“Vine a pie hasta la casa, con ganas de llorar pero aguantándome, con deseos de mandarlo todo a la chingada. Y sin embargo dispuesto a escribirlo y a guardarlo a ver si un día me llega a parecer cómico lo que ahora veo tan trágico… Pero quién sabe. Si, en opinión de mi mamá, esta que vivo es ‘la etapa más feliz de la vida’, cómo estarán las otras, carajo”.

Así termina el cuento “El principio del placer” de José Emilio Pacheco, una historia que ilustra la dolorosa pérdida de la inocencia de un adolescente enamorado. Una transición en la que se erosionan la ingenuidad y el candor para dar paso a la malicia y el escepticismo, eso que muchos identifican con la madurez, el paso a la adultez.

La referencia es una analogía perfecta para ilustrar lo que encontramos al analizar los resultados de la investigación cualitativa y cuantitativa con niños y adolescentes mexicanos: la juventud mexicana tiene una visión sobre México que transita del optimismo sobre el futuro a la inconformidad autosuficiente.


Ilustración: Víctor Solís

En LEXIA hemos estudiado a niños y adolescentes mexicanos durante los últimos 20 años y hemos identificado claramente la manifestación de tendencias sociológicas globales en nuestro país, como la llamada infancia comprimida o adolescencia temprana. Un fenómeno global en el que actitudes y conductas típicamente adolescentes se están presentando cada vez a más corta edad: el primer cigarro, el interés romántico por el otro, la primera relación sexual, entre otros. Con base en nuestra fuente sindicada Los niños y su mundo hemos establecido que, en ámbitos urbanos de México, estas conductas inician desde el cuarto grado de primaria (alrededor de los 10 años), estableciendo una frontera de la infancia cada vez más adelantada. La infancia dura cada vez menos, la inocencia también.

Es común encontrar voces que critican esta situación y consideran responsable a un amplio conjunto de “culpables”, que van desde el muy popular “es que traen otro chip”, hasta la revolución digital y las redes sociales, pasando por la “pérdida de valores”. Lo cierto es que los miembros de la generación “postmillennials” están presentando particularidades y mutaciones como audiencias, consumidores y ciudadanos frente a las generaciones previas.1

Hoy estamos presenciando una lucha de nomenclaturas para denominar a este grupo: Generación Z (por secuencia alfabética: X, Y —millennials— y Z), Centennials (por nacer en el cambio de siglo), Generación K (por Katniss Everdeen, la protagonista de Los juegos del hambre y quien representa los valores del idealismo postmillennial en un mundo distópico) y Generación App (por su uso intensivo de aplicaciones y teléfonos inteligentes y los efectos cognitivos de este uso).

Nosotros recuperamos el nombre de Generación App, acuñado por Howard Gardner y Katie Davis.2 Ellos señalan que el uso de los teléfonos inteligentes y las apps está transformando a fondo los mecanismos de construcción de identidad, las relaciones interpersonales, las formas de comprender y actuar en el mundo y la percepción del futuro. De acuerdo con estos autores, más allá del criterio de edad, este grupo se define por una forma de pensar el mundo, la “mentalidad App”: una forma algorítmica de ver la vida donde cualquier pregunta, necesidad o deseo debe ser satisfecha de manera inmediata, definitiva y sin ambigüedades. En su análisis se concluye que la generación se divide en dos tipos de usuarios de aplicaciones: los “App habilitantes” que mediante las aplicaciones buscan nuevas posibilidades y experiencias; y los “App dependientes” que sacrifican su libertad y toma de decisión por operaciones automatizadas.

En otra investigación para comprender las características de este grupo en México3 encontramos algunas características comunes:

• Primera generación verdaderamente global y nativamente conectada 24×7.

• Crecieron en un contexto incierto y aprendieron a salir adelante en un mundo difícil.

• Nacieron bajo la cultura DIY (do it yourself).

• Están acostumbrados a solucionar problemas de forma personal y enfocada (y lo hacen mediante un gran consumo de tutoriales, especialmente en YouTube).

• El smartphone es una extensión de su cuerpo.

• Las redes sociales son hipercorpóreas y la Generación App ha aprendido a administrar su imagen.

• Para ellos el acceso a internet debería ser un derecho humano, al nivel de la libertad y el respirar.

• Una generación de desigualdades. La brecha digital detona diferencias entre quienes tienen internet y quienes no. Hay un 42.6% de usuarios jóvenes que se están quedando al margen y en condición de rezago respecto a sus cogeneracionales.

• Esta generación representa hoy a 13.2 millones de jóvenes de entre 12 y 17 años. Un 11.8% de la población de acuerdo con datos del INEGI.

