Nada embellece tanto como el poder. Los resultados electorales de Morena en Jalisco convirtieron, en cosa de días, a este partido en el objeto de deseo de todos los políticos en edad de merecer. La perspectiva de triunfo ha hecho que personajes y grupos que antes militaban en otros partidos hoy pongan sus ojos en el partido de Andrés Manuel en busca de una candidatura, o mejor aún, del control de las candidaturas en 2021.

 

La magia de López Obrador tocó a Morena Jalisco que se convirtió de la noche a la mañana en la segunda fuerza electoral del estado. En 2015, primera elección en la que participó como Movimiento de Regeneración Nacional, el entonces incipiente partido rifó las candidaturas en varios municipios pues no tenía gente suficiente siquiera para competir. Sus candidatos obtuvieron 74 mil 500 votos en la elección para diputados, no ganaron una sola alcaldía, ningún distrito y no alcanzaron el mínimo para obtener un diputado plurinominal. Tres años después, a la sombra del caudillo, el resultado se multiplicó por 10: en la elección para diputados obtuvieron casi 750 mil votos y ocho curules, dos de representación directa y seis por la vía plurinominal; son la segunda fuerza en el estado sólo después de Movimiento Ciudadano, desplazando al PRI a tercer lugar y al PAN a un lejano cuarto sitio; el candidato a gobernador de Morena, Carlos Lomelí, obtuvo 857 mil votos, una votación histórica para un partido de izquierda en la entidad.

Morena es hoy no sólo la segunda fuerza electoral en el estado que, junto con Guanajuato, se consideraba el bastión del conservadurismo y la reserva más importantes de votos de Acción Nacional, es también el vehículo más seguro para los políticos con ambiciones para las elecciones intermedias de 2021. Lo que viene para Morena Jalisco es una disputa por el control y las candidaturas de al menos cuatro grupos, todos ellos tránsfugas del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano, en una batalla que, cual telenovela mexicana, augura amores, pasiones y traiciones.

La cruz de Morena tiene cuatro puntas que de disputarán la hegemonía y que buscarán desplazar al pequeño grupo de control que emprendió el nacimiento del partido y la primera elección, viejos militantes de izquierda casi todos con su origen político en lo que fue la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) y que pasaron por diferentes partidos de izquierda, incluido el PRD. Ese núcleo duro original fue superado por los nuevos liderazgos llegados de otros partidos en los últimos 12 meses: Carlos Lomelí y Alberto Uribe, migrados de MC en diferentes momentos y circunstancias; José María Martínez del PAN y Claudia Delgadillo y su grupo del PRI.

Ilustración: Víctor Solís

 

El hombre fuerte de Andrés Manuel en Jalisco es sin duda el doctor Carlos Lomelí Bolaños. El candidato a la gubernatura por Morena y recién nombrado coordinador de delegados en Jalisco (esta extraña figura que se ha inventado el presidente electo que por momentos recuerda a los virreyes de la Colonia y en otros a los prefectos políticos del gobierno de Francia) hizo su campaña basado exclusivamente en su amistad con el caudillo y terminó fusionando su imagen con él a tal grado que al final de la campaña se presentaba como “AMLOmelí”.  Han sido muchas las muestras de apoyo y afecto del presidente electo para con el doctor Lomelí lo que lo convierte sin duda en el referente político de Morena en el estado. La historia política de Carlos Lomelí y su relación con López Obrador es tan larga como oscura.

Empresario del sector salud, Carlos Lomelí ha hecho una enorme fortuna vendiendo medicamentos a diferentes entidades, entre ellas el gobierno de la Ciudad de México cuando López Obrador era jefe de gobierno, y ha sido también unos de los financiadores importantes de las campañas de López Obrador desde 2006.

La sombra de una acusación de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que lo señaló como introductor ilegal de efedrina para el cartel de los Amezcua lo ha perseguido desde hace una década. El 2 de octubre de 2008 el boletín de dicha dependencia señaló: “La designación de hoy también incluye al empresario de Jalisco, Carlos Lomelí Bolaños, quien, según consta, apoyó el desvío ilegal de materiales precursores de metanfetaminas para la organización de los Amezcua Contreras… múltiples toneladas de pseudoefedrina base para medicinas antigripales que fueron manufacturadas o compradas por algunas de las compañías designadas hoy, fueron desviadas ilegalmente a la organización de los Amezcua Contreras con el propósito de elaborar metanfetaminas”.1 El empresario y político morenista pasó varios años peleando por salir de esa lista negra. Hoy tiene una casa en Houston, Texas, que presume como el sello de garantía de que en el vecino país del norte ya nadie lo persigue.

