Bordados en adjetivos, cuyo origen proviene de Estados Unidos, transcurren los días de millones de jóvenes mexicanos. Millennial sea quizá el término más recurrente y socializado, pero la lista se extiende: veganos, ecofriendly, gayfriendly, tecnológicos, ambientalistas, perezosos, individualistas, apáticos, comodinos (por no ser capaces de vivir sin el manto protector de sus padres).

Embestidos de manera constante por los medios de comunicación, aprenden a leer entre líneas y a engullir los contenidos que circulan en redes sociales. Caminan en el discordar constante entre narrativa y realidad: ser parte de los ojos del mundo vs. el caos económico y el despilfarro administrativo a nivel local; el manejo de terminología abigarrada en factores de exclusión vs. el desempleo masivo y los cientos de miles de muertos en espera del derecho a la memoria histórica.

Una pregunta impregna el aire en los espacios sociales ocupados por la juventud mexicana: ¿nacionalizamos la globalización o globalizamos la nación? La narrativa que todos los días leemos en las opiniones publicadas en periódicos y escuchamos replicada en radio y televisión intenta sistemáticamente acomodar a este conjunto social en una caja mal formada y deformada llamada millennial.

Un rasgo que permite resaltar cómo los medios de comunicación ganan terreno en la tarea de homogeneizar y diluir la idea de lo local es que casi la mitad de la población (46%) no sabe qué ocurrió en México el 2 de octubre de 1968 (Parametría, 2015).

Si el panorama de la juventud guarda tal grado y número de contradicciones, incluso al momento de construir identidad y sentido de pertenencia, era evidente que algo no necesariamente correspondía con la realidad. Al buscar identificar esos contrarios, tener una mirada cercana a lo ubicuo, fue que surgió una cuestión a explorar.

Ilustraciones: Ricardo Figueroa

 

Al inicio del año 2017 y producto de una serie de inquietudes relacionadas con la comunicación política, institucional, gubernamental y social, un grupo de profesionales de la consultoría política coincidimos en una serie de cuestionamientos: ¿Cómo son los millennials mexicanos? ¿Cómo toman decisiones? ¿Qué los moviliza? ¿A qué los remite la palabra futuro? ¿Existen los millennials en México?

 Fue así que decidimos iniciar un esfuerzo autofinanciado encaminado a encontrar diversas herramientas y elementos para ejercer nuestros oficios con mayor precisión, asertividad y conocimiento de causa. En él coincidimos de manera interinstitucional: la directora del proyecto, María Sol Corral; el Instituto de Artes y Oficios para la Comunicación Estratégica; la Casa de Investigación; De las Heras Demotecnia; Bitácora Social; Heurística y el campus Tonalá de la Universidad de Guadalajara.

 A partir de un arquetipo mundial de las generaciones nos planteamos como objetivo identificar las diferencias regionales de este grupo etario en México, además de analizar la identidad colectiva de un grupo sin menoscabo de la organización social de las asimetrías.

Para ello implementamos investigación de carácter cuantitativo y cualitativo, de tal suerte que pudiéramos tener suficientes elementos de juicio, valor e interpretación. Tuvieron lugar 30 sesiones focales realizadas por La Casa de Investigación y distribuidas en las regiones noroeste: Tijuana; noreste: Nuevo León; centronorte: Guanajuato; oriente: Puebla/Veracruz; centrosur: Ciudad de México; sureste: Mérida; suroeste: Oaxaca.

 De las Heras Demotecnia realizó una encuesta de tres mil 200 cuestionarios cara a cara en: Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Mérida, Puebla y Querétaro. Tuvimos también acceso gracias a Bitácora Social a 45 etnografías de corte antropológico.

 La población objetivo a investigar radicó en mujeres y hombres nacidos entre los años de 1985 y 1996 (Generación Millennial), entre los años 1997 y 2001 (Generación Z/Post-Millennial) y mayores de 15 nacidos posterior a 2001 (Generación K).