Estos esfuerzos de investigación para comprender a la juventud mexicana nos sirvieron como contexto analítico y metodológico para la actualización del estudio que hemos realizado, convocados generosamente por nuestro querido Manuel Rodríguez Woog en 2011 y ahora por Marco Robles y Benjamín Salmón de GAUSSC. En la primera edición del estudio “Sueños y aspiraciones del mexicano” no abordamos a los jóvenes, pero en esta nueva edición decidimos incluir una serie de actividades de investigación cualitativa con niños y adolescentes, además de una sobremuestra en la encuesta, enfocada en recuperar la perspectiva de adolescentes entre 15 y 17 años.

Lo que descubrimos en este grupo es que hay más Optimistas sobre el futuro (22%) e Inconformes autosuficientes (20%) que en el promedio. Si suponemos que las actitudes básicas no cambian, en el futuro del país podría surgir una lucha entre estos dos grupos, mientras que los Soñadores sin país (29%) se quedarán viéndolos desde la banca. Los primeros dos grupos presentan diferencias estadísticamente significativas con otros grupos de edad estudiados, especialmente con los grupos de edad mayores de 40 años, como puede observarse en la tabla.

La mitad de los adolescentes se encuentran satisfechos con su vida (53% frente al 41% promedio de los adultos de 40 años o más), ven su futuro con esperanza (58%) y alegría (46%), deseando en primer lugar una vida llena de logros y éxitos (41%), en segunda instancia la convivencia familiar (33%) y dejando atrás las creencias religiosas (20%). Estos deseos se ven reflejados en su principal aspiración: terminar sus estudios.

Los adolescentes mexicanos ven su futuro prometedor económicamente (31% frente al 14% promedio de los adultos de 40 años o más). Sin embargo, manifiestan actitudes de autoconfianza o autosuficiencia: siete de cada 10 jóvenes mexicanos declaran esforzarse mucho por cambiar su vida y declaran que no dependen del país para cambiarla, sino de su propio esfuerzo. Aunque no se encuentran tan seguros de que este esfuerzo pueda contribuir a la mejora de su país. Algunas otras características relevantes son:

Seis de cada 10 adolescentes ven a México como un país que avanza y que tiene todo para salir adelante, considerando a su gente y gastronomía como lo mejor que tiene.

Tienen una opinión positiva sobre los mexicanos, considerándolos trabajadores, respetuosos, responsables (45%), activos y divertidos (61%) y que siempre dan un esfuerzo extra en lo que hacen (43% frente a un 35% promedio de los adultos de 40 años o más).

Pero no todo es positivo, pues los adolescentes también perciben aspectos negativos de los mexicanos, describiéndolos como mal hechos (55%).

Sobre los gobernantes, cinco de cada 10 adolescentes aprueban a sus gobernantes “de panzazo”, con calificaciones bajas en términos de apoyo y atención; además consideran la corrupción (40%), pobreza (22%) y violencia (21%) como lo peor de su país.

Estos datos permiten identificar que, en una buena parte de los jóvenes, se manifiesta una visión optimista y positiva sobre México y los mexicanos en la que ya se encuentra presente la semilla del desencanto, especialmente con México, sus gobernantes y sus principales problemáticas: corrupción, pobreza y violencia. El balance de luces y sombras revela una visión aún ilusionada en el futuro individual pero que ya advierte los escollos del contexto nacional para realizarse. La hipótesis4 es que de este choque de ilusiones individuales y gran autoconfianza con la frustrante realidad nacional está la matriz que gesta al liberal salvaje mexicano.

Siguiendo con este supuesto, muchos jóvenes forman “la cosecha de inocentes que nunca se acaba” y que ha mantenido el peso del segmento general Optimistas sobre el futuro. Un grupo que es una “cubeta con hoyos” porque al paso del tiempo expulsa a estos optimistas convirtiéndolos a golpe de frustración, decepción y resignación en Soñadores sin país cuando logran mantener una visión positiva sobre el futuro y sus expectativas, o en Inconformes autosuficientes cuando su nivel de resentimiento y descontento es mayor.

Aquí emergen nuevas líneas de investigación para entender los detonadores específicos que, en el choque de este hipotético joven optimista con el contexto nacional, desgastan su esperanza, lo decepcionan y lo centran en sí mismo, inyectando en él la desconfianza hacia cualquier esfuerzo colectivo y en cualquier institución, dejándolo abrazado a su individualidad y reduciendo su país a los límites de su esfera familiar, encogiendo México al tamaño de su consanguinidad. Aquí donde mi país es mi familia, donde escuchamos frases como “De que lloren en tu casa a que lloren en la mía, que lloren en la tuya”.

En un contexto nacional árido y difícil donde todo está en contra y son los individuos extraordinariamente resilientes los ejemplos de que “echándole actitud” se sale adelante, sólo hay dos salidas: el éxito excepcional a pesar de todo o el fracaso y la mediocridad. La dicotomía brutal entre ser “El papá de Don Vergas” y el “Ahí la vamos llevando, aquí aguantando”. Vaya coyuntura terrible para los jóvenes adolescentes ilusionados en el futuro y confiados en sus capacidades individuales, valiosa semilla desperdiciada en un terreno estéril, seco e inhóspito que echa a cara o cruz el destino. Toca cambiar el mundo antes de que el mundo te cambie, a la manera de Quino (ver viñeta).

