Presentamos la crónica de lo que ha sucedido con el litigio nacional sobre el cultivo del maíz transgénico en los últimos tres años. Cinco empresas que buscan carta abierta para el uso de semillas transgénicas, apoyadas por el gobierno federal, en contra de productores que defienden las 60 variedades de maíz criollo.

El debate sobre el uso de los organismos genéticamente modificados (OGM) en México está llegando a una etapa decisiva. En julio de 2018 se cumplirán cinco años de la suspensión judicial a la siembra de maíz transgénico. Un magistrado federal ordenó en marzo de 2017 la suspensión definitiva del cultivo hasta que se resuelva el juicio. De un lado está el gobierno del presidente Peña Nieto, que junto con cinco empresas de transgénicos busca imponer el cultivo del maíz transgénico en el país, y del otro los promoventes de la demanda de acción colectiva, que son organizaciones civiles y científicos expertos en el tema. A enero de 2018 eran 54 meses de litigio en 17 tribunales federales. De un lado, millones de pesos pagados con impuestos, y del otro dinero recolectado por organizaciones de la sociedad civil a través de donativos voluntarios. En todo el proceso el gobierno federal ha compartido los argumentos de las empresas, y no buscó una conciliación. Mucho está en juego: para las empresas un potencial negocio de billones de pesos en la venta de semillas y herbicidas (glifosato). Para los productores de maíces criollos, los agricultores orgánicos, los apicultores de todo el país, los chefs mexicanos es su sustento, su vida. Y para los millones de mexicanos que comen 60 variedades de maíz, su principal alimento. La administración Peña parece sólo creer la versión de las empresas de semillas transgénicas, que el maíz genéticamente modificado produce más, y que es inocuo a la salud humana y para el medio ambiente. En este convencimiento fue clave la cercanía del doctor Bolívar Zapata, experto en medicina biotecnológica (no en alimentación, no en ecología) y posteriormente el coordinador de ciencia y tecnología de la presidencia. Muchos expertos del gobierno federal y de la academia —como el doctor Sarukhán, quizá el más eminente ecólogo del país y coordinador de la Conabio, y la doctora Elena Álvarez-Buylla que estudia el maíz y su complejidad genética en la UNAM— han cuestionado el dogmatismo científico del gobierno, que no ha permitido el debate. El gobierno no lo desea, sabe el proceso judicial que realiza no sería popular con los mexicanos si se enteran del caso: no se ve bien que el presidente pelee de la mano de megacorporaciones para imponer semillas con ADN patentados, y que pueden contaminar las 60 razas de maíces mexicanas.


Ilustraciones: Patricio Betteo

México es el país centro de origen global de las decenas de razas de maíz, si las pierde toda la humanidad las perderá. Es de tal magnitud la importancia del tema que hay todo un acuerdo mundial (el Protocolo de Cartagena, realizado bajo el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas) diseñado para ello, y cuyo pilar es el concepto de Principio Precautorio. Entrevisté al doctor Braulio Ferreira, secretario de la Comisión que vigila el convenio. Comentó su preocupación de que el gobierno mexicano buscaba autorizar el cultivo de maíz transgénico y decidió solicitarle información. “He enviado un oficio al ministro anterior (Juan José Guerra, de Semarnat) llamando la atención de la importancia de esta decisión que México va a tomar y de las potenciales implicaciones para otros países, porque todos consumimos maíz. Los países de origen, de cualquier animal o planta domesticada, tienen una responsabilidad con el resto del mundo, porque todo el mundo depende de estas especies para la alimentación diaria, y para enfrentar los desafíos del cambio climático, que va a causar grandes impactos a la agricultura”. Le pregunté ¿por qué es tan importante conservar las plantas de los centros de origen genético global? “Necesitamos asegurar la manutención de la variabilidad genética, porque esa será la solución. ¿Cómo lograr la adaptación al cambio climático en la agricultura? Con recursos genéticos, desarrollando nuevas variedades… pero si perdemos esa variabilidad genética no vamos a tener la capacidad de tener soluciones de adaptación”. Y si el gobierno no escucha, ¿qué riesgos existen? “Hay un riesgo ahora con la biotecnología de promover una mayor uniformidad en los sistemas de producción agrícola [como ocurre en Estados Unidos], porque si tenemos los mismos cultivares, la misma variedad de una especie plantada en todas partes, si hay un cambio climático, una plaga eso podría diezmar a todo”. El caso de la papa en Irlanda es referencia de ello, millones murieron de hambre. Pero la industria de transgénicos afirma que sus semillas producen más, que son seguras para el medio ambiente, le insisto. Pero responde: “El futuro de la agricultura mundial es algo muy importante que no puede estar decidido por una lógica de productividad, sin duda muy importante, pero no puede ser el único criterio. No podemos transformar toda la agricultura del mundo en agricultura industrial de gran escala que no tiene biodiversidad. Aquí el derecho internacional tiene que ser tomado en cuenta, y los intereses de otros países que podrían ser afectados. Hay claridad que el riesgo de contaminación genética existe”. Le pregunté si había recibido respuesta, me respondió que seguía esperando. ¿Qué sucedería si a pesar de las observaciones internas e internacionales el gobierno mexicano insiste en autorizar el maíz transgénico en el país centro de origen global? “El gobierno mexicano tiene el compromiso de tomar en cuenta los eventuales riesgos y de tomar decisiones con base al principio precautorio, y en el caso de países de origen de plantas cultivadas esto es aún más importante, porque sería un problema global. En la CBD hay una comisión de cumplimiento, así que si algún país se siente perjudicado puede denunciar de manera formal, y eso sería considerado por la comisión para ser investigado”.

