Cuando la izquierda mexicana ha alcanzado una complejidad y una presencia política que nunca había tenido, es cuando se revelan mas trágicamente sus limitaciones, demostrando estar aún muy por debajo de sus responsabilidades en una nación marcada por la existencia de un Estado capitalista moderno, ampliado, con una inmensa capacidad de regulaciones políticas e ideológicas, tejido a partir de una ecuación donde consenso social, hegemonía política y violencia institucionalizada parecen haber colocado una persistente cortina en contra de la izquierda, que según épocas y situaciones, es cooptada hábilmente o reprimida sin tregua por la organización estatal.

Ubicada en una sociedad civil asfixiada, sin gran capacidad de respuesta frente al poder, en un régimen político autoritario y despótico, la izquierda ha construido, con ello y a pesar de ello, un espacio de acción, que siendo tan limitado como es no deja de ser importante y tiende a crecer. 

Con su arribo reciente a la opinión pública y al proceso electoral, merced a largos años de lucha política a menudo difícil, la izquierda empieza a mostrar su rostro a amplias masas de mexicanos. Arraigada con todo y sus errores en la realidad nacional, la izquierda mexicana ha transitado de la dispersión a la diversidad. Mostrar las principales corrientes actuales, el significado de su veintena de siglas, cuáles son las reales o las simuladas, qué plantean y quién los escucha son los objetivos de este recorrido por el mundo, a menudo crítico, de los que luchan por el socialismo en México. Para un análisis más claro, hemos procedido a dividir a la izquierda nacional en tres grandes troncos, desde el punto de vista de la caracterización que se hace de la situación nacional y del tipo de país, la actitud ante el Estado y la revolución y la política concreta de las organizaciones. En el primer tronco estaría lo que llamaremos izquierda colaboracionista, la que considera que en el poder del Estado se encuentran fracciones políticas progresistas y hasta revolucionarias sin cuyo concurso se hace imposible cualquier camino al socialismo, la izquierda oposicionista, que considera que el poder actual debe ser remplazado por otro mediante una nueva revolución, definida como socialista, pero esta izquierda está dispuesta a realizar lucha política por transformaciones democráticas incluso en el interior del Estado, como forma de ir acumulando fuerzas para lograr convertir a la izquierda en un alternativa de poder frente a la organización estatal; y, un tercer tronco, muy heterogéneo, que estaría compuesto por los movimientos de masas apartidistas y la izquierda grupuscular o protopartidaria, que incluye desde minúsculos grupos universitarios hasta movimientos políticos masivos de gran influencia, coincidiendo en una lucha frontal contra el Estado y lo que llaman el reformismo, a menudo despreciando la lucha política en la sociedad y ante el Estado. Esta división como se verá, es bastante arbitraria y varios `animales políticos’ de la izquierda son realmente inexplicables.

BERNSTEINISMO CRIOLLO

Que en México haya una fracción de la izquierda socialista que apoya al Estado mexicano y sus gobiernos no debe sorprender a nadie. La génesis de un Estado surgido de una revolución burguesa y popular muy violenta, el sistema de relaciones orgánicas e ideológicas que ha establecido la torre estatal con la sociedad civil y el movimiento obrero no podían sino atraer al grueso de una izquierda que durante un largo período fue hegemónica y que veía en los gobiernos del partido oficial un poder popular y contradictorio, pero colocado en la trinchera antimperialista.

El espectro básico de esta corriente es, sin lugar a a dudas el lombardismo, una hipnótica síntesis del nacionalismo revolucionario de los años treinta, la política estalinista y el socialismo evolucionista. Revestido más tarde de la ortodoxia marxista-leninista del período posestaliniano, el lombardismo considera que el desarrollo sucesivo de la revolución mexicana conducirá al socialismo, mediante una alianza que incluye a la fracción dirigente del Estado, la clase obrera, la pequeñoburguesía y los campesinos, en contra del imperialismo y la reacción interna. Caracterizando al país como semicolonial, las tesis lombardianas ponen el epicentro de la lucha de clases entre la nación y el imperialismo. El proyecto gradualista -bernsteinismo criollo- del lombardismo evade por completo el carácter de clase del Estado y la necesidad de una revolución de tipo socialista.

