No son pocos los nombres de los caricaturistas virtuosos que saltan en la historia de este género como testigos y protagonistas del siglo XX, y uno de ellos fue Ernesto “El Chango” García Cabral. Nace en Huatusco, Veracruz en 1890 y el 8 de agosto de 1968 se pintó a otro mundo.

Sobre su apodo, “El Chango”, el escritor Juan José Arreola señaló: “La chispa veracruzana, jarocha, consiste en que Cabral mismo se ve cara de Chango y se dice: ‘no quiero hacer el papel del hombre, porque tengo esa voluntad grotesca de índole muy personal: si desde niño me ven cara de chango y me apodan El Chango, y el chango es, en cierto modo, una caricatura de hombre o, quizá, un mejor proyecto de hombre, entonces elijo al chango, que, a veces, nos ilustra más sobre nosotros que nosotros mismos’”.1

Cortesía: Taller Ernesto García Cabral

Este celebre chango se destacó como uno de los grandes artistas plásticos mexicanos de esa época. Captó con una singularidad los instantes más relevantes del tiempo que le tocó vivir, y los interpretó con unos trazos condimentados con humor y con ironía. En efecto, ridiculizó las debilidades, las torpezas o las fallas humanas con una pincelada de gracia, de humor, y a sabiendas de que todos los vicios que develó eran corregibles. Lo jocoso siempre fue un ingrediente importante en su caricatura como lo fueron las líneas, las sombras, los claroscuros, el texto y la mirada aguda.

A pesar de que se presenta el humor gráfico como jactancioso y absurdo, toca con el lápiz nuestra realidad, plantea insospechadas razones y nos ofrece puntos de vista diferentes, y con frecuencia nos proporciona un discurso inteligente y novedoso. No obstante, el campo de lo jocoso no está muy estudiado, y muy poco se reflexiona sobre el asunto. Tal vez, se piensa que un tema opuesto a lo serio no puede ser estudiado con sensatez porque está relacionado con lo trivial, superficial o menor. Sin embargo, nadie puede negar la importancia de su presencia en nuestras vidas porque el humor lo disfrutamos durante unos minutos, sonreímos cómplices y volvemos a lo nuestro. Aunque, normalmente lo buscamos y aplaudimos encantados. ¿Mande al diablo el estrés? ¿Se siente deprimido? ¿Lo abandonó su mujer? Recuerden que para ser felices todos debemos de reír mínimo media hora diaria, la receta ideal es el humor, y comenzar a carcajearnos, aunque parezcamos dementes. No es publicidad, pero las caricaturas de García Cabral son un buen remedio contra la tristeza o la amargura, un buen antídoto para quienes desean prolongar su vida transpirando alegría y jocosidad.

En la presentación de su semanario Fantoche, publicado el 4 de enero de 1929, El Chango García Cabral señaló: “En este país donde toda la gente lleva el sistema nervioso como guitarra desafinada, es urgente dar la nota de buen humor, sin meterse en honduras políticas ni herir personalidades. Si por desgracia algún sujeto se siente lastimado por alguna de nuestras bromas inofensivas, puede ocurrir al puesto más cercano de la Cruz Roja, donde le darán servicio gratuito”.

El mexicano se caracteriza por su gran sentido del humor, y tiene la costumbre de reír hasta de sus propias tragedias, y qué bueno que exista un antídoto contra los malos momentos. Al abordarse nuestra desgracia con un sentido irónico se asume un punto de vista, y el humor se convierte en un arma para las personas que cuentan con ingenio como es el caso de García Cabral.

En la obra gráfica de García Cabral se destaca la ironía y el humor como ingrediente básicos en la creación de sus caricaturas. Para este dibujante la vida capitalina fue su materia prima; se imponía la visión serena y la descripción irónica. En este sentido, el estudioso Manuel Durán señala “Los bacilos de la ironía son como los de las tuberculosis: enquistados, esperan indefinidamente a que surja una ocasión más propicia”.2

La riqueza gráfica de El Chango es como un gran roble, cuyas raíces se nutrieron del estilo estético de París, así como de las técnicas, formas y temas mexicanos. Este excelente dibujante con sus interpretaciones contribuyó en la configuración del universo cultural del país. Por cierto, su legado fue reconocido dentro del Programa Memoria del Mundo de México de UNESCO en 2012.