Entrevisté a Bolívar Zapata cuando aún laboraba en Presidencia (dejó el cargo para competir a la rectoría de la UNAM) y su interés era diluir el principio precautorio en la propuesta de legislación de la reforma para el campo, afirmaba era muy burocrático el reglamento de la ley de bioseguridad. En un debate reciente que realizó Milenio Diario sobre los OGM, Bolívar los defendió1 apoyándose en una carta que premios Nobel habían firmado. Lo que no explicó fue el rol que tuvo la industria de transgénicos en la redacción y presentación de esa carta.2 El famoso encabezado en la prensa de los 104 ganadores del Premio Nobel a favor de los transgénicos fue un golpe maestro de relaciones públicas, muchos de los firmantes ni científicos eran, y la mayoría no estudia ecología o alimentación. Lo que importó fue el momento, ya que en esos días se discutía en el Congreso de Estados Unidos si se iba a permitir por fin el etiquetado de alimentos con OGM o no. Ganó el etiquetado tan complicado que hasta la FDA lo criticó, pero esa era la idea de la industria: no podía parar el futuro, ahora sólo quiere de forma desesperada que los consumidores —ante las barreras de acceso a la información— no tengan tiempo de enterarse sobre lo que comen. La industria de OGM hasta ha buscado comprar funcionarios públicos, y con ellos, instituciones completas. El doctor Sarukhán, coordinador de la Conabio, me comentó que una enorme empresa de semillas transgénicas había ofrecido mucho dinero para “apoyar” la labor de la dependencia pública, esperando así influenciar sus opiniones. ¿En cuántas otras no habrá hecho la misma oferta? La ciencia no ocurre sellada al alto vacío, y especialmente no la agroalimentaria. Las empresas de semillas transgénicas solamente son la última cara de un proceso de consolidación de la industria química en las últimas décadas. La industria de OGM no podría existir sin vender pesticidas y herbicidas, son uno y lo mismo. La industria agro-químico-alimentaria mundial mueve billones de dólares, y eso influye no sólo en legisladores y gobiernos, sino en científicos. La ciencia alimentaria ocurre hoy en un proceso globalizado, lleno de intereses políticos y empresariales. A continuación analizo los principales argumentos de la industria de semillas transgénicas.

 

La duda metódica es el motor del método científico. Empresas de la industria química han lanzado productos por décadas, para después “descubrir” que eran dañinos al medio ambiente o a la salud animal y humana. Así ha ocurrido con el plomo, los CFC, el DDT, las emisiones de CO2 a la atmósfera o la hormona de crecimiento bovino. En 1994 apenas se aprobó el primer cultivo OGM en Estados Unidos. En el año 2000 una variedad de maíz OGM (Starlink) —aprobado sólo para consumo animal— se cree produjo una shock alérgico en una consumidora de tortillas, la alarma causó que la marca del alimento las retirara del mercado en Estados Unidos.

El 2 de junio de 1986 (hace más de 30 años) la administración Reagan lanzó una política sobre OGM (Coordinated Framework for the Regulation of Biotechnology) para impedir que el Congreso regulara a la nueva tecnología. Obligaba que fuera regulada en el marco de las leyes federales de ese tiempo debido a que “los métodos recientemente desarrollados son extensiones de las manipulaciones tradicionales”. El 29 de mayo de 1992 la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) publicó en el diario oficial de Estados Unidos la nueva política, y empieza la una nueva era en la alimentación moderna, donde una tecnología poco conocida no sería regulada por el gobierno. Se inventó la noción semántica de equivalencia sustancial para los OGM. Eran iguales los OGM obtenidos de trangénesis directa en laboratorio a los productos de la selección natural de miles de años. Impuso una definición para beneficio de Monsanto y luego de toda la industria: los OGM son fundamentalmente “naturales”, y no requieren escrutinio extra. Debido a esa noción política del riesgo, los OGM no se etiquetaron en Estados Unidos ni en México. Pero algo más: una comisión encabezada por el entonces vicepresidente Quayle recomendó una guía sobre manejo de riesgo de OGM a la FDA, donde se le aconsejaba no examinar los nuevos productos, y solamente permitir a la industria advirtiera de problemas si los encontraba. La engañosa nueva categoría de equivalencia sustancial implicó que la FDA no considerara a la manipulación genética como aditivo alimenticio, y como no lo es, no fueron entonces necesarias pruebas toxicológicas. El científico responsable de la regulación de la biotecnología y seguridad alimentaria en la FDA era James Maraynski, quien lo supervisó desde 1985 hasta 2006. En una entrevista se le preguntó si esta decisión fue hecha con evidencia científica o fue sólo política, y respondió: “fue una decisión política, fue una decisión muy amplia que no sólo cubría alimentos. Era para todos los productos de la biotecnología”.

