? ¿Llevará eso a la movilidad laboral interinstitucional? ¿Estamos ante el inicio del fin de una cultura de la evaluación académica? Si la tendencia fuera hacia el desmantelamiento de la lógica meritocrática individualista y la consolidación de nuestros derechos laborales, tendríamos que ver otras medidas encaminadas a crear un régimen justo de sueldos base y jubilaciones, pero no las vemos. Se castiga a los “beneficiarios” del sistema de compensaciones ideado por los gobiernos neoliberales pero no se trastocan las bases del sistema neoliberal mismo.

Para imaginar las respuestas a esas preguntas se hace imprescindible no sólo replantear la pregunta sobre qué clase de empleados públicos —pagados por fondos públicos— somos los académicos, sino qué tipo de servicio público —es decir, al pueblo— brindamos. Esa discusión está hasta ahora ausente de la arena política.

 

Eugenia Roldán Vera
Investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas (DIE) del Cinvestav.


1 Gaceta Parlamentaria, año XXI, número 5111-II, martes 11 de septiembre de 2018. Tomada de: http://gaceta.diputados.gob.mx/Gaceta/64/2018/sep/20180911-II.html

2 Buendía, A., García, S., Grediaga, R., Landesman, M., Rodríguez-Gómez, R., Rondero, N., Rueda, M. y Vera, V. et al., “Queríamos evaluar y terminamos contando: alternativas para la evaluación del trabajo académico”, nexos, 5 de julio de 2017. Recuperado el 14 de enero de 2019, de: https://educacion.nexos.com.mx/?p=588

3 Pilloni Martínez, Lorena (2018), “¿Y si al hablar de evaluación académica también hablamos de trabajo?”, Amelica: Conocimiento Abierto para América Latina y el Sur Global. Recuperado el 14 de enero de 2019 de: http://www.amelica.org/index.php/2018/11/20/y-si-al-hablar-de-evaluacion-academica-tambien-hablamos-de-trbajo/

4 Ordorika, I. “El mercado en la academia”, n Ordorika, I. (coord.), La academia en jaque: perspectivas políticas sobre la evaluación de la educación superior en México, UNAM, Miguel Ángel Porrúa, México, 2004, pp. 35-74.

5 Bensusán, G., Ahumada, I. y Inclán, D., “Estudio sociológico sobre las perspectivas de jubilación de los miembros del SIN”, Foro Consultivo Científico y Tecnológico, México, 2013. Recuperado el 14 de enero de 2019, de http://www.foroconsultivo.org.mx/libros_editados/sni_informe_final.pdf

 

30 comentarios en “Alegato contra la disminución de sueldo de los académicos

  1. Ahi si te equivocas AMLO, lo que la Ciencia y los acadèmicos , los que estanAHI al frente, cumpliendo necesitan es AUMENTO no que les bajen el sueldo , ellos se preparan y en serio Maestrìas, Doctorados. etc…por eso se van del Paìs, a donde si los valoren, pero hay una incongruencia yo veo a muchos extranjeros laborando y allos si les pagan bien…..

  2. Excelente información. Me parece que así es como se espera que se “defiendan” los académicos. No diciendo en twitter que ahora tienen que ir por sus cheques DE $3 a la UNAM.
    También queda claro que saben que está mal el sistema bajo el que están contratados, y no pueden defender que está mal, pero que así se quede es mejor. Deben aprovechar para exigir que ahora estén bien.

  3. Felicidades Dra. Roldan, excelente texto.
    Me hace pensar que es hora de que los cientificos en mexico nos demos tiempo para hacer una reflexion. Hacer una revision del curso, el que hacer, las prioridades de la ciencia en mexico. Debamos comenzar a interactura como podremos reducir en menor tiempo la brecha social-economico. Pero seguro, en conjunto con los gobernantes quienes ahora supuestamente comprenden e intentan influir con la sociedad….

