Reina de las tintas. Se hace con zumo del fruto de los “yezgos”, dejado fermentar y evaporado después hasta la sequedad. El producto se vuelve a disolver en agua, obteniéndose un líquido excelente para escribir y es el que ha recibido en estos últimos tiempos la llamativa calificación de “reina de las tintas”.

Tinta de oro. Mézclense en un mortero panes de oro con miel fina; dilúyase la mezcla en agua y decántese. Cuando el polvo se haya precipitado, se lava con mucha agua y se seca después. Para usarlo, se diluye en agua con goma y se emplea con pluma o pincel. Conviene pulir las letras con un bruñidor.

Tinta para escribir en cristal. Betún de Judea, veinte partes; barniz copal, diez; bencina mezclada con polvos negros, cien. Se agita la solución antes de emplearla.

Tinta comunicativa. (Para copiar sin prensa y sin mojar el papel.) Esta tinta es en extremo conveniente para viajeros y para cualquier persona que no cuente con una prensa de copiar. Tómese y mézclese: anilina del color que se quiera, 30 gramos; agua, dos litros; glicerina, un litro y alumbre, 15 gramos. Estas cantidades pueden reducirse en proporción a la tinta que se desee obtener. Para obtener una copia de un escrito que se haya hecho con esta tinta, basta colocar el papel entre las hojas del copiador de cartas, cerrar éste y esperar algunos instantes, presionando algo el libro. La copia se efectúa sin que sea necesario emplear gran fuerza: basta que la foja que deba recibir la copia se halle perfectamente en contacto con lo escrito.

 

Fuente: Diccionario del Hogar (editor: Irineo Paz), Imprenta, Litografía y Encuadernación de I. Paz. Segunda calle del Relox número 4, México, 1901.