El nacimiento de la industria transgénica no fue una decisión respaldada por la lógica de la evidencia de la ciencia. La industria afirma que existe un enorme consenso científico a favor del uso de OGM, que los alimentos que los contienen son seguros para el ser humano y el medio ambiente. El representante de AgroBio (la organización de cabildeo de la industria en México) afirmó recientemente que sus productos son una opción “segura y sustentable”,3 pero en realidad ese consenso no existe. La ciencias de la vida aún no comprenden todo sobre la biología y la ecología. Sobre biotecnología apenas estamos entendiendo la epigenética, e incluso no comprendemos toda la complejidad genética y ecosistémica de plantas como el maíz. El motor de la ciencia es la duda metódica, no el dogma, y muchos científicos tienen dudas sobre la seguridad de los OGM. En 2015 la revista Environmental Sciences Europe publicó un artículo titulado “No scientific consensus on GMO safety”. Afirma que una gran cantidad de científicos independientes retan el llamado consenso sobre la seguridad de los OGM, a pesar de la evidencia. Y esta falta de consenso se observa en los mismos instrumentos internacionales para el manejo de los OGM, como lo son el Protocolo de Cartagena y las guías del Codex Alimentarius, que autorizan sólo una evaluación caso por caso de cada OGM para determinar si es seguro. Es decir, los OGM no tienen una carta blanca para ser automáticamente autorizados, aunque la mayoría de las evaluaciones las hacen las empresas (y son secretas) muy pocas las realizan gobiernos, ONG o universidades, ya que los experimentos son muy caros, pueden costar millones de dólares. El texto del artículo ha sido firmado por más de 300 investigadores líderes en biotecnología de todo el mundo,4 incluidos de México. No afirma que los OGM sea seguros o inseguros, en lugar de ello concluye que con toda la evidencia disponible hasta ahora, la mayoría secreta y privada, es imposible afirmar que los OGM sean seguros para la salud humana o el medio ambiente, como afirman las empresas, y sí, hasta el gobierno mexicano.

 

Los riesgos a la salud pueden ser de difícil detección, aparecen a menudo por un consumo de largo plazo, como los casos del plomo y el tabaco han demostrado. El metabolismo humano no es tan veloz como el de una rata. Quizá no es casual que el guión de negación y relaciones públicas de las industria tabaco5 y del azúcar6 sea ahora copiado por la de transgénicos.

Sheldon Krimsky,7 investigador sobre política pública y riesgo científico de la Universidad de Tufts, lleva décadas estudiando el debate sobre los OGM. “El debate científico no está resuelto, aunque mucha gente afirma que lo está. Hay mucho que no sabemos, y hay científicos tratando de explicarlo, pero han sido marginados por otros estudios, a menudo financiados por corporaciones cuyas ganancias vienen de los OGM”, afirma. En su libro GMO deception analiza por qué el debate está lejos de ser resuelto. Krimsky ha revisado la literatura científica sobre OGM desde los 1990 y encontró más de 20 experimentos que demostraban problemas en los sistemas inmunitarios y digestivos de animales que comían semillas transgénicas. La mayoría de estos estudios habían sido realizados por científicos fuera de Estados Unidos y con financiamientos públicos. A la par, encontró que más de 100 estudios, la mayoría financiados por la industria, no encontraron ningún daño.8 Hace notar que el consenso científico en el tema no se realiza por la suma de mayoría de estudios: “aunque puedan haber más estudios que no hayan encontrado efectos adversos, cuando se observa a la seguridad de un producto, los efectos negativos que usted vea en un estudio son más importantes que los positivos —tienen más peso, y tienen que ser examinados y replicados para ver si fueron un error o si se encuentran resultados consistentes”.

Las preocupaciones acerca del impacto a la salud de las semillas transgénicas y los alimentos preparados con ellas han producido que los gobiernos Estados Unidos, Canadá y Europa hayan decidido no permitir el consumo de trigo OGM, lo mismo ha hecho Japón con el arroz transgénico. Ambos siendo los cereales principales de alimentación de esas regiones. Y nadie acusa a esas naciones de ser anticientíficas, extrañamente de eso se acusa a quienes en México cuestionan el uso de maíz transgénico, siendo el maíz principal alimento de la población. Y a diferencia de Europa y ahora Estados Unidos, donde ya hay ciertos etiquetados sobre OGM en alimentos, en México la Cofepris, cegada por el mito político y no científico de la equivalencia sustancial, ha permitido que los consumidores mexicanos no tengan derecho a saber, y coman sin poder elegir alimentos importados de Estados Unidos con maíz OGM. Muchos gobiernos han impuesto prohibiciones totales al cultivo de maíz OGM. Entre ellos naciones con sistemas científicos avanzados como Alemania, Francia, Rusia e Italia, tan recientemente como 2015. Quieren analizar la nueva evidencia descubierta. Persisten dudas razonables de que muchos problemas metabólicos (que son de larga duración) puedan derivarse de su ingesta.

En septiembre de 2012 el investigador francés Eric Séralini y su equipo publicaron un artículo en la revista Food and Chemical Toxicology (FTC) acerca de los efectos que sufrieron ratas de laboratorio después de dos años de comer maíz transgénico. Era la primer vez que se realizaba un estudio de larga duración (no el común de tres meses), en este caso, dos variedades producidas por Monsanto. Un estudio ambicioso de 3.2 millones de euros, cuyos resultados prendieron las alarmas de la industria. Las ratas habían sufrido graves daños al año de haber ingerido el maíz OGM, los machos enfermaron de riñones e hígado, las hembras desarrollaron graves tumores mamarios. La vida de las ratas es de dos años, el año representa su vida media, es decir, unos 30-40 años en el ser humano. Las conclusiones fueron atacadas ferozmente por las empresas, y resultaron en algo muy pocas veces visto. En noviembre de 2013 la revista le anuncia a Séralini que su artículo será vuelto a evaluar por un comité de expertos. Ellos reciben todo los datos duros del estudio y anuncian que no ven ningún fraude científico, no hay errores matemáticos. Sin embargo, el editor en jefe anuncia que el texto será retirado porque las conclusiones no son “concluyentes”. De hecho, esta razón es extraña, ya que no aparece como razón en la reglas de publicación de la revista para rechazar un artículo. Realizar experimentos es muy caro, por eso la gran mayoría los realiza la industria, pero son privados por ser propiedad industrial. Este fue el primer experimento de esta escala, realizado de forma independiente, por lo que no es de extrañar la cantidad de ataques que recibió. En junio de 2014 una actualizada versión del artículo es publicada en Environmental Sciences Europe, y todos los datos son hechos públicos en línea. Las empresas de semillas transgénicas esperaban que este fuera el final de la historia, pero apenas empezaba.

