Andrés Manuel,

Mis últimas semanas las he dedicado a pensar y repensar lo que hoy escribo. Recurro a la excusa narrativa de una carta, sobada y vuelta a sobar, porque me permite una cercanía emocional que me parece necesaria, que me dará licencias en donde las necesito. Quiero contarte por qué ayer salí como millones a celebrar tu triunfo y por qué hoy encuentro urgente decirte cuál considero que debe ser el legado de tu presidencia. Como millones, ayer dejé en alguna plaza pública las ropas del eufórico simpatizante en campaña para amanecer hoy con las ropas de un ciudadano más cauto: expectante y vigilante de tu gobierno. Créeme, es un tránsito saludable.

Me pregunto a qué atribuyes tu triunfo, cómo entiendes tú este momento, y deseo que tu respuesta se refiera a más las circunstancias del país que a ti. No es que no importes, es que importas en virtud de lo que representas en un momento específico de México. Si lo ves así, se abren caminos para transformar y se cierran caminos para la soberbia. Conjugar en la primera persona del plural. Construir por fin los espacios democráticos en los que ciudadanos encuentren mecanismos de control y castigo; en los que puedan acompañar o abandonar. Dicho de otro modo, importas porque te toca ensamblar la democracia mexicana sostenible en el futuro.

Ilustración: Kathia Recio

Ganaste porque esta ha sido una democracia de despojos, una democracia en la que los ciudadanos no tienen mecanismos de control político o judicial para afectar su propia vida vía lo público. Cuesta entenderlo, ¿Por qué un régimen que permite la alternancia en el poder, que define quiénes ocupan el gobierno vía elecciones, no ha derivado en un sistema representativo, garante de derechos, y que rompa complicidades entre élites políticas y económicas? Creo que parte de la respuesta descansa en nuestra estabilidad, en el trayecto entre una autocracia institucionalizada, una transición pacífica y una reducción de la democracia a la construcción de autoridades electorales y procesos competidos; así garantizamos la sobrevivencia de mecanismos de gobernabilidad autocráticos. Hay una discontinuidad entre las elecciones y el ejercicio de gobierno, y ese hueco ha sido llenado por varias capas de complicidad entre élites. Ahí entran los acuerdos cupulares entre partidos, los procesos de decisión consensuales, la debilidad del sistema de pesos y contra pesos, las carencias en competencia económica, la ausencia de un sistema de medios independiente e informativo, y la impenetrable costra que han formado grandes empresarios y políticos que, sin importar las elecciones, nunca pierden.

Adivinas a dónde voy: los ciudadanos han sido los invitados de piedra de esa democracia. Nos convirtieron en cómplices de nuestro propio despojo. Ahí fuimos cada elección, movilizados por operadores políticos, acarreados en camiones, uniformados con una playerita y una gorra que durarán al menos más allá de la elección, estirando la mano para recibir ilegalmente una fracción del dinero que los gobiernos debieron gastar en nuestro bienestar, enterados de que entre ese voto y nuestro bienestar no hay vínculo alguno, y al mismo tiempo, temerosos de frenar ese ciclo.

Pasó que el último sexenio llevó el despojo demasiado lejos. Pasó que acumulamos 250 mil víctimas de homicidio y más de 37 mil desaparecidos. Pasó que no crecimos, pero sí se incrementaron deuda e inflación. Pasó que los únicos empleos disponibles anulan tus derechos laborales. Pasó que el salario promedio real es una tercera parte de lo que era en 1975 y el salario mínimo no alcanza para cubrir el consumo calórico mínimo. Pasó que acumulamos semana tras semana escándalos de corrupción que involucraron a 14 gobernadores, al gabinete federal y al propio presidente, de la Casa Blanca a Odebrecht, pasando por Duarte y la Estafa Maestra. Pasó que con contadísimas excepciones, esos escándalos quedaron en la total impunidad. Pasó que nos enteramos de todo esto gracias a medios independientes o actores de la sociedad civil dedicados a hacer el periodismo al que los medios tradicionales han renunciado. Pasó que atestiguamos el deterioro de autoridades de monitoreo y alerta, la Fepade, el INAI, el TEPJF o la ASF. Pasó que no hubo dedo que alcanzara para tapar las violaciones sistemáticas de derechos humanos, el uso excesivo de la fuerza pública y los crímenes de lesa humanidad. Pasó que todos vimos cómo cuerpos policíacos se llevaron a 43 estudiantes de quienes no volvimos a saber. Pasó que las autoridades no han logrado esclarecer el caso, llenaron de irregularidades la investigación, torturaron detenidos y se negaron a aceptar las conclusiones de un grupo internacional de investigadores. Pasó que la clase política partícipe del Pacto por México se comportó como si aquí no pasara nada. Pasó que Meade era demasiado PRI y Anaya poca oposición. Pasó que Anaya logró, como nadie antes, dividir a las élites y Meade se negó a reconciliarlas. Pasó que tu discurso de 18 años resonó apenas. Pasó que siendo tú casi el mismo, nosotros ya habíamos cambiado. Pasó que por eso nos encontramos. Pasó pues, que ganaste.

