Gustavo Hirales. Ex militante de la liga 23 de septiembre actual miembro del comité central del Partido Socialista Unificado de México.

En la década de los años setenta México vivió una guerra secreta, una guerra no reconocida cuyo saldo extraoficial de muertos fue de 1 500 guerrilleros y un número incuantificado de policías, elementos paramilitares y soldados. Fue la década de la radicalización de la juventud estudiantil aplastada en 1968 por las fuerzas del orden y la decisión generacional de una franja de la izquierda en el sentido de que se habían cerrado las vías pacíficas al cambio revolucionario y no quedaba más opción que la lucha armada. Dos vertientes de experiencia guerrillera anterior al 68 fueron la tradición y el bastidor junto al cual se libró la guerra de los setenta: la vertiente campesina guerrerense de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas, y la vertiente guerrillerista de Chihuahua, de Arturo Gámiz y su asalto fracasado al cuartel Madera un 23 de septiembre de 1965, fecha que acompañaría como santo y seña la organización, el auge y el derrotero final de la guerra de los setenta.

LA SIERRA EN EL SUR

El 7 de julio de 1952, la manifestación con la que la Federación de Partidos del Pueblo pensaba festejar el triunfo de su candidato presidencial, Miguel Henríquez Guzmán sobre el candidato oficial Adolfo Ruiz Cortines en las elecciones presidenciales de ese año, fue masacrada por el ejército y la policía en la Alameda de la Ciudad de México. Se dice que el general Raúl Caballero Aburto se ganó el generalato y la gubernatura de Guerrero precisamente en esa batalla del 7 de julio de 1952. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que para 1960 sus tropelías, corruptelas y crímenes habían convertido a Guerrero en un polvorín.

Iniciada, por los estudiantes, la lucha dio lugar a la formación del Comité Cívico Guerrerense que bajo la dirección de Genaro Vázquez Rojas, se convertiría con el tiempo en el eje de la vasta insurrección civil que conmovió a Guerrero en los primeros años de la década.

Aunque reconoció su culpabilidad, el Congreso de la Unión se negó a desaforar al gobernador y los cívicos armaron la célebre parada de Chilpancingo un 30 de diciembre de 1960. El ejército abrió fuego contra la multitud, 18 muertos y decenas de heridos cubrieron la cuota y Caballero Aburto fue desaforado. Dos años después, en medio de intensas luchas políticas y sociales, los cívicos, ahora Asociación Cívica Guerrerense defendía ya sus triunfos en las elecciones municipales. El pueblo rodeo el palacio municipal de Iguala para conmemorar el segundo aniversario de la matanza de Chilpancingo, pero el gobernador Abarca Calderón la conmemoró a su manera ordenando a la tropa disparar contra los revoltosos. Ahora fueron veintiocho los muertos. Genaro Vázquez salió huyendo de la justicia de las ametralladoras calibre .50. Era el 31 de diciembre de 1962.

Cuatro años después, en abril de 1966, un desplegado anunciaba la constitución del Consejo de Autodefensa del Pueblo, integrado por la Asociación Cívica Guerrerense y otros grupos locales del estado. En el documento se alude a la necesidad que tienen el pueblo y sus organizaciones de defenderse de las agresiones del régimen y se plantea el famoso programa de los siete puntos. A principios de noviembre de 1966 era aprehendido en la Ciudad de México Genaro Vázquez, frente a las oficinas del Movimiento de Liberación Nacional, y trasladado de inmediato a Guerrero. Paralelamente a este desarrollo, el 18 de mayo de 1967 era convocado un mitin en Atoyac de Alvarez, Guerrero, para exigir la destitución de la directora de la escuela primaria del lugar. Nada más eso. El mitin fue disuelto a balazos por la judicial y elementos del ejército, con un saldo de 9 muertos. El promotor del mitin, un profesor Lucio Cabañas, huyó del cerco y se remontó a la sierra con media docena de seguidores. El 22 de abril de 1968 un comando de la Asociación Cívica Guerrerense liberaba a sangre y fuego, de la cárcel de Iguala, al profesor Genaro Vázquez Rojas. En la acción murieron Filiberto Solís Morales y Roque Salgado, miembros del comando, así como un policía. Poco después, el 1o. de agosto del mismo año, circulaba ya entre los estudiantes un volante firmado por Genaro, llamándolos a prepararse para la lucha armada. Atacaba, de paso, a los mediatizadores de la lucha estudiantil, como el rector Barrios Sierra, y prevenía contra las “falsas vanguardias”, como el Partido Comunista. Antes de la masacre de Tlatelolco en octubre de 1968, había en las sierras del sur dos brújulas guerrilleras que acompañarían la insurrección urbana de los grupos radicalizados de los años setenta otorgándoles un norte en una prueba de la viabilidad de la lucha armada.

LA CICATRIZ EN EL NORTE

El 18 de marzo de 1960, Florentino Ibarra, cacique terrateniente de la sierra de Chihuahua, asesinó al campesino Carlos Ríos Torres por un conflicto de tierras; fue sentenciado a ocho años de prisión en primera instancia pero absuelto en la segunda y salió libre. El 5 de marzo de 1964, Salomón Gaytán lo mató a balazos como respuesta al asesinato impune de Carlos Ríos. Esta fue, al parecer, la primera acción de ajusticiamiento llevada a cabo por el grupo armado que encabezó Arturo Gámiz en el estado de Chihuahua, aunque, como se publicó en un periódico local el primer signo de vida de la guerrilla de Gámiz se tuvo a finales de febrero de 1964, cuando fue volado un puente construido en las propiedades de Ibarra. El 23 de mayo de 1965 un enfrentamiento entre el ejército y la policía y el grupo armado dejó como saldo una victoria completa de los alzados.

