Este relato fue escrito por Pablo Piñero Stillmann (Orangevale, California, 1982) y Aarón Stillmann Levi (Ciudad de México, 1978) en 2010 para formar parte de Cuatro (cuatro) manos (manos), un ambicioso proyecto de la ahora extinta Organización Latinoamericana de Estudios Posestructuralistas que planeaba reunir textos sobre el arte colaborativo escritos a cuatro manos. La antología quedó inconclusa e inédita cuando, en 2011, la OLEP cerró sus puertas debido a diferencias entre los miembros de su patronato.

Para Regina Piñero (1980-2008)

Mais est-il vrai qu’il ait trahi? dit Mlle de La Mole. Qui n’a pas trahi?1
—Stendhal, Le Rouge et le Noir

Vi ødelagt. Alle ødelagt.2
—Aage Ulven

 

I. Luis Buñuel despertó una mañana, se echó agua en la cara, se vistió con una sotana que estaba tirada junto al armario y caminó a casa de su amigo Salvador Dalí. Tocó la campana. El pintor catalán abrió la puerta completamente desnudo con excepción de sus calcetines cafés.

—Soñé que una hoja de rasurar cortaba la luna en dos —dijo Buñuel.

(Para los surrealistas tener un buen sueño era una señal de éxito y honor al igual que, digamos, lo que significa hoy en día que un banquero tenga un automóvil de lujo.)

Dalí se ajustó el bigote y reviró: —Pues yo soñé que decenas de hormigas salían de un hoyo en la palma de mi mano.

Los dos estuvieron mirándose en silencio por unos segundos hasta que Buñuel sonrió, tomó a Dalí de los hombros y dijo —¡Hagamos una película!

Los dos hombres se dieron un largo beso en la boca.

Así nació el filme a cuatro manos titulado Un perro andaluz.3

II. Como cualquiera que se atreva a llamarse escritor, Aage Ulven odiaba a su patria. A los diecisiete años tomó un avión de Copenhague a París y juró nunca regresar a ese “nido de la holgazanería, mediocridad e insipidez”.4

Una tarde, en una cafetería de la Rue St. Benoit, Ulven se enfrascó en una discusión con un amargado parisino. Los dos hombres se dijeron de todo, se gritaron, se insultaron y, al final, terminaron riéndose de lo arrogantes y cerrados que habían sido.

El danés se presentó y estrechó la mano de su nuevo amigo quien, al revelar su nombre, dejó a Ulven atónito. Su interlocutor era Maurice Blanchot, no sólo su escritor favorito, sino una de las razones principales por las que había elegido a París como su nuevo hogar. Desde esa tarde que se conocieron, Ulven y Blanchot se verían diario, en ese mismo café de la Rue St. Benoit, para platicar de literatura, filosofía y las crueldades del nazismo.5

Durante una lluviosa noche de insomnio, Ulven, que hasta ese momento se había dedicado exclusivamente a la poesía, sacó su Olivetti y escribió catorce cuartillas de prosa. Al día siguiente le entregó las hojas a su amigo.

—Hice esto y no sé qué es, Maurice.

El francés las leyó y le dijo, sonriendo, que era el primer capítulo de una novela.

—Entonces hazme un favor y tíralas a la basura.

Blanchot, sin embargo, guardó las hojas en su portafolio. Al día siguiente se presentó en casa de Ulven con diecinueve hojas. —Mira, ya tenemos un segundo capítulo.

El danés las leyó y luego las releyó y las volvió a releer. —Gracias, Maurice.

Los dos hombres se dieron un largo beso en la boca. Con lengua.

Y así, a cuatro manos, se escribió una de las más fenomenales (y olvidadas) novelas de la literatura europea, Les dieux étrangers.6

En febrero de 1995 Ulven rompió la promesa que él mismo se había hecho un cuarto de siglo antes y tomó un avión de París a Copenhague. Rentó la habitación 27 del hotel Nobis y se ahorcó con una soga que compró minutos antes en una tienda departamental a la que lo llevaba su abuela cuando era niño.