El profesor Richard Goodman de la Universidad de Nebraska fue editor de  FCT pero durante siete años previos trabajó para Monsanto. Como editor revisaba los artículos propuestos a publicación sobre OGM. Goodman llegó a ser editor en 2012, poco después de que se publicó el artículo de Séralini. Algo singular sucedió después de que Goodman llegara a ser editor en FTC, pero ahora se conoce por fin. La organización civil US Right to Know (USRTK) utilizó la ley de derecho a la información de Estados Unidos para pedir copia de los correos electrónicos del editor, ya que él era profesor en una universidad pública. Goodman llegó a FTC, y en 2013 la revista se retractó de haber publicado el texto de Séralini, que en 2014 lo publicó Environmental Sciences Europe (http://enveurope.springeropen.com/articles/10.1186/s12302-014-0014-5). En su momento críticos advirtieron de la influencia de Monsanto sobre Goodman, pero él rechazó las acusaciones, sin embargo renunció como editor en 2015. Fue hasta julio de 2016 que el diario francés Le Monde publicó que tuvo acceso a los correos que USRTK obtuvo usando. Los correos muestran (http://www.huffingtonpost.com/carey-gillam/keeping-secrets-from-cons_b_10995998.html) a Goodman consultando de forma rutinaria con Monsanto sobre su trabajo académico acerca de OGM, y algo más. Goodman pide indicaciones a la empresa sobre cómo criticar mejor el estudio de Séralini cuando fue publicado. Existe un correo del 19 de septiembre de 2012 en el cual Goodman escribe a Bruce Hammond, toxicólogo de Monsanto, pidiendo literalmente el guion para poder contrarrestar el estudio francés. Los correos además muestran que el editor en jefe de FTC, Wallace Hayes, le escribe a Hammond para que revise artículos propuestos a la revista. Goodman se comunicó con más funcionarios de Monsanto, entre otros asuntos para vetar otro estudio sobre efectos del maíz transgénico, y para gestionar financiamientos de la empresa y otras biotecnológicas más, que llegaban a ser hasta la mitad de su ingreso. El 30 de julio de 2012 Goodman escribe a funcionarios de varias empresas para pedir orientación, ya que la NPR (la cadena de radio pública de Estados Unidos) lo entrevistaría sobre la relación entre los OGM y posibles alergias. Bayer le respondió pronto, ofreciendo capacitación mediática gratuita previa a la entrevista.

El estudio de Séralini fue retirado por el editor de FTC, pero éste nunca afirmó fuera por plagio, dolo, conflicto de interés o tuviera mala matemática. Sin embargo, fue duramente criticado en medios de comunicación —que suele copiar los comunciados de prensa de las empresas— especialmente por una razón: se alegó que la especie de ratas usadas desarrollaba, comúnmente, con la edad tumores, y que por lo tanto los tumores observados no se derivaban de comer maíz transgénico. Pero la prensa no comentó que esa especie de ratas es la recomendada por organismos internacionales para realizar experimentos ya que constituyen un buen modelo biológico. Lo importante del estudio es que las ratas fuera del control produjeron más tumores, dos o tres veces más, algo nada normal, y así se reportó. Todas las ratas de esa especie desarrollan tumores con la edad, pero éstas desarrollaron el doble o el triple. Algo que la “prensa científica” no reportó fue que en febrero de 2006 Monsanto publicó un artículo (coordinado por Bruce Hammond, líder de su equipo de toxicología y presidente de la  Society of Toxicology’s Food Safety Section en esa fecha) en la misma revista, FTC. La empresa realizó el mismo experimento, dar de comer al mismo tipo de ratas maíz transgénico de Monsanto, pero con una pequeña diferencia: por 90 días. Cito los resultados según el abstract: “Este estudio complementa extensos estudios de composición agronómica y de alimentación animal”, con maíz OGM, “confirmando que es seguro y nutritivo como las variedades de maíz convencionales existentes”. Este artículo no fue criticado por la prensa o la comunidad científica, a pesar del obvio conflicto de interés. El doctor Hammond ha continuado publicando artículos sobre estudios acerca de la toxicidad de los OGM, con amplio financiamiento de la industria.9

El 26 de agosto de 2015 los editores del prestigiado New England Journal of Medicine (NEJM) publicaron un inusual editorial titulada: “OGM, herbicidas y salud pública”. Su introducción al problema que querían tratar es claro: “alimentos producidos a partir de cultivos OGM se han vuelto generalizados. Y a diferencia de los cuerpos regulatorios de otros 64 países, la FDA no requiere el etiquetado de alimentos genéticamente modificados”. Afirman que además de lo anterior han ocurrido dos desarrollos que han “cambiado dramáticamente el panorama de los OGM”. Primero es el alto crecimiento en el uso de herbicidas aplicados a cultivos OGM (especialmente glifosato) y que la Agencia Internacional de Investigación sobre cáncer (IARC) ha clasificado al glifosato como “probable carcinógeno humano”.