Los escándalos, sin embargo, no se limitan a eso. Lomelí y sus empresas Lomedic, Abisalud, Grupo Quiropráctico del Bajío recibieron 35 contratos, la mayoría de ellos por adjudicación directa en el gobierno de López Obrador por un poco más de mil 500 millones de pesos. La relación como proveedor de medicinas continuó en el gobierno de Marcelo Ebrard. El último escándalo se dio durante la campaña a gobernador cuando se detectó la venta a sobreprecio de medicinas a Pensiones del estado de Jalisco en una operación idéntica a las descritas por López Obrador en el tercer debate como el mecanismo de saqueo que ha existido en el sector salud durante los últimos años.

En 2015 Lomelí Bolaños hizo equipo con Movimiento Ciudadano para llegar al Congreso federal. Hace unos meses abandonó el movimiento alfarista para convertirse primero en candidato a gobernador, luego en la sombra y piedra en el zapato de Enrique Alfaro. Lomelí será sin duda uno de los que disputará el control de Morena en Jalisco.

 

Alberto Uribe Camacho era un joven y prometedor priista en los años noventa. Hijo de un destacado miembro del PRI, su carrera se forjó con cuidado. Abogado y politólogo de la Universidad de Guadalajara se formó políticamente al lado de personajes como el ex alcalde de Guadalajara Gabriel Covarrubias. Cuando tanto a Enrique Alfaro como a él mismo el PRI les cierra las puertas migraron al PRD, donde logran ser candidatos a la alcaldía y la sindicatura de Tlajomulco apoyados por el Grupo Universidad dirigido por Raúl Padilla. La relación con Padilla se rompió pronto y juntos Alfaro y Uribe en un acto de rebeldía declararon a Tlajomulco “el primer municipio libre de la influencia de Padilla en la zona metropolitana”. Cuando Alfaro se convierte en candidato a gobernador en 2012 quien se queda a concluir el periodo fue nada menos que Alberto Uribe.

Tres años más tarde Alberto Uribe contendió por la presidencia de Tlajomulco al mismo tiempo que Alfaro, convertido ya en líder del movimiento alfarista y de MC, contiende en Guadalajara. Un arrollador Enrique Alfaro logró no sólo ganar la capital sino arrastrar con él el triunfo de los candidatos de Zapopan, Tlaquepaque, Zapotlanejo y por supuesto Tlajomulco. Todos los candidatos celebraron en la glorieta de la Minerva en Guadalajara, la misma donde se festejan los cada vez más escasos triunfos de las Chivas o de la selección nacional. Estuvieron todos los candidatos ganadores, excepto Alberto Uribe que decidió festejar por su cuenta, lejos de la sombra de su compañero de quien dijo, desde entonces, respetaba como par, no como líder.

Llegado el momento de las nominaciones para 2018 Uribe se apuntó a la alcaldía de Guadalajara, la ruta que han seguido los cuatro últimos gobernadores de Jalisco. Alfaro le negó la candidatura y a cambio le ofreció la Secretaría de Gobierno y la coordinación de la campaña. El arreglo duró poco. El 8 de febrero, en plena precampaña, tras un alegato con Alfaro que se hizo público, Alberto Uribe anunció que cambiaba de bando. El coordinador de Morena en la primera circunscripción, Marcelo Ebrad, lo nombró coordinador de la campaña de López Obrador en Jalisco.

La mirada de Uribe sigue en la candidatura a la alcaldía de Guadalajara en 2021 y, lo ha dicho, luego en la gubernatura del estado. Con el apoyo y la fuerza del lopezobradorismo buscará descarrilar a sus antiguos aliados, pero para ello primero tendrá que buscar el control del partido.

 

Era, con mucho, la mejor operadora del PRI en Guadalajara. Nadie tenía tanto trabajo de base en la capital del estado como Claudia Delgadillo. Por eso el hoy gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, la reclutó para su campaña en 2009 y la convirtió en uno de sus cuadros políticos de mayor confianza. Pero Delgadillo quería algo más que la confianza, quería la candidatura a Guadalajara. La oportunidad no llegó en el 12, ni el 15 y tampoco en 2018. Su premio de consolación fue convertirla en la coordinadora de la campaña de José Antonio Meade en Jalisco, una posición de privilegio dentro del PRI, cuando ganaban.