  4. De acuerdo con la situación de precariedad laboral de Cátedras Conacyt, solo precisar que los catedráticos se encuentran dentro del sistema pensionissste, ya que son trabajadores de Conacyt. A la vez que son servidores públicos, con los derechos y obligaciones que esto representa (como la declaración patrimonial)… a su vez todos con condiciones variadas, por el trato (a veces desprecio) que se tiene por los catedráticos en algunas instituciones

    • @ILM.- Necesitaría preguntarle a quienes conozco que son Investigadores Conacyt, para saber si ciertamente están cotizando a PensionISSSTE. Aunque eso realmente es irrelevante, ya que bajo el sistema actual de cuentas individuales, cualquiera puede tener una Afore, incluso si no trabaja como empleado (hay inversiones a plazo fijo incluso mejores que la mejor de las Afores). Independientemente de eso, lo insalubre de sus contrataciones es que no generan ANTIGÜEDAD, ese concepto acumulable con los años de servicio, que genera ingresos adicionales, los cuales con el tiempo (hacia los 30-40 años de servicio) pueden llegar a ser hasta el 100% del salario base.

  5. El problema en el fondo de todo este discurso de “austeridad republicana”, es que parece más una venganza contra la burocracia que nunca apoyó a López Obrador durante sus campañas, y que deja muchos beneficios para sus políticas asistencialistas pues ha tendido a destruir las instituciones y mecanismos que evalúan. Los académicos también evaluamos. ¿A dónde va todo ese dinero “ahorrado”? ¿A becas a los no-privilegiados? ¿Se habrán dado cuenta que en realidad simplemente se han rediririgido la manera en cómo se asignan recursos ya existentes? Pero a los ojos de la mayoría de la gente -y así lo han hecho creer los miembros de Morena y demás- los académicos son “privilegiados”. Nada más falso en este discurso. Pero así se cree a ciegas. Ya lo decía Alexis de Tocqueville citando a un filósofo: “Una idea simple, pero falsa, tendrá siempre más peso en el mundo, que una idea verdadera pero compleja”. Así la idea de la “austeridad” frente al “derroche”, de los “privilegiados” frente “a los desportegidos”, etc. ha permeado en las mentes incluso de aquellos que creíamos que nunca se tragarían tales patrañas. Pero también Tocqueville había señalado que este era un problema de las democracias: ante la disyuntiva de tener que elegir entre libertad e igualdad, se elige esta última, que es más atractiva, pero tiende a la mediocridad, a señalar al que piensa diferente a la mayoría, a obligar a los que tienen méritos a esconderlos para que no se diferencien. Al final así pueden morir las democracias. Hay soluciones a la “tiranía de la mayoría”, pero en México no las hemos construido a la par de ésta.

    • Excelente su texto, efectivamente hasta la Comunidad Académica se trago eso de la 4T y ahora son víctimas de su inocencia y eso de la austeridad, esta por verse porque lo único que están haciendo es quitarle recursos a sectores productivos como la Investigación y el Desarrollo para ahora aplicarlos a Becas Nini´s y Construcción de un Tren del que no se conoce su viabilidad y una Refinería que no cuenta con permisos de impacto ecológico.

  6. Excelente artículo. Considero que de AMLO la “austeridad republicana” es demagogia, para creer en ello necesitamos que entren los partidos políticos (ni soquiiera se nombraron), las cámaras, que lo simularon y enseñar a trabajar a flojos y ladrones

  7. Me parece bien que los investigadores de nuestro país defiendan lo que considero son logros ganados. Es decir, nadie que sabe del medio se atrevería a decir que un investigador del SNI nivel i,ii o iii compró su categoría. Se lo han ganado y a pulso. Pero…. Precisamente en el mismo texto la investigadora explica cómo fue el proceso por el cual cada universidad, cada centro de investigación utilizó discrecionalmente la manera en hacerse llegar dichos recursos, manejo de plazas y todos los beneficios que casualmente fueron la puerta para dejar entrar amigos, familiares creando nepotismo. Eso explica porqué hay científicos en una relativa situación de privilegio y otros que no pueden ni ingresar por las razones que ya expresé. Los recursos que hay para investigar son pocos y un joven investigador jamás podrá competir con uno que lleva treinta años haciéndolo. Hay muchas cosas que hay que corregir y siempre la autocrítica debe estar presente en el análisis. Y concluyo, no estoy en contra de que se les pague bien a nuestros investigadores, pero si es necesario reestructurar.