Es el Partido Socialista (PPS) la organización política más representativa de esta corriente, en la medida en que fue formado por el propio Lombardo y se asume plenamente lombardista. Teniendo como estrategia un Frente Patriótico Nacional, encabezado por el PRI y el Presidente de la República, el PPS ha realizado siempre una política de apoyo incondicional de los gobierno del PRI, pasando por encima de todo movimiento de masas contrario a éste, los cuales son siempre catalogados de provocaciones externas. De haberse figurado en un principio como una oposición leal a los errores y desviaciones de los gobiernos de la revolución, el PPS terminó por convertirse en un apéndice dócil hasta la claudicación del partido oficial.

Con el caso Nayarit en 1975, el PPS perdió virtualmente su amplia base popular que se ubicaba en ese Estado, así como lo último que le quedaba de credibilidad política. Tiene una influencia reducida entre los burócratas y en el estado de Oaxaca y su último puntal es una corriente electoral, pequeña pero consistente -2.82 por ciento de los votos en 1979-, que le permitió colocar doce diputados en la La Legislatura. Pese a defender demandas económicas y sociales progresistas, el PPS se adhiere cotidianamente al autoritarismo del sistema, realizando una apología feroz del estatismo en la exaltación simultánea del propio Estado mexicano y de los países del socialismo real.

Caso especial sería el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), que pese a no provenir del tronco histórico lombardiano, repite el discurso de esta corriente, modernizándolo y adecuándolo a condiciones nuevas. Su característica más notable es su forma de hacer política, una imitación caricaturesca, en la sombra, de los métodos priístas de afiliación compulsiva y absorción de organizaciones sociales. Pese a las marchas multitudinarias de apoyo a López Portillo y las estruendosas declaraciones de sus dirigentes, el PST parece tener contados sus días, fracasado su papel de repetir el apoyo activo que brindó al gobierno el lombardismo del pasado. Aun así, el PST tiene una influencia a menudo firme sobre grupos de colonos y campesinos y un 2.26 por ciento de los votos en 1979.

La generación de un movimiento de masas opuesto a la política gubernamental, el ascenso de la lucha por la democracia en el país y la aparición y fortalecimiento de fuerzas de izquierda revolucionaria portadoras de alternativas claras en contra del PRI-gobierno parece irá minando poco a poco a la izquierda colaboracionista, virtualmente puesta contra la pared por las condiciones del México de hoy.

NACIONALISMO REVOLUCIONARIO

La veta del nacionalismo revolucionario no sólo produjo la ideología burguesa que sustenta el Estado y el partido oficial o al lombardismo que al combinarse con el estalinismo produjo al PPS. Durante los últimos años apareció un nacionalismo-revolucionario renovado, de izquierda, por llamarlo de alguna manera, que reivindicaba el carácter vivo de la revolución mexicana y su tradición entre los trabajadores, acusando al PRI y al gobierno de ser sus liquidadores. Por otra parte se mostraba receloso de la izquierda marxista y sus preocupaciones doctrinarias. Esta corriente produjo al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) como las corrientes político-sindicales y hasta guerrilleristas de Rico Galán en los sesentas, y después la que se agrupó en torno a Rafael Galván, las cuales devinieron tras muchas transformaciones en el Movimiento de Acción Popular (MAP), ahora disuelto en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM).

En lo que respecta al PMT, dirigido por Heberto Castillo y Demetrio Vallejo, se trata de un extraño engendro de la izquierda mexicana, cuyo nacionalismo revolucionario no evolucionó hacia posiciones socialistas, estancándose en el apoliticismo y el populismo. Organización de izquierda revolucionaria en la medida en que se opone incisivamente a la clase dominante, su actuación no va más allá de la crítica permanente de ésta, privándose de hacer política frente a los trabajadores, la sociedad y el Estado. El planteo nacionalista radical del PMT no ha comprendido la necesidad de un programa obrero democrático y socialista para una nación como la nuestra. Quizá por lo anterior fue su salida del proceso de fusión que hizo nacer al PSUM. Su respetable posición entre la oposición revolucionaria ha ido perdiendo peso convirtiéndose el PMT en una organización confusa, sin política nacional.