III. A pesar de lo que diga la industria farmacéutica, la prescripción de antidepresivos sigue siendo algo más cercano a la alquimia que a las ciencias exactas.7 Así como Pastiq8 puede ser la salvación para un paciente, a otro, con un cuadro clínico idéntico, puede ocasionarle una serie de efectos secundarios insufribles (insomnio, ataques de pánico, mareos, náuseas, supresión del apetito, y acné, por mencionar sólo algunos). 9 Así que un paciente acude al psiquiatra. El psiquiatra le receta antidepresivo A y le pide que regrese en un mes. Un mes después llega Paciente al consultorio, pálido y con cara triste. Psiquiatra: (apuntando algo en su bloc) ¿Cómo nos fue? Paciente: Mal. Estoy igual de deprimido, sólo que ahora tengo la boca seca y fuertes dolores de cabeza. Psiquiatra: (como si supiera lo que está haciendo) Bien. Cambiemos a antidepresivo B. Setenta y cinco miligramos. Una píldora por la mañana. Un mes después: Paciente: Sigo igual de triste y ahora no puedo dormir. Ah, y no se me quitaron los dolores de cabeza. Psiquiatra le receta el antidepresivo C, luego el D, después el E, F, G… El 99.3% de la población diagnosticada con depresión clínica responde al menos a uno de los tantos antidepresivos, pero el .7% restante sufre del Síndrome de Ridley10 y, otra vez por razones desconocidas, nunca conocerá el efecto positivo de ningún medicamento y, en búsqueda de la receta correcta, sólo acumulará efectos secundarios.

Pero nos estamos adelantando.

Ilustración: Sergio Bordón

XIV. ¿Cómo describir a Mary Ann Carter? La Nancy Spungen de la literatura, propone Enrique Vila-Matas.11 Era muy flaca, muy güera y muy pálida. Todo en ella iba precedido por la palabra muy. Planeó su salida de Iowa City —ciudad que la vio nacer, crecer y quejarse— desde que tuvo uso de razón. En la primaria Thomas Jefferson, Carter dibujaba los rascacielos de Manhattan y se los presumía a sus compañeras de clase: —Mira, allí voy a vivir cuando crezca.

Esta actitud arrogante y soberbia, aunada a su carácter voluble, por usar un eufemismo, aisló desde muy pequeña a Carter de las demás niñas, quienes sólo querían casarse en Iowa City, tener hijos en Iowa City y morir en Iowa City como lo habían hecho sus madres y sus abuelas.

Dicho y hecho: en 1981, tres días después de su cumpleaños número quince, Mary Ann Carter tomó un Greyhound en Iowa City que la depositó a la mitad de Manhattan. Vivió unas semanas en la calle pidiendo limosna hasta que consiguió trabajo sirviendo tragos en el bar CBGB y vendiendo drogas (no sexo) para un alcahuete llamado Fat Stan.12 Fue en CBGB, durante un concierto de los Ramones, donde Carter conoció a Alan Vega, vocalista de los Suicides. Mantuvieron una relación amorosa hasta cierto día de mayo de 1983, cuando Vega llegó al departamento que compartían y se encontró con que Carter había destruido todo. Incluso había roto los focos con un bate de beisbol. Corría sangre por ambos brazos y por la cara de Carter. Le faltaba un diente. Se había arrancado una uña de la mano izquierda.

Carter fue internada en el hospital psiquiátrico Bowery y dada de alta ocho meses después con una caja de Zimelidine13 y una palmada en la espalda. Buscó a Alan Vega, quien le dijo que nunca quería volver a verla. Se acostó a dormir en un parque y esa misma noche fue a CBGB. Ya no era lo mismo. Nueva York había dejado de ser un sinónimo del paraíso para convertirse en una metáfora de su locura. Un taxi la llevó a la estación de autobuses donde compró un boleto para Iowa City.14 De repente, con lágrimas en los ojos, Carter, o más bien la pequeña Mary Ann, se encontró tocando la puerta de la casa que tanto había odiado. ¿Suvenires de Nueva York? Antidepresivos y un pequeño hueco entre el incisivo central y el colmillo.