La última acción de la guerrilla fue, como se sabe, el asalto al cuartel Madera. Mucho se ha especulado sobre el hecho de que, con tan raquíticas fuerzas, Gámiz haya intentado tomar el cuartel. Salvador Gaytán. hermano de Salomón, me platicó que él debía encontrar a Arturo Gámiz en un punto de la sierra para entregarle armas y municiones e incorporar nuevos miembros a la columna guerrillera, pero llegó tarde a la cita. Se sabe también que Arturo confiaba en el factor sorpresa y que al fin de cuentas, ellos fueron los sorprendidos. En el combate murieron los principales dirigentes del grupo armado: Arturo Gámiz y su hermano Emilio. Pablo Gómez, dos de los hermanos Gaytán, Salomón y Antonio. El gobernador Praxedis Giner Durán fue muy claridoso al ordenar que enterraran a los guerrilleros sin ataúd: “Era tierra lo que peleaban, ¿no? íPues dénles tierra hasta que se harten!”

Contrariamente a la idea común de que el grupo de Gámiz se lanzó a la lucha armada con una perspectiva estrecha, agrarista y sin que mediara una ruptura profunda con las posiciones del Partido Popular Socialista, del que provenían los principales dirigentes, la verdad es otra. Ya a fines de 1963, en el I Encuentro de la Sierra, Gámiz había esbozado una perspectiva de lucha armada fuertemente influida por la revolución cubana que rompía con el oportunismo y el reformismo del PPS y destacaba la tesis del foco: la columna guerrillera como eje central, militar y político de luchas que devendrían en el triunfo de una nueva revolución. El ataque al cuartel Madera debía jugar, para México, el mismo papel que el asalto al cuartel Moncada había jugado en la Cuba batistiana.

El Movimiento 23 de Septiembre, encabezado por Oscar González Eguiarte, recoge años más tarde y conserva los planteamientos y la memoria de la guerrilla de Gámiz. Como parte de la Organización Nacional de Acción Revolucionaria (ONAR) se preparaba para lanzar una segunda campaña guerrillera en la sierra de Chihuahua. La ONAR se disolvió al poco tiempo por el hostigamiento del gobierno y la agudización de sus discrepancias internas, pero González Eguiarte y su grupo siguen adelante con su proyecto de implantar un foco guerrillero. En los primeros meses de 1968, la columna inicia una serie de acciones armadas que incluyen ajusticiamientos y el ataque a un aserradero, suficientes para provocar una concentración de fuerzas muy superiores a la capacidad de la columna guerrillera. La táctica de persecución, cerco y aniquilamiento de los alzados se cumple inexorablemente. Dos batallones del ejército persiguen a González Eguiarte y sus hombres a través de toda la sierra de Chihuahua hasta Sonora. Diezman la columna en sucesivos enfrentamientos hasta que unos cuantos sobrevivientes son apresados, medio muertos de hambre, sed, y fatiga, en los alrededores de Vícam y fusilados sin mayor trámite.

EMBRIONES DE TLATELOLCO

El Movimiento del 68 de alguna manera clausuró la perspectiva del foco guerrillero y en general toda concepción que tuviera como eje la acción inmediatista y radical de un pequeño grupo de revolucionarios separados de las masas. Fue el punto de partida de una nueva crisis de alternativas de la izquierda y la causa directa de la más extensa difusión de las nuevas teorías de la guerrilla urbana y de la acción político-militar.

La represión omnímoda e impune creó, por contrapartida, las condiciones para que brotaran múltiples focos de respuesta elemental: antes que la aplicación de teorías acabadas, para muchos militantes se trataba apenas de crear las condiciones mínimas para la actividad política revolucionaria (de ahí la clandestinidad) y las condiciones de una nueva eclosión del movimiento recién sometido a sangre y fuego. Así, los focos de la guerrilla urbana brotaron en todas partes:

a) De los activistas de los Comités de Lucha del Politécnico y la Universidad que enfrentaron el asalto al Casco de Santo Tomas el 23 de septiembre de 1968 y que, días después, escaparon con vida de Tlatelolco, surgió el llamado Comando Lacandones. Sus principales dirigentes fueron Carlos Salcedo García, Miguel Domínguez Rodríguez y David Jiménez Sarmiento. 

b) De los mismos orígenes, pero con una vertiente que lo ligaba a Chihuahua y sus historia guerrillera, se constituyó el grupo Guajiros que jefaturaba Diego Lucero.

c) Una parte de los elementos del Movimiento 23 de Septiembre, de Oscar González, mantuvo viva la tradición y se propuso asimilar las experiencias del pasado en la búsqueda de una estrategia eficaz para el movimiento armado. En 1971 esta corriente, cuya cabeza principal era Manuel Gámez Lucero, entroncó con el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), fundado en Moscú en 1969 por los estudiantes mexicanos Fabricio Gómez Souza, Alejandro López Murillo y Salvador Castañeda. La fusión de ambos organismos se realizó después de la aprehensión de los fundadores del MAR.

d) Junto a estos organismos, más o menos desarrollados y con ciertas raíces, surgieron diversos agrupamientos menores cuyo rasgo central era el aislamiento casi absoluto incluso del sector que constituía la base social real de esta nueva oleada guerrillera: la juventud estudiantil radicalizada. Fueron los casos del Frente Urbano Zapatista (FUZ), los Comandos Armados del Pueblo (CAP), etc.

e) Del Partido Comunista Mexicano se separaron en ese período (68-71) varios segmentos militantes, algunos de los cuales se unieron a grupos armados. Pero sólo dos se escindieron con una relativa cohesión interna y en función de alternativas estratégicas más o menos claras: el que dirigían los hermanos Campaña y el ingeniero Robles Garnica, que se integra como rama del Frente Estudiantil Revolucionario de Guadalajara, que después daría origen al Frente Revolucionario Armado del Pueblo; y el que se agrupó en torno a las posiciones y a la personalidad de Raúl Ramos Zavala, miembro del Buró Político del Comité Central de la Juventud Comunista. Este grupo, constituido originalmente por ex miembros de la Juventud Comunista, (sobre todo de Monterrey), a los que poco tiempo después se integrarían militantes cristianos socialistas fue el núcleo básico fundador de la Liga Comunista 23 de septiembre.