 

Millennials es el nombre que, adoptado del término estadunidenses, reciben algunas de las personas nacidas en la mayor parte de los países del mundo entre los años 1982 y 1998 —aunque hay ciertas discrepancias respecto a cuándo empieza y cuándo termina—. Se trata de individuos cuya adolescencia coincidió con la llegada del nuevo milenio y con un constante cambio e innovación tecnológica, en consecuencia, viven inmersos en el Tercer Entorno, les es familiar el uso de tecnología bajo cualquier circunstancia de vida y acceden de manera inmediata a tanta información como deseen. Los millennials también son llamados generación Y o generación del milenio y son precedidos por la generación X (1962-1984).

Los estadunidenses Neil Howe y William Strauss utilizaron por primera vez, en el año 2000, el apelativo millennial en el libro Millennials rising, the next generation (“El ascenso de los Millennials, la nueva generación”). En él describen la situación de los adolescentes en Estados Unidos: sobreestimulados, saturados de actividades desde la niñez, en busca de satisfacción inmediata, optimistas y colaboradores.

No obstante, el término se hace del dominio público hasta el mes de mayo de 2013, cuando la revista Time publica en portada el artículo Millennials: The Me Me Me Generation (“Millennials: la generación del Yo, Yo, Yo”). Esta cita de dicho escrito refleja y enfatiza algunas similitudes con lo establecido años atrás por Howe y Strauss.

Estoy a punto de hacer lo que las personas mayores han hecho a lo largo de la historia: llamar a los más jóvenes que yo perezosos, intitulados, egoístas y superficiales. ¡Pero tengo estudios! ¡Tengo estadísticas! ¡Tengo citas de académicos respetados! A diferencia de mis padres, mis abuelos y mis bisabuelos, tengo pruebas.

El nivel educativo representa un factor de contraste y diferenciación respecto a otras generaciones. Los millennials tienen un mayor porcentaje de individuos con estudios de grado superior; sin embargo, no parecen estar dispuestos a salir de la casa donde nacieron. En la tenencia y acumulación de cosas guardan asimetrías al momento de buscar y conformar un hogar propio así como en materia de estabilidad laboral.

 A nivel de reproducción cultural entraron de lleno a la arena global, el consumo de productos de todo tipo se hizo transversal mediante internet. Hoy es común que contenidos generados en cualquier latitud del mundo sean asequibles vía streaming bajo demanda (Netflix, Spotify, deep web, Facebook live). Incluso las producciones cinematográficas experimentan cambios, el mejor ejemplo de ello lo encontramos en el largometraje Tangerine (2013, Sean Baker), realizado únicamente con iPhone 5s y sin iluminación añadida. El hedonismo (el placer inmediato) retoma fuerza cuando se pondera la sensación como factor de toma de decisiones.

El bono demográfico que esta generación representa (30% a nivel América Latina), además de la lógica apropiación de la reproducción cultural y las tendencias a nivel mundial, la hace apetecible a estudios y análisis emprendidos por el sector político, empresarial, laboral, gubernamental, económico y cultural.

Inmersas en la sociedad de consumo como el imaginario de futuro desde el cual reposan los anhelos, esta franja de la población gana espacios en cualquier discusión de instancia política, mercadológica y educativa. Hipotéticamente, México, al compartir frontera con Estados Unidos, cuenta con jóvenes en condiciones de recibir el distintivo millennial. Cabe preguntar, ¿esto necesariamente es así?, es decir, ¿hay millennials mexicanos? ¿Es una condición generalizada, son archipiélagos sin conexión atrapados en un mar llamado exclusión o simplemente es el término que cómodamente adoptamos de los estadunidenses?

 

En el caso de México los jóvenes en los rangos de edad considerados como millennials son depositarios de una determinada cantidad de tabúes. Al momento de revisar la narrativa nacional establecida por los medios de comunicación encontramos que se les considera políticamente apáticos, con un alto dominio y consumo de redes sociales, que se adaptan fácilmente a la tecnología y buscan autonomía laboral. En suma, nada diferente a lo establecido para los jóvenes estadunidenses.

