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Problemes d’Amerique Latine. No. 4523 4524 (julio de 1979) de Notes et Etudes Documentaires de La Documentation Francaise. 31 Quai Voltaire. 75340 Paris Cedex 07. Suscripción anual (4 números): 40 francos.

Problemes d’Amerique Latine es la serie trimestral que la Dirección de la Documentación Francesa dedica al análisis de los principales problemas del subcontinente. Es sabido que Francia y los intelectuales franceses se han preocupado frecuentemente por la latinoamericana, aunque también es cierto que dicha preocupación se situaba principalmente en el terreno de la «cultura», es decir, de la creación intelectual. No obstante, destacados investigadores sociales, cimentaron en parte su reputación al analizar diversos aspectos del desarrollo histórico de América Latina, en su conjunto o de ciertos países, y de aspectos sociales, económicos y políticos. Los nombres de Paul Rivet, Jacques Soustelle, Alfred Métraux, y más recientemente los de Alain Touraine, Jacques Lambert, Pécaut, Bataillon, Rouquié Favre y otros, confirman el interés de los estudiosos franceses hacia nuestra polémica realidad.

El interés se aviva en los últimos años, cuando por causa del militarismo y de la represión un número considerable y cualitativamente destacado de investigadores latinoamericanos ha ido a radicar en Francia. La actividad que ellos y los franceses realizan en el campo del conocimiento de América Latina se traduce en el surgimiento de nuevos centros de estudio y órganos de comunicación especializada. Problemas d’Amerique Latine, aunque no es de reciente aparición, destaca principalmente por la personalidad intelectual de quienes lo animan bajo la coordinación de Daniel Pécaut. Se trata de un grupo de investigadores jóvenes de posiciones políticas avanzadas, y esto se refleja claramente en la temática que tratan y en la manera como lo hacen.

El número LII de esta serie (junio de 1979) incluye, por un lado, un excelente estudio histórico de Jean-Pierre Angelier: El sector de la energía en México, del porfiriato a la actualidad, y por otro, tres trabajos de fondo sobre Colombia, concentrados todos ellos en el periodo de 1974 al momento actual.

MIRADA SOBRE COLOMBIA

Gabriel Misas Arango, de reconocida solvencia entre los economistas jóvenes colombianos, contribuye con La política industrial del gobierno López (1974-79). Daniel Pécaut, coordinador de Problemas d’Amerique Latine, se dio a conocer como un estudioso serio de la realidad colombiana con un excelente estudio sobre las relaciones entre política y sindicalismo en ese país (en el marco de los proyectos de desarrollo intentados entre 1930 y 1960). Para este número entrega su artículo Colombia de 1974 a 1979: del «mandato claro» a la «crisis moral». Pierre Gilhodes, quien pasó años en Colombia, conocido sobre todo por sus estudios agrarios y en especial sobre los movimientos campesinos (que estudió de cerca y con riesgo, dada la situación del país) aborda las elecciones colombianas de 1978.

DE LA FRAGILIDAD Y LA DESCOMPOSICIÓN

En 1974, con la mayor votación que el país ha registrado en toda su historia, los colombianos eligieron como presidente de la república a Alfonso López Michelsen. En ello debió influir considerablemente la circunstancia de que López Michelsen era el hijo (biológico y político) del «viejo» López, sin duda el representante del proyecto mas modernizador que haya contemplado Colombia, y también debido a que López Michelsen acaudilló en la década del sesenta el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), una disidencia política que, en el marco de la influencia de la Revolución Cubana, despertó profundas y amplias simpatías en sectores populares y entre la juventud universitaria. Sin embargo, pese a que le correspondió administrar una economía en crecimiento debido a la bonanza del mercado cafetalero, y pese a algunos intentos reformistas gobierno de López Michelsen desembocó en una profunda crisis moral e institucional que ha alimentado y profundizado la «violencia proteiforme» que caracteriza al país andino. En su artículo, y a la luz de los hechos que toma en cuenta Daniel Pécaut reafirma su tesis del significado que tiene para la política y la sociedad la capacidad real del Estado como administrador y director del proceso económico. En el caso colombiano, es claro que el crecimiento económico debido tanto a sus exportaciones tradicionales como a las «paralelas» del narcotráfico (aunque ello parezca inconcebible y aberrante), ha descubierto «la fragilidad del Estado de derecho» y la «descomposición del Estado concreto». Las instituciones colombianas -señala Pécaut- atraviesan por una crisis profunda y los mismos responsables del sistema político institucional no dudan en hablar de una fase de «descomposición» moral. La consecuencia inmediata es que se ha acentuado el descrédito de los partidos políticos, la desigualdad social y la incapacidad real del Estado, lo cual multiplica los conflictos sociales, profundiza y expande la violencia, y hace mucho más real y creciente la militarización del poder político en Colombia.

LA OTRA CARA DEL DERRUMBE

Gilhodes estudia las dos elecciones de 1978 (para presidente y para cuerpos colegiados) y su significado probable en el futuro inmediato de Colombia en una perspectiva de crisis política y social cada vez más aguda.

Cualquiera que tenga referencias por lo menos elementales del país, sabe que uno de los hechos más sobresalientes de la problemática colombiana es sus sistema político institucional, conformado por dos partidos tradicionales que en un vaivén de desafíos, enfrentamientos violentos y alianzas para mantener el control del poder han arrastrado tras de sí a toda la sociedad con resultados obsoletos aún para los más atrasados países de América Latina; la crisis de representación política del sistema y la falta de legitimidad creciente del poder que sustenta están abriendo paso a fórmulas cada vez más autoritarias y represivas, que profundizan día tras día el régimen de excepción vigente en el país desde hace más de 30 años. La enorme abstención electoral es la otra cara de la medalla.

El análisis de Gilhodes resulta fundamental para comprender las razones del presidente Turbay Ayala para incrementar y ampliar los mecanismos represivos de su gobierno, expresados en el Estatuto de seguridad del Estado. A su amparo los militares colombianos han ganado terreno al poder civil, «uruguayizándolo» lentamente, al tiempo que ese poder resulta cada vez más incapaz para movilizar la participación ciudadana. En este sentido «el derrumbe parcial del Estado» resulta la contrapartida de la militarización.

Ni el proyecto económico neoliberal de los dos últimos gobiernos colombianos, ni el reforzamiento autoritario del poder político han tenido hasta ahora la virtud de ayudar a «cerrar la brecha» entre las clases y los grupos sociales de Colombia. Por el contrario, ésta se amplía constantemente en la medida en que el crecimiento económico pone más y más recursos en manos de los sectores dominantes. La crisis social que conlleva esta situación, y que se expresa por medio de una inflación galopante, contribuye a cargar de riesgos explosivos el futuro inmediato, en un presente enmarcado por la equívoca disyuntiva entre represión y lucha armada.