La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NAS) revisó en 2000 y 2004 la seguridad de los cultivos de OGM. En esos años, aunque no alertó de peligros inminentes, sí lo hizo sobre un tema en particular, que tiene importancia con el maíz transgénico: la modificación genética por definición no puede ser estable, está sujeta a cambios en el organismo y en el ecosistema, y tiene el potencial de producir alérgenos o toxinas que pueden tener consecuencias no previstas. Ambos reportes de la NAS alertaban de este hecho y recomendaban medidas de prevención. El NEJM afirma que esas alertas no han sido escuchadas por la industria y las autoridades.

 

Las compañías de semillas transgénicas afirman una y otra vez que su tecnología nos salvará del hambre. Afirman que es necesario el maíz OGM porque México importa maíz. Lo que no dicen es que 89% de las importaciones en 2016 fueron de maíz amarillo, destinado a ser alimento para ganado. Sí importamos maíz blanco, pero su cantidad “representa menos de 10% de las importaciones totales de dicho cereal”.10

El USDA publicó en febrero de 2014 un reporte sobre el cultivo de OGM en Estados Unidos, y afirmó: “durante los 15 primeros años de uso comercial las semillas GM no han mostrado incrementar los potenciales de las variedades, de hecho los rendimientos de las semillas tolerantes a herbicidas o resistentes a insectos pueden ser menores que los rendimientos de las variedades convencionales…”.

Otro estudio publicado (Heinemann, Massaro, et al.) en 2014 en el International Journal of Agricultural Sustainability refuerza lo anterior. Comparan la estadística del rendimiento de la producción de maíz de 1961 a 2010 entre Estados Unidos y Europa Occidental y encuentran que “no hay evidencia de que la biotecnología GM sea superior que otras biotecnologías… a pesar de las aseveraciones de que los OGM puedan ser necesarios para alimentar al mundo no encontramos mejores rendimientos cuando Estados Unidos fue comparado con Europa…”.

Científicos ya han documentado la creciente resistencia de insectos a los cultivos con el gen Bt (algodón, maíz y soya). Las empresas dicen que eso se soluciona volviendo a reforzar las características de toxicidad Bt, pero cualquier biólogo serio sabe que es una carrera sin fin, al final quien lleva el mazo de carta en la mano es la selección natural, y ésta siempre gana. Sólo se crearán plantas más y más tóxicas, y eso puede tener consecuencias ambientales. Además, los agricultores verán sus cosechas menguar, como ya sucede en Brasil, donde están pidiendo a las semilleras OGM que les reembolsen lo gastado en pesticidas, porque los gusanos ya no se mueren, y ahora requieren rociar más pesticidas que antes.11 También en Estados Unidos se ha reportado una creciente resistencia de las plagas a los cultivos que tiene el gen Bt. En enero de 2014 Aaron Gassmann publicó en el prestigiado PNAS un estudio12 donde expone cómo el maíz OGM está siendo devorado por insectos ante la creciente resistencia de éstos a la toxicidad del gen Bt. “Estos primeros casos de resistencia del gusano del maíz subraya la vulnerabilidad del maíz Bt a una mayor evolución hacia la resistencia por parte de esta plaga…”.

Quienes afirman que el maíz OGM salvará a México del hambre ocultan una variable clave: el costo total de producción. El cultivo no sólo es el costo de las semillas (que la transgénica es cara por ser importada): es el diesel, equipos, fertilizantes, los permisos de riego a la Conagua, la energía eléctrica para el bombeo del agua, los salarios de los trabajadores, los seguros de cobertura, pero los agricultores de Estados Unidos cuentan con los subsidios del gobierno y esto ha creado un enorme monocultivo, ya que entre más extensa es la superficie de cultivo más subsidio recibe. Así, la agricultura de Estados Unidos ha pasado de ser una empresa familiar y regional al imperio de megaagroindustrias, que cada día tienen un mayor peso político debido a que ahora pueden donar a candidatos gracias a un fallo de la Suprema Corte de Estados Unidos (caso Citizens United). Los subsidios estadunidenses, la enorme economía de escala y el TLCAN son las razones por las que el maíz estadunidense sea competitivo. Decir que sembrando maíz OGM se solucionará los problemas de producción del campo mexicano es ingenuo, porque no tenemos esos subsidios, esas enormes planicies y esa economía de escala. El maíz mexicano es muy productivo para la arrugada orografía mexicana, y porque son decenas de maíces diseñados por siete mil años al microclima de cada región. Sólo se necesita algo: que el gobierno invierta en seguridad en carreteras y ferrocarriles, en la producción nacional de semillas con investigación pública, en preparar la resiliencia climática, en mejores bodegas, una mejor banca de desarrollo.

 

España es el último país de la UE que cultiva maíz OGM. Según el portal Economía Digital,13 en 2016 “los productores dejan de cultivar el producto de Monsanto (MON810) al considerar que su rentabilidad es mucho más baja que el maíz tradicional. El precio de la semilla es más cara que el maíz natural y el mercado penaliza a los cultivos transgénicos con un precio menor. Se han dado cuenta que, tras varias cosechas, la producción es mucho menos rentable. Ha crecido tanto la demanda de maíz orgánico en Estados Unidos que el abasto interno no alcanza y han tenido que importarlo de Rumania. Apenas en febrero de 2018 Reuters informó que después de nuevos controles biotecnológicos compradores chinos habían decidido cancelar órdenes de maíz transgénico de Estados Unidos y buscado mejor maíz convencional de Ucrania. “Beijing ha incrementado ampliamente el escrutinio de importaciones genéticamente modificadas”. El precio de la tonelada de maíz no transgénico de Ucrania se disparó de 20 a 180 dólares.