 A diferencia de otras generaciones, los supuestos millennials mexicanos tienen una carga hereditaria. Producto de decisiones político-económicas, nacieron endeudados; inmersos en conflictos de otras generaciones. Se caracterizan por la preocupación del medio ambiente y la reivindicación de los derechos de la diversidad sexual. Viven un mundo donde la globalización, la comunicación y el conocimiento se construye en las redes e interactúan mediante las tecnologías.

Siendo este el modelo que la opinión pública impregnó, muchas estructuras de orden económico y político invierten en grandes mecanismos de mercado para llegar al sector e intentar establecer un diálogo sin intermediarios.

Esta búsqueda de diálogo se complica si tomamos en cuenta los siguientes datos. De acuerdo con datos de Latinobarómetro 2017, la mayoría de los mexicanos no cree en la democracia y nueve de cada diez consideran que el gobierno como institución no trabaja para el bien de todo el pueblo, sino salvo para beneficio de algunos grupos poderosos. Además 82% de los jóvenes está a favor de la integración económica con otros países. El estudio también reveló que los problemas más importantes de México son los de carácter económico (salarios, empleo, inflación).

El hecho de que gobierno y legislatura no representen la voluntad de la gente, es decir, se suma sin ningún empoderamiento políticamente hablando, nos debe dar una imagen precisa de la crisis, la cual no sólo se ciñe a la democracia procedimental sino a los sistemas políticos hegemónicos en el mundo.

Como hasta ahora se puede advertir, existe discordancia entre maneras de pensar y percibir, misma que por diversos medios la globalización intenta unificar. Ejemplo de ello lo encontramos en la experiencia “Pokémon Go”, abordada por el profesor Max Haiven en un amplio artículo bajo el título Monsters of the Financialized Imagination: from Pokémon to Trump (“Monstruos de la imaginación financierizada de Pokemon a Trump”).

Para algunos la locura desatada con Pokémon GO no era sino la evidencia del triunfo de la fantasía sobre la realidad, la culminación de lo que el periodista y crítico político y cultural Chris Hedges llamó, años atrás, el “imperio de ilusión” en el cual, a medida que la situación económica neoliberal se intensifica y se vuelve más intratable, y a medida que los horizontes democráticos se desvanecen, se impone una cultura de individualismo escapista narcisista. […] [los jugadores] “aprenden a aprender” las debidas actitudes y comportamientos que se esperan de ellos en una sociedad financierizada, donde sus vidas se extienden como un campo de riesgos que gestionar, competencias en las que participar, apuestas que hacer, y fuentes de valor (no sólo en forma de dinero, sino de educación, conexiones personales, pasiones y aficiones) que ser aprovechadas para obtener ganancias futuras.

Las juventudes mexicanas aprendieron y reproducen la cultura dominante enfocada en asumir al ser humano como naturalmente egoísta, competitivo, dado al racismo y al sexismo. Dicha escala deontológica dominante da también por sentado que quienes integran las elites lo hacen por mérito propio y que dicha circunstancia difícilmente podrá cambiar.

 En algunas de las respuestas que obtuvimos de jóvenes mexicanos de entre 18 y 22 años encontramos cierto grado de consentimiento respecto al orden existente de las cosas: “…no estoy de acuerdo con Trump pero hay que reconocer que la hizo…”; “…se diga lo que se diga y yo soy mexicano pues claro que no lo apoyo [a Trump] pero lo que hizo fue meterse al poder con pura habilidad…”.

Dicha configuración de percepciones y experiencias se da en determinado entorno y contexto, toda vez que existe una pugna permanente a nivel tanto sensorial como racional, entre lo pautado por los medios y lo que se recoge del entorno, por ello hay una fragmentación social.

