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José Luis Melgarejo Vivanco: Antigua ecología indígena de Veracruz. Gobierno del Estado de Veracruz, Dirección de Asuntos Ecológicos, 125 págs., 42 figs., Xalapa, Ver., México, 1980.

La lectura de esta Antigua Ecología nos llevó a revisar dos obras recientes del autor: El Códice Vindobonensis (Instituto de Antropología, U.V., 156 págs., illus., Xalapa, 1980) frecuentemente citado aquí, y el artículo sobre «Una pintura mural en Cacaxtla Estado de Tlaxcala» (Cuadernos Antropológicos, 2:214-220, 1979). Hacerlo y observar la notable unidad de estilo en las tres publicaciones, obligó a preguntar si éste, una barroca concatenación de sugerencias, no hace sino esconder una falta de precisión y rigor científicos. Decidan los antropólogos si la incursión del autor por el Códice Vindobonensis es más científica que imaginativa y romántica, y si la conocida figura maya-teotihuacana de Cacaxtla puede interpretarse como un Tezcatlipoca negro; nos limitaremos a los campos de la ecología humana.

El título, Antigua ecología indígena de Veracruz, supone un tratado sobre los conceptos y conocimientos ecológicos de los antiguos aborígenes de lo que hoy es Veracruz. Hay poco de esto; dentro de un abigarrado conjunto de los más diversos y curiosos datos, domina una serie de interpretaciones sobre la utilización de recursos vegetales y animales y sobre la influencia del medio ambiente en el hombre. A este respecto, el autor no sólo es un determinista geográfico, sino ecológico. Sirva de ejemplo el siguiente párrafo:

Por cuanto hace a Veracruz, el trópico no ha sido únicamente productor de cualidades humanas: perezas acrecidas con abulias, más allá de lo achacable a enfermedades o a falta de una ilusión en la vida; lenguaje procaz por ignorancia hoy convenenciera; bravuconería para ocultar los temores internos; falsa picardía para eludir la obligación de superarse; cansancio de crear historia, devenido en simple narración de muy dilapidados heroísmos; o altanero alarde con cuanto es producto de la geografía, no del hombre. Sin embargo, con todo y ser verdad lo anterior, el hombre de la estepa viene siendo ejemplo del esfuerzo en el trabajo frente a la holganza del costeño tropical de Veracruz, especialmente del jarocho por más conocido, aun cuando si ese hombre norteño viene a este litoral antes del año ya es de igual manera negligente, con el agregado de su inadaptación; de repetitiva manera se viene señalando la cobardía del jarocho para matar a su enemigo emboscándolo; pero el norteño no tiene dónde poner una emboscada en su casi no existente flora.

Aún plagado de errores de identificación biológica, así como de curiosas interpretaciones ecológicas, el libro no deja de tener datos de interés para el folklore veracruzano.