Otro grupo que se reivindica del nacionalismo revolucionario es el extraño Partido Social demócrata (PSD), de orígenes muy oscuros. El PSD propone una “socialdemocratización de la Constitución”, llamando a sacar al PRI del Palacio Nacional. Dotado de registro condicionado para participar en las elecciones federales de este año, el PSD ha sostenido hasta la fecha, de manera general. una oposición tímida al gobierno. La apuesta del PSD, por otra parte, está dirigida a sectores democráticos sin interés en relacionarse con los partidos marxistas. No parece que llegará a tener mucho éxito, si se toman en cuenta las propias veleidades “socialdemócratas” del partido oficial y la carencia absoluta de base social que tiene ese partido.

TODO CABE EN UN PARTIDO SABIÉNDOLO FUSIONAR

Cuando en noviembre del año pasado cinco organizaciones de izquierda se fusionaron haciendo nacer al PSUM, se abría paso el proyecto político y organizativo más ambicioso que comunistas y socialistas hayan emprendido en la historia de México.

A pesar de que no cuenta con una base obrera y popular mucho mayor a la de otros partidos, por su complejidad y ambiciones, el PSUM es la primera fuerza política entre la izquierda, y según algunos observadores, el primer interlocutor opositor frente al Estado.

Componen la nueva organización, en primer término, los comunistas. El Partido Comunista Mexicano (1919-81) realizó en los últimos veinte años de su vida un proceso de transformaciones que lo llevaron hasta renunciar a su existencia física en aras de reconstruir la minada unidad del movimiento comunista y socialista en el país. Las transformaciones que convirtieron al PCM, en un lapso muy corto, en la tercera fuerza electoral del país -18 diputados en la La Legislatura de Coalición de Izquierda, 5.10 por ciento de los votos- tuvieron que ver con varios aspectos: en la teoría política, la ruptura con el lombardismo y su visión gradualista, progresivos acercamientos a una visión más objetiva del carácter del Estado y el grado de desarrollo del capitalismo en México; con ello la idea de una nueva revolución, finalmente caracterizada como socialista; en la táctica política concreta, la lucha desarrollada exitosamente por la libertad política, que lo llevó a conquistar sus derechos electorales, y por la unidad de izquierda, que dio origen al PSUM; en el terreno de la estrategia, se planteó la relación indisoluble entre la lucha por la democracia política en el capitalismo con la democracia como poder obrero en el socialismo; panorama completado con una renovación importante del pensamiento marxista en su interior, la plena independencia de los centros de poder del movimiento comunista internacional y de modo muy importante, por la democracia interna, cuyo desarrollo -sobre todo en los últimos tres años de su existencia- hizo nacer una ilimitada libertad de expresión pública y privada, aunque no la total colectivización del poder en el interior del partido, así como el asumir la existencia de corrientes de opinión, a veces antagónicas, en su interior, como cuestión inalienable y constitutiva del partido.

Si bien no hay PSUM posible sin la prexistencia del PCM es un error considerar la nueva organización unitaria como una prolongación de éste. Se suma al proyecto, el ex MAP, que entendiendo el carácter del Estado mexicano en los términos de su rescate por el movimiento popular, no tuvo problemas en adaptarse a la perspectiva de revolución socialista planteada por los fusionantes de tradición comunista al constituirse el partido. Aporte nada despreciable hicieron al nuevo partido las corrientes que conviene llamar poslombardistas, las agrupaciones que en diversos momentos se alejaron del PPS. desarrollando desde entonces un vertiginoso y contradictorio proceso de acercamiento hacia las posiciones del entonces PCM. lo que se tradujo en un abandono virtual de las conceptualizaciones tácticas y político -concretas del lombardismo, a favor de una estrategia basada en la unidad de la izquierda y la lucha por un gobierno alternativo. Estos grupos, el Movimiento de Acción y Unidad Socialista, el Partido Socialista Revolucionario- y sobre todo el Partido del Pueblo Mexicano -escisión del viejo partido lombardista en 1975-, disolviéndose en el PSUM han roto las amarras que los unían a su pasado, firmando un programa claramente orientado hacia la revolución socialista. Conservan, en cambio, toda una serie de concepciones doctrinarias y políticas de corte claramente estalinista.