En Juventudes fragmentadas Gonzalo Saraví señala a las experiencias en edades tempranas como el transcurso crítico en los procesos de socialización y construcción de subjetividad, pues “marcan con la misma profundidad los espacios de integración social y cultural de los individuos”.

¿Por qué vale la pena hablar de subjetividad? Porque las dimensiones inmersas en dicho espacio (el subjetivo) no sólo reproducen la desigualdad estructural sino que tienen autonomía y contribuyen directamente a la construcción de la desigualdad. “Es posible identificar al menos tres categorías de dimensiones subjetivas de la desigualdad, todas ellas corporizadas en la experiencia del sujeto: una dimensión cultural, una dimensión social y una dimensión propiamente subjetiva”.

Al incorporar a nuestro análisis estos elementos queremos dejar en claro que no se puede hablar de homogeneidad. Cada país, cada entorno social tiene características y condiciones objetivas disímiles incluso al interior de la misma nación, entidad y ciudad. En México observamos cómo estos jóvenes interiorizan elementos culturales locales y globales para autodefinirse y tener criterios respecto al entorno. Advertimos dos categorías: los que ven su origen de acuerdo a su condición biológica y organismo, por mi raza, y los que contemplan la identidad como resultado de la inherente vinculación de la persona con su entorno y su sistema de pertenencia cultural, por mis relaciones.

Como salida a este apartado y a lo expuesto por Saraví, es preciso recalcar que cada que un joven se enfrenta a la verbalización del ahora se genera un doble juego “constituyente (o constructivo) de la socialización: por un lado, una realidad cognitiva y semánticamente aprehendida que se convierte en realidad objetiva; y por otro, una forma de actuar y sentir que es modelada a través de las interacciones y expectativas depositadas sobre el sujeto”.

 

Al inicio nos planteamos vislumbrar si el comportamiento, consumo y creencias generacionales responden al modelo social manifiesto de inclusión y exclusión, entendido como la participación social, económica y política de estos grupos en México. En consecuencia, esto es parte de lo que encontramos.

Los cuatro principales factores que entran en juego al momento de razonar la inclusión está el origen, es decir, lugar de nacimiento como núcleo mínimo de identidad personal, por ejemplo, la familia.

Figura también la raza, apropiada como el color de piel, estatura, ojos: “…pues sí si no eres totalmente blanco y eres más bien moreno mixto hay mucha gente que te ve diferente…”,Guadalajara; “…ya sabes a quién van a elegir si a una chamba postula una chava blanquita y delgada y una que no es así…”, CDMX.

El dinero representa un mecanismo para ocupar un espacio en la dicotomía inclusión/exclusión. Poseerlo en abundancia es interiorizado como un valor de pertenencia, una manera de abandonar la condición de relegación. Como cuarto elemento aparecen las relaciones y los contactos, o sea, “ser amigo o pariente de…”. Es decir, la tipología ideal para garantizar pertenencia incuestionable al sistema en México contempla un número reducido de variables: hombre; adulto; blanco; con relaciones; con dinero, este es el marco referencial de inclusión en México.

Entonces bajo esta realidad es preciso preguntar ¿qué alternativa tienen los jóvenes mexicanos para sentirse incluidos? A diferencia de lo que pensábamos antes de realizar el estudio y a mucha de la literatura sobre el tema, los millennials en México, si así los queremos bautizar, sí son humanos y quieren lo que sus padres querían cuando eran jóvenes: quieren estudiar, casarse o vivir en pareja, obtener un empleo y hacer una carrera en él, tener hijos, contar con un seguro o una pensión, tener una vivienda propia, un auto. ¿La paradoja? La economía no funciona y las vías de acceso a la inclusión tampoco existen para la mayoría de ellos.

 

Plantearlo como una paradoja tiene un valor coyuntural. Sin omitir los cambios de gobierno que se generan en los días actuales, la realidad económica marca la interpretación de la cotidianidad y el lugar que se detenta en un pacto social al que aspiran pertenecer sin que necesariamente ocurra.