Una estampa que ilustra esto con mucha precisión es un video que circuló en redes sociales después del rotundo éxito de Guillermo del Toro en los pasados Premios Oscar. El video I’m Mexican5 nos tocó y emocionó a muchos, un mensaje inspirador que parece defendernos como mexicanos ante narrativas negativas como la emitida sistemáticamente por Donald Trump. Un video que, a pesar de inspirarnos y emocionarnos, de acuerdo con mi amigo y socio Guido Lara, falla en una parte de la ecuación: la responsabilidad colectiva. Guido concluye contundentemente:

Su premisa falsa es que debemos estar agradecidos por un país ojete y sádico que nos maltrata, nos lastra y nos obstaculiza con sus infinitas exigencias para superar adversidades. Cuidado con agradecer al verdugo.

La conclusión dañina es que el triunfo sólo se puede lograr individualmente, como excepción y no como regla, contra viento y marea en grandes épicas personales que renuncian a la construcción colectiva. En síntesis: bien por Del Toro, bien por Hunters, pero aguas con resignarnos a un país cuya única virtud sea ofrecerte dos opciones: el heroísmo o la mierda.6

Así, parece lógico lo que hemos encontrado en esta actualización del estudio sobre sueños y aspiraciones de los mexicanos sobre la generación postmillennials o Generación App: somos un país que perdió la velocidad y el rumbo, donde desconfiamos de los demás y de las instituciones, donde la solidaridad es momentánea y coyuntural, donde se manifiesta un individualismo exacerbado y una excesiva autoconfianza en las propias capacidades personales; la suma de todo eso nos convierte en una fábrica de liberales salvajes.

Nos toca a todos detener el círculo vicioso de la degradación de nuestro contrato social y Estado de derecho, es un esfuerzo que debe poner el acento en el fortalecimiento de las instituciones y restablecer la confianza en lo colectivo, especialmente entre los jóvenes. Sólo así México es posible.

 

Claudio Flores Thomas
Doctor en Periodismo y Ciencias de la Comunicación. Socio y vicepresidente de LEXIA Insights & Solutions. Actualmente coordina el Comité de Comunicación del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercados y Opinión Pública (AMAI).


1 La llamada Generación Millennial refiere inicialmente a un grupo etario: quienes nacieron entre 1980 y el 2000. Es decir, quienes hoy tienen entre 18 y 38 años. De acuerdo con datos de Conapo representan aproximadamente 42.2 millones de mexicanos, el 34.6% de la población. Es una categoría muy popular para referir a un conjunto de actitudes, valores y prácticas comunes a esta generación entre las que destacan: 1. Les gusta la tecnología y buscan poseer las más nuevas, tienen una necesidad de estar conectados constantemente a internet. 2. Son egocéntricos y tienen relaciones estrechas e interacción con sus marcas favoritas. 3. Priorizan el cuidado de su entorno y el medio ambiente. 4. Les gusta ser tomados en cuenta para la toma de decisiones importantes y aportar un valor agregado a las empresas donde laboran. 5. Tienen una búsqueda de crecimiento profesional acelerado y balance entre el trabajo y la vida personal, que en caso de no cumplirse los hace cambiar rápidamente de trabajo. 6. Tienen hambre de aprender y combinan el desarrollo de procesos tradicionales con innovaciones, son autodidactas. Fuente Sindicada
Intergeneraciones LEXIA.

2 Howard Gardner y Katie Davis, The App Generation. How Today’s Youth Navigate Identity, Intimacy, and Imagination in a Digital World, Yale University Press, 2014.

3 Guido Lara y Claudio Flores, The App Generation. Beyond USA & Millennials, ponencia presentada en el Insights Innovation Exchange 2016, Atlanta, Georgia, 14 de junio 2016. http://bit.ly/2r8Qyil

4 Y se trata de una hipótesis porque el estudio realizado no es un panel que haga seguimiento a los mismos informantes a lo largo del tiempo.

5 https://www.youtube.com/watch?v=Nvt4JKYHe_E

6 Guido Lara, “El Maextro Del Toro y el video I´m Mexican”, Blog Mente Social, Animal Político, 22 de marzo 2018 http://bit.ly/2HH6aj5

 

3 comentarios en “México según la Generación App

  1. Emperador Claudio: Soy generación baby boomer y postrevolucionaria (1940- ) y de que extraño mi época la extraño, no se diga aquel México, pero también me he adaptado a los tiempos actuales porque no hay de otra, solo que voy tres pasos adelantados y lógico, rebasé las nuevas tecnologías. Suerte a los app. Vale.

  2. El problema es cuando votan personas que construyen su ciudadania de esa forma. Excelente ensayo.