  8. Un artículo mi completo Dra. Sólo hay que reflexionar también que cuando hubo recortes al presupuesto los más afectados han sido los estudiantes de posgrado porque las becas de productividad de los académicos quedaron intactas y las producciones de muchos académicos han estado en el límite, lo cual indica que solo sobreviven en el SNI y no les interesa producir realmente (hay algunos muy productivos). Es indispensable reflexionar sobre los servicios de salud pero sin pretender que se lo merecen hay personas (niños) que no disponen ni siquiera de paracetamol y se dice que el conocimiento científico está al servicio de la sociedad la pregunra es ¿ Por qué no llega? Los sectores en extrema pobreza dan cuenta de la ineficiencia de la producción científica en nuestro país. Hay que agregar que existen otros factores que han sido la causa de tanta pobreza en nuestro país y en el mundo. Hay investigadores que ni de broma se acercan al trabajo de campo (investigadores de escritorio) algunos (muy pocos) si van y acompañan a sus estudiantes. Hay mucho que repensar para el beneficio de todos. Si le dijera lo que hemos perdido los profesores de primaria de escuelas Multigrado tal vez no me crea o ni le interese.

  9. Excelentes reflexiones! Ahora justo es que si nos estan grabando las prestaciones, estas se ingresen al sueldo base para que coticen en la jubilación. Somos servidores públicos de alta o baja gama?

  10. Lo que se describe supone la evidencia del trato desigual hacia los académivos de todo el país, particulatmente aquellos que no pertenecenos a sistemas federales (i.e. UNAM,UAM, CINVESTAV,IPN, Centros CONACYT). En mi experiencia (y la de mis compañeros académicos), compartiendo que mas del 60% de mi salario corresponde a becas y comprensaciones (i.e. SNI y Estímulos al desempeño académico), siempre hemos pagado ISR sobre los estímulos (no sobre SNI) y nunca hemos tenido SGMM, a menos que contratemos el sugerido por SNI o alguno en lo personal. De igual forma, regularmente los apoyos concursables se quedan centralizados y en las entidades federales antes listadas. Estos son solo algunos aspectos en que la desigualdad del país se refleja; me parece que, ciertamente sin conocer a fondo la propuesta del gobierno federal, es parte de lo que busca en todos ámbitos de la vida nacional, el combate contra la desigualdad.

  11. Que nos subsidien el ISR si es un privilegio,lo siento, per para ser congruente,hay que decir la verdad. El resto del país,trabajadores pagan su ISR completo. Tons nosotros debemos pagarlo. Pero es cierto, lo que debe mejorar es el sueldo, no las corcholatas que no son salario base. Ni modo.

  12. En general, de acuerdo con el análisis, el país (es decir, los funcionarios a cargo de las diferentes secretarias, el senado y demás) dieron forma al sistema actual. Las respectivas instituciones públicas lo han mantenido e impulsado. Donde no estoy de acuerdo ese comentario despreocupado en torno a las universidades privadas. Tengo dos razones:

    La primera. En mi experiencia, las plazas definitivas son aún más escasas. Y los sueldos son, en general, menores que el cualquier institución pública.

    La segunda, dado que las privadas no tienen acceso a ninguno de los estímulos federales para investigación (excepto el SNI y los proyectos del CONACyT). Esto hace que la investigación sea difícil de realizar pues las universidades de paga quieren que sus profesores de tantas clases como sea posible.