PRIMERAS RACHAS

Si bien la inmensa mayoría de los grupos urbanos nacieron con la conciencia de que arriba (en la sierra) estaban Lucio y Genaro, y de que sólo la coordinación entre la guerrilla rural y la urbana podían brindar perspectivas al movimiento, ni Lucio ni Genaro daban por esas fechas -mediados del 71- muchas señales de vida. Los grupos que primero hicieron contacto con Lucio, como el de Diego Lucero, transmitían esta información: la Brigada Campesina de Ajusticiamiento se dedicaba precisamente a ajusticiar guardias blancas, judiciales y soplones; realizaba algunas expropiaciones y, presionada por los campesinos de la sierra había emboscado un convoy del ejército. Lucio recibiría con los brazos abiertos a todos los revolucionarios de las ciudades que quisieran ir a hacer su experiencia en la Brigada.

Con Genaro era más difícil hacer contacto, casi imposible. Pero en julio de 1971 Genaro rompió el silencio con un comunicado que publicó la revista Por qué?, desmintiendo los rumores de que iba a dialogar con el general Solano Chagoya y pronunciándose contra la “apertura democrática” de Luis Echeverría. El 27 de septiembre de ese año el FUZ inauguraba en México la modalidad de los secuestros políticos: Julio Hirschfeld Almada, alto funcionario gubernamental y prominente miembro de la oligarquía fue retenido y luego liberado a cambio de una fuerte suma de dinero. Siguiendo esta línea de acción, que se había revelado promisoria, el 10 de noviembre del 71 un comando de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria secuestraba al rector de la Universidad de Guerrero y destacado empresario Jaime Castrejón Diez. A cambio exigía la liberación de nueve presos políticos, entre los que destacaban Mario Menéndez Rodríguez, director de Por qué?, Ismael Bracho, y Florentino Jaimes. Las demandas se cumplieron rigurosamente y el rector fue liberado. Pocos días después, el 4 de diciembre, era asesinado en Lecumberri Pablo Alvarado Barrera, a quien en los medios revolucionarios se ligaba a Genaro.

En el invierno del año 71-72, tras un periodo exaltante de audaces golpes de mano de la guerrilla (una irrefrenable ola de asaltos bancarios, secuestros políticos, declaraciones y comunicados guerrilleros, enfrentamientos armados, etc., que creó espectación en la opinión pública y desconcierto, en el gobierno) la policía política empezó a ubicar con alguna precisión el rastro de las organizaciones armadas. Hasta entonces el golpe más fuerte dado a la guerrilla había sido la detención, en marzo del 71, de la plana mayor del MAR. Pero en diciembre de 1971 fueron detenidos los hermanos Alfredo y Carlos Campaña López y Guillermo Robles Garnica, dirigentes de uno del FER de Guadalajara; el 14 de enero de 1972 el grupo de Raúl Ramos efectuó un doble asalto bancario en Monterrey, las primeras detenciones condujeron a nuevas pistas, la policía sitió una “casa de seguridad” en los condominios Constitución, murió en el enfrentamiento Rodolfo Rivera Gámiz y fueron aprehendidos José Luis Rhi Sausi y Rosalbina Garabito. El 15 de enero, en Chihuahua, el grupo de Diego Lucero ejecutó un triple asalto bancario pero uno de los comandos fue sorprendido por una patrulla del ejército y murieron dos guerrilleros en la acción: Avelina y Oscar Montes, resultando herido José Luis Alonso Vargas. En los días posteriores eran detenidos la mayor parte de los que participaron en las acciones y asesinados los dirigentes Diego Lucero, Ramiro Díaz Avalos y Gaspar Trujillo. Como resultado de la indignación popular por la brutalidad de los crímenes se forma el Comité de Defensa Popular (CDP) que mediante enormes movilizaciones, logró hacer retroceder la furia represiva.

Por todo el país se sucedían los enfrentamientos, las detenciones, la muerte de revolucionarios: el 2 de febrero perdió la vida en un accidente automovilístico -que siempre le pareció sospechoso al movimiento-, Genaro Vázquez Rojas, jefe de la ACNR y primera figura indiscutible de la guerrilla mexicana. Cuatro días después, el 6 de febrero, la policía intentó detener a tres jóvenes que paseaban por el parque México y se produjo un encuentro a balazos en el que cayeron un policía y uno de los jóvenes: Raúl Ramos Zavala, el dirigente con mayor capacidad teórica y política de los que asumieron la lucha armada.

Reflejo, si bien distorsionado, del movimiento armado y del ambiente ideológico, político y cultural en que aquél se gestaba, la revista Por qué? editorializó el 16 de diciembre de 1971: “Es hora de preguntarnos: ante la represión oficial indiscriminada, ante el insalvable valladar que el gobierno ha interpuesto al pueblo para ejercer sus derechos ciudadanos, ¿existe otra arma política que no sea la guerrilla?”. Portavoz durante un tiempo de los movimientos armados más conocidos, caja de resonancia del conjunto de las luchas y acciones del período y difusora de las tesis más elementales de la insurgencia, la revista Por qué? nunca logró, sin embargo, la confianza del conjunto del movimiento. No sólo por su amarillismo izquierdista y por la ausencia de un mínimo rigor teórico en sus juicios y posiciones, sino sobre todo por la conducta política de su director, a quien en los medios clandestinos se le sabía relacionado con las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) que comandaba César Yáñez. Lo que en concreto se le reprochaba a Menéndez es que, habiendo alentado y justificado en su revista la estrategia de la lucha armada, y que, tras ser excarcelado por la acción de la ACNR, ya en Cuba se haya vuelto de nuevo frenético alentador de lo que días antes impugnara. En fin.

EL CASO DEL FER

El Frente Estudiantil Revolucionario de Guadalajara se formó en 1970, para combatir la dictadura mafioso-priísta que la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) había instaurado en la universidad de esa misma ciudad. Lo que pocos recuerdan es que la clarinada para el ataque la dio, a principios de 1970, don José Guadalupe Zuno Hernández, en una carta publicada por la revista Siempre. Ahí el patriarca del clan caracterizaba como intolerable la situación a la que se había llegado en la universidad bajo el dominio de la FEG, y llamaba a las “fuerzas sanas” a expulsar a la mafia y sanear la máxima institución cultural de Jalisco. Y empezó la guerra. Es conocido el papel inicial que jugaron -como fuerza de choque del FER- los jóvenes pandilleros del barrio de San Andrés llamados los Vikingos, así como el apoyo político y material -armas y dinero-, que recibió el FER -al menos en su primera etapa- de parte de los Zuno. En concreto de Andrés Zuno.