El mayor riesgo al que se enfrenta el PSUM es una evolución negativa de su principal atributo, la diversidad, pues tiene la oportunidad de convertirse efectivamente en un partido socialista de nuevo tipo o en un estruendoso fracaso. Sus amplios recursos políticos e ideológicos, una importante influencia en el movimiento obrero independiente, el tener a la abrumadora mayoría de la intelectualidad revolucionaria del país en sus filas, un acceso privilegiado a la opinión pública, fuerza entre campesinos, colonos y sobre todo capas medias, así como una corriente electoral nacionalmente superior a la del resto de la izquierda, parecen colocar al PSUM en la perspectiva de concretar, por primera vez, la existencia de una fuerza política de alternativa revolucionaria. Como le sucede al resto de la izquierda, el PSUM enfrenta el cómo resolver la trágica ecuación que plantea la dominación política, ideológica y física del Estado sobre la clase obrera industrial, sujeto de la revolución socialista que el PSUM plantea en su programa.

Aunque algunos creen ver en ello un signo de restauración estaliniana, el PSUM es en parte, la recomposición del partido comunista disgregado en los cuarentas y los cincuentas: los Campa, los Velasco, los Sánchez Cárdenas, al final de su vida se vuelven a encontrar en un mismo partido, como el que los vio nacer a la lucha política. Esto no es, de ninguna manera, un expediente romántico, sino la constatación de que recorrido el arco histórico de medio siglo, la izquierda mexicana vuelve a ocupar un mismo espacio político y orgánico, asumiendo en él toda su diversidad y toda su dispersión. Pero el PSUM es ante todo una historia nueva, una organización nacida para las condiciones del México de los ochentas. Que la secretaría general la ocupe Pablo Gómez, un militante de treinta y cinco años, de la generación política del 68, es un precedente de acuerdo a los tiempos y las exigencias.

EN LA ÓRBITA SOCIALISTA

Como pasa con los partidos revolucionarios importantes en sus países, el PSUM tiene a su alrededor algunos grupos que definen su política en relación a la actuación del partido unificado y que probablemente acaben confluyendo en sus filas.

Uno de ellos es la Unidad Izquierda Comunista (UIC) originada en una Asamblea Nacional Permanente que se escindió del PMC en 1973 con motivo de exigir una reconsideración de la política ante el Estado, frente al fenómeno Echeverría que atrajo a considerables grupos en toda la izquierda. Dirigida por un viejo líder comunista, Manuel Terrazas, la UIC se acercó primero al PST con quien rompió pronto para terminar aliándose con el PSUM en las elecciones de este año. Es un grupo pequeño con influencias en colonias populares.También está la Corriente Socialista,formada en la confluencia del grupo de Grandes cortés -que salió con Terrazas del PC en 1973, destacamentos del movimiento estudiantil y excombatientes guerrilleros. Viniendo de posiciones muy radicales, la CS inició un proceso de acercamiento al PCM, no sin antes caracterizarlo como “eurocomunista”. Dicho acercamiento le valió ver naufragar su proyecto de convertirse en partido político, cuando en 1980 se escindió formándose la Unión de Lucha Revolucionaria (ULR), aliada de los trotskistas del PRT en las elecciones de 1982. Un tercer grupo cercano al PSUM sería el llamado Movimiento Comunista Libertario, compuesto por disidentes del PCM que consideraron la fusión como la restauración estalinista del partido, eligiendo el camino del suicidio político y el regreso al cubículo universitario, cuando un partido como el PSUM garantizaba su expresión interna.

LOS PUPILOS DE LEÓN

La más importante de las corrientes situadas a la izquierda del PSUM y que consideran a éste como “reformista”, es la trotskista, que tras largos años de atomización ha logrado constituir por primera vez un partido serio, organizado, con tendencia a permanecer y hacer política. El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) ha conquistado un lugar entre la izquierda, superando el grupusculismo estudiantil que le dio origen, ligándose con relativo éxito a sectores universitarios, sindicales e incluso campesinos.

La tesis políticas del PRT, sin embargo, no contemplan más allá de lo que llaman “demandas de transición” para construir un gobierno obrero y campesino en los marcos de la dictadura del proletariado. Con su ascenso previsible a la arena parlamentaria, el PRT tendrá que plantearse si la actitud únicamente contestataria y oposicionista que mantiene servirá para trazarse un camino en la lucha democrática y socialista. 

Pese a ser el más importante, el PRT no es el único agrupamiento trotskista en México. Producto de una escisión mundial de la IV Internacional a la que pertenecen, en 1979 nació el Partido Obrero Socialista (POS), de tendencia morenista que siendo un grupo reducido arrastró consigo a importantes contingentes populares que tenía el PRT. Otro grupo más pequeño es la Liga Obrera Marxista (LOM) -adherida a la tendencia internacional de Pierre Lambert-, que tiene alguna fuerza entre ejidatarios de Veracruz. El comportamiento electoral del PRT -que lanzó a Rosario Ibarra de Piedra a la Presidencia-, del POS -que apoyó al PSUM- y de la LOM -que llamó a votar candidato obrero- revela la incapacidad recurrente de las organizaciones que se reivindican del trotskismo para llegar a acuerdos mínimos entre sí.

