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REBELIÓN DE LOS TRABAJADORES ESPACIALES

¿Barricadas en el espacio exterior? ¿Contratación colectiva cerca de las lunas de Júpiter? En efecto. Los cerebros de la Rand Corporation, el vagón pensante ubicado en California, se preocupan ya por los desórdenes proletarios en el cosmos.

El economista Mark Hopkins ha dado los últimos toques a un documento que publicó la Rand, titulado «Economía de las huelgas y revueltas durante la colonización espacial temprana».

Desde el primer alunizaje tripulado, hace más de una década, ha surgido un buen número de propuestas para construir amplias estaciones satélites de energía solar, donde se emplearían a miles de trabajadores. El informe de la Rand dice que el desarrollo de estos vastos habitats espaciales creará nuevos problemas al gobierno y la industria norteamericanos, incluyendo huelgas perturbadoras y hasta revueltas mediante las cuales los asentamientos espaciales pretenderían el equivalente galáctico de una independencia nacional.

Según Hopkins, durante la primera etapa de colonización los trabajadores espaciales estarán muy ocupados construyendo estaciones para la órbita terrestre con materiales extraídos de la luna terrenal o de los asteroides. Los trabajadores se alojarán en estaciones espaciales para breves recorridos de trabajo y tendrán frecuentes vacaciones en la Tierra. En el escenario que Hopkins pinta, estos satélites colectarán energía solar que irradiarán a la Tierra, donde será empleada en forma de electricidad. La existencia de sabotajes o huelgas de los obreros descontentos durante esta fase resultará sumamente costosa.

Con el sudor de su frente,

así en la tierra

como en el cielo

Para prevenir tales contingencias, el informe de la Rand aconseja a las compañías y al gobierno mantener altos los salarios de todos los trabajadores espaciales y asegurarse de que estos obreros estén comprometidos con los planteamientos ideológicos del programa espacial. Será difícil desarticular los sindicatos porque no habrá suficientes esquiroles entrenados para suplir a los huelguistas. Por otro lado, los «patrones» espaciales probablemente controlarán el aire que los trabajadores respiran, lo que les dará una fuerza importante a la hora de las negociaciones.

Conforme la tecnología avance, los trabajadores serán seguidos por sus familias a estaciones espaciales permanentes, donde formarán colonias que serán de hecho «pueblos de la compañía» de unos diez mil habitantes cada uno. De acuerdo al estudio, los colonos desarrollarán un fuerte sentido comunitario, que inspirará la formación de sindicatos y la acción política.

LA METRÓPOLI TERRENAL Y LOS CONDENADOS DEL ESPACIO.

Hopkins predice una tensión creciente entre los colonizadores y los americanos «terrícolas», patrones de las colonias.

«Los `terrícolas’… debido a diferencias culturales y de otro tipo serán pronto vistos como extranjeros. Dadas las condiciones históricas (que en has naciones se han repetido en el pasado) surgirá resentimiento contra los `patrones’ extranjeros. No cuesta trabajo imaginar a los colonos acusando a los patrones de imperialistas».

Hopkins concluye con la recomendación de planear las colonias espaciales con lo que él llama un «enfoque positivo».

Aconseja «recompensar a los trabajadores espaciales en los días precoloniales con buenas posiciones como colonos y premiar a las colonias más productivas con una rápida independencia».

(Tomado de la Revista Mother Jones, mayo 1980, trad. H.B.)