    Me da pena decirlo, porque creo que la educación es importante. He observado que muchas profesores/investigadores en la institución donde me forme se esfuerzan por dar el menor numero de clases posibles. Y esto se ha también perpetuado en dicha institución. Y los que nos formamos bajo esa tutela nos acostumbramos a eso. Por ello, he visto como los nuevos doctores o postdocs recién repatriados, prefieren someterse a las Catedras CONACyT y otros modos de empleo sin prestaciones y evitan las instituciones privadas.

  13. Muy interesante información, hace pensar directamente en todo el esfuerzo dedicado a la preparación académica y que la mayor parte de la veces es con fondos públicos en forma de becas nacionales/internacionales para diversos grados. Uno siente la deuda con su país y desea regresar ese apoyo generando trabajos científico de calidad internacional y ayudando a formar recursos humanos bien preparados y que ayuden a la sociedad.

  14. Ahoa se quejan los academicos, conozco muchos que en su momento apoyaron a amlo, incluso hacian proselitismo a su favor, agradecidos deben de estar y apoyando a si mesias, o, que solo lo apoyan cuando les conviene?

  15. Siento que nos estamos dando propuestas de solución al problema estoy totalmente de acuerdo con la doctora roldan en su planteamiento y creo que cada uno de nosotros en nuestra propia institución podemos ir señalando lo que se puede hacer y lo que se podría hacer
    somos muy diferentes por contrato colectivo por antigüedad por institución por estructura burocrática administrativa pero el común denominador es de que la planta académica envejeció no hay derechos para la jubilación y las personas en general no podemos o no queremos jubilarnos
    vale la pena continuar y señalar que propuestas podemos dar

  16. Qué triste. Hace un año terminó mi beca posdoc y no he encontrado una plaza, pues son escasas, qué va a pasar con todos aquellos que estamos preparados y no tenemos oportunidad y tendremos que echar mano de otro tipo de trabajo porque simplemente habemos un exceso de Doctores. Los investigadores lo que necesitan es estar titulando alumnos para seguir conservando el estímulo del SNI, pero sin pensar que habemos muchos investigadores sin trabajo desesperados porque no podemos hacer lo que nos gusta. Creo que inclusive está mal todo el sistema. No sé en 10 años qué cantidad de Doctores preparados estarán desempleados. Es una tristeza. Lástima que uno no piensa en todo esto hasta que lo vive en carne propia.

  17. Es cierto que molesta cuando esta uno acostumbrado a un salario y este disminuye, inmediatamente nos obliga a hacer ajustes. Sin embrago esto no es exclusivo de los maestros de tiempo completo, con este nuevo gobierno no solo se ajusto o bajo los salarios de los altos funcionarios, también le llego esta política a los mandos medios. En este escalón habémos muchos servidores públicos que percibíamos un salario bruto de 24 mil pesos, el cual ya de por si lo consideramos bajo, hoy es 5% menor y en cuanto al horario, oficialmente es de 9 a 18 hrs. la realidad es que siempre es hasta morir, es decir siempre se trabaja en promedio de 14 hrs.

  18. He leído los comentarios y me parece que es importante quitar cátedras Conacyt y otorgar plazas que brinden seguridad a largo plazo. Me parece q también es importante quitar el programa de compensaciones que solo han fomentado una competencia desleal en los grupos de profesores de cada universidad. Desde mi punto de vista un sueldo entre y 20,000 y 35,000 pesos es suficiente para desarrollar las actividades de un profesor investigador a lo largo de su carrera. Es decir establecer un tabulador de sueldos en ese rango, sin compensaciones. Muchos “investigadores” trabajan más por la “puntitis” que por desarrollar ciencia y tecnología, inclusive, llegan a un tipo de plagio camuflageado por cumplir con los requerimientos de SNI….