Pasa ahora que te toca romper con todo lo anterior. Pasa ahora que nos toca vigilar y exigir que lo hagas. No comparto las críticas que suelen hacerte, creo que usan “populismo” como una excusa para defender el statu quo, mantener privilegios y asustar a los desposeídos para mantenerlos justo donde están. Tampoco coincido en que seas un político de “talante autoritario”, no encuentro en tu ejercicio de gobierno nada que respalde esa conclusión. Mis inquietudes respecto a ti y tu gobierno son otras: centras con demasiada frecuencia las soluciones en ti. Me parece problemático no porque tema una regresión democrática, sino porque puede entorpecer su progresión: tu gobierno debe reconfigurar las instituciones de nuestra democracia. Te lo digo con toda honestidad, aunque comparto tu diagnóstico y tus señalamientos, no he logrado ver en ti con total claridad una vocación de construcción institucional, de armar futuros posibles y sostenibles, de abrir espacios legales para redistribuir el poder público de unos cuantos a todos, vamos, de dotar a los ciudadanos de mecanismos de incidencia y control. Si tu gobierno no deja ciudadanos autónomos y emancipados, no será un gobierno de cambio.

No me malinterpretes, contrario a algunos colegas politólogos, creo que la voluntad es un factor central en todo proceso de cambio político. Pero una voluntad que no se traduce en reconfiguraciones sostenibles de lo público, es más un despliegue estéril de soberbia que un motor de transformaciones. Un presidente cómplice del sistema descrito arriba no será un presidente que lo modifique, hasta aquí tienes razón, pero un presidente que no construya instituciones habrá tirado a la basura la esperanza de sus electores. No nos lo merecemos.

Entiendo tus resistencias. En México hemos usado “instituciones” como sinónimo de continuidad de un sistema que excluye a los ciudadanos en todos los aspectos de la vida pública. En nombre de la estabilidad institucional hemos justificado todos nuestros despojos. Pero lo que se opone a ese discurso no es sólo un desmantelamiento institucional, un ejercicio de gobierno centrado sólo en ti; lo que se opone a ese fervor institucional que tanto nos ha lastimado es la construcción de instituciones incluyentes, neutrales y efectivas. Instituciones que recuperen al Estado de su cooptación y abran la posibilidad de lo público: el espacio en el que nos reconocemos como titulares de derechos, los ejercemos vía mecanismos de incidencia y control, y garantizamos esto dado que sujetamos la sobrevivencia de quienes ocupan el aparato estatal a su comportamiento. No otra cosa son las instituciones, definen quién y cómo se decide sobre lo público, lo que a todos toca, y con qué reglas. En democracia la respuesta es simple: todos y vía mecanismos de representación y rendición de cuentas. Cuando se es pobre, a lo público anteponemos lo político, ese canal corporativo y clientelar a los derechos. Cuando se es rico, anteponemos lo privado, las conexiones, el acceso privilegiado. Esa es nuestra gran deuda y te corresponde a ti saldarla.

Permíteme darte ejemplos concretos de cómo creo que puede empezar a hacerse.1 Pienso en los aspectos en la vida de las personas que se tocan con el Estado: por qué accedo a lo público; por qué importo; cómo adquiero capacidades y autonomía; cómo las traduzco en ingresos y bienestar; cómo garantizo mi integridad y cómo me defiendo; y, cómo me informo y decido.

