No eran letras, eran hormigas (y otros relatos breves) (Sexto Piso, 2018) es, de nuevo, una celebración del trabajo diario, la asiduidad, la constancia y la labor de equipo: Alejandro Magallanes, compañero de viaje de Arnoldo Kraus en esta ocasión (el médico trabajó previamente con el genio Vicente Rojo), se encargó de avivar los relatos del autor de Cuando la muerte se aproxima con estupendos dibujos. La escritura y los trazos derivan en el paseo íntimo, recóndito. “Aventuras de la vida […]. Paseos internos arropados por silencio, recorridos por el mundo de la imaginación”, escribió Kraus para definir el libro. Presentamos, como adelanto, cuatro relatos breves que versan sobre la muerte voluntaria.

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Suicida

El suicidio era para Carlos tema recurrente. Pensaba en sus implicaciones a partir de la literatura, la religión y la filosofía. Admiraba a los suicidas. Escribía al respecto.

A diferencia de otros colegas universitarios, para él no había dilema en la manoseada cuestión, “Quien se suicida, ¿es valiente o cobarde?”. Para Carlos no había dudas: el suicida requiere valor.

Harto de las confrontaciones de sus colegas universitarios —“¿por qué no te suicidas?”—, y de sus familiares, “deja de amenazarnos, la angustia nos acaba, mejor hazlo de una vez”, decidió ser congruente.

La mañana del uno de enero se colgó en el baño de su casa. Mientras moría, uno, dos, tres… quizás quince segundos, no más, se arrepintió. Recordó a sus colegas, a su amada, a sus libros. “Qué tonto he sido”, se dijo mientras fallecía. “Este mundo está plagado de incongruencia y miedo, y yo, ¿qué he ganado por ser congruente y valiente?”.

Ilustraciones: Alejandro Magallanes

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Terapia intensiva

En la cama 4 de la Unidad de Terapia Intensiva yace Adán. Tiene 25 años. Está intubado y tiene catéteres por todas partes. Dos días antes intentó suicidarse. Fue el tercer intento suicida. El primero hace dos años, el segundo ocho meses atrás. Justo cuando el cuchillo penetraba la yugular su padre entró al cuarto. Hizo un torniquete con la toalla. La hemorragia se detuvo. La madre, al escuchar los gritos de auxilio, llamó a la ambulancia.

En la ambulancia lo reanimaron y en el servicio de urgencias terminaron de salvarlo. Siete u ocho doctores trabajaron by the book; “todo un éxito”, dijo el jefe de las maniobras. Todos los médicos se congratularon. El Jefe de Urgencias les invitó pizza y refrescos. El residente de mayor jerarquía obtuvo días después un diploma.

Adán permaneció en terapia intensiva cinco días. El tratamiento fue exitoso. El Jefe de Terapia, ante el buen desempeño de sus muchachos, les convido pastel de chocolate y un mes después de haber sido internado Adán se tiró a las vías del metro. Ahí quedó. La noticia se publicó en varios periódicos. En el área de descanso, mientras sorbían café y leían el periódico, dos de los ocho médicos ahí reunidos, comentaron, “Pobre, era muy joven” dijo una doctora. “Pobre diablo” comentó el Jefe de Urgencias. Ni uno de los médicos que lo habían atendido sabía el nombre del joven al cual le habían salvado la vida el mes previo.

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Compañera

Antes de suicidarse, Ramón encontró consuelo.

Hastiado de sus amigos, decepcionado de sus familiares, deprimido, harto de buscar alivio en bares, universidades y moteles, encontró a su sombra. “Qué suerte”, se dijo, “la había olvidado”.

—¿Me acompañas?, le pidió antes de arrojarse al precipicio.

—Por supuesto, siempre has contado conmigo.

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( ) … “ “

( ): No entiendo mi función. Entre paréntesis no soluciona, difiere y atenúa. Interrumpo la cadencia del lenguaje. Si me eliminan de la frase poco se pierde.

…: Mi situación es similar. Cuando faltan palabras, o resulta complicado concluir, recurren a mí: … ¿y?: Nada resuelvo. Todo queda en el limbo. ¿Me entiendes?: …

“ “: Estuve escuchando. No soy mal educada. Imposible no inmiscuirme. Después de todo, somos vecinos. ¿Ustedes han pensado en mí? Me apena decirlo: padezco ambigüedad, ¿concuerdan conmigo? Participo con gusto cuando acompaño una cita; no me gusta cuando el autor me utiliza para mitigar, suavizar, o, simplemente, para no comprometerse. “ “: sirvo de parapeto: lo que queda en medio de mi cuerpo, entre “ y “, no es definitivo.

Los diálogos entre … ( ) y “ “ continuaron varios días. Pocas evidencias escritas se rescataron de sus últimos decires. Entre los tres concluyeron, “la primera función del lenguaje es comunicar a los seres humanos. Para eso nos crearon. Sin embargo, a pesar de tantos avances, predomina la incomunicación”.

Otros, entre ellos, ‘ ¡ ¨ > ª *, vecinos de “ “, y de …, y de ( ), afirmaron, que al final, instigados por @, agotados, hartos de buscar explicaciones, sin encontrar cuál era su función, decidieron suicidarse. El epitafio de ‘ ¡ ¨ > ª * fue contundente:

“De nada sirve el lenguaje”
(De nada sirve el lenguaje).
De nada sirve el lenguaje…

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Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos y de Recordar a los difuntos, entre otros libros.

Alejandro Magallanes
Diseñador gráfico. Ha escrito libros y dibujado, pintado, armado y diseñado muchos otros.