Los pequeños productores mexicanos de maíz producen 85% de la producción nacional (30 millones de toneladas de maíz blanco en 2015). A pesar de mal clima y plagas producen, pero viven al borde de la pobreza debido que desde los 1980 el gobierno federal pensó que era más barato importar maíz estadunidense cultivado con enormes subsidios (y bajar los precios) que apoyar a los productores pequeños, y se orientaron los apoyos a la agroindustria de exportación. Se cerró la prestigiada Productora Nacional de Semillas y se redujo mucho el presupuesto de investigación en el Inifap. Décadas de trabajo de creación de capacidades agrícolas locales fueron abandonadas, y se privilegió la importación de granos básicos, que fueran las empresas extranjeras las que surtieran el mercado nacional. Sagarpa priorizó apoyar a los exportadores grandes de maíz, pero como reconoció el mismo exsecretario Mayorga, el esquema de subsidios está mal diseñado. Aserca (la agencia de comercialización de Sagarpa) tiene cada vez menos presupuesto, y cuando hay “los subsidios benefician a los grandes agricultores y grandes compradores, como el caso de la transnacional Cargill”.14 Si el gobierno federal no hubiera desmantelado la producción nacional de semillas y de fertilizantes (que apenas se busca recuperar) y favorecido sólo la exportación, hoy el campo mexicano no estaría a merced de la importación de insumos a precios internacionales. Y no podemos olvidar que el maíz transgénico que el gobierno Peña Nieto busca se cultive, es importado.

Las investigadoras Michelle Chauvet (UAM-A), Elena Lazos y Libertad Castro (IIS-UNAM) realizaron un estudio para la Cibiogem sobre las posibles consecuencias socioeconómicas del cultivo de maíz OGM en Sinaloa, el principal estado productor de maíz blanco en México. Cito sus conclusiones: “La preocupación de los productores, sus problemas no están fincados en la producción misma, sino en los altos precios de los insumos —fertilizantes y semillas—, y en la falta de canales adecuados de comercialización. Si ellos tuvieran mayor seguridad en este sentido y en los precios pactados a futuro, ganarían mucho más, tanto económica como social y políticamente, que con la introducción del maíz transgénico, a pesar de que los productores se vean beneficiados por el programa de comercialización a través de Aserca, los montos siempre son fijados por intereses políticos. Se está presionando para introducir una tecnología inapropiada, obsoleta y con el alto costo de una dependencia tecnológica absoluta”.15

 

El sistema regulatorio estadunidense sobre los OGM empezó en 1992, pero la ciencia ha avanzado y muchas dudas han surgido como hemos visto acerca de la seguridad de los OGM. Ante esta nueva realidad, la administración Obama le ordenó16 en 2015 a las tres agencias federales (USD, EPA, FDA) con responsabilidad en el tema que actualicen lo que se llama el Marco Coordinado para la Regulación de la Biotecnología. Es tan complejo que nadie puede entenderlo —el sistema mexicano es aún peor—, las pequeñas empresas sufren una pesadilla navegándolo y nuevas tecnologías —como CRISPR— han surgido que hacen a este sistema irrelevante.

En agosto de 2002 Monsanto solicitó un permiso para comercializar su maíz transgénico MON 863 al gobierno alemán. La autoridad revisó el expediente y rechazaron lo solicitado con el argumento de que el nuevo OGM tenía un marcador genético para resistencia a antibióticos, que violaba una directiva de la UE que lo prohibía. La Comisión Europea en Bruselas recibió esta alerta y la reenvío a todos los Estados miembros de la UE para solicitar sus opiniones. Fue hasta junio de 2003 que esta alerta llegó a París, a la Commission du Génie Biomoléculaire (CGB). El 28 de octubre de 2003 el CGB lanza una nueva alerta en forma de opinión, no especialmente por el tema del marcador genético sino por algo nuevo: por deformidades observadas en ratas alimentadas con MON 863. Gérard Pascal, director de investigación del INRA (Instituto Nacional de Investigación Agronómica) y miembro del CGB, afirmó ante las críticas: “Escucho el argumento de la variabilidad natural (de las ratas), pero lo que me ha asombrado en esta investigación fue el número de anomalías. Hay muchos elementos donde se observan variaciones significativas. Nunca había visto esto….”. Las anomalías era un alto aumento en células blancas sanguíneas y linfocitos en ratas macho y la reducción en reticulocitos en ratas hembras, e inflamación y degeneración del hígado en los machos. Nadie se habría enterado públicamente de esta opinión del CGB si una ONG —el CRII-GEN—, después de una batalla legal de un año, no hubiera forzado la transparencia de las discusiones internas que llevaron a esta posición, inusual para un organismo de gobierno que siempre había apoyado a los OGM.17 El 7 de octubre de 2003 la Comisión Federal de Protección para los Riesgos Sanitarios (Cofepris), que depende de la Secretaría de Salud mexicana, autoriza el MON 863.

La historia de la regulación fallida del MON 863 es mucho más larga, incluye conflictos de interés del panel de OGM de la EFSA, la autoridad sanitaria europea, y la escasa transparencia pública del tema. Todo el problema es porque las autoridades no los regulan como si fuera medicamentos, sino sólo como aditivos alimenticios. Finalmente, el destino del MON 863 fue que la Comisión Europea prohibiera su cultivo en toda la UE, y que fuera autorizado en México.