    • Disculpa. Yo no creo que un sueldo de 20 a 35 mil pesos sea justo para un investigador que ha pasado su vida estudiando. Es muy poco. Habrá algunos que no se esfuerzan pero habemos muchos que trabajamos mucho durante toda nuestra vida. Por otra parte, se ha satanizado a los SNIs sin conocer realmente a lo que la mayoría de ellos se enfrenta. No hablo de los SNIs de instituciones como la UNAM, Colegio de México, etc. Hablo de los SNIs de universidades estatales a los que realmente nos tienen oprimidos los administrativos de las universidades, de la SEP, de CONACyT que no entienden lo que implica el trabajo académico y que buscan justificar sus puestos para estar evaluándonos y evaluándonos. Ellos crearon esos sistemas absurdos de evaluación que son prácticamente imposibles de lograr. Nos piden que seamos pulpos y no podemos. Basta ver los altos índices de enfermedades entre los SNIs.

  19. Yo soy maestra de tiempo parcial, no Maestra portafolio que da clase y se va, sino maestra que resliza múltiples actividades a su hacer en el pago por horas Sin ir más lejos la preparación de mis clases, la compra de libros el pago de mi formación permanente, se cubre en mis tiempos no pagados y con el mismo ingreso Me preocupa que en el texto quien se duele de que lo consideren privilegiado no pueda mirar hacia abajo, a un lado de su cubiculo, donde los maestros parciales esperamos entre horas a entrar a grupo En mi universidad , Guanajuato somos el 60% de la planta docente frente a grupo Pero afirmo, somos maestros de segunda y el texto ni siquiera nos reconoce Porque maestros de segunda, algunos ejemplos: para terminar una tesis de grado, nos dan tres meses sin grupos, no hay estancias profesionales, se nos paga estrictamente por las horas frente a grupo, pero también asistimos a juntas, participamos de planes de mejora, comisiones, revisión curricular, no pagan las horas de asesoría de tesis, aunque tengan descarga curricular Y del SGMM Sólo un 10% de apoyo. Por favor ¿Aún piensa que no son privilegiados? Le solicito voltee para abajo y nos tome en cuenta a los maestros universitarios de segunda Y sin entrar en batalla sobre la llamada calidad educativa, solo puedo afirmar sin descalificar: entre la nobleza académica se encuentran buenos y malos – pésimos maestros, de la misma manera que en los sectores de abajo

  20. Gracias a la autora por levantar la voz. También a la autora se le olvidó mencionar la lógica neoliberal de estas prestaciones. SI AMLo quiere ser justo debe tomar en cuenta la lógica neoliberal injusta de dividir el salario en tres partes (salario, estímulos y SNI), de las cuales los investigadores pagamos impuestos por dos terceras partes (salario y estímulos) pero sólo tenemos derechos laborales por una tercera parte, lo cual es sumamente injusto. Si AMLO quiere ser justo debe tener en cuenta la lógica neoliberal que nos obliga a tener un salario miserable. Si AMLO quiere ser justo, debe revisar los sueldos de los investigadores en todas las universidades. Los investigadores de la Ciudad de México, centros CONACyT y algunas universidades estatales perciben mucho más que algunos en otras universidades estatales que percibimos muy poco. Es verdad que había mucha corrupción en el CONACyT, pero que se castigue a los investigadores ( principalmente de la Ciudad de México) que cometieron fraude. El resto no tenemos NADA qué ver (sobre todo en universidades estatales sin recursos). Vivimos oprimidos por un sistema que nos está enfermando de tanto estrés por cumplir con reglamentos absurdos y burocráticos que no establecimos nosotros.