El 28 de febrero, después de haber alabado como pocas al candidato Meade, Delgadillo envió una carta al presidente de su partido donde dijo que se iba del partido que tanto le había dado, pero en el que se cerraban espacios a las mujeres: “creo que la vocación de servicio se tiene en independencia de partidos, y creo que la institución a la que yo he brindado tanto, al día de hoy no está a la altura de los principios que deben regir en cualquier ámbito”.2 Nunca dijo cuáles eran esos principios, pero el hueco que abrió al PRI en Guadalajara no fue menor.

Delgadillo se convirtió en la candidata de Morena en Guadalajara, desplazó al PRI y se quedó a 10 puntos del candidato de MC, Ismael del Toro, que pensaba que por el simple hecho de ser quien supliría a Alfaro en la alcaldía ganaría con un margen de más de 20. Delgadillo será regidora en Guadalajara y líder de la oposición, se quedó con la estructura del PRI y es la cabeza de playa que muchos priistas estaban esperando para construir su futuro en Morena.

 

Taimado, taciturno, a José María Martínez le gusta esconder la mirada debajo de una gorra. Hechura política del ex gobernador y ex secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, el hasta hace unos días senador por el PAN apareció un día como por arte de magia al lado de López Obrador, defendiendo las causas que apenas unos meses antes combatía.

En Guadalajara Martínez se distinguió por ser el operador del Partido Acción Nacional en el Poder Judicial. Ahí lo puso su entonces jefe Ramírez Acuña y construyó todo un entramado de poder e influyentismo desde el Consejo de la Judicatura. En el ámbito nacional brincó a la fama como creador y presidente de la Comisión de la Familia en la Cámara de Senadores, desde donde combatió la agenda de ampliación de libertades y defendió el modelo tradicional de familia.

Martínez operó poco en la elección local. Su lugar estuvo, junto con sus otros compañeros que migraron a Morena, Germán Martínez y Gabriel Cuevas, en la campaña nacional, pero “Chema” como le dicen sus amigos y se le conoce en el ámbito político local, es uno de los grandes operadores políticos de Jalisco. Su mayor habilidad es construir estructuras y moverlas en función de sus intereses. El hecho de que en estos momentos el ex panista no se vea, no se sienta, en Morena Jalisco no significa que no estará.

 

Los cuatro grupos tienen ya puesta la mira en la elección de 2021 y Morena es hoy el mejor, si no es que el único, vehículo para pelearle la hegemonía política a Alfaro y MC.  El pequeño cascarón que era Movimiento de Regeneración Nacional hace unos meses es hoy una casa enorme donde caben todos, pero donde sólo uno puede mandar. Los cuatro políticos que crucifican y disputan el control del partido tienen perfiles y orígenes muy distintos, pero sobre todo ninguno comparte ni las luchas ni la historia de Morena. Todos son nuevos jugadores que apuestan a lo que puedan llevar de ofrenda al gran Tlatoani para recibir sus favores.

Una primera revisión diría que el doctor Carlos Lomelí, por cercanía, por haber sido candidato a gobernador y ahora nombrado coordinador de delegados en el estado es quien tendrá más fuerza. Por el contrario, es el menos experimentado políticamente de los cuatro tiradores. Alberto Uribe basa su apuesta en su relación con Marcelo Ebrard y su capacidad de trabajo sin dejar de lado una autoestima a toda prueba, necesaria para estas batallas intestinas. Ninguno tiene la voluntad de poder ni la preparación de Uribe; ninguno conoce a los enemigos naranjas como él. Claudia Delgadillo tendrá un puesto como regidora de Guadalajara y ella es sólo la cabeza de playa de un amplio grupo de priistas que prepara ya el abordaje de la nueva nave del poder. Tiene a su favor que conoce como nadie el trabajo en calle y sabe lo que es construir bases en un partido. Desde el ayuntamiento tendrá presupuesto y libertad de movimiento en el municipio a conquistar. José María Martínez pareciera peor colocado en esta batalla por el control de Morena, sin embargo es, con mucho, el más experimentado, el más hábil políticamente y el que tiene más canicas propias cuando se trata de construir estructuras para un partido que hoy es sólo un cascarón.

Si Morena Jalisco, como en muchos otros lugares del país, es un partido a construir, lo único de lo que podemos estar seguros es que de esta cruz de navajas saldrá cualquier cosa menos algo novedoso, moderno o distinto a lo que hemos visto en los últimos años.

 

Diego Petersen Farah
Periodista y analista político, columnista del periódico El Informador de Guadalajara.


1 https://bit.ly/2PPfeHb

2 https://bit.ly/2HUR9uS; https://bit.ly/2N1ya7g