Algunos comentan que la prensa es vigilante, y podrá reportar esos abusos de la industria, pero hasta la revista Nature ha publicado que los científicos críticos son censurados y atacados.18 AgroBio da premios en México a los académicos y periodistas que escriben investigaciones e historias afines a la industria, y lobbies semejantes hacen lo mismo en otros países. ¿Cuál es el costo? Una sociedad con información sesgada. Quizá el ejemplo más ilustre ha sido el doctor Henry Miller. Colaborador del Wall Street Journal, el New York Times, Los Angeles Times, siempre ha abogado por una escasa regulación de los OGM. Pero en agosto de 2017 la capitalista revista Forbes borró todas sus columnas de su website cuando se reveló quien le escribía sus textos al “científico” era Monsanto. La revista despidió a Miller. Vale comentar que Miller fue el director fundador de la oficina de biotecnología de la FDA. Pero la escritura fantasma de la empresa no sólo llegó a Forbes, sino a la prensa científica, como lo demuestran los correos hechos públicos en agosto de 2017 a partir de un juicio. Se demuestra que Monsanto influyó para que Critical Reviews of Toxicology publicara un artículo con las líneas argumentativas de la compañía a favor del glifosato, su principal herbicida (vendido con el nombre de Faena en México), atacando el hallazgo de 2015 de una agencia de la OMS, que lo advertía como cancerígeno.19

 

El litigio que realiza el gobierno Peña Nieto contra las 60 razas de maíces del país cumplirá cinco años y es visto a nivel mundial con atención, ya que el futuro de cómo la humanidad sobrevivirá al cambio climático es lo que está en juego. Desde septiembre de 2013 el Poder Judicial ha mantenido como medida precautoria una suspensión al cultivo comercial de maíz OGM en México. Monsanto quería tirarla y fue hasta la Suprema Corte, pero en mayo de este año su petición fue rechazada. Ninguno de los nueve ministros observó méritos, ya que las misma empresa no pudo demostrar el beneficio económico de las semillas transgénicas. La suspensión al cultivo comercial durará hasta que termine el juicio y se decida si procede de forma indefinida. Las empresas de semillas transgénicas dicen que sus maíces salvarán a México, pero otras tienen diferentes respuestas. Kellogg’s planea invertir 250 millones de pesos para cultivar más de 100 mil toneladas de maíz amarillo en Sinaloa para 2020, y con ello reducir cerca del 50% de la importación del grano que hace de Estados Unidos y Latinoamérica. Si el programa tiene éxito lo expandirán a más estados, y sin usar semillas transgénicas.20

En septiembre de 2016 se anunció que Bayer compraría Monsanto, la mayor fusión en la historia de las empresas químico-agroalimentarias, y esto cambiará —si prospera la fusión— todo el juego agrícola global. Si las agencias antimonopolio lo permiten, el nuevo titán de la unión Bayer-Monsanto venderá tres de cada 10 semillas en el mundo, el segundo competidor sería Dow-Dupont. Es importante recordar algo que reportó Reuters apenas el 31 de enero de 2017:21 “aunque México es autosuficiente en maíz blanco usado para producir las tortillas del país, depende de importaciones de en su mayoría maíz amarillo OGM de Estados Unidos para su ganado…”, y agrega un asunto poco conocido: “hace algunos años Monsanto hizo dos solicitudes para el cultivo comercial de maíz OGM en México, ambas reunían 700 mil hectáreas” en Sinaloa. Casi un millón de hectáreas de uno de los suelos más fértiles del planeta. Pero ahora que el TLCAN está en riesgo, y eso impondría un arancel más alto al maíz estadunidense, Monsanto afirma que ya tiene lista una nueva variedad de maíz híbrido, más pequeña y con menos follaje, que concentra así más crecimiento en la mazorca y produce 20% más grano. Si entonces es posible tener mayor producción con maíces híbridos, ¿por qué sigue Monsanto insistiendo con el maíz OGM? Porque éste vende más herbicida (glifosato). No sólo es una consolidación de marcas, sino de propiedad de la tierra, y de su uso intensivo con herbicidas e insecticidas más y más tóxicos, y cada vez más inútiles ante la creciente resistencia de las plagas.22 El WSJ planteó el 14 de septiembre de 2016: “Detrás de una ola de fusiones multibillonarias en los negocios agrícolas hay un momento de cambio en la agricultura de Estados Unidos. La dominancia de los cultivos genéticamente modificados ha sido amenazada. Hoy los agricultores están encontrando más difícil el justificar los crecientes precios de semillas OGM, dado los escasos retornos. La agricultura biotecnológica está demostrando limitaciones, ya que ciertas malezas están evolucionando para resistir herbicidas, forzando a los agricultores rociar más químicos. Algunos están empezando a buscar semillas originales, citando las crecientes pérdidas que representan los OGM. Los agricultores de Estados Unidos este año ganarán de forma 9.2 billones de dólares, menos de lo que ganaron en 2015, y 42% menos de 2013, de acuerdo a la USDA”.