Lo primero debe ser eliminar las barreras que impiden el pleno ejercicio de los derechos políticos de los ciudadanos, no habrá rendición de cuentas posible donde no hay instituciones de representación política. Lo adivinarás, eso implica debilitar el sistema de partidos que tenemos: reducir requisitos para la formación de nuevos partidos, abrir caminos más simples para llegar a la boleta electoral, facilitar la formación de candidaturas independientes exitosas, y cambiar el sistema de financiamiento público para gastar menos dinero pero mucho mejor monitoreado. Sí, pero implica otras cosas también: reelección legislativa y de gobiernos locales sin candados; vigilancia efectiva del dinero público en manos el gobierno vía políticas de total transparencia; hacer más accesibles la consulta popular y la iniciativa ciudadana; fortalecimiento en serio del sistema de alarmas institucionales contra el abuso del poder público, eso implica una fiscalía autónoma (respecto a ti, pero también respecto a cualquier otro poder público o privado) y construir un sistema efectivo anticorrupción, menos protocolario y más implacable.

Sí, cada centímetro de acercamiento y dependencia de representantes hacia ciudadanos es un centímetro de alejamiento e independencia respecto a sus partidos. Es una batalla cuesta arriba, ¿Pero no es eso lo que queremos? ¿Un sistema de partidos responsivo y dinámico en lugar del oligopolio de fuerzas impermeabilizado a ciudadanos pero financiado millonariamente con su dinero? ¿No queremos un sistema que premie y castigue en lugar de la nata de élites en la que nadie nunca pierde? ¿No lo quieres tú?

En segundo lugar deberás dotar efectivamente a los pobres de capacidades productivas sin atrofiar sus capacidades democráticas. Eso requiere dar continuidad a programas de apoyo para adquirir educación, salud y nutrición; sí, pero bajo un esquema de operación transparente y alejado de clientelas, corporativismo y espacios para corrupción. Eso implica generar un padrón universal de beneficiarios, revisar reglas de operación, redefinir poblaciones objetivo, colapsar todos los programas que duplican funciones y tener medidas de impacto que se refieran al efecto en las personas, no sólo a las acciones de gobierno. Implica también repensar nuestro sistema educativo y de salud. Comparto contigo varias de las críticas a la reforma educativa, como una reforma más bien laboral que imagina a los maestros como adversarios de los niños, pero no veo una alternativa clara que los concilie y adapte modelos probadamente exitosos en otros países. El modelo del seguro popular y el acceso a derechos vía el empleo es igualmente insostenible, hemos terminado sólo por segmentar la atención en salud bajo un esquema no universal de atención. Merecemos la misma atención, incluyendo como bien lo has dicho, a los funcionarios públicos.

La generación de capacidades es un poco inocua si no hay forma de traducirlas en ingresos en el mercado laboral. Creo que esa debe ser tu tercera gran batalla. Los derechos laborales son puertas de acceso para el ejercicio de una multiplicidad de otros derechos, hoy son lo opuesto, barreras efectivas para acceder a vidas productivas y con bienestar. Tenemos un sistema legal en torno al trabajo intrincadísimo para hacerlo inaccesible; un sistema de organización laboral excluyente y cooptado; un sistema de explotación, de verdad no hay otra forma de llamarlo, que por un lado permite que una persona trabaje 40 horas a la semana y su trabajo no le alcance para alimentarse, mientras una comisión corporativista que no rinde cuentas a nadie decide cuánto debe ganar. México tiene un salario promedio de $4,048 dólares al año, mientras que el promedio de las democracias latinoamericanas con un PIB parecido al de México es de $7,207 dólares. Te doy un ejemplo, en 2017 más de 12 millones formales dijeron no recibir reparto de utilidades alguno.2 México es la única democracia en el mundo que simultáneamente se encuentra entre los países con menores derechos laborales y menor salario promedio respecto al ingreso per cápita. Este es un país condenado a no moverse a sectores más productivos, a no dar autonomía a sus ciudadanos vía su trabajo, y a no crecer. Esa batalla tiene tres frentes: reforma laboral, universalidad de derechos hoy asociados al empleo formal, y construcción de mecanismos no corporativos para la organización laboral. Suena contraintuitivo, pero necesitamos más sindicatos y más fuertes; no sujetos a partidos e intereses políticos, sino a sus agremiados.