En el FER se pensaba que la guerra sería sangrienta, pero no duraría mucho, pues se tenía por seguro que, en cuanto el nuevo presidente Luis Echeverría -yerno de don José Guadalupe, cuñado de Andrés- le retirara el apoyo federal a la FEG, ésta se derrumbaría. Pero las cosas no fueron tan sencillas, en primer lugar, porque se subestimó la magnitud del apoyo que la FEG tenía en el aparato estatal jalisciense, que era muy grande, y en segundo lugar porque Echeverría nunca se decidió a tomar partido por una coalición de fuerzas tan disímbolas cuyo control nadie le podía asegurar.

La guerra dio inicio el 29 de septiembre de 1970, cuando en medio de los mítines que en varias escuelas del Politécnico realizaba el FER, irrumpieron miembros de la FEG encabezados por su presidente, Fernando Medina Lúa, quien es el primero en caer.

Días antes el FER se había apoderado por la fuerza de la Casa del Estudiante, de donde fueron desalojados el 30 de septiembre por soldados y policías, para demoler después dicha casa del estudiante. Fueron encarcelados varios miembros del FER, y el todavía presidente Díaz Ordaz (entregaría el poder el 1o. de diciembre de ese año) mandó su avión particular a Guadalajara para trasladar al presidente de la FEG a la ciudad de México. Sin éxito: Medina Lúa murió aproximadamente un mes después y las revanchas inundan la ciudad de Guadalajara: pistoleros de la FEG asesinan, el 23 de noviembre de 1970, a Arnulfo Rosas Prado (a) El Compa, el 3 de febrero del 71 es ajusticiado Hermenegildo Romo García, expresidente de la FEG, y hermano de El Gorilita”, asesino de Arnulfo.

En estas condiciones, el FER evoluciono rápidamente al planteamiento de una lucha general, nacional y no sólo local, que abrazó también la táctica político-militar. Cuando, tras los golpes del invierno 71-72, se impuso a todos los grupos la necesidad de replantearse sus actividades, en el seno del FER crecieron tres tendencias: la primera ligada, incluso familiarmente, a los hermanos Campaña, encabezada precisamente por Juventino Campaña (Ho Chi Min) que dio lugar al separarse del FER al Frente Revolucionario Armado del Pueblo (FRAP). La segunda, la más pequeña de las tres, que se ligó a la llamada Unión del Pueblo, célebre a causa de su desmedida afición a poner bombas en todas partes, la tercera tendencia fue finalmente mayoritaria aglutinó a dirigentes como Pedro Orozco Guzmán, Miguel Topete y Francisco Márquez y entroncó con los grupos que dieron origen, poco tiempo después, a la Liga Comunista 23 de septiembre.

LA LIGA COMUNISTA 23 DE SEPTIEMBRE

“… usted conoce lo que pasó en 68 y el 10 de junio. Nuestras bajas en el 29 no fueron tan numerosas, ni tan monstruosamente irreparables. Pero la sangre une. Es la misma.

“Diré, además, que las fechas que menciono produjeron un cambio mucho más profundo e irreversible del concepto que los jóvenes tenían de las luchas sociales. El hecho de que, como consecuencia de estos acontecimientos, muchos se hayan desplazado a la guerrilla suicida, urbana o rural, demuestra hasta qué punto vieron oscurecido y cerrado el panorama de sus vidas”.

Alejandro Gómez Arias, entrevistado por Impacto, noviembre de 1975

RAÚL RAMOS ZAVALA

El pensamiento del fundador de la tendencia que cristalizaría en la Liga Comunista 23 de Septiembre se formó en sus rasgos principales en un período muy corto, entre fines de 1969 y mediados de 1971, como resultado de la reflexión sobre el movimiento del 68 y en particular sobre la lucha del movimiento estudiantil y universitario de Monterrey en esos años, la situación de las normales rurales y su relación con la línea política del Partido y la Juventud Comunista. Mientras que la dirección de la Juventud Comunista aseguraba (en 1970) que el movimiento del 68 había puesto “la bola caliente de la revolución en nuestras manos”, las normales rurales socialistas eran aplastadas por el gobierno de Díaz Ordaz y el ensayo de universidad democrática de Nuevo León era barrido por el gobernador Elizondo, enmedio de la mayor impotencia de la izquierda. ¿Por qué?

La línea de abstención activa le había permitido a la Juventud Comunista -y a otros sectores estudiantiles- enfrentar virulentamente la campaña de Echeverría, pero la campaña terminó y no pasó nada. La bola de la revolución se desinflaba y los presos políticos seguían presos, los asesinos dejaban impunes el poder y sus cómplices asumían, igualmente impunes, el poder. En cualquier otro país, se dijo y se escribió mucho, lo del 2 de octubre hubiera provocado una insurrección, una guerra civil. Exageraciones. Pero la insurrección, de cualquier manera, se desarrollaba larvadamente en las entrañas de este país.

Ramos Zavala desenvolvió su ataque sobre puntos nodales de la concepción estratégica y táctica del PCM: la idea etapista de la revolución implícita en el planteamiento de “revolución democrática, popular y antimperialista”; la tesis de los sectores nacionalistas o democráticos de la burguesía y el abanico de las luchas por reformas: por la reforma democrática de la educación, por la reforma electoral democrática, por la reforma agraria radical, etc. Calificó a la concepción en su conjunto de reformista. La idea central era no sólo que la lucha por reformas era imposible (dado el carácter del Estado mexicano, etc, sino que además llevaba a las masas engañadas a un enfrentamiento para el cual no estaban preparadas. El 68, la lucha universitaria en Monterrey y en las Normales rurales, etc., habían sido luchas democráticas, reformistas ¿qué habían recibido como respuesta? Represión y sólo represión. Tenía entonces que haber otra salida. En primer lugar, la conciencia de las condiciones reales de la lucha: frontal, violenta, por el poder. Armada. Escuchemos:

La acción armada juega en el presente momento un papel clave y necesario para el desenvolvimiento del proceso revolucionario (…) Los grupos que desenvuelven este tipo de trabajo están realizando la acción que impulsa a las masas (abriéndoles cobertura de confianza y protección); que significa sobre un plano la capacidad de combate de la clase obrera en el proceso de la lucha de clases, alimentando su conciencia sobre la magnitud del combate a desarrollar -ahora y en el momento en el que emerja la situación revolucionaria- y la capacita y ejercita sobre la utilización táctica de la violencia armada en cuanta coyuntura política de significación se presente, creando la disciplina, disponibilidad y capacidad para el enfrentamiento armado al momento de asaltar el poder y desplazar a la burguesía”.