Esta obra está integrada por portadas, cartones, dibujos, retratos y pinturas, y abarcan seis décadas de la vida política, social y cultural de nuestro país. Hoy miles de estas imágenes gráficas forman parte de la memoria visual de México. Al respecto, Baudelaire señaló: “Sin duda alguna, una historia general de la caricatura en sus relaciones con todos los hechos políticos y religiosos, graves a frívolos, relativos al espíritu nacional o a la moda, y que han agitado a la humanidad, resultaría una obra gloriosa e importante”.3

Recordar a este artista gráfico de puntería afinada, es justa, y habrá de enriquecer la información para conocerlo con puntualidad, pues constituye una pieza importante en la memoria nacional. En el marco del homenaje de su cincuentenario de su partida, en las páginas de este trabajo se pretende rescatar y difundir una pequeña parte de su obra. Hoy, la caricatura costumbrista va ser el pretexto para sonreír y la ocasión para reflexionar.

Para ello, presentaremos algunos dibujos de su producción gráfica de ciertos diarios y revistas, particularmente de Excélsior, Novedades, Jueves de Excélsior, Fantoche y Gacetilla Bayer. Las caricaturas seleccionadas son un referente de picardía, jocosidad, ironía y buen humor, característica de Don Ernesto, como un gran observador de la vida cotidiana de la época que le tocó ser testigo y protagonista. Además, sus trazos están condimentados con frases cargadas de un humor fino o negro, pero certeros y precisos.

La destreza de El Chango García Cabral para dibujar fue advertida por el presidente municipal de su poblado, quien le consiguió, con el entonces gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa, un ingreso de 25 pesos al mes para estudiar. Fue alumno de la acreditada Academia de San Carlos.

Para conocer a este gran dibujante, es imperioso seguir sus pasos en las miles de páginas donde quedaron sus testimonios que conforman su obra. Dibujó en el periódico satírico La Tarántula (1909) con Fortunato Herrerías, dibujó en Frivolidades de Alberto Montouri, en El Alacrán de  Federico García, en la Risa (1910) de José F. Elizondo, en El Tiempo, Arlequín, Zigzag, y más tarde, en el semanario Multicolor (1911-1914), dirigido y editado por el español, Mario Vitoria, en donde sus afilados lápices, con una  sátira  fina y una crítica fuerte, se convirtieron en armas demoledoras contra la imagen del entonces presidente, Francisco I. Madero. En esta publicación se reveló su talento como caricaturista, y al coahuilense lo ridiculizaba por su estatura, por su fragilidad física y por su carácter.

En este semanario publicó tres ‘dibujos proféticos’ emanados de su pluma: el primero, fue la caricatura “Abrigo de moda” (2 noviembre de 1911), en donde muestra a Madero pequeño portando un abrigo, que simbolizaba la República, que le quedaba grande; el segundo, “El Relojero Improvisado” (1 junio de 1910) en dos viñetas en donde Madero está desarmando un reloj, que representaba la nación, y ya no lo pudo armar sobrándole piezas; por último, el dibujo titulado “Te han hecho más grande que a mí” (11 enero de 1912), aparece Madero hablándole a un perro gigantesco. Este dibujo fue demoledor, el cual fue su pasaporte para estudiar en Paris, lo que le permitió conocer las técnicas y tendencias de la vanguardia estética de Europa.

En la tierra de la marsellesa colaboró en la publicaciones la Vie Parisien, Le Rire, y La Bayonnette. Con el asesinato de Francisco I. Madero se le acabó el financiamiento y se trasladó a Argentina para publicar en las revistas Proteo, La Pluma y Caras y caretas. Además, ilustró dos publicaciones chilenas: Los Diez y Revista popular.

Regresó a México en 1918 para elaborar las portadas de Revista de Revistas y caricaturas en Excélsior y Jueves de Excélsior. En estas publicaciones fue la figura principal; las portadas que realizó en la última publicación de 1918 a 1936 conforman su obra mayor por su calidad. Además, dibujó para La Nación, Fantoche, Gacetilla Bayer, Novedades, Ferronales, entre otras.

Los caricaturistas del siglo XIX dibujaron las ceremonias y los festejos populares, revelando los lazos culturales de la población. El dibujante García Cabral continuó con esta tradición, y en su obra encontramos bodas, bautizos, posadas, celebraciones del Día de Muertos, entre otros. Además, en varios dibujos abordó el tema de la bebida, y sus protagonistas en bares, cantinas, tabernas y pulquerías.

La primera década del siglo XX se identificó por una actividad política y militar que devino en conflicto armado. La vida cotidiana revelaba varios acontecimientos que nos aproximan a conocer los aspectos de la vida material, las maneras de convivencia, los prejuicios en las relaciones sociales y las formas de vivir la sociabilidad. Por ello, sus testimonios de esa época nos ofrecen una radiografía de las condiciones de vida de la población.

