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Magdalena García Hernández. Economista, miembro del Taller de Coyuntura de la División de Estudios Superiores de la Facultad de Economía de la UNAM.

Estas notas no intentan revisar exhaustivamente el informe preliminar sobre la economía mexicana en 1979 del Banco de México, sino discutir los efectos de la política económica del presente sexenio sobre las clases populares. Tres puntos parecen claves a este propósito: 1. El Banco de México sitúa el incremento del empleo en el sector moderno de la economía mexicana entre los acontecimientos más significativos de 1979. 2. De acuerdo con el Banco, el notable crecimiento de la producción de los bienes de consumo no duradero (7.5% en 1979 contra 5% en 1978) significa que durante 1979 mejoró el nivel de la gran mayoría de la población y en particular el de los integrantes de la fuerza de trabajo que obtuvieron empleo, 3. Según el informe, la reducción del salario mínimo real en 1979 (2.4% respecto a 1978 y 5% respecto a 1976) debe ser matizado porque en muchos casos la suma de salarios y prestaciones ha aumentado más rápidamente que el salario mínimo.

1. LOS EMPLEOS EN EL PAPEL

La cifra que el Banco ofrece para apoyar su afirmación sobre el crecimiento del empleo del sector moderno se refiere al sector manufacturero. Por «sector moderno» debemos entender una parte importante del sector oligopólico de la industria manufacturera. La Estadística Industrial Mensual de la Dirección General de Estadística (fuente de tal información). se basa en una muestra de alrededor de 1,200 grandes establecimientos cuya evolución difícilmente puede asemejarse la del sector en su conjunto.

De hecho, la evolución cíclica del empleo manufacturero total resulta mucho menos marcada que la del empleo de la gran empresa, la cual en periodos de auge – dado el nivel y el grado de utilización de la capacidad instalada- está en posibilidades de crear empleos a ritmos mayores de lo que la pequeña y mediana empresa pueden hacerlo.

En este sentido, puede adelantarse que el índice global del empleo en sector manufacturero creció a tasas más modestas que las ofrecidas en el Informe; su variación porcentual para los años 1978 y 1979 fue aproximadamente del 3.4% y 5% respectivamente, contra 4.7% y 7.5% de la gran empresa.

La utilización de las cifras de empleo de la gran empresa como representativas del empleo manufacturero total, tiene implicaciones que van más allá de la mera manipulación de una cifra inflada. El Informe contrasta la evolución del empleo y las horas trabajadas (información proveniente de la muestra antes mencionada), con la evolución de la producción manufacturera cuya cobertura pretende ser total. Es decir, la cifra de crecimiento de la producción manufacturera se está refiriendo al total de este sector, en tanto que las de la muestra en 1978 se refieren a sólo el 38% de la producción generada en todo el sector manufacturero.

Los datos que se comparan en el Informe son los siguientes:

Variaciones porcentuales

1978

1979

1977

1978

Producción bruta real:

9.0

8.5

Horas hombre:

6.2

7.8

Empleo:

4.7

7.5

De esta confrontación el Banco de México concluye que en 1979 hubo una baja notable en el incremento de la productividad. Para apoyar esta hipótesis la comparación tendría que hacerse más bien entre el crecimiento del empleo de la gran empresa y el crecimiento del producto, pero también de la gran empresa. Es obvio que el producto de la gran empresa crece a tasas sensiblemente superiores de lo que lo hace el de la pequeña y mediana, por lo que resulta poco probable que en este segmento de la industria, el más poderoso, haya tenido lugar un descenso en el incremento de la productividad. En todo caso, la probable desaceleración del ritmo de crecimiento de la productividad, que habría que observar con cifras realmente comparables, es un problema coyuntural que debe atribuirse a que el periodo de maduración y rendimiento de las inversiones efectuadas en 1979 y parte de 1978 no ha concluido.

2. LA CRISIS DE BIENES BÁSICOS

No es posible afirmar que el incremento de la producción de los bienes de consumo no duradero significa un mejoramiento del nivel de vida de la gran mayoría de la población, sin observar el tipo de bienes específico a que nos referimos. En el rubro «bienes de consumo no duradero» se encuentran productos tan diversos como lácteos, gomas de mascar, textiles, dulces, cigarros, etcétera. Si en base a esta información se constituyen dos subgrupos bajo el criterio de diferenciar los bienes que no contribuyen a mejorar las condiciones de vida de la población, de aquellos que sí lo hacen, se tiene como resultado que la producción de bienes básicos mantiene ritmos de crecimiento similares a los del año anterior (4.1%), lo que significa que la relativa mejoría del crecimiento de bienes de consumo no duradero (5.1% en 1978 y 7.5% en 1979) se apoya en el crecimiento de los bienes de consumo no básico (de 9.4%, en 1978 a 14% en 1979). Por lo mismo, no es posible afirmar que el comportamiento positivo de un indicador que reúne productos tan heterogéneos constituya un logro en el objetivo de redistribución del ingreso. Esta afirmación, unida a los resultados catastróficos del sector agrario, permite concluir que la producción de bienes salario, bienes básicos e inmediatos para la vida del trabajador, pasa por una situación de difícil solución en el corto plazo.