La represión, dice Ramos Zavala, se da “como respuesta a los niveles de acción y de peligrosidad política” del movimiento, de ahí que “la acción armada (sea)… condición necesaria para la subsistencia de los núcleos sociales” en lucha. La lucha armada como “condicionalidad estructural de la acción y organización revolucionaria”.

Dos aspectos de la concepción de Raúl que después serían criticados en la Liga: que acepta el carácter “ejemplar” de la acción del grupo revolucionario al margen de las masas, y su idea de que el movimiento estudiantil formaba parte del movimiento revolucionario del proletariado, sin demostrar las bases científicas de tal identificación sino sólo las políticas.

EL VIAJE TEÓRICO

Conmocionados por la muerte de Camilo Torres, núcleos de estudiantes católicos que militaban en el Movimiento Estudiantil Profesional, (MEP), de inspiración jesuita, sobre todo de Monterrey, se lanzaron en el 68 a la lucha y se convirtieron al socialismo, sin dejar de ser cristianos. De entre ellos, Ignacio Salas Obregón y José Luis Sierra dirigieron la insólita huelga del Tecnológico de Monterrey en 1968.

A la muerte de Ramos Zavala, Salas Obregón emergió como el heredero teórico y político, el dirigente de ideas mas claras y voluntad más firme. Su primera búsqueda: liquidar la dispersión teórica, orgánica y política de los revolucionario, unificar a los grupos armados. ¿En torno a qué? Sumariamente, el eje teórico armado por Salas Obregón postulaba lo siguiente: La existencia misma de los grupos armados no tenía que ver con el heroísmo o voluntad de sacrificio de un puñado de revolucionarios, sino que era la expresión, hasta ese momento inconsciente, de que la clase obrera había arribado a formas superiores de organización y lucha. Tras la postración histórica que se inició a fines de los años treinta, la clase retomó la iniciativa a mediados de los cincuenta. A esa dinámica respondían las luchas estudiantiles, magisteriales y sobre todo obreras, ferrocarrileras, de esos años. Pero la dominación ideológica que la burguesía ejerció sobre la clase -ayudada por la pequeña burguesía demócrata- impidió que las masas se dieran cuenta del carácter antagónico de las contradicciones y de la estrategia y la táctica necesarias para vencer. Lo mismo había sucedido en el 68, sólo que a nivel superior. La dirección burguesa y pequeñoburguesa del movimiento había impuesto las demandas “democráticas” y las movilizaciones masivas que entregaban a la gente a la represión, pero los brigadistas -expresión del lado proletario del movimiento- propagandeaban la idea de la revolución socialista y se organizaban de acuerdo a una táctica en que lo fundamental era “la dispersión, la movilidad, la rapidez, (que) posibilitan el despliegue de un trabajo de agitación y propaganda muchas veces más amplio (…) El brigadismo, los mítines relámpago, etc., son la respuesta a las necesidades de desarrollo del trabajo político y también, la manifestación de la necesidad de la transformación de la táctica militar”. Quienes, dentro de los grupos armados, se auto-postulaban como vanguardia ejemplar y proclamaban la lucha armada como tarea especial, al margen de las masas y su lucha, no eran en este planteamiento sino la expresión militarista de la desesperación pequeñoburguesa, simplemente la otra cara de la democracia pequeñoburguesa que imponía en el movimiento de masas las demandas y formas de lucha reformistas y oportunistas: el PCM en primer término.

En general, la consigna neo-ludista posterior de la “destrucción del capital en todas las ramas de la producción”, derivaba directamente de la concepción de que en México el capitalismo había llegado a una fase de desarrollo en la que todos los modos precapitalistas de producción se sometían (o quedaban subsumidos) al modo capitalista. Una argumentación retorcida a partir de este punto llevaba a la idea de que la lucha contra el capital se expresaba en toda su radicalidad no tanto en las tradicionales formas obreras de lucha (económica, política e ideológica) sino mejor en el sabotaje, la destrucción de medios de producción, etc.

De esta línea de pensamiento surgió también la tesis de la universidad fábrica, según la cual, en el nivel alcanzado ya por el desarrollo capitalista, el motor principal del avance de las fuerzas productivas era la ciencia aplicada, la tecnología, etc. Los principales centros de producción de ciencia, las universidades eran entonces fábricas de tecnología. En ellas, los estudiantes no eran ya el tradicional elemento pasivo, sino que se habían transformado en un elemento vivo del proceso de producción de ciencia aplicada para incrementar la plusvalía. Eran los obreros de este proceso de producción, en consecuencia de lo cual los profesores serían los capataces o algo así. De ahí la radicalidad de las luchas estudiantiles, el secreto de su alma proletaria. Y, puesto que la universidad no podía ser transformada antes que la sociedad, y como había que evitar que siguiera contribuyendo a la extracción mayor de plusvalía -y fortaleciendo, con ello, al capital- la consigna de lucha debía ser destruir la universidad burguesa o, al menos, expropiar sus recursos para la lucha revolucionaria.

Los sindicatos tampoco se salvaron. Si en los orígenes del capitalismo habían sido instrumentos para la defensa de determinados intereses obreros, el propio desarrollo capitalista los había convertido en simples reguladores del precio de la fuerza de trabajo y en abastecedores de mano de obra al capital. Así el charrismo no debía ser visto como un fenómeno espurio, ajeno a la esencia del sindicato, sino que era por el contrario la expresión natural de la nueva esencia del sindicato. De aquí lo utópico y hasta lo reaccionario de la lucha por la democracia sindical que impulsaban los “demócratas”, y la necesidad de construir otro tipo de organizaciones para la lucha obrera: comités de lucha armados y clandestinos. “El desarrollo de la guerra de guerrillas como táctica militar propia del proletariado se construye no en oposición a los enfrentamientos ‘democráticos’ ya que éstos no existen), sino a la táctica impuesta por la burguesía al movimiento en la década pasada”.