Si el maíz transgénico no funciona en Europa y Estados Unidos, ¿por qué el presidente Peña Nieto insiste en imponerlo usando recursos judiciales y tanto dinero público? ¿En serio es necesario contaminar las 60 razas de maíces originales que los mexicanos hemos desarrollado por siete mil años, adaptadas a cada valle y clima del país? ¿En serio debemos poner en riesgo el creciente éxito de la agricultura orgánica, incluidos los apicultores mayas del sureste? ¿Debemos poner en riesgo que la cocina mexicana sea patrimonio inmaterial de la humanidad y que millones de turistas vengan cada año a México a probar nuestras únicas tortillas de masa de nixtamal? El campo mexicano es productivo, pero puede serlo no por los OGM, sino por una comercialización que ha sido atada por una legislación que estrangula Aserca.

Es hora de que el gobierno y la sociedad apuesten por la diversidad genética de maíces, cuidada por la diversidad cultural de las comunidades indígenas mexicanas por siglos (favor de ver el documental El maíz en tiempos de guerra). Esas 60 razas de maíz y sus genes son un seguro de vida ante el clima extremo que viene. Ya no tenemos petróleo barato, aún podemos salvar nuestro mayor activo, el que nos han mantenido vivos desde hace ocho mil años.

 

Alfredo Narváez Lozano
Periodista. Actualmente prepara un libro sobre el futuro del maíz y la alimentación en México.


1 http://www.milenio.com/tribunamilenio/son_daninos_los_transgenicos/Tiempo_de_abandonar_los_prejuicios-Francisco_Gonzalo_Bolivar_Zapata_tribuna_milenio_13_768653129.html

2 http://www.milenio.com/tribunamilenio/son_daninos_los_transgenicos/Las_trampas_de_la_fe_cientifica-alfredo_narvaez_centro_tribuna_milenio_13_768653130.html

3 http://www.milenio.com/tribunamilenio/son_daninos_los_transgenicos/OGM_alimentos-sistema_produccion_semillas-Alejandro_Monteagudo_alimentos_13_770452948.html

4 http://www.ensser.org/fileadmin/user_upload/150120_signatories_no_consensus_lv.pdf

5 http://www.npr.org/sections/thesalt/2015/04/17/400391693/how-the-food-industry-relies-on-scientists-with-big-tobacco-ties

6 http://qz.com/779541/the-sugar-industry-paid-harvard-scientists-to-shift-heart-disease-blame-away-from-sugar-and-towards-fat/

7 http://emerald.tufts.edu/~skrimsky/

8 http://now.tufts.edu/articles/questioning-gmos

9 http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3835160/

10 http://www.jornada.unam.mx/2016/07/10/economia/017n1eco

11 http://www.scientificamerican.com/article/farmers-say-gmo-corn-nolonger-resistant-to-pests/

12 http://www.pnas.org/content/111/14/5141

13 http://www.economiadigital.es/es/notices/2016/07/los-agricultoresabandonan-en-masa-el-maiz-transgenico-de-monsanto-la-carestia-dela-semilla-y-la-84937.php

14 http://www.brunoticias.com/pendiente-marco-financiero-agro-mayorga/

15 http://conacyt.gob.mx/cibiogem/images/cibiogem/Fomento-investigacion/sala-exhibicion.virtual/Chauvet-y-Lazos-2014.pdf

16 https://www.whitehouse.gov/blog/2015/07/02/improving-transparency-and-ensuring-continued-safety-biotechnology

17 http://www.lemonde.fr/archives/article/2004/04/22/l-expertise-confidentielle-sur-un-inquietant-mais-transgenique_362061_1819218.html?xtmc=mais_transgenique&xtcr=44

18 https://www.nature.com/scitable/content/gm-crops-battlefield-7287905

19 https://www.bloomberg.com/news/articles/2017-08-09/monsantowas-its-own-ghostwriter-for-some-safety-reviews

20 http://expansion.mx/empresas/2017/05/30/kellogs-invierte-250-mdppara-producir-maiz-amarillo-en-sinaloa

21 http://www.reuters.com/article/us-mexico-monsanto-idUSKBN15E1DJ

22 https://usrtk.org/gmo/new-research-shows-failings-of-gmo-insectresistance-corn-crop-in-jeopardy/

 

2 comentarios en “La prolongada batalla por el maíz

  1. Sr Narvaez
    Cómo espera una discusión sensata y racional en este tema si su artículo es totalmente sesgado.
    De inicio plantea, con imprecisiones a modo y arrebatos emocionales, su postura dogmáticas contra los transgénicos.
    A qué viene ese argumento de que las “transnacionales” solo piensan en los millones de este negocio? no aplicaría lo mismo para los antibióticos o anestésicos? Prefiere vivir en una época previa a los antibióticos y anestésicos?. Prefiere comer maíz con herbicidas e insecticidas o transgénico? Por que parece no darse cuenta de que en las circunstancias actuales no hay opciones sensatas y factibles, salvo esas dos opciones. El maíz con “variabilidad genética” es en realidad un verdadero mutante monstruoso respecto al teocintle. Dedíquense, eso sí, a estudiar y a preservar el teocintle, que los demás maíces son formas muy pero muy modificadas genéticamente por medios no científicos (y ocho mil años en términos biológicos son un parpadeo).
    Los estudios “científicos” sobre el efecto nocivo del maíz transgénico y la “contaminación” del maíz nativo no soportan ni el mas mínimo análisis y revisión rigurosa. Cualquier científico respetable, como los 109 Premios Nobel que están a favor de los transgénicos, llegaría a la misma conclusión. Nada tiene que ver la profesión específica de cada uno de los laureados con el hecho de poder concluir algo correctamente a partir de las mismas premisas.

  2. Ahora explíquenos cómo será el asunto entre la Dra Alvarez Boylla, postulada para dirigir el CONACyT, y el empresario Alfonso Romo?