Por ejemplo, en la medición de carácter cuantitativo y ante la pregunta respecto al nivel de satisfacción con el momento de vida, la situación económica guarda el menor grado de optimismo, en comparación con la relación de pareja, los estudios, etcétera.

Una explicación a la anterior respuesta está en que las pautas comunicacional infunden en los jóvenes la idea de una supuesta libertad, con la condición sine qua non de reproducir el ciclo trabajo-consumo-acumulación-desecho. ¿Prestaciones, antigüedad, vacaciones pagadas, utilidades? Palabras todas que remiten a nebuloso relato emitido por algún tío o abuelo.

Para reforzar nuestro argumento de paradoja en términos económicos disponemos los siguientes datos. En tanto que para el 55% es deseable emprender un negocio propio, no obstante los ingresos sean inciertos, encontramos que únicamente 28% considera “muy probable” comenzarlo y más de 60% lo vislumbra difícil. Una posible explicación a esta lectura de la realidad consiste en que más de 75% de los nuevos emprendimientos a nivel nacional no superan los dos años de vida útil.

La disminución de expectativas representa otro rasgo a advertir al interior de la contradicción entre lo que se percibe y lo que se vive. Es decir, el citado consentimiento de las relaciones de poder. 67% de la muestra asume como difícil conseguir empleo, en cualquier ámbito. El aprendizaje en función del entorno indica que ni siquiera a nivel expectativa existe licencia por adquirir movilidad social. Más de la mitad de la población joven no imagina siquiera ganar más de cuatro salarios mínimos por mes.

Nos queda preguntar, ¿qué México tenemos delante?

Un México que:

• cree en (estricto orden descendente): familia, amigos, maestros, iglesia, partidos políticos, ejército, medios de comunicación;
• 74% cree que aún puede influir en las decisiones de gobierno;
• sin mecanismos institucionales de ahorro;
• que asume la corporeidad y la raza como elementos discriminatorios así como objetos de expectativas;
• toma a la belleza como un factor eficaz de inclusión.

Como corolario a lo hasta aquí expuesto y en consonancia con la hipótesis de investigación, siete de cada 10 jóvenes mexicanos no se consideran millennial.

Entre las preguntas que aún esperan por respuesta están las relacionadas con ahondar en las características que definen a la juventud mexicana. ¿Cómo procesan la circunstancia actual? ¿Qué peso conceden a la educación? ¿Cuáles son los hábitos y costumbres que los determinan? ¿Qué esperan del futuro? ¿Cómo viven la sexualidad y las relaciones de pareja? ¿Qué rol juega la familia? Preguntas que este grupo interdisciplinario responderá en una futura investigación.

 

Ponemos a consideración del lector un relato compuesto por frases vertidas durante los grupos de enfoque que nos permite hilvanar una narrativa respecto a cuál es ese “nosotros” de la juventud mexicana.

Crisol de emociones y pensamientos tanto intuitivos como razonados que esbozan una ruta, un punto de partida para quien esté interesado en modificar las relaciones de carácter político que se dan entre arena y territorio. Como un leve guiño para advertir que los jóvenes mexicanos guardan quizá como única condición homogénea la exclusión, aquí recuperamos algunas de sus respuestas:

“…no pues no se que vaya a ser en el futuro, si seguimos así…”;  

  “…uno tiene que hacer lo que más quiere y no preocuparse de lo que piensan los demás…”;

“…todos ven por su propio bien, cada quien anda viendo de dónde saca y dónde mete, y al que se le ocurra pensar o proponer algo por el bien común, lo callan…”;

“…sólo puedes confiar en tu familia, y hasta eso luego ni en tu familia, en tus cuates, los de verdad, todos los demás anda cada quién viendo por su propio interés y ya…”;

“…nadie, nadie la verdad, por más que le pienso no encuentro ni uno que te pueda decir, en este sí confío…”;  

