Virginia Martínez besa las manos de su marido, luego las muestra.

—No parecen de un boxeador, ¿cierto?

—En absoluto. Si estuviera viendo sólo las manos diría que son de oficinista.

—Son delicadas. Se lo digo yo, que llevo años tocándolas.

—Y pequeñas.

Virginia pone su mano extendida encima de la mano también abierta de su marido. Las empareja, las compara, las mide.

—¿Sí ve? Son casi del mismo tamaño. Conozco secretarias de manos más grandes.

Lupe Pintor sonríe, dice que nunca le gustaron sus manos.

—Las tenía regordetas hasta cuando era flaco. Mire este dedo tan feo.

Muestra el meñique torcido de la mano izquierda. Entonces dice que en sus tiempos de boxeador era propenso a las lesiones. Si no se partió trece dedos —exagera— fue porque Diosito sólo le dio diez. En este punto extiende las manos abiertas a la altura del rostro. No hubo un solo dedo que no se fracturara, dice.

Pintor empieza a razonar sobre su oficio. El puño quiebra lo que golpea y también se quiebra contra lo que es golpeado. Él solía terminar sus combates con las manos inflamadas. Debía sumergirlas en cubos de hielo o acudir a donde un fisioterapeuta. En varias ocasiones fue sometido a cirugías ortopédicas para reparar algún cartílago roto. De ahí las cicatrices que enseñó hace un momento. […]

Virginia vuelve a agarrarle las manos. Las muestra otra vez.

—Mire bien y ponga cuidado: esta parte de acá —se refiere a los nudillos— sólo tuvo trabajo cuando Lupe fue boxeador.

—Era mi chamba, Vir.

—Cierra bien los puños, mi amor.

Virginia roza con su mano abierta los nudillos de su marido.

—Ustedes, los fanáticos del box, sólo han visto a Lupe usando esta parte de las manos.

—Yo cada tanto vuelvo a verlo en YouTube.

—Lo que usted ve es esta parte.

—Así es.

—Fuera del ring, estos nudillos no le han pegado a nadie.

—Sí, mi amor, cuando era niño le partí la madre a muchos en las calles.

—Todos los niños pelean.

La mujer enseña ahora las palmas de las manos de su marido.

—En cambio esta parte es pura suavidad. Si quiere, tóquelas. Esta parte nunca se ve por televisión y es la parte que me tocó a mí.

—Muy suaves.

—Lupe atendía a los boxeadores con esta parte, y a las demás personas, con ésta.

—Entiendo lo que quiere decirme.

—Él le pegó a Johnny Owen porque estaban en un ring. Si hubieran estado en un bar le hubiera puesto esta parte de la mano sobre el hombro.

—Seguro que ahora seríamos cuates, mi amor. Tú sabes que soy amigo de varios que pelearon conmigo.

 

Fuente: Entrevista de Alfredo Salcedo Ramos con el boxeador mexicano Lupe Pintor. En: A puño limpio. La gran historia del boxeo. Round 1, El salario del miedo/Almadía/Proceso, México, 2018. [El boxeador galés Johnny Owen cayó en coma luego de pelear contra Lupe Pintor en Los Ángeles el 19 de septiembre de 1980 y murió semanas después, el 4 de noviembre.]