Armado de estas armas, el grupo de los procesos, como era conocido el grupo de Ramos Zavala dentro del movimiento, inició una serie de conquistas suicidas. En marzo de 1973 se fusionaron con la Liga Comunista 23 de septiembre los grupos de Diego Lucero, Lacandones, la dirección mayoritaria de la FEUS (Federación de Estudiantes Universitarios de Sinaloa) MAR-23 de septiembre, dirección mayoritaria del FER (Frente Estudiantil Revolucionario), y los procesos. Un mes más tarde se integraron los Macías, cuyo origen remoto era el Movimiento Espartaquista Revolucionario de Severo Iglesias.

LA LIGA Y LOS “ENFERMOS” DE SINALOA

“Sí, estamos enfermos, pero del virus rojo del comunismo revolucionario…’

(de un volante firmado por la Coordinadora Clandestina de FEUS mayo/73).

Los primeros contactos entre los grupos armados y la dirección del movimiento estudiantil en Sinaloa tuvieron lugar en la primavera de 1972. Se trataba del movimiento estudiantil que acababa de lograr una victoria clave contra el despotismo estatal: Gonzalo Armienta Calderón, el rector impuesto, había renunciado, y la FEUS se alzaba con un triunfo difícil de asimilar y evaluar. En el campo sinaloense la agitación tomaba la forma de tomas de tierra armadas, como la que encabezó Marcelino Loya en El Tajito. La policía judicial tenía sitiado El Tajito, y el movimiento estudiantil respondía con manifestaciones que terminaban en actos de saqueo contra los comercios del centro de Culiacán. La burguesía sinaloense rugía de indignación ante el vandalismo de los estudiantes que incomprensiblemente, era tolerado por el gobierno, a tal grado que incluso se intentó incendiar en Culiacán el edificio de la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa.

En octubre de 1972, con motivo de una lucha contra el alza de pasajes en los camiones, fue detenido Camilo Valenzuela, principal dirigente de la FEUS y del grupo de líderes vinculados a la guerrilla. En su efervescencia, el movimiento de masas adoptaba formas que parecían confirmar las predicciones de la Liga: en Angostura miles de campesinos y estudiantes tomaron la cárcel del poblado y liberaron, sin disparar un tiro, a varios dirigentes presos. “la raza ya no se aguantaba”. La enfermedad prendió en las casas del estudiante y en las prepas, y se expresó inicialmente en tres elementos. En primer lugar, la lucha ideológica contra el reformismo que no se limitaba a vociferar sino que pasaba a la agresión física, al principio leve (a Heberto Castillo le tiraron bombas llenas de agua). Segundo, la coerción que se hacía sobre el rector para que entregara los subsidios a las casas del estudiante, y que llegó a tomar la forma de secuestro del rector, hasta que accedía. Finalmente, un elemento que irritaba sobremanera a las demás corrientes de izquierda: la práctica “enferma” de expropiar recursos a la universidad tales como máquinas de escribir, vehículos, etc. En medio de esa atmósfera se produjo el enfrentamiento en que perdieron la vida Carlos Guevara Reynaga y un estudiante enfermo, Pablo Ruiz, precisamente cuando los enfermos secuestraban por enésima vez al rector de la UAS. Aún la opinión pública no se enteraba de la existencia de la Liga y, por tanto, para todos era un misterio el origen de la enfermedad.

Cuando en mayo y junio de 73 se hizo el intento de expulsar de la universidad a varios enfermos, éstos paralizaron la UAS y en la mayoría de las escuelas se sacaron acuerdos de asamblea contra tales medidas. En la lógica de la enfermedad, eso confirmaba la idea de que las masas estaban arribando a formas superiores de lucha, en este caso la huelga política, paso inmediato previo ía la insurrección! (cientos de brigadistas llevaban sistemáticamente las consignas de la Liga a los campos, a las fábricas y escuelas de Culiacán y otras ciudades de Sinaloa. La enfermedad era un movimiento de masas que la misma Liga no controlaba totalmente, que se disparaba en uno y otro sentido y donde el peso de los elementos provenientes del lumpen llegó a ser preocupante.

El 16 de enero de 1974 la Liga puso en marcha en Culiacán, una gran jornada de “combate de calles”: las brigadas armadas de la Liga tomaron fábricas, empacadoras y campos agrícolas del valle de Culiacán; se enfrentaron a capataces, a guardias blancas, la Judicial y finalmente al mismo ejército. Improvisaron movilizaciones de miles de jornaleros agrícolas en efímeras “huelgas económico-políticas”, tomaron un par de viejos arsenales y, después de espantar a la burguesía y al gobierno, se dispersaron para hacer el recuento de triunfos y derrotas. Al día siguiente llegó a Culiacán el batallón de paracaidistas.

Durante todo el año 74 se sucedieron los enfrentamientos y detenciones de miembros de la Liga en Sinaloa (en el penal del estado llegó a haber más de cien presos políticos), lo cual coincidía con la agudización de las contradicciones internas de la liga a nivel nacional, rupturas y escisiones que marcaron la decadencia de esta corriente en Sinaloa.

LA LIGA Y LUCIO CABAÑAS

En noviembre de 1972 se reforzaron los vínculos entre el embrión de la Liga y la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, con el envío de tres miembros de la primera a la sierra de Guerrero acompañados de algunos materiales de guerra. Desde 1971 se encontraba allá Carlos Ceballos Lucio, como se ha dicho, recibía a todo mundo con los brazos abiertos, especialmente si iban a aportar luces teóricas y material de guerra, pero la luna de miel duró poco tiempo.