3. ¿SALARIO MÍNIMO O SALARIO MÁXIMO?

La evolución del salario mínimo como variable que refleja el comportamiento de los salarios reales debe en efecto, ser matizada, pero por motivos diferentes a los que señala el Informe. Haciendo uso de cifras alternativas elaboradas también con información oficial, se tiene que el salario mínimo en los últimos tres años se ha deteriorado en 32.4%. A pesar de su incremento de 21.5%, en enero de 1980, el 29 de febrero de este año se encontraba 17.0% abajo de su poder adquisitivo de enero de 1977. Las repercusiones deben ser pensadas a la luz, del papel que ha jugado el salario mínimo en el crecimiento económico: un marco de referencia que facilita la restricción de las remuneraciones de la clase trabajadora. Además de que los salarios mínimos en México funciona en realidad como salarios máximos: en 1977 el 40% de la población ocupada recibía menos de un salario mínimo de ingreso mensual, y el 52% percibía como máximo un salario mínimo mensual. (Fuente: Encuesta Ingresos y Gastos de los Hogares. Secretaría de Programación y Presupuesto, 1977).

Si el salario mínimo está sujeto a una violación permanente, sus incrementos dejan de tener sentido como indicador de la evolución del ingreso real de la clase trabajadora. Es decir, La evolución de los salarios mínimos es una variable que puede incluso sobreestimar el comportamiento de los ingresos reales del trabajador individual.

Una evaluación sectorial de las remuneraciones arroja los siguientes resultados: las participaciones de las remuneraciones totales manufactureras en el producto interno bruto (PIB) de esta industria, pasan de 34.8% en 1976 a 32.2% en 1977, 30.5% en 1978 y a 29.7% en 1979. Esto significa que mientras el PIB manufacturero crecía 3.6% en 1977, 8.8% en 1978 y 8.5% en 1979, las remuneraciones totales lo hacían en 0.4%, 1.8% y 6.0%, mientras que las remuneraciones medias tendían a decrecer: 1.2%. -2.6% y -1.4% en 1977, 1978 y 1979 respectivamente. La evolución de las condiciones de vida de la clase trabajadora no es algo que pueda ser medido adecuadamente con la simple suma de salarios y prestaciones. sobre todo si el empleo del sector moderno está creciendo a tasas elevadas. Es necesario observar el comportamiento de las remuneraciones medias. En base a la muestra antes mencionada, en el sector manufacturero, en 1979 y a precios constantes, Los salarios medios crecen en menos de 1% y las prestaciones medias decrecen en 3%. Si esto está sucediendo en la gran empresa, donde los salarios mínimos y las prestaciones están menos sujetos a violación, donde por lo general la organización sindical está más desarrollada, hay que preguntarse ¿qué sucederá en la pequeña y mediana empresa donde el nivel de productividad es menor y la organización sindical es más dispersa?. El comportamiento de las remuneraciones medias manufactureras, permite afirmar que el incremento del empleo como herramienta fundamental de distribución del ingreso resulta ineficiente si no va acompañada de una política salarial distinta a la hasta ahora vigente.

Para finalizar, vale la pena hacer algunas observaciones adicionales. A pesar de la política de contención salarial, el proceso inflacionario se acelera, lo cual desautoriza el argumento de que los incrementos salariales son inflacionarios; ahora que se le intenta sustituir por el manejo ideológico de la productividad para recaer, de nuevo, el acelerado crecimiento económico en la clase trabajadora.

La situación de la producción de los bienes-salario es a tal punto crítica, que una política redistributiva sólo puede llevarse a cabo en el corto plazo importando cantidades sustanciales de bienes, a partir de la utilización del excedente petrolero. De esta forma, combinando la crisis de la producción de bienes salario, con la pretendida evolución de la productividad, se intenta mantener a la clase trabajadora a niveles de explotación crecientes, lo cual en el mediano plazo puede no ser compatible con la limitada reforma política hasta ahora alcanzada.