  21. Felicitaciones por el artículo. Es necesario discutir y debatir la forma en la cual esta implementando el nuevo gobierno diversos cambios que nos afectan a todos. A veces parece que no piensan mucho y hay mucha premura con acciones como el cierre de los ductos de gasolina para erradicar el robo de combustible, sin una estrategia clara y bien definida para contener los efectos del desabasto. En contraste, por otra parte, parece que piensan mucho la nueva politica científica pues ya estamos en febrero y aun no se han publicado convocatorias en CONACYT que historicamente se publicaban desde diciembre, como la de laboratorios nacionales.

    Coincido en que el programa de Catedras CONACYT esta por entrar en un periodo muy oscuro e incierto, como en la epoca medieval. Creo que no debería estar en discusion que es necesario generar espacios para que los cientificos formados con becas CONACYT se coloquen y aporten al país que financió su educación. De manera preocupante, la actual directora del CONACYT ha manifestado en entrevistas que los catedraticos CONACYT somos un “deficit” para el CONACYT. Aunque no es perfecto, el programa de Cátedras CONACYT represento un esfuerzo para integrar investigadores mayoritariamente mexicanos de alto nivel en instituciones publicas de educación superior en México. He leido en varios comentarios la palabra “sometimiento” y ciertamente los catedráticos no somos libres. Desde la creación de nuestras cátedras fuimos contratados para trabajar en un proyecto de investigación de largo plazo propuesto por un investigador experimentado nacional. Esto no es necesariamente malo, aunque si nos restringe en las actividades de investigación que podemos realizar. Lo que si me parece muy injusto es la forma en la cual mantenemos nuestra continuidad en el programa. A diferencia del programa del CNRS de Francia, en el cual se inspiro el actual programa de Cátedras CONACYT (como lo ha manifestado el anterior director del CONACYT), y en el cual los investigadores reportan directamente sus avances a un comite del CNRS, en Mexico los catedraticos tenemos que reportar a nuestro “investigador anfitrion” quien fue quien propuso el proyecto al cual estamos adscritos. Esto fomenta la existencia de investigadores anfitriones sin escrupulos que presionan a los catedráticos para que los incluyamos en nuestros artículos de investigación sin hacer ellos nada, con el fin de que den buenos comentarios de nosotros en nuestras evaluaciones anuales ante el CONACYT. Esto es acoso laboral y muy desafortunadamente en la práctica no hay mucho que se pueda hacer. Este trato es injusto e indigno, aunque para muchos que tenemos una familia que mantener es peor no tener que comer, o dedicarnos a actividades que no tengan que ver con la investigación, en la cual invertimos muchos años de formación académica. Los Catedráticos CONACYT también somos discriminados por algunas personas que nos llaman “postdocs de lujo” por la precariedad laboral de “outsourcing” o sub-arrendamiento de nuestras plazas por parte del CONACYT a las instituciones o centros de investigación en los cuales estamos adscritos. A todas estas personas les comento que para ocupar las plazas de investigación que tiene actualmente un Catedrático CONACYT fue necesario pasar por un riguroso proceso de selección mediante una convocatoria. En ella, la institución que propuso un proyecto aprobado propuso posteriormente una terna de candidatos de una base de datos abierta. Entonces, fueron comisiones internas del CONACYT quienes escogieron en base al proyecto en el cual eramos candidatos, evaluando nuestra formacion y habilidades. Ademas, los catedráticos impartimos clases y realizamos actividades académicas diversas, como la promoción y admisión a nuestros posgrados junto con la impartición de cursos propedeuticos. Este tipo de trabajo institucional es muchas veces desdeñado por los investigadores titulares con plaza cuando no les genera puntos, por lo que comodamente no los realizan. Y como cereza en el pastel, los Catedráticos CONACYT tenemos el estatus de trabajadores de confianza, que por el puro nombre refuerza la idea de que estamos ocupando una plaza por los “cuates” que tenemos en el gobierno, lo cual definitivamente no es así, y lo peor de todo: laboralmente somos los investigadores mas precindibles del país, a pesar de tener aprobados proyectos de investigación, tener tesistas de licenciatura y posgrado, y publicar en revistas de alto impacto.