XV. Poco se sabe de los primeros veintidós años de Delfino Jaramillo. Nació en el estado de Morelos, vivió parte de su infancia en Michoacán, y a los diecisiete años ingresó a la Universidad Nacional a estudiar la licenciatura en Letras inglesas. Terminó tres años después con el mejor promedio de su generación. Escribió una novela inédita, Entre tus jardines.15 Roberto Bolaño leyó esa novela y dijo: “Este chico ha sido tocado por los dioses. Entre tus jardines es una obra del siglo XXII”.16 Su cuento “His Only Belt” se publicó en The Paris Review y dejó al establishment literario estadunidense con la boca abierta y el ojo cuadrado. Cultivó una fuerte adicción al alcohol. Una noche fue arrestado por golpear a un policía.17 En la Casa del Lago, durante la presentación de un libro, Jaramillo le aventó un par de calzones (sucios) a Octavio Paz. Sus cuentos “Your Medium-Sized Soul” y “Herring” aparecieron en un número de The Atlantic.

Cuando todavía no cumplía los veintitrés años, Delfino Jaramillo recibió una invitación para formar parte del afamado Iowa Writers’ Workshop. Motivado más por su sed de aventuras y sus ganas de salir de la Ciudad de México que por el honor de pertenecer a un grupo tan selecto de escritores, tomó sus cosas y salió para Iowa City.

Jaramillo no escribió una sola palabra en el tiempo que estuvo inscrito en la Universidad de Iowa. Se emborrachó, buscó pleitos en bares, fue arrestado un par de veces por orinar en la vía pública y cuando visitaba la biblioteca de la universidad lo hacía para robarse ejemplares de sus dos novelas favoritas: Ulysses y Moby-Dick. Cuatro meses después de aterrizar en The Eastern Iowa Airport, Delfino Jaramillo fue expulsado del programa de escritores.

En una entrevista para The New York Times,18 John Whitney, profesor de literatura en la Universidad de Iowa en esa época, declaró: “Durante aquellos meses que tuvimos a Delfino lo habré visto un total de cuatro veces, y en las cuatro veces estaba completamente drogado.”

Previo a su expulsión, Jaramillo recibió una carta de uno de sus profesores de la UNAM, al que le había llegado la noticia del espectáculo que estaba armando el joven escritor en la pequeña ciudad estadounidense, en la que le pedía que estuviera consciente de la gran oportunidad que se le había dado y que no desaprovechara su tiempo allí. La respuesta de Jaramillo fue simple:

¿Desaprovechar el tiempo? Si me la paso chupando y persiguiendo güeritas.

XVI. Peter Harrison Winkler-Newcomb III, mejor conocido como P. H. Wjnck, tuvo la vida solucionada desde que, de adolescente, recibió una cuantiosa herencia de parte de su abuelo, un prominente empresario bostoniano. Ya que, debido a su extraordinaria inteligencia, no necesitaba estudiar para aparecer en el cuadro de honor de la Concord Academy,19 el joven P. H. pasaba sus días comprando ropa, leyendo a Poe, y acostado en su cama escuchando a Benny Goodman, Tommy Dorsey y Ella Fitzgerald.

Tras graduarse de Concord, Wjnck inició la carrera de Medicina en la universidad Brown. Después de casi ocho semestres de estudio y buenas calificaciones, dejó la carrera para irse a vivir con su recién enviudada madre en Quincy. En su autobiografía, Wjnck Wjnck, el escritor estadounidense explica esta decisión:

No pensaba en otra cosa que en leer y escribir, especialmente en la lectura de ciencia ficción. Devoraba a Asimov, Borges, Burroughs, Clarke, Dick, Le Guin, Lem, Ramírez-Sosa y Vonnegut. Mi mente estaba llena de naves espaciales, fantasmas, monstruos, agujeros negros, el Ser Supremo, el Apocalipsis y los robots. Una mañana, tras una pesadilla particularmente aterradora sobre láseres de la muerte, me paré de la cama, me vi en el espejo y dije, en voz alta, “¿Qué carajos haces estudiando Medicina?”