El país experimentaba los avances de la modernidad, lo que trajo como consecuencia el cambio de las actitudes, las costumbres y el comportamiento de la ciudadanía de la Ciudad de México. La configuración de la mirada de El Chango fue explorando y recreando determinados aspectos de la vida cotidiana de la capital. La crónica gráfica de las costumbres de esa época implicó resaltar los rasgos particulares de los aspectos sociales y económicos del país en transformación. Su humor gráfico representó un retrato de los vicios y defectos que caracterizaban a la sociedad de ese tiempo, con dibujos detallados y acompañados de un texto muy condimentado con humor buscó llegar al lector.

El progreso trajo sus costos como la imprudencia de los conductores y los incidentes de tránsito. A esto se suma el tema del ambulantaje: vendedores de dulces, de loza, de nieve, aguas de horchata, buñuelos y rebozos. Asimismo, las caricaturas de García Cabral describen el universo de la delincuencia y la marginalidad, fenómenos de esa modernidad.

La sociedad mexicana experimentó innovaciones tecnológicas y las costumbres sociales cambiaron, aspectos que García Cabral destacó en sus dibujos. Los problemas urbanos fueron tratados con agudeza como es el caso de la carestía de los artículos de primera necesidad, el hacinamiento de las vecindades, y otros temas. Construir la historia de la vida cotidiana implicó para el dibujante detallar los rasgos particulares de esa sociedad en permanente transformación, y siempre creadora de nuevos símbolos y significados.

En sus dibujos expresó la pobreza que pululaba en la vida cotidiana, además ilustró diferentes espacios o escenarios como el cine, circo, teatro y la plaza de toros, que fueron sitios de esparcimiento para la gente. Además, dibujó el barrio con sus personajes populares correspondientes. En sus caricaturas expresó la conexión de esos lugares con sus personajes, además configuró la sociedad de ese tiempo con un lenguaje que fue para todos, no fue para un solo sector de la sociedad, de ahí el poder del universo de sus imágenes.

Cabral fue un buen observador de la conducta diaria o habitual de las personas, resaltó los aspectos y ámbitos esenciales. Percibió cómo era la vida social, para interpretarla y para tratar de determinar sus significados. Con sus trazos capturó de manera humorística los sucesos de esa época, y pocos personajes escapaban de su perspicacia, precisión y finura de sus líneas, siempre combinado con una buena dosis de humor en su trazo.

De la destreza de su lápiz, su mirada avispada y demoledora, brotaron cartones condimentados con ironía y sarcasmo, contribuyendo a entender parte de esa temporalidad. Así pues, los protagonistas aparecieron de carne y hueso a través de las líneas sin venias de Cabral.

Para que los personajes fueran vistos bajo la lupa del humor, Cabral necesitó los siguientes ingredientes: una hoja, lápiz, carboncillo, y por supuesto los sucesos del día. La magia radicó en la combinación de un buen trazo y un buen texto. Esa realidad llena de situaciones absurdas y contradictorias fue ideal para este humorista gráfico, que trasladó al papel y al carboncillo como dibujo humorístico acompañado de unas palabras para llamar la atención y establecer comunicación con el lector.

Al abordar la nota del día, con su humor gráfico facilitó a los lectores entender mejor la vida social. La pincelada humorística de El Chango fue posible mediante un detalle simple como lo es el peinado, los ojos, y el rostro. Su pericia para hilvanar sus trazos y su capacidad visual de captar los rasgos más prominentes del personaje en cuestión le permitió crear una caricatura y expresar una opinión.

Para Cabral la caricatura “es una cosa siempre nueva, es una línea por hacer”. Agrega, “los humanos somos una fauna tan variada de caras y narices, hacer la caricatura es volver a crear una línea única perdida entre los millones de líneas que pueden adoptar las formas de las caras… el caricaturista tiene que echar mano del plano gracioso, irónico… que provoque la sonrisa o aun la carcajada”.4 En efecto, la gracia de la caricatura consiste en percibir ese movimiento no visible, y hacerlo evidente, grotesco. No obstante, hay caricaturas que son más fieles a los retratos, que la exageración se nota poco.

Sus trazos abarcan diversas líneas temáticas: desigualdad social, corrupción, impunidad, descomposición moral, marginación, desempleo, pobreza, inseguridad pública, entre otros. Además, en su vasta obra sobresalen variedad de personajes: políticos, actores, músicos, deportistas, toreros, boxeadores, campesinos, braceros, bailarines, charros, peladitos, borrachitos, viejos, delincuentes, etcétera. Asimismo, capturó la particularidad de la mujer de su época con líneas finas: la ensoñación del rostro, unos ojos sensitivos, un gesto afable, el brillo del vestido que sobresalía en el contorno anatómico con una postura desafiante y una sensualidad melancólica. La imagen femenina se impone en la obra de García Cabral.

El Chango García Cabral lanzaba su mirada sobre el personaje, su mano hábil dependía de su pupila, entre la punta fina de su lápiz fijaba un punto invisible para los espectadores, ese punto son ellos mismos: su cuerpo, su rostro, su nariz, sus ojos. Es decir, su lápiz en mano se deslizaba sobre el papel con naturalidad para captar lo íntimo del dibujo.

Su pincel se ejercitaba con rapidez para descubrir el perfil ridículo del personaje, condimentado con una pizca de humor, es decir, lo asociaba con un lenguaje que mantiene un equilibrio con la imagen gráfica. Esta asociación entre el humor y las ideas inmersas en sus dibujos van a influir indudablemente en el lector. Además de cumplir con la calidad plástica en su trazo, pinta el perfil sicológico de sus personajes, y la visión sociológica de la vida cotidiana. Miles de páginas de varios periódicos y revistas están ilustradas con su pincelada alegre, su mano sagaz, su mirada certera y su pericia para armonizar la sociedad entre el dibujo y el texto.

Un recurso expresivo para ridiculizar a sus personajes fue la elaboración de imágenes burlescas, utilizando trazos o detalles grotescos, y se acompañó de características como cierto tipo de vestimenta y figuras obesas. Además, de mostrar las conductas cínicas, la ignorancia y torpeza, el ingenio de El Chango fue establecer un mecanismo de complicidad, es decir hacer que el lector aceptara como portavoz suyo a estos personajes.

García Cabral en sus trazos pasó a hacer converger gráficamente palabras e imagen, es decir, sus dibujos acompañados de un texto satírico que lo convirtió en chiste. Reflexiones divertidas ofreció y desarrolló nuevas formas para mostrar su fuerza gráfica o habilidad expresiva con la presencia de soportes de texto. En efecto, Cabral supo ligar su caricatura con la complicidad de un texto, vínculo que sigue presente, y todavía es común que la obra de humor gráfico este respaldado por un texto que es el transmisor de la propuesta reflexiva mientras el dibujo le sirve de marco y referencia. El humor gráfico con su dulce o feroz reflexión sobre el entorno social, cumple una función importante para la cultura colectiva.

El Chango tenía una facilidad para el ejercicio de la crítica social por medio de su lápiz con un humor filoso. Apuntaba su pincel contra los protagonistas, señalando con su sátira y su humor los errores, vicios y malas costumbres; y haciendo máscaras personales reflejando en unos cuantos trazos los aspectos físicos y morales que caracterizan a su víctima. Varios temas fueron una constante en sus caricaturas, registrando la vida cotidiana, es decir, la conducta diaria o habitual de la población.

Finalmente, la obra prolífica de El Chango García Cabral es un espejo en que se puede ver la historia de nuestro país, y las figuras pintadas con humor por este artistas del lápiz. Fue un maestro de la caricatura, en el dibujo a lápiz y a pluma, en todas las manifestaciones de su arte. En las páginas de la prensa mexicana desfilaron una buena cantidad de caricaturas que ilustraron los sucesos de seis décadas. Este humorista gráfico no se limitó solo a delinear la vida política, sino que también ilustró buena parte de la vida social, capturando la intimidad de cada uno de sus personajes. A pesar de que ya pasó más de medio siglo la esencia de su caricatura costumbrista está vigente, si uno es observador el país presenta los mismos problemas que existían en esa época: violencia, inseguridad, corrupción, desempleo, mi gración, desigualdad económica y social. Parece que fue ayer.

 

Javier Ruiz
Académico e investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM.


1 Juan José Arreola, Presentación, en Las décadas del Chango García Cabral. Editorial Domés. 1979, p. 14.

2 Amado Nervo, Cuentos y crónicas. Prólogo de Manuel Duran. UNAM. 2015.

3 Baudelaire, Charles, Pequeños poemas en prosa. Crítica de arte. Espasa Calpe. Col. Austral, Madrid, 1968. p. 83.

4 Miguel Ángel Mendoza, Cabral, en Las décadas del Chango García Cabral, Editorial Domés, 1979. p. 68.