Comúnmente nos referimos a la alteración de las percepciones sensoriales como una “alucinación”, y de ahí que la droga que ocasionaba tal cambio se conociera como un “alucinógeno”. Sin embargo el verbo “alucinar” impone de inmediato un juicio de valor sobre la naturaleza de las percepciones alteradas, pues significa “ofuscar, seducir o engañar, haciendo que se tome una cosa por otra”. Procede del latín (h) al (l) ucinari, “divagar mentalmente o hablar sin sentido”, y en esa lengua es sinónimo de verbos que significan estar loco o delirar. Además, parece, fue tomado del griego, donde forma parte de una familia de palabras que implican movimiento incesante y agitación perpleja, como la causada por el duelo y la desesperación. ¿Cómo puede un término semejante permitirnos comentar con imparcialidad esos trascendentes y beatíficos estados de comunicación con las deidades que, según lo han creído muchos pueblos, la gente o los chamanes pueden alcanzar mediante la ingestión de lo que solemos llamar “alucinógenos”?

Queremos sugerir un vocablo nuevo, que podría resultar apropiado para referirse a las drogas cuya ingestión altera la mente y provoca estados de posesión extática y chamánica. En griego, entheos significa literalmente “dios (theos) adentro” y es una palabra que se utilizaba para describir el estado en que uno se encuentra cuando está inspirado y poseído por el dios, que ha entrado en su cuerpo. Se aplicaba a los trances proféticos, la pasión erótica y la creación artística. En combinación con la raíz gen-, que denota la acción de “devenir”, esta palabra compone el término que proponemos: enteógeno. Es fácil de pronunciar. Podemos hablar de enteógenos o, como adjetivo, de plantas o de sustancias enteogénicas. En un sentido estricto, sólo aquellas drogas que producen visiones y de las cuales pueda mostrarse que han figurado en ritos religiosos o chamánicos serían llamadas enteógenos; pero en un sentido más amplio el término podría aplicarse también a otras drogas, lo mismo naturales que artificiales, que inducen alteraciones de la conciencia.

 

Fuente: R. Gordon Wasson, Albert Hofmann, Carl A. P. Ruck, El camino a Eleusis (traducción de Felipe Garrido), FCE, México, 1980; primera reimpresión, 2018.