La vida de la columna era, en general, rutinaria: guardias, alimentación, cambios de campamento, comisiones para visitar los barrios, excepcionalmente algún ajusticiamiento y las famosas asambleas plenarias que acostumbraba Lucio. Los enviados de la Liga criticaban el populismo de Cabañas, manifiesto, no sólo en sus comunicados e Ideario, sino también en la falta de educación política para 12 Brigada y en su relación con los barrios. Faltaba, se decía, una actividad sistemática para elevar la conciencia de clase de la gente y, además, no se impulsaba su propia lucha, sino que Lucio y la Brigada mantenían una relación paternalista hacia los barrios. Había entonces que cambiar el carácter de clase de la Brigada, proletarizarla dando la lucha contra el elemento campesino pequeñoburgués, lo que implicaba también neutralizar el papel del dirigente carismático, esto es de Lucio Cabañas.

Un poco sorprendido por el ímpetu de los recién llegados, al principio Cabañas adoptó la táctica de dejar hacer. Y no sólo los dejó hacer, sino que abandonó temporalmente la Brigada dejando en manos de Carmelo Cortés, quien mantenía buenas relaciones con la Liga. Los efectos del cambio se hicieron sentir de inmediato. Mientras que el antiguo Ideario del Partido de los Pobres hablaba de “derrotar al gobierno de la clase rica” y de que “el nuevo gobierno de la clase pobre dé leyes que protejan y hagan valer los intereses y los derechos del pueblo”, el nuevo, fechado en marzo de 1973, durante el auge de la Liga en la Brigada, no era sino la transcripción de los temas enfermos al contexto de la lucha armada campesina:

“Nuestros principios y objetivos esenciales son:

1. Luchar consecuentemente con las armas en la mano junto todas las organizaciones revolucionarias armadas, junto a nuestro pueblo trabajador y hacer la revolución socialista; conquistar el poder político; destruir al estado burgués explotador y opresor; construir un estado proletario y formar un gobierno de todos los trabajadores; construir una nueva sociedad, sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores.

“2. Destruir al sistema capitalista; abolir la propiedad privada, base y esencia de la explotación del hombre por el hombre; aniquilar a la burguesía como clase privilegiada (…) ya que el capital y la riqueza acumulada y concentrada en sus manos ha sido creada por el trabajo, el sudor y la sangre de la clase obrera, de los campesinos y de todos los trabajadores”.

Y así por el estilo.

Como acertadamente lo señala Jaime López, en este nuevo Ideario quedan fuera algunos puntos del anterior, en particular el que se refiere a que “se haga valer el derecho… de reunirse y opinar en público y en privado, el derecho de formar sindicatos, partidos y otras asociaciones, el derecho de escoger y votar candidatos y gobernantes”. La Liga criticaba precisamente el carácter democrático-burgués de muchas de las formulaciones del primer ideario de Lucio, su populismo expreso en la concepción de la revolución “Pobrista”, etc, el hecho de que Cabañas no rompiera abiertamente con el PCM, por ejemplo era una muestra más del carácter oportunista de su política.

Entre otras cosas, Lucio había “bajado para organizar, fuera de Guerrero, bases de apoyo y una red de relaciones que le permitieran oponerse con algún éxito a las pretensiones hegemónicas de la Liga a nivel nacional. Personalmente pudo comprobar que ya casi todo estaba copado por la enfermedad, y decidió regresar a la Brigada antes de que fuera demasiado tarde. Un momento particularmente difícil se presentó cuando, en asamblea, fue leída la primera carta donde Figueroa intentaba someter a Lucio por la vía del halago y las concesiones. La primera reacción de Lucio fue aceptar la posibilidad de “dialogar”. Tras una serie de virulentas intervenciones la asamblea acordó rechazar toda posibilidad de “diálogo, pues la burguesía y el proletariado nada tienen que dialogar; y menos con un “burgués carrancista” como Rubén Figueroa.

Las tensiones entre Lucio y la Liga se agudizaron rápidamente. En abril de 1973 fue expulsada de la Brigada Isidora López Correa y con ella “bajó” (de la sierra) Héctor Escamilla, también de la Liga. En julio de este mismo año eran expulsados los restantes miembros de la Liga, entre ellos Carlos Ceballos (a) Julián, el único al que Lucio elogió en su “carta a los estudiantes”, dando su versión de los hechos:

En la Brigada Campesina de Ajusticionamiento admitimos a cinco ultraizquierdistas bajo la condición de que ellos venían a fortalecer al Partido de los Pobres y a la Brigada que se disciplinarían a acuerdos de la mayoría y que les daríamos toda la libertad de dar a conocer sus diferentes puntos de vista sobre la lucha; que cuando la mayoría apoyara sus puntos de vista los pondríamos en práctica. En los primeros días se mostraron como los mejores compañeros, pero después comenzaron a hacer labor a escondidas para cambiar la Dirección de la Brigada y del Partido para poner a uno de ellos; por lo cual se les hizo la primera expulsión. Después continuaron haciendo “grilla”.

Lucio se deshizo, pues, de los enfermos, pero librarse de la enfermedad era otra cosa. Esto es lo que explica, junto al creciente aislamiento y la redoblada presión del ejército, el paso del populismo sensato al desborde apocalíptico de los últimos hechos y comunicados de la guerrilla de Cabañas. Al secuestrar a Figueroa, pide no sólo la liberación de presos políticos, sino también “que se abran todas las cárceles del Estado de Guerrero (….) así quedarán en libertad todos los presos comunes”.

El último comunicado de la Brigada el 27 de noviembre de 1974 menos de una semana antes de la muerte de Lucio, termina en un tono casi agónico: “íEstán matando al pueblo! íContestemos con la guerra! íVenguemos la sangre de nuestros compañeros campesinos! íFormemos grupos guerrilleros en toda la República!”

LA LIGA: EL PRINCIPIO DEL FIN

Algunos de los expulsados por Lucio Cabañas fueron enviados a Sonora, al pie de guerrilla que la Liga intentaba implantar en la sierra Sonora Chihuahua (en lo que sería, según algunos jefes de la liga, el Yenán mexicano). Otros fueron a reforzar la Brigada Revolucionaria Emiliano Zapata, que originalmente se movía cerca de Jamiltepec y cuyo origen estaba vinculado a la lucha popular contra los caciques Iglesias Meza. Miembros de la Liga contribuyeron a organizar la primera acción ofensiva de los campesinos contra los caciques: asalto e intento de incendio a la casa grande, pero fueron rechazados con bajas.