    Yo vote por Obrador, con la esperanza de que este país cambie, a uno donde se respeten las leyes y donde el gobierno piense más en la gente. Si la actual directora del CONACYT piensa eliminar el programa de Catedras, espero que sea para ofrecernos plazas definitivas a los catedráticos que todos los dias trabajamos muy duro y nos esmeramos por realizar trabajo de alta calidad, no solo porque es un requisito de nuestra evaluacion anual, sino porque es lo que muchos de nosotros aprendimos como forma de vida en los centros de investigación del extranjero donde nos formamos, o fuimos postdoctorantes, o trabajamos como asociados de investigación durante varios años.

  22. Deberían de leer el libro Y LOS VENEROS DE PETRÓLEO EL DIABLO publicado en 2015. Escrito por Nicolás Domínguez Vergara y Reynaldo Vela Coreño, en donde se anticipan estos recortes a la educación superior, a la ciencia y a la tecnología (capítulo VI). Las afectaciones podrían ser todavía mayores como se discute ahí.

  23. Tal vez peco de inocente, tal vez no. Sin embargo, creí que en esto de la austeridad republicana, los académicos quedábamos liberados, desde que cuestionaron el sueldo que tiene o tenía la Dra. Beatriz Gutiérrez Müller, a lo que el Sr. Presidente contestó que para alguien de su preparación académica ese sueldo estaba bien y fue muy conciso cuando enfatizó que tenía un doctorado. Según decían la Dra. Gutiérrez tiene un sueldo alrededor de $107 mil pesos mensuales, en el que seguramente tendrá SNI y la prima al desempeño académico. En el común de los investigadores, no creo que haya alguien que gane más que el presidente, y si así es podría actuar como actuó el Rector de la UNAM.

  24. AMLO te comento y a todos ustedes: el problema no son los sueldos excesivos de los funcionarios públicos, creo que los sueldos son adecuados para el nivel de responsabilidad que tiene un secretario, subsecretario o director general es adecuado. El problema es que si ganaron 200 mil pesos en un mes mutiplicado por 72 meses de un sexenio son 14.4 millones de pesos, en casi de no gastar nada, esa sería su patrimonio. El problema es que cuándo acaban el cargo algunos tienen cuentas de 80 millones de dólares. Ahí es donde se fuga todo nuestro dinero. Eso es de donde se pierde. Sí continúas con la baja de sueldos de servidores capacitados y honestos, entonces continuará la fuga de cerebros y la venta del conocimiento al mejor postor. Llámese IP o al extranjero.

  25. Sin embargo el impacto directo, se está viendo ya en el desempeño de nuestros estudiantes asociados, practicantes, así como las comunidades pobres y olvidadas en las que los investigadores trabajamos por mejorar su calidad de vida, con , sin y a pesar de los criterios de evaluación del SNI que solo pide papercraft repetitivos mas para satisfacer la mafia de evaluadores que el beneficio social.

  26. La academía al igual que la administración pública esta plagado de corrupción, eso no quiere decir que no haya académicos realmente comprometidos. Pero es evidente que muchos trabajos académicos, se caracterizan por un sistema perverso dónde las etiquititas y puntitos valen más que la propia naturaleza de la investigación. Tampoco podemos negar que el sector académico ganan una miseria, sin embargo, en ese sector hay quienes ganan una misería y no tienen las prestaciones que se enlistan en el artículo, otros privilegios. Sin lugar a dudas es importante que se revisen los mecanismos de remuneración bajo otros criterios de productividad o de impactado de las investigaciones que se realizan.

  27. Ahora resulta que con su sueldo base no les alcanza; ya me imagino los maestros de asignatura que no tiene sueldo fijo y a esos si les fata de todo, esperaremos su carta. Pero de que hay académicos mediocres en todas las instituciones educativas del país, los hay, y todavía hay que incentivarlos, qué tal!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.