“…si es así en esta generación yo no me imagino cómo será cuando tenga hijos y sean adolescentes…”;

“…ni iglesias ni curas ni pastores, ellos al final son como los políticos, trabajan para su partido y te van a decir lo que sea para que te unas…”;

“…siempre fue la Iglesia (católica), que tuvo mucha importancia en México, pero ahorita muchos creemos en Dios pero en nadie más…”;

“…es que sí, pues en realidad estamos solos…”;

“…es difícil que el mundo cambie mientras siga en manos de las mismas personas, pero uno se va uniendo con gente que quiere vivir más o menos como tú y eso se vuelve más y más grande, te das cuenta que somos muchísima gente que quiere lo mismo, igual y juntos cambia algo…”;

“…es que es muy difícil que alguien que vivió otra época entienda lo que sentimos; yo miro a mi alrededor y realmente quisiera que todo cambiara, todo…”;

“…nuestros jefes vivieron otra vida, en otro mundo, ahorita si yo le pregunto a mi papá la cosa más simple no sabe darme una respuesta, como que no entienden qué pasa ni cómo se hacen las cosas ahora…”;

“…si quieres aprender, ahí tienes todo, ves dos o tres películas y te explican lo que nadie te va a decir jamás…”;

“…éxito es estar feliz de la forma que sea…”;

“…las niñas no tienen con quién conversar, que si la mamá trabaja y el papá se espanta de cualquier cosa que le digan, pues va a aprender por la experiencia y a veces la experiencia te deja consecuencias para toda la vida…”;

“…es muy fácil no darte cuenta cuándo ya te volviste un objeto…”;

“…es lo mismo en todas partes, siempre estar atacando, humillando…”;

“..no se trata de buscar el éxito sino de cumplir tus metas y de estar feliz con eso…”;

“…a todas nos gusta vernos bien y que nos lo digan, el tema es cuando sólo te preocupas de eso y no de lo que tienes para aportar…”;

“…pones una foto normal y tienes tres, cuatro likes, muestras un poco las piernas y de una vez 300 likes y mensajes e invitaciones…”;

“…no pues la onda es que ya las fotos hot las envíen rápido…”;

“…no es que las amigas sean más recatadas o más tímidas, o sienta uno que le está haciendo algo a la chava, son ellas mismas las que toman la iniciativa…”;

“…el sexo casual es como una forma de decir que eres mujer y eres independiente y tu cuerpo es tuyo…”;

“…yo prefiero vivir mi vida sin sexo casual, pero no juzgo a las que deciden tenerlo en el antro o así, cada quién ve cómo vive…”;

“…no me siento cómodo con los homosexuales pero respeto que tengan derecho a vivir su vida…”;

“…yo respeto los derechos de todos y todas pero soy mamá y también quiero que respeten mi derecho a enseñarle a mi hijo cómo son las cosas…”;

“…es que nadie va a parar, si no hay alguien que te ponga un límite, por qué vas a hacerlo tú mismo si lo estás disfrutando y no le estás haciendo daño a nadie…”.

 

De manera preliminar podríamos concluir que en un país en el que la mayoría de los jóvenes no cuenta con las “acreditaciones de inclusión” que rigen simbólicamente en el sistema, ellos han buscado desde un discurso que comparte los valores y los códigos de las redes sociales globalizadas incluirse desde un aparente cambio de valores frente a la construcción social de las generaciones previas.

 

María Sol Corral
Directora de este proyecto de investigación sobre millennials en México. Ha sido vicealcaldesa de Quito, cónsul de Ecuador en México y consultora en imagen pública.

Oliva Barros Sánchez
Socia del Instituto Panamericano de Comunicación Política en Ecuador y consultora política.

Roberto Trad Hasbun y José Adolfo Ibinarriaga
Socios fundadores del Instituto de Artes y Oficios en Comunicación Estratégica y consultores políticos.