Con la única responsabilidad de cuidar a su madre viuda, Wjnck encontró la calma necesaria para, por fin, ponerse a escribir. Se levantaba antes de las cinco de la mañana, leía hasta las siete y media, a las ocho madre e hijo desayunaban, después jugaban backgammon y bridge, comían el lunch, salían a caminar y a la tienda, descansaban, cenaban y, de siete a once de la noche —todas las noches— Wjnck escribía las cuartillas que poco a poco se convirtieron en su primera novela, Tomorrow is Another Labrynth.

El éxito de su novela mandó a Wjnck a viajar por todo Estados Unidos, Europa y hasta a Japón, país que tuvo a Tomorrow is Another Labrynth en el primer lugar de ventas durante ocho meses. Al regresar de su largo paseo, sintiendo que por fin se había conectado con el mundo que por tanto tiempo había ignorado, Wjnck encontró a su mamá enferma del corazón.

—Perdón, madre —dijo Wjnck mientras cenaban verduras al vapor—. Todo esto fue mi culpa. No creí ser tan vanidoso.

Invadido por la culpa y la preocupación —y luego por la tristeza—, Wjnck no volvió a escribir hasta mayo de 1984, exactamente un año después de la muerte de su madre.

XVII. Eran las dos de la mañana cuando Delfino se sentó a tomar una Coca-Cola en la barra de la cafetería en la que trabajaba de garrotero. Su novia Mary Ann, mesera del mismo lugar, se sentó junto a él y se quejó de su perenne dolor de cabeza. No había nadie más en el lugar con excepción de Ioannis, el cocinero griego.

De repente se abrió la puerta y entró un hombre canoso que vestía un saco de tweed, pantalones de pana y mocasines. Se sentó en una mesa junto a la ventana y le pidió a Mary Ann un vaso con leche caliente. Ella le sonrió: le caían bien sus compañeros insomnes. El hombre canoso quedó encantado con la sonrisa de la mesera risueña a la que le faltaba un diente.

Delfino reconoció al hombre de inmediato y se acercó a él con el gesto arrogante que lo caracterizaba.

—¿Qué no eres el escritor de novelas basura?

Wjnck levanto las cejas: —¿Qué no eres el mexicano loco del que tanto se habla por estos rumbos?

—¿Viniste a la universidad a vender tu nuevo libro para niños?20

—¿Piensas que la ciencia ficción es para niños?

—No, no sólo para niños. También parece gustarles mucho a los maricas.

La tarde siguiente, antes de ir al aeropuerto, Wjnck pasó por la cafetería y le entregó a Delfino una bolsa con todos los libros de la serie Fundación21 de Isaac Asimov.

—Lee esto. Te reto a que, al terminarlos, sigas diciendo que está escrito para niños y maricas.

Wjnck practicaba yoga en su casa en Quincy cuando alguien llamó a la puerta. Dante, el mayordomo, tenía órdenes estrictas de no abrir cuando el señor estaba en sus horas de ejercicio. Volvieron a tocar. Luego tocaron más fuerte y más fuerte hasta que por fin se rompió la concentración de Wjnck. Él mismo bajo y abrió. Se encontró con Delfino y la mesera. Una maleta dividía a los dos visitantes.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó Wjnck a Jaramillo—. ¿Vienes a insultarme?

Jaramillo le pidió perdón por haberle faltado al respeto en Iowa City. Le dijo que había leído Fundación y el resto de las obras de Asimov. Con ojos brillantes le platicó que había quedado fascinado con Dick y Vonnegut. Mencionó a otros quince o veinte escritores de ciencia ficción. Agregó que también había leído al mismo Wjnck.

—Bueno, felicidades. Ahora tengo que volver a mi yoga.

—Quiero que seas mi maestro.

—Creo que tú ya dejaste más que claro que no se te puede enseñar nada.

—Dele una oportunidad, señor Wjnck. Le prometo que no es mala persona.

—Muy bien. Éstas son las reglas: 1. Haces lo que yo diga. 2. No me importa que te emborraches con la condición de que no lo hagas en mi casa. 3. Aquí se escribe a mano. La única cosa más vulgar que la máquina de escribir es la computadora.

Delfino abrió la maleta, sacó su máquina de escribir y la azotó contra las escaleras de ladrillo que llevaban a la puerta de su nuevo maestro. Mary Ann corrió al baño22 y los dos hombres se dieron un largo beso en la boca. Con lengua. Y al final Wjnck le dio a Jaramillo una pequeña mordida en la oreja.

Wjnck resultó ser un gran maestro. Una tarde Jaramillo le dijo que ya se sentía listo para escribir su primera novela de ciencia ficción.

—Yo estaba pensando lo mismo —respondió Wjnck—. Además, a mí también me ha vuelto el apetito creativo.

Ocurrió algo inexplicable: después de un mes de no hablarse ni tener contacto el uno con el otro, los dos escritores intercambiaron los primeros capítulos de sus respectivas novelas y se dieron cuenta de que eran, para efectos prácticos, el mismo capítulo. Los dos iniciaban con la frase “And everything was destroyed”.23 Ambos tenían el mismo personaje principal. Las dos historias se desarrollaban en el mismo planeta ficticio. Después del choque inicial —Wjnck y Jaramillo, pálidos y mareados, leyendo el capítulo del otro—, decidieron escribir esa novela juntos,24 a cuatro manos.

Planearon los capítulos y se los dividieron. Tú haces el 1, 4, 6, 9, 10, 15, 16, 17…, y yo el 2, 3, 5, 7, 8, 11, 12, 13, 14, 18… El único capítulo que quedó abierto fue el último.

—Ya sabremos cómo acaba cuando lleguemos al final.

Y escribieron y escribieron hasta que lo último que faltaba era el último capítulo. Wjnck sugirió dejar descansar tres semanas la novela, releerla y, entre los dos, decidir cómo terminarla. Jaramillo estuvo de acuerdo y salió a celebrar. Estuvo esas tres semanas metido en un pequeño pub llamado Cagney’s tomando whiskey. Llegaba en las noches a cenar, bañarse y dormir unas horas sólo para regresar al pub a la mañana siguiente. Wjnck, por su parte, encontró en Mary Ann una excelente amiga.

En una borrachera Jaramillo rompió el espejo del baño de mujeres de Cagney’s y el barman del pub lo mandó a casa antes que de costumbre. El escritor mexicano se encontró a Mary Ann y a Wjnck, desnudos, en el suelo de su cocina. Delfino subió tranquilamente las escaleras, entró al estudió, tomó el manuscrito de 540 páginas y lo incendió.

Epílogo.
Delfino Jaramillo murió en un accidente automovilístico en 1993. En su sangre se encontraron rastros de alcohol, marihuana, cocaína y los antidepresivos de su exnovia. Mary Ann Carter y P. H. Wjnck vivieron juntos hasta 1997 cuando, víctima de un brote psicótico, Carter se tiró de un puente. Tras el trágico final de su novela a cuatro manos, Wjnck nunca volvió a escribir y murió en 2001 de un paro cardíaco.

Lo único que queda de esa obra maestra,25 además de la primera frase, es el siguiente párrafo que no se incendió y que la hermana de Wjnck encontró entre los papeles del escritor: “Naves y naves y naves espaciales. Y cascadas. Y naves espaciales. Cascadas secas. ¿Cómo es posible?, pensó Cetux. ‘No lo es’, dijo La Voz. Cetux se tomó un par de píldoras NoNo y cerró los ojos. El agua de una de las cascadas secas le salpicó en el rostro. Cetux sonrió.”26

 

Pablo Piñero Stillmann
Escritor. Publicó la novela Temblador.