Cuarto, y este duele más, seguridad y justicia. Así, juntas. Lo sabes pero te lo repito: en este país mueren los excluidos. Basta asomarse a los datos para darse cuenta que las víctimas las ponen quienes no tienen acceso alguno a la justicia, porque no tienen acceso a todo lo demás, ni educación, ni empleo de calidad, ni capacidades productivas. Cuando el Estado se retrae deja en el desamparo a quienes depende de él para defenderse. Cuando el Estado se permite abusos y violaciones de derechos las víctimas son siempre los desposeídos. No hay política de seguridad posible sin acceso a justicia. Ese debe ser un punto de partida, y sobre él construir procesos de memoria y reconciliación; amnistía para grupos capturados por el crimen; fortalecer a la fiscalía autónoma y abrir espacios de acompañamiento internacional; rescatar y reformar nuestro sistema penitenciario; sacar a las fuerzas armadas de las calles y tirar la ley de seguridad interior (a espera de lo que decida la corte); construir una fuerza nacional capacitada y equipada, pero con mecanismos civiles de rendición de cuentas y castigo; y por favor, repensar nuestra política de drogas hacia la legalización y la producción local de fármacos legales.

El quinto punto parecerá accesorio, pero no lo es. El gran problema de la representación política en las democracias, incluida la nuestra, es que los gobernantes saben cosas que nosotros no sabemos y eso les permite sobrevivir en el poder haciendo lo que no deben hacer y no haciendo lo que deben. En el centro de esa asimetría están los medios de comunicación. Andrés Manuel, debes romper con la relación de codependencia que tienen nuestros medios con el poder; reducir al mínimo el gasto en publicidad oficial, y entender que un periodismo de investigación y permanentemente crítico al gobierno es saludable para la democracia porque dota a los ciudadanos de herramientas de evaluación y castigo. Sí, es factible que te enfrentes a medios financiados por opositores públicos y privados, dedicados a “golpear” tu gestión; y sí, deberás defenderte y responder; pero cuando lo hagas no debes poner en riesgo la libertad de prensa, ni recurrir a la cooptación de otros medios.

Esta carta no existiría si hubiese ganado alguno de tus dos contrincantes, no se puede imaginar un México nuevo al lado de alguien que ha sido cómplice y beneficiario del viejo. Por eso nuestra celebración ayer, por eso nuestras expectativas hoy. Te lo digo con total sinceridad, tu legado en 2024 será entregar un país con ciudadanos fuertes y emancipados o no será. Permite pues a los ciudadanos acompañarte en la configuración de ese país más abierto, más justo, más equitativo, más dispuesto, más democrático, más sostenible, más nuestro caray.

 

José Merino
Politólogo.


1 Retomo aquí algunos argumentos que escribí junto con Antonio Martínez Velázquez hace casi cuatro años en este texto https://bit.ly/2JOMyy9

2 En: Elton, Oscar y José Merino. 2018. “Economía política del mercado laboral en México: hacia un plan estratégico para el crecimiento con equidad”. BID (por publicarse).

 

13 comentarios en “Un día después y el México que viene

  1. Gracias a José Merino por abandonar las “ropas del eufórico simpatizante en campaña para amanecer hoy con las ropas de un ciudadano más cauto: expectante y vigilante..”

    • Sr. MERINO… ENTIENDO SU SINCERA PREOCUPACIÓN POR LO QUE SIGUE… POR LO QUE HARA EL SR. LÓPEZ OBRADOR CUANDO ASUMA LA PRESIDENCIA Y EL CÓMO LOGRARÁ CUMPLIR CON LO PROMETIDO… SUENA A EGOCENTRISMO Y FANTASÍA… PORTO TAMBIÉN CREO QUE EN UN BREVE DISCURSO NO SE PUEDE DECIR TODO… EL QUE Y EL CÓMO… SÓLO LE RECUERDO QUE EL LEMA ES… JUNTOS HAREMOS HISTORIA… NO SU HISTORIA.. ESTO LO ENTIENDO COMO UN MENSAJE PARA TODOS LOS QUE VOTAMOS Y creímos en el como nuestro guía, nuestro líder, pero nunca dijo que lo haría erial sólo, sino con la participación del pueblo, nosotros.. es una labor en la que todos debemos participar..y con nuestra ayuda.. haremos historia… estoy segura que AMLO, tomará en cuenta tu valiosa opinión, tus ideas tus consejos, así como. Las de cualquiera que tenga el arrojo de hacerlo…

  2. Me preguntó, si sólo con buenos deseos se puede lograr gobernar y cambiar a un país. Ud. habla de lo que desea y cómo lograrlo en este país, también deseó que se detenga la impunidad, el crimen…y jamás escuche algo concreto del plan de trabajo del Sr. López, sólo con amor y perdonando a los criminales y la justicia?