GRUPÚSCULOS CON MASAS

La vieja izquierda radical, nacida en los sesenta con los grupos espartaquistas, alimentada en los movimientos estudiantiles que concluyen visiblemente en 1971 cuando el epicentro de la lucha de masas se traslada a la insurgencia sindical, ha desaparecido casi por completo y sus últimas manifestaciones viven en un estado de aguda descomposición, producida por varios factores, entre ellos, la derrota del movimiento guerrillero, la profunda desestalinización y renovación del PCM, la ascensión de uno de sus actores, el trotskismo, a formas políticas partidarias y, sobre todo, por el ascenso de la lucha por la democracia, eje visible de la estrategia de la izquierda en los últimos años y previsiblemente en los venideros.

Un fenómeno relativamente nuevo, y de consecuencias que la izquierda partidaria se niega a ver, es la aparición de amplios y poderosos movimientos de masas apartidistas y hasta antipartidistas. Aprovechando formas de organización naturales y combates sindicales precisos, estos movimientos políticos van cubriendo un espacio de lucha importante y a veces infranqueable para los partidos, que son repetidamente rechazados o marginados como elementos ajenos.

Estos movimientos tienen sus antecedentes en los frentes populares de los años setenta y han adquirido formas novedosas, como sucede en el movimiento magisterial, donde buena parte está dirigida por grupos políticos difusos que preconizan el apartidismo; como pasa también en sindicatos nacionales importantes y en el movimiento campesino que se nuclea en torno a la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA). La experiencia de la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Itsmo (COCEI) es importante en la medida que este movimiento de indudable presencia regional, proviene de esa tradición. Pero se despojó de ella cuando se alió al PCM para conquistar el municipio de Juchitán, en la fracción territorial más importante que ha ganado la izquierda en los últimos años. En el momento de convertirse en gobierno en una zona donde tiene un gran arraigo popular, la COCEI abrió el camino para separarse del apartidismo. Pero el caso es difícilmente generalizable y por ello esta década revelará el carácter que cubre la relación entre los partidos y estos movimientos.

Los grupos que los dirigen tienen diferencias ante la perspectiva de constituirse o no en protopartidos. La tendencia Línea de Masas que ha crecido en el movimiento magisterial, al amparo de la Unidad Obrera Independiente, ha creado tanto a la reciente Organización de Izquierda Revolucionaria Línea de Masas (OIR-LM) como a grupos que por el momento no se interesan en el partido político.

A su vez, la izquierda grupuscular de origen universitario, en plena decadencia, llega a contactarse o ponerse a la cabeza de estos movimientos de filo indudablemente opositor y democrático, aun cuando promuevan el apoliticismo y el antipartidismo. El maoísmo, por ejemplo, ha revelado en México una incapacidad para adquirir consistencia orgánica. Hace pocos años se formó el Movimiento Comunista Revolucionario (MCR), grupo ortodoxo que desapareció poco después. Otra rama del Frente Popular Independiente de los setenta, constituyó hace poco un frente llamado Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) que apoya a Rosario Ibarra de Piedra y que incluye en sus filas a la Unión por la Organización Mexicana de Estudiantes (UPOME), a la Unión de Colonias Populares y a un grupo de dirigentes cercanos al maoísmo o sus formas posteriores.

Otros grupos de esta izquierda, por lo general opuesta más vehementemente a los partidos políticos que al Estado, serían la Organización Comunista Proletaria (OCP) con influencia en nucleares; y la Coordinadora Nacional Línea de Masas. Por último, en el ultraizquierdismo más cerril, la Federación Nacional de Organizaciones Bolcheviques (FNOB), que ha combatido al sindicalismo universitario rompiendo huelgas; su enemigo en la disputa del presupuesto de las preparatorias populares, el Movimiento Estudiantil Revolucionario Popular (MERP), y el Frente Nacional Democrático Popular (FNDP). dirigido por el ex rector oaxaqueño Felipe Martínez Soriano.