La “organización superior del proletariado mexicano” se erige febrilmente en todo el país, se crean comités locales en el D.F. (la “Brigada Roja”), en Guadalajara (el FER), en Monterrey, en Sinaloa, en Sonora, en Baja California, en Chihuahua, en Oaxaca, en Tamaulipas, en Veracruz. Es la hora de pasar a las acciones de dimensión nacional que, al dar a conocer al mundo la existencia de la Liga, lleven su mensaje a las conciencias y sirvan, al mismo tiempo, para rescatar a los revolucionarios de las cárceles burguesas. Se preparan simultáneamente tres acciones de secuestro: si falla la primera sigue la otra y así sucesivamente. La primera quiere golpear el corazón de la burguesía mexicana: el grupo Monterrey, el clan de los Garza Sada, Eugenio Garza Sada. El 17 de septiembre de 1973 el intento de secuestro falla y en la balacera que se entabla entre el comando de la Liga y los guardaespaldas de Garza Sada éste es herido de muerte. “Monterrey ardió en llamas de lágrimas”, escribió en un poema Efraín Huerta.

“Sólo se puede actuar impunemente cuanto se ha perdido el respeto a la autoridad, cuando el Estado deja de mantener el orden público; cuando no tan sólo se deja que tengan libre cauce las mas negativas ideologías, sino que además se les permite que cosechen sus frutos negativos de odio, destrucción y muerte”, dijo el orador oficial privado, Ricardo Margaín Zozaya, frente al cadáver de Garza Sada y en presencia del Presidente Echeverría. Pero la Liga, ciega y sorda ante los efectos reales que producía su accionar, no se detuvo. Entre bromas y veras, la consigna fue ni un paso atrás, ni siquiera para tomar impulso.

El 8 de octubre de 1973 la Liga llevó a cabo, en Guadalajara un doble secuestro del industrial Fernando Aranguren y del cónsul honorario británico Duncan Williams.

Su objetivo, el mismo que se buscaba con Eugenio Garza Sada: liberación de guerrilleros presos, recursos monetarios y la publicación de sus mensajes en los diarios nacionales. Pocos meses antes el mecanismo había funcionado “limpiamente” cuando el FRAP secuestró a Leonhardy, cónsul estadounidense en Guadalajara, lográndose la libertad de treinta presos políticos. Pero la muerte de Garza Sada había cambiado todo el cuadro. De ahí en adelante, el gobierno no pactaría “con criminales, según dijo el Procurador General de la República, Pedro Ojeda Paullada. Se dice que, ante la negativa a la negociación, la Liga decidió liberar a los secuestrados y lo hizo en el caso de Duncan Willams. Pero Aranguren fue asesinado por Pedro Orozco Guzmán. El mecanismo se había descompuesto.

Anécdota: aproximadamente un mes después del doble secuestro, se presentó el célebre Miguel Nazar Haro al Penal de Topochico, Nuevo León, diciéndome que la Liga, para liberarme, había intentado sin éxito secuestrar a un empresario; que lo había intentado después, también sin éxito; con un embajador y que seguramente ahora iban a intentarlo con un alto funcionario, tal vez un ministro. Que el ministro, quien fuera, se iba a chingar, pero que a mí y a los demás jefes guerrilleros presos, también nos iba a cargar la chingada. “Así que ya sabes a lo que te atienes, y comunícaselo a tus camaradas”.

A partir de este momento, la Liga se olvidó de las grandes acciones y entró en uña etapa que en otra parte he llamado suicida: la mayor parte de los enfrentamientos, muertes y detenciones se dieron en relación con actividades de propaganda en fábricas y escuelas. Empezaron a caer algunos de los principales cuadros “políticos” y “militares”, se agudizó la lucha interna entre “militaristas” y “demócratas”, entre los que privilegian las actividades específicamente armadas y quienes se pronuncian por acentuar los aspectos de denuncia política y educación ideológica hacia las masas. Pero muy pronto tanto unos como otros son arrastrados por el naufragio. Ignacio Salas Obregón, el principal ideólogo, es detenido y herido en abril de 1974. Antes, en febrero, habían sido detenidos y cruelmente asesinados Ignacio Olivares y Salvador Corral. El cadáver de Corral fue depositado en Monterrey, a unos metros de la residencia de los Garza Laguera, y el de Olivares en Guadalajara, cerca de la casa de la familia Aranguren. En mayo de ese año se perdió el rastro de Julio, Manuel Gómez Lucero, segundo dirigente de la Liga y jefe de la corriente más sensata.

A la caída de los jefes, cada comité local de la Liga se autoproclama el único heredero de la tradición y desconoce a los demás tildándolos de “oportunistas”. Más allá de la locura la Brigada Roja, declara que la táctica revolucionaria consiste en el “hostigamiento permanente al Estado burgués”, y que su concreción es matar policías. En diciembre de 1974 es detenido, por Nazar Haro en persona, Miguel Torres Enríquez, acusado de ser el autor material de la muerte de Eugenio Garza Sada.

En agosto de 1976 la Brigada Roja se juega su suerte en un volado con el intento de secuestro de Margarita López Portillo. Fracasa y muere así David Jiménez Sarmiento, el más buscado terrorista de la disuelta Liga Comunista 23 de Septiembre. Meses antes había caído bajo una lluvia de balas Carmelo Cortés, en las calles del Distrito Federal.

Eran los restos del naufragio. El proceso de degradación política tocó fondo cuando, en vísperas del II Informe de José López Portillo, en el que se sabía iba a anunciar la amnistía para los sobrevivientes de la guerra secreta, un comando secuestró a Hugo Margáin Charles, quien fue herido en la femoral y se desangró hasta morir. Hubo amnistía. Años después, una triste muchacha me decía en la cárcel de mujeres de Santa Marta Acatitla, que la Liga -o lo que de ella quedaba- nunca quiso sabotear la amnistía con el secuestro de Margáin, que todo había sido una desgraciada coincidencia.