Aarón Stillmann Levi
Doctor en Filología Escandinava por la Universidad de Wisconsin-Madison.


1 “¿Pero es verdad que él la traicionó?, dijo la señorita de La Mole. ¿Quién no ha traicionado?” Rojo y negro de Stendhal.

2 “Nosotros destruidos. Todo destruido.”

3 Para una descripción más detallada del acontecimiento, consultar: Reinhard Niersbach, Das ist Dalí (Esto es Dalí), Zveck, Berlín, 1992.

4 Aage Ulven, Hjem Søt Hjem (Hogar dulce hogar), Bjergbøger, Copenhague, 1985. (Traducción del fragmento de A. Stillmann Levi.)

5 Durante una entrevista con el diario español El País (julio 15, 1992) Ulven declaró: “Blanchot ha sido el único amigo que he tenido. Ha sido mi hermano, mi padre y mi madre. Blanchot ha sido mi esposa. Diría también que ha sido mi patria, pero esa estúpida palabra no tiene ningún significado para mí”.

6Los dioses extranjeros no nos hará mejores, tampoco nos hará peores, pero puede que nos enseñe a escucharnos a nosotros mismos. Puede que nos enseñe a aceptar el cambio, en nosotros y en los demás, y quizá a aceptar también la forma definitiva de ese cambio.” Harold Bloom, El canon occidental.

7 Agatha Williams y Bernard H. Zalewski, Come On, Get Happy! (Vamos, alégrate), Argo, Washington, 2007.

8 Inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina-norepinefrina.

9 Texto tomado de la caja de Pastiq: “Todos los pacientes que toman antidepresivos deben ser observados de cerca en busca de signos de que su condición empeore o de que se vuelvan suicidas. Esto es muy importante al iniciar tomando un antidepresivo o al cambiar la dosis. Los pacientes pueden también presentar agitación, irritabilidad, hostilidad, agresividad, impulsividad o inquietud”.

10 Llamado así por el psiquiatra inglés Geoff Ridley (1932-1997) quien en 1989 descubrió, en sí mismo, este extraño padecimiento.

11 Enrique Vila-Matas, Bartleby y compañía, Anagrama, Barcelona, 2000.

12 Please Kill Me (Por favor, mátame), Penguin, Nueva York, 1997.

13 Inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina.

14 Se dice que fue en el trayecto Nueva York-Iowa City donde Carter escribió su poema “Inmolación” que comienza con el ahora célebre verso:
¿Has visto un perro en llamas?
dijo el niño.
¿Has visto algún perro? ¿Cualquier perro?

15 Sólo había una copia de la novela y Jaramillo la incendió en la sala de su departamento.

16 La Razón, miércoles 11 de agosto de 1985.

17 Corre el rumor de que ese policía al que le pegó era en realidad una mujer policía. Esos rumores no han sido confirmados.

18 Peter Smith, “Hombre Without a Face” (“Hombre sin rostro”), 7 de marzo de 1997.

19 Escuela preparatoria privada en Concord, Massachusetts, fundada en 1922 y famosa por ser la institución educativa predilecta de la familia Kennedy.

20 Wjnck estaba en Iowa City promocionando su segunda novela The Lost Mathematician (publicada en Hispanoamérica como La perdición de un matemático).

21 Preludio a la Fundación (1988), Hacia la Fundación (1993), Fundación (1951), Fundación e imperio (1952), Segunda Fundación (1953), Los límites de la Fundación (1982), Fundación y Tierra (1986).

22 Entre los tantos efectos secundarios que había adquirido Mary Ann después de años de tomar, sin éxito, antidepresivos, estaba el de vomitar constantemente.

23 “Y todo quedó destruido.”

24 “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.” Eclesiastés 4:9.

25 Jaramillo quería que el libro llevara el philipdickiano título de Even an Octopus Have Three Hearts (Incluso un pulpo tiene tres corazones), mientras que Wjnck, en tributo a Lem, prefería titularlo His Mephistophelean Voice (Su voz mefistofélica).

26 Traducción de P. Piñero Stillmann.