  3. Pepe
    Será que el Dr. Arnaldo Cordova tenía razón cuando teorizó sobre la construcción del Poder Político en México. Yo creo que si, llevamos más de un siglo construyendo una autocracia.
    No es sólo AMLO quien está obligado a una reflexión, no se trata solo de vigilar al Presidente Fuerte (Nuestro Edipo social), se trata construir capacidad ciudadana de participación efectiva e interlocusión propia.

  4. Tuve la oportunidad de conocerlo a usted en “Para leer en libertad” y de verdad quede impresionada, ahora imagínese cuando leo lo que acaba de escribir, yo soy una universitaria pero concuerdo en muchos aspectos con usted, creó que el gane que se le dio a obrador fue por muchos factores los cuales venían orillando al pueblo a cansarse de los gobiernos pasados, y también me parece muy importante lo que usted comenta sobre la enorme responsabilidad que tenemos de vigilar y exigir que todo lo acordado se lleve a cabo.

  5. Estuvimos dos décadas soportando la desmantelación del país, quizás muchas personas del pueblo no entendían, porque los medios te envuelven para dar una noticia de que te están robando los recursos de la nación, pero es por tu bien, y por otro lado en el momento que quieres defender tut terrenos que te están robando y luchas una batalla como la de Atenco o la Lucha de los muchachos de Ayotzinapa, donde con el ejército o la marina te masacran, donde podias pedir derechos, hoy con las redes sociales muchos hemos transmitido el daño patrimonial del País y la los mexicanos entendieron que necesitábamos quitar a los corruptos, y el pueblo decidió, pero no puedes darle lecciones de gobernar al Lic. Andrés Manuel López Obrador porque, tu tuviste la oportunidad de vigilar y exigir a Peña Nieto y al Congreso de la Unión lo que prometió y donde lo plasmaste antes. digo

  6. Excelente carta. Esperemos que AMLO lo haga. “Entregue un legado en 2024 de un país con ciudadanos fuertes y emancipados. Que permita pues a los ciudadanos acompañarte en la configuración de ese país más abierto, más justo, más equitativo, más dispuesto, más democrático, más sostenible, más nuestro caray.” Esperemos

  7. Yo agregaría que los poderes legislativo,así como el de suprema corte y ejecutivo cada quien cumpla con sus obligaciones sin que interfieran uno de los otros. Cumplir para lo que fueron elegidos y no a la orden del ejecutivo como ha sucedido. También que se aplique la justicia como debe ser, ya que justicia no se aplica por parte quién debe impartir la y hacerla cumplir así como los ciudadadnos. Y digo justicia en toda la extensión de la palabra

  8. –el reclamo que haces y con el que aparentemente amarras a Andrés Manuel cómo garantía de su [buen] desempeño como Presidente, sólo refuerza el paternalismo opresor que permea dogmáticamente tu elocuente discurso… la [con]formación de “ciudadanos fuertes y emancipados” (sic) NO puede depender de quien firnará los decretos [y los cheques] durante los próximos seis años, sino de los propios ciudadanos dispuestos a cambiar su condición si se les da la oportunidad…
    … con la lucidez que te caracteriza José, esperaría que estuvieras de acuerdo en que el quid del asunto no está sólo en cambiar de pastor sino en dejar de seguir siendo ovejas…

  9. Me sumo a su análisis y deseos por este México que deseamos todos. La tarea es ardua. Informarnos con contenidos serios, realistas y propositivos es un buen comienzo.

  10. La teorización y analisis político desde la barrera de lo académico, dista años luz con el profundo conocimiento y sentimiento de los millones de mexicanas y mexicanos que votaron por un cambio de regímen y